¿Te estás poniendo revolucionario?

Escritos, Seguridad y Vigilancia — By on febrero 7, 2012 at 04:29

Por Dante Bravo

“El Camello” es un bus enorme inventado por los cubanos para solucionar el problema de transporte entre el centro y los suburbios de La Habana. Es el transporte típico y popular de La Habana. Son increíblemente fastidiosos para los habaneros que lo toman cotidianamente, ya que deben amontonarse al interior  como  sardinas en lata. Se dice que en un Camello caben más de 300 personas. Similar capacidad a la de un Airbus A340 o de un Boeing 777. Mis amigos chilenos y cubanos de La Habana no comprendían el porqué yo insistía en tomar el Camello de Alamar hacia el centro de La Habana (8 kilómetros aproximadamente) cuando yo disponía de carro personal. Muchos se reían de mí y en broma me decían: ¿te estás poniendo revolucionario… quieres estar cerca del pueblo? Con mucha pena hube de constatar más adelante que mi actitud, para muchos de mis compañeros en Cuba,  ya estaba pasada de moda.

La Habana, La Habana… yo tenía esta ciudad en mis sueños y en mis fantasías desde muy joven. Con la muerte del Che se acentuó ese deseo de conocerla y, digo hoy día, que creo que ya la conocía muy bien, sin haberla nunca antes conocido realmente. Tenía la idea que ya había caminado por sus selvas y sierras, tenía la idea que ya había vivido en la más grande de las Antillas mayores. ¿Había yo ya  rozado su superficie? ¿Conocía yo realmente La Habana?

Porque meter los pies en La Habana allí donde está la vida, donde hay miseria, donde hay sentimiento de injusticia, donde todo se produce, donde todo se conversa, donde todo se negocia, donde todo se resuelve y donde las verdades salen a gritos. Esa Habana yo aún no la conocía. Yo conocía solamente La Habana de la Revolución, La Habana del trabajo voluntario, La Habana política, la de Fidel, la del Che, la del 26 de Julio, la de Silvio Rodriguez, la de la « Operación Carlota », la de « Punto Cero ».

La Habana,  al mismo título que Leningrado, representaban para mí verdaderas leyendas. Creo que me costaría explicar lo que vivía cuando me imaginaba algún día caminando por las calles de esas ciudades. Cuántas veces me imaginé paseando por el Malecón, cuantas veces pensé en mirar de esos balcones coloniales el mar Caribe e imaginar que Miami está a sólo un centenar de kilómetros. Cuántas veces estuve (en sueños) en la Plaza de la Revolución cerca del pueblo combatiente, cerca de Fidel y en medio de banderas rojas y negras. Cuántas miles de fotos, imágenes y reportajes de este lugar colmaban mi cerebro. Si hasta me imaginaba al Che junto a Camilo en una fría tarde de Marzo de 1960 durante los funerales de las víctimas del barco francés La Coubre. Fidel  hablando en la Tribuna y a algunos metros de allí, el objetivo de Alberto Díaz Korda capturando y plasmando uno de los clichés más famosos del siglo 20.  Esa imagen que sería (y que es actualmente) el ícono de miles de jóvenes en el mundo.

Creo, sin temor a equivocarme, que miles de jóvenes de mi generación soñaron con La Habana y con el símbolo que ella representaba, dentro de la lucha latinoamericana. Los sueños suelen ser testarudos y, a pesar que ya los años me habían hecho perder mucho de mi ingenuidad política, un día ya no aguanté más y emprendí vuelo hacia el Oeste, tratando de seguir la ruta de Colón. Choqué con  meridianos y me resbalé por paralelos hasta encontrar las Antillas y… bajando por el costado sur de la Isla llegué una tarde de Marzo a La Habana.

 El Boeing 747 de Air France se posó pesadamente sobre la loza del Aeropuerto José Martí de La Habana. Eran aproximadamente las 19:30, venia con 1 hora y media de atraso. Mirando por el hublot de la cabina y llenándome los ojos de esa tierra fértil pensaba:

 — ¡estoy en La Habana!… Colón se demoró 32 días, sin contar que partió de las Canarias, y yo solo me he demorado 8,30 horas partiendo de París. Qué maravilla ¿no?

 Con la alegría que llevaba de encontrarme en Tierra de Fidel, casi ni percibí la dureza del interrogatorio que se les hace a todo aquél que ingresa a Cuba.

— Debe ser una medida de la seguridad interior— me decía yo, como tratando de justificar el inaudito e inusual interrogatorio al cual estaba siendo sometido.

Cuando me di cuenta que la agente del Minin. (Ministerio del Interior) se estaba excediendo en sus funciones y que su interrogatorio (un tanto forzado) no tenía mucha relación con la búsqueda de elementos contrarrevolucionarios o con la pesquisa de drogas, me empecé a sentir mal y a apreciar poco las preguntas de la joven y hermosa muchacha que, tratando de fingir dureza y frialdad, me preguntaba con insistencia.

