Un poco de historia y agenda sociológica

Para poder entender cómo se ha desarrollado la disciplina, y fundamentalmente la agenda que han abordado los sociólogos chilenos, es preciso echarle una mirada a lo que ha sido la historia de la carrera en los últimos años.

Podemos establecer que las problemáticas centrales en Latinoamérica como el Desarrollo, la Revolución, cierto grado de Dependencia y los procesos de Democratización , funcionaban casi como paradigma o velo analítico para los cientistas sociales de los años 60 en adelante. Esto no quiere decir que la Sociología se redujese única y simultáneamente a estas temáticas, pero sí se puede decir con cierta certeza, que efectivamente eran los puntos cardinales del análisis social de aquellos días. Con el transcurso de los años, las condiciones y contextos sociales, económicos y políticos variaban significativamente, lo que superponía y daba preeminencia a alguna de estas temáticas por sobre otras. En los inicios o en una primera fase, la sociología en Chile, ‘para mi sorpresa’, tiene un origen no institucional o más bien, pre-científico, y su desarrollo fue a través de la modalidad catedrática. Lo anterior es lo que para nuestros días vendría siendo una especie de curso de formación general o algún optativo de profundización, dictado fundamentalmente por las escuelas de derecho del país. Asimismo, en su partida, adquiere un carácter ensayista, cuya característica principal se reduce a asumir que todo hecho social puede ser objeto de estudio. Así, la sociología estudia huelgas, crisis económicas y también temas normativos, donde la teoría social comienza a tomar fuerza como forma analítica de aproximación a la realidad. Un significativo aporte para el desarrollo de la sociología será la CEPAL (1949) iniciando una serie de estudios y discusiones sobre los modelos de “desarrollo” y la realidad socio-económica de los países latinoamericanos. Su aparición en el escenario de las ciencias sociales impacta favorablemente, ya que servirá como norte a muchos investigadores e investigaciones de carácter socioeconómico.

Una segunda fase del desarrollo de la sociología en Chile, corresponde a la institucionalización de la disciplina en el país, esto ocurre con la aparición de FLACSO, la Escuela de sociología de la Universidad Chile (1957), y más tarde con la creación de la Escuela de Sociología de la Universidad Católica (1). Se puede decir que la agenda por estos años tenía dos preocupaciones centrales: el desarrollo latinoamericano (herencia de la CEPAL) y los procesos de modernización. Estos se estudiaban bajo un carácter superracional y anticipativo, con variedad de estudios empíricos, investigación cuantitativa e influencia teórica principalmente en torno a la teoría funcionalista norteamericana. A partir de estos años, la sociología adquiría importancia y prestigio, ya que de acuerdo a su formación tanto teórica como metodológica, contaba con las herramientas para llevar a cabo los proyectos impulsados por el gobierno, que le daban la facultad para visualizar los problemas y encontrarles solución práctica. Como dicen algunos historiadores, éstos eran tiempos de revolución, de ideologías, de “ponchos”, “bigotes” y sociólogos. Es aquí donde una tercera fase comienza a germinar, y la problemática central del desarrollo es desplazada por procesos reivindicatorios de corte progresista donde la Revolución y sus implicancias pasan a ser de gran interés para la disciplina. Se estudiaban los movimientos sociales, las condiciones laborales, las distintas reformas impulsadas y, por supuesto, los conflictos generados a raíz de dichas reivindicaciones, fundamentalmente, obreras y estudiantiles. Así, se redescubre y re-interpreta la teoría marxista, la cual debe

luchar, fusionarse y compartir espacios interpretativos con la ya establecida teoría funcionalista. “En esta situación se difunde en Chile el modelo del marxismo-ciencia, que impulsará en el campo de las ciencias sociales universitarias una rápida sustitución del programa de investigación articulado en torno a la teoría de la modernización, por el programa de investigación articulado en torno a la teoría de la dependencia. El modelo del marxismo proporciona, precisamente, el paradigma sustitutivo y legitima este cambio de orientación en las ciencias sociales, tornándose dominante dentro del subcampo” (2). Se puede decir que nuevas problemáticas se abren en la agenda sociológica con la incorporación de la teoría marxista y sus derivaciones, como la teoría de la dependencia. Esta teoría es de gran importancia para el desarrollo latinoamericano, ya que es el gran diagnostico social y económico para la enfermedad que en esos años vivía la región. En el periodo de la Unidad Popular, la disciplina se expande institucionalmente, esto va acompañado de la proliferación de ideologías de izquierda en conjunto con la difusión del pensamiento socialista en la sociedad chilena. Esto trae como consecuencia la transformación académica de la sociología, al adoptar nuevos modelos conceptuales que redefinían su rol en la sociedad, acercándose de pronto a la política.

La dictadura militar viene a desarticular todo lo que se había hecho. Junto con el cierre de carreras como Sociología y Ciencia Política, entre otras, se impide el funcionamiento de instituciones dedicadas a la investigación, lo que produce un receso bastante negativo para los avances en Ciencias Sociales. Los primeros años después de 1973, los estudios -tanto en el interior como en el exterior del país- continúan la línea anterior, de corte marxista, pero ahora abordando el fracaso del proyecto socialista que tenía la Unidad Popular en Chile. Esta nueva fase se enfoca fundamentalmente en el cuestionamiento crítico del modelo político dictatorial que se implantaba durante esos años. Así, la Sociología se ve orientada hacia estudios de la realidad social chilena, donde la restauración de la democracia y los procesos que se encausan para obtenerla, se reducen fundamentalmente a publicaciones sobre el proceso de democratización. Para ese entonces, Chile vivía los últimos días del régimen militar, y los movimientos sociales comenzaban a tomar cada vez mayor importancia. A fines de los 80` y principios de los 90`, la Sociología se dedicaba a pensar “para donde va la micro” en todos sus aspectos, tanto sociales, políticos, económicos y culturales. A ese respecto – y asumiendo la reestructuración de la democracia- la labor de la Sociología y las diversas ramas de las Ciencias Sociales fue la de reestablecer el orden social, ya no desde una perspectiva netamente teórica en el sentido analítico, sino más bien práctico. Es ahí donde se produce una imbricación (si no confusión) entre las Ciencias Sociales como forma de conocimiento y su rol como generador y ejecutor de la nueva democracia, la que asume ribetes transitorios, donde su profundización parece ser el tema central de la nueva agenda. Así, se inaugura la llamada “transitología”, cuyos prolíficos estudios abordaban desde diversas perspectivas (políticas y disciplinarias), la situación actual del país y su futuro, fundamentalmente en relación a la profundización democrática.

Los países de Latinoamérica se han caracterizado por una sucesión de etapas fijadas, paradigmas o problemáticas que se estudiaron bajo una ley teórica general. Estos paradigmas crean un cierto tipo de interpretación de los procesos sociales, en términos de “una” sola problemática central, donde no necesariamente se reducía el análisis a una sola forma de mirar, sino que confluían ideas y enfoques, pero siempre desde una categoría general, que abordaba temas específicos. “Ello podía expresarse a través de teorías en oposición entre sí, como la teoría de dependencia y la de modernización”(3) .

Sebastián Góngora P. Noviembre 2006. Nº1 Revista Lapala.

(1) Para más información ver Lapala, 2010, 1 Nº virtual. Entrevista a Pedro Morandé.

(2) Manuel Antonio Garretón, Democratización, Desarrollo, Modernidad. ¿Nuevas Dimensiones del Análisis Social?, En Dimensiones Actuales de la Sociología. Editorial Bravo y Allende, Santiago de Chile, 1995.

(3) Idem.

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