Venezuela, el ají en el poto de América.

Breves — By on mayo 10, 2013 at 08:20

Venezuela_Grunge_Flag_by_think0

Por Rodrigo .

Que se junta UNASUR en una reunión de urgencia, que las elecciones fueron un engaño, que el 50% del país está en contra del otro 50%, que Chávez se encarnó en un pájaro para volar por los aires e interferir para que ganase su vicepresidente.

La combustión social comienza a hervir en el núcleo del pueblo venezolano, por una u otra razón podemos decir que este hermoso y caribeño país, bueno para la rumba, las caraotas y las arepas, se transforma en un verdadero “ají en el poto para América”[1], un ají que pica en lo íntimo de lo íntimo, y que nunca se sabe a ciencia cierta qué es lo cuerdo y lo racional, qué es el delirio y la realidad, qué es un sueño y qué es borrachera.

Me paro desde el extranjero, desde lo que puedo observar limitadamente al fin del mundo, a partir de lo que los medios de comunicación –de derecha y de izquierda; represores y revolucionarios, a favor y en contra; espacios virtuales que funcionan como plazas públicas: blog, facebook, etc, etc…- me otorgan. Y aquello que es ajeno se transforma en propio, quizás de forma virtual, pero propio al fin y al cabo, quizás como un proceso de identificación.

¿Qué hay de interesante en la mitad de un pueblo venezolano, que voto a voto de lucha por mantener a su gobierno y la otra mitad que lucha por derrocarlo? ¡No nos veamos la suerte entre gitanos!, que alguien no venga con que las elecciones democráticas son limpias, que de esto sí que sabemos los chilenos, y hasta el día de hoy nos pesa[2].

Recordemos que EE.UU sería uno de los países más democráticos, pero al mismo tiempo es el país que históricamente ha participado de más guerras. La democracia parece ser una linda palabra que retumba en nuestros oídos como el ideal social, como la máxima utopía de la modernidad, la ideología que nos intentan imponer para justificar la violencia del Estado y cometer las peores atrocidades en pos de sus propios valores. Nos dicen: “esto es por la democracia”, “el respeto por la democracia es lo más importante”, “se vio en peligro nuestra democracia”, “el terrorismo atenta contra lo único que nos queda, nuestra democracia”; “no podemos perder nuestra democracia, hay que cuidarla”.

Y si de algo nos debemos cuidar es de nosotros mismos. Retomemos lo que es importante y que a simple vista parece ser lo menos importante. La mitad del pueblo venezolano, y no sus gobernantes, son la verdadera pepa del ají. Ese pueblo que para algunos es ignorante porque los convencen regalándoles cosas; sus mismos compatriotas, el otro 50%, los desvaloriza. Esa mitad del pueblo que en algún punto se cansa de la injusticia social, y que se hipnotizan por un líder carismático que les da permiso para tomarse por la fuerza aquello que no era parte de su propiedad privada, algo así como un padre que no respeta la jerarquía del hermano mayor sobre el hermano menor. Entonces los hermanos mayores se enojan porque deben cargar con la jineta de cómo se deben hacer las cosas, y los hermanos menores que se quejan de aquella jerarquía que solo se da cuando los padres no están.

a.l

Es en este celo entre hermanos, en esta rivalidad por tener lo que el otro tiene, y asegurarse de guardar y esconder el objeto para que el otro no se los robe, es donde escucho también a Chile, pero también a Argentina, a Bolivia, a Colombia, a Ecuador, a Perú, a Brasil, etc… a Latinoamérica.

Escucho a la histórica violencia latinoamericana, desde el español que violenta al indígena a nombre de la corona. Ese español que viola a Latinoamérica, continente en donde crecen sus hijos. Hijos que no saben de dónde son, a qué lugar pertenecen y cuáles son sus hermanos.

No logran reconocer sus propias diferencias, y menos reconocer las diferencias de los otros. Hijos que piensan que sus padres –aquellos españoles- les dejaron algo, una herencia anclada al símbolo del apellido, por lo que desean mantener ese legado que sus padres robaron limpiamente –a punta de flecha y ríos de sangre-, casi sin dejar rastro. No quieren perder aquello que piensan como propio, porque si lo perdieran ya no sabrían quiénes son; ya solo serían extranjeros en su propia tierra, sin un bien material y simbólico que los identifique.

Y no solo escucho la historia remota, también la historia reciente; las violentas intervenciones por apoderarse de la ideología Latinoamérica, la tradición de Estados Unidos y sus reconquista, que va generando alianzas de seguridad, alianzas armamentistas[3], alianzas económicas, alianzas culturales, en una época donde este sector del globo parecía ser interesante para sus incógnitos fines –así como ahora lo es el medio oriente-.

Es en esta tradición, en esta historia, donde la mitad del pueblo venezolano nos recuerda que aún no estamos contentos, que seguimos sintiendo rabia por las desigualdades materiales y simbólicas, y que en esta parte del mundo se sigue hablando de política, tan fuerte, que el sonido resuena fuera de los propios límites, y viaja hacia oídos que no comprenden si deben estar a favor o en contra…


[1] Dicho Chileno que se refiere a que algo “molesta mucho”.

[2] El autor hace referencia, por ejemplo, al Plebiscito del 82’ cuando se vota la actual constitución Chilena en dictadura militar, donde ya se tienen numerosos antecedentes que votaron personas fallecidas.

[3] Ya sabemos de Costa Rica que EE.UU la defendería con su propio ejército.

zp8497586rq
Tags: ,

Comments are closed.