XXI is The New XIX

Breves — By on octubre 6, 2010 at 09:27

Todos queremos creer que somos únicos, copos de nieve irrepetibles flotando a la deriva, cada uno; esto es, en cierta manera, la meta de los estudios de performances. No es raro entonces que tratemos de aplicar la misma filosofía a las cosas que nos rodean: la polera con el logo de una banda irreconocible para los mass media, o nuestras capacidades y límites, visibles u ocultas, para el desempeño estudiantil o laboral. En otras palabras, que destilamos potencial para ser lo mejor de lo mejor.

No es extraño, entonces, que la mayoría de los escritores y teóricos, desde la academia hasta la señora Juanita, gusten en afirmar sobre cómo el siglo XXI (y parte de finales del XX) es un periodo tan único, diferente y vanguardista que cualquier comparación histórica es inútil; que todo intento por explicarse lo que pasa a nuestro alrededor debe partir por dar por obsoleto a cualquier libro o autor con más de cincuenta años. Cuánto texto habré leído que empiece con la frase “en ningún otro periodo de la historia de la humanidad que vio que…”.

Pero evidencia reciente me guía a botar la noción de que nos enfrentamos a un mundo hermoso y desconocido (que loco). Más de un autor valiente se ha atrevido a postular que la cosa tal no es tal, y creen que, a lo mejor, sí, esto ya se ha visto antes. Específicamente, se dice que el siglo XXI tiene mucho en común con la segunda mitad el siglo XIX: tenemos un capitalismo especialmente vigoroso, un población confundida y ansiosa por la producción de tanto cambio, un aumento general de la calidad de vida, unida a un aumento de incertidumbre hacia el futuro, etc. El análisis da para más, pero aquí no cabe. Y quizás ése sea parte del proceso de perfeccionar la compresión de este siglo: dejar de acomplejarse por tener que redescubrir la rueda. Si nada de esto parte realmente de cero, cabe la posibilidad de leer a nuestros ancestros y dar con una explicación que no sea la penúltima relectura postmoderna.

Si hay que ser quisquilloso, siempre existe el entretenido ejercicio de comparar microtendencias dentro de un cuerpo mayor. Trabajemos entonces con la hipótesis de que “los Emos son un redescubrimiento cíclico del movimiento romanticista”.

Del imperio virtual de ideas les presento algunas de las características del romanticismo. Si encuentran similitudes entre una facción y otra, toquen una campana mental.

1)      Frente a la afirmación de lo racional, irrumpió la exaltación de lo instintivo y sentimental. «La belleza es verdad».

2)     Representó el deseo de libertad del individuo, de las pasiones y de los instintos que presenta el «yo», subjetivismo e imposición del sentimiento sobre la razón.

3)     Los héroes románticos son, con frecuencia, prototipos de rebeldía (Don Juan, el pirata, Prometeo) y los autores románticos quebrantan cualquier normativa o tradición cultural que ahogue su libertad

4)   Prefieren los ambientes nocturnos y luctuosos, los lugares sórdidos y ruinosos (siniestrismo); venerando y buscando tanto las historias fantásticas como la superstición.

5)     El idealismo extremo y exagerado que se buscaba en todo el Romanticismo encontraba con frecuencia un violento choque con la realidad miserable y materialista, lo que causaba con frecuencia que el romántico acabara con su propia vida mediante el suicidio.

Esta es mi evidencia. Que quede a juicio del lector la veracidad de estas ideas.

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