—           ¿Qué viene Ud. hacer a Cuba?, ¿viene por turismo o por otra cosa?, ¿está seguro Ud. que su viaje es solo por razones turísticas? ¿por qué venir de turista a Cuba y no a Chile?

Creo que  frente a todo ese arsenal de preguntas «capciosas» yo no tenía respuesta. No me acuerdo cómo me salí del paso, pero no fue tarea simple. Asumí que las cosas eran difíciles para los cubanos y que debían protegerse contra un enemigo que no había cesado de perseguirlos desde hacía ya más de 50 años. Pero encontraba muy poca relación entre lo que se me cuestionaba y los objetivos perseguidos. Supuse que era una técnica de rutina. De hecho, cuando la muchacha me hacía las preguntas, yo tenía el sentimiento que no estaba muy convencida de lo que preguntaba, tenía una cara como de interpretar un rol en una pieza teatral aburrida y de mal gusto. Trataba yo, por dentro, de no ofuscarme y de buscarle el lado positivo a las cosas. Pasé esos minutos difíciles y se me borró completamente ese asunto bochornoso cuando puse pie en la calle y Rodrigo, un “carreta”, coronel del ejército cubano, estaba afuera esperándome. El calor del trópico, el fuerte abrazo que me dio Rodrigo y las palmeras del aeropuerto me hicieron olvidar todo.

Cada vez que voy a La Habana (actualmente) se produce el mismo interrogatorio. Cada vez que llego delante de la cajita mágica de vidrio con el agente muy serio detrás de los cristales pienso que si el Ministerio del interior quiere buscar enemigos externos al Estado cubano no debería buscarlos solamente en la aduana. El enemigo es más sutil que eso y a veces se encuentra en el seno mismo de sociedad y/o de la institucionalidad cubana. Es ese enemigo que deberían combatir con más fuerza ya que me parece que por ahí se está perdiendo una lucha importante. Es imposible además que técnicamente se pueda controlar, sólo en la frontera, todo el flujo contrarrevolucionario. Defender el Estado cubano y la Revolución pasa más bien por ganar el combate por la producción y contra la corrupción. Ganar contra el imperialismo es ganar en el debate de ideas al interior del pueblo cubano. No puede haber enemigo que hinque sus garras en una sociedad si éste no encuentra terreno fértil ni orejas atentas a cualquier plan de desestabilización. Traté de explicarle eso a una agente del Ministerio del Interior un día, pero no me escuchó, o no quiso escucharme. Es probable que el momento y el lugar no se prestaran para ese tipo de debate.

Un día, por intermedio de otras amistades, conocí a una muchacha agente de inmigración en La Habana. En principio, con todo lo que yo le dije, se debe haber sentido bastante disgustada con mi presencia. Hoy día ya estoy perdonado y es una gran amiga mía. Deambulando en casa de otros amigos, supe que se iban a juntar un fin de semana. Y así fue que me vi embarcado en una « descarguita ». Evidentemente que mi amiga del Ministerio del Interior estaba allí. Ella ya estaba acostumbrada a que yo la jodiera con mis bromas. Yo ya curado de espanto de este tipo de procedimiento, siempre me sonreía tratando de explicarle a mi amiga, entre mojito y mojito, que esos métodos de pesquisa ya estaban casi obsoletos y que los métodos electrónicos y computacionales eran los más pertinentes para este tipo de casos. Lanzando chascarro tras chascarro, muy fraternalmente e irónicamente le decía:

—¿quién los capacita a Uds. para que sean tan cuadrados y tan fríos en su forma de actuar?

Ella sonriéndose como queriendo borrar el sarcasmo patente de mi cara, con un vozarrón enorme y haciendo ese gesto típico de desdén con las dos manos que tiene los cubanos, me lanza sin desparpajo:

  —sepa Ud. Monsieur, que nuestro personal  de aduana está formado por la policía francesa, así que antes de criticar tanto a los cubanitos vaya a molestar a su abuela y a Chirac ¡y a Ud. que le den por los cojones !

Después de terminar la frase, todos se callaron. Se produjo un silencio muy embarazoso,  me quedaron mirando… y pafffff de golpe estallaron todos de risa.

Yo me quedé impertérrito y balbuceé muy despacito:

—me cagó la jebita. One point—.

Confieso que eso de la formación de la policía francesa me dejó atónito. Yo me preguntaba si era un procedimiento antiguo o era propio a la formación de Policías de aduanas latinoamericanos, porque  yo jamás vi a la policía francesa, la P.A.F. (Policía del Aire y de Fronteras) usar ese tipo de procedimiento. En realidad siempre he pensado que pasar por la aduana francesa es como pasar por un colador. Ni una sola pregunta, ni una interpelación, ni un solo gesto, yo diría que hasta casi ni lo miran a uno. Quizás ya saben muