Zapatillas rotas, suelo de parquet

Escritos — By on mayo 13, 2010 at 19:19

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Fotografía: Andy das Mortes


Por Nicolás Bonnefoy Valdés, a.k.a. Vicente Vadich

Sobre el arribismo no hace falta dedicar palabras. Todos sabemos lo que es, todos sabemos que en Chile ha existido por largo tiempo y sigue siendo un pilar de nuestra idiosincrasia. El problema es, creo, que Chile se preocupa tanto del arribismo y del elitismo, que olvida que también existe discriminación desde abajo. Dentro de esta discriminación inversa o como se llame, me gustaría enfocarme en un fenómeno de alcance bastante masivo, pero con pocos estudios por detrás: el abajismo. Se trata, en mi definición, de personas que adquieren costumbres y actitudes que no corresponden con su estrato social, o al menos con lo que se pueden costear. En muchos casos implicaría una ruptura directa con el habitus heredado.

Encuentro que es de interés sociológico estudiar esto porque: A) es un hecho reconocido, aunque poco tocado. Como muestra, en referencias, les dejo el artículo de La Nación “Desclasados con orgullo y a pata pelá”, aunque no confío mucho en la labor periodística y mucho menos del dominical de La Nación y ese tufillo sarcástico que le imprimen a todos sus artículos de “tendencias juveniles”; y B) ironías de la vida, si se fijan en el artículo, buena parte de los entrevistados son estudiantes de sociología. Volviendo al texto, debo admitir que me gusta bastante la imagen del abajista que proyectan a nivel lírico, aunque lo restrinjan demasiado a un sector demasiado exclusivo de la población:

Se avergüenzan del colegio cuico del que salieron, del barrio cordillerano donde viven sus familias y de las camisitas Polo o polleras Zara de sus padres. Podrían comprarse sus pilchas en el Alto Las Condes, pero van a la ropa usada de Bandera. Los abajistas, aquellos con zapatillas rotas, pero criados en suelo de parquet.

¿Por qué aparece el abajismo? ¿Cuál es

el origen de esta vergüenza? Puede que sea un rechazo instintivo de las nuevas generaciones hacia el arribismo anterior. De acuerdo a Gabriel Salazar, la identidad chilena identifica dos tipos distintos de identidad cultural: la primera propia de las elites, que funciona por imitación de la identidad de países desarrollados. La segunda es propia del pueblo y aunque sea más heterogénea, es una identidad creadora, capaz de forjar aspectos auténticos. Salazar destaca la figura del “roto chileno” como ejemplo de una imagen propia y personal. La identidad por imitación, por muy civilizada y profunda que pueda ser, es un objeto mustio y decadente. Jorge Larraín insiste en una posición similar. Las nuevas generaciones, ávidas por tener una identidad única y no andar imitando al extranjero, abrazarían la identidad popular como modo de diferenciarse, aun si no forman parte del “pueblo”, categoría que trae muchas complejidades a la hora de generar barreras esclarecedoras (Larraín, 2001).

Fotografía: Andy das Mortes

Puede que me crean un amargado por andar reclamando por las acciones de terceros que no entiendo, pero déjenme decirles: el abajismo tiene consecuencias.

La consecuencia de más relevancia sociológica es la apropiación del espacio. Volviendo con Salazar y Larraín, las personas estarían buscando estos lugares populares, valiosos por su autenticidad. Empero, al introducirse a estos lugares auténticos, inconcientemente los transforman, haciéndolos suyos y expulsando al resto. Partamos con unos ejemplos básicos: ¿sabía usted que la cerveza en La Piojera cuesta $1600? ¿Cuándo fue la última vez que fue a comprar ropa usada? ¿Le parecieron realmente precios populares?

Lo que sucede es sencillo: la apropiación por parte de los abajistas de espacios populares implica un aumento del flujo de clientes. Los dueños de los locales notan tres cosas: ven que sube la clientela; ven que ésta se compone por personas con un poder adquisitivo superior; y que estos individuos, en busca de lo auténtico, están dispuestos a frecuentar sitios de muy bajo costo (porque parte de la “autenticidad” del sitio, incluye desde el suelo cubierto de papel de diario hasta las goteras). El resultado es obvio para el hombre con sentido común: si la gente tiene plata y paga por el ambiente “popular”, entonces por qué no cobrarles de más. Como efecto, los parroquianos de siempre son excluidos al tener que lidiar con estos nuevos clientes y no poder costearse el consumir en el lugar donde han consumido hace años, quizás décadas.

La apropiación de los espacios “auténticos” es un fenómeno reciente y de alcance global, y aunque quizás no sean los mismos espacios, los efectos sí que lo son. Sharon Zukin tiene una palabra para denominar a estos individuos: los gentrificadores (Zukin, 1991). La gentrificación es el proceso de transformación urbana en el que la población original de un sector o barrio depauperado y deteriorado es progresivamente desplazada por otra de un mayor nivel adquisitivo. Gentrificación ha habido desde hace tiempo, la novedad radica en que las nuevas generaciones ocupan el espacio ya establecido, siendo éste más real que los espacios hechos a su medida (muchas veces no-lugares), en lugar de actuar como colonizadores y construir de la nada.

Esta socióloga ha dedicado buena parte de sus estudios a la relación entre consumo, cultura y espacios urbanos. Por un lado, reafirma lo planteado arriba, al decir que existe un nuevo grupo de ingresos elevados y que busca diferenciarse de la elite. Un primer grupo, caracterizado por artistas e intelectuales, se instala en espacios que sean de bajo precio y que posean una “cultura” única (Zukin, 1982). Los grupos de ingresos elevados, atraídos por este escenario cultural, comienzan a colonizarlo. Antes de darse cuenta, el espacio se hace más caro, y quienes en primer lugar lo ocupaban ya no pueden costearlo. En Chile podemos encontrar similitud, ya que son los artistas e intelectuales quienes rescatan en primer lugar lo valioso que es la cultura de estos espacios populares. (Imagine, por ejemplo, un estudio ficticio longitudinal sobre datos de la clientela de la Piojera, antes y después de la fundación de The Clinic; o más potente, antes y después de la popularidad de Los Tres). En Estados Unidos hay bastante bibliografía sobre la incidencia y consecuencias de la apropiación de espacios (Hackworth y Smith, 2001).

La segunda consecuencia es ya más personal y filosófica. Aquí pienso al abajismo menos como hecho social definido y más como una hipotética característica idiosincrásica de las nuevas generaciones (nadie quiere ser “el cuico” en un grupo).

El abajismo funciona de maravillas como modelo de coacción durkheimiano: quien se sale de la norma es el bicho raro, el siútico. Aún más grave es cómo exalta la medianidad, la mediocridad, el conformismo, la humildad por pose. En su sentido homogeneizante, podríamos hablar incluso de una “no identidad” que aplana todo intento de una genuina construcción identitaria.

Pienso terminar citando al filósofo Fidel Sepúlveda, uno de los más profundos conocedores de la cultura tradicional y popular chilena quien, durante un encuentro sobre el Bicentenario realizado por SurActivo, me arrebató las palabras de la boca:

“El abajismo, el complejo de inferioridad: quién soy yo para pensar, para creerme mis sueños y mis pensamientos, es una operación de ninguneo. El tener identidad me obliga a enfrentar las cosas, el ningunearme me exime de ello. Es la política del camuflaje, borrarme en el montón, no ser. Estos dos elementos [el primero es el arribismo] a mi juicio conspiran contra la experiencia de humanidad libre, con capacidad crítica, con ejercicio de creatividad, con sentido de pertenencia”

2007

Referencias

Larraín, Jorge (2001). Identidad chilena. Editorial LOM; Santiago.

Hackworth, Jason y Smith, Neil (2001). The Changing State of Gentrification.Tijdschrift voor Economische en Sociale Geografie. (Disponible en

http://www.urbancentre.utoronto.ca/pdfs/curp/Hackworth-Smith_Changing-St.pdf )

Salazar, Gabriel y Pinto, Julio (1999). Historia contemporánea de Chile, Vol. 2: Actores, identidad y movimiento. Editorial LOM; Santiago

Zukin, Sharon (1991). Landscapes of Power: From Detroit to Disney World. University of California Press, Berkeley (Disponible en Google Books)

(1982). Loft Living: Culture and Capital in Urban Change. Rutgers University Press, New Brunswick (New Jersery) (Disponible en Google Books)

www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20070224/pags/20070224174046.html

www.elsur.cl/edicion_hoy/secciones/articulo.php?id=60981&dia=1128830400

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4 Comments

  1. x dice:

    Re-publico el comentario de Len que se borró cuando desactivé el plug-in para comentarios:

    Len, 21 de Mayo de 2010 dijo:

    Me gustó mucho tu tema. Mas tengo algunos resquemores sobre el último trecho del artículo en relación a la identidad: me es dificultoso pensar que ciertas personas configuren su identidad o el “núcleo” de su identidad, al punto de pensar en una tendencia al no-ser, según este fenómeno.

    Pienso que el proceso va como bien dijiste en relación a la necesidad de distinción contemporánea de ciertos sujetos de raíces más pudientes, pero mi apreciación, mi impresión más bien, en este sentido, es que instrumentalizan cierta fachada (utilizando un término goffmiano) para desplegar sutil y melindrosamente ciertos recursos que vienen dados por su capital cultural heredado o característico de su clase. De tal modo, a pesar de lucir “humildes”, logran fundar nuevas relaciones de poder bajo entornos que no les ponen mayor resistencia de acceso. Veo que más que irse a lo popular (que puede tener múltiples escenarios, algunos verdaderamente crudos), la “saben hacer” a su forma. Así, habría que ver que sucede, utilizando una frase popular, “en el momento de los que hubo”, cuando son por ejemplo, cuestionados o increpados dentro de esos ambientes.

  2. Estamos pagando con sándwich de palta, y droga. Puede pasar por el cuartel general de Lapala. Bienvenido.

  3. Crist dice:

    Tambien me gustó el tema pero mi pregunta es, ¿Tiene algo de malo el abajismo? tiene algo de malo que una persona cuica se harte de su burbuja social y tienda a tratar de ser mas humilde, que no le guste la ropa de marca o que le enoje la vida que sus papas quieren que viva?

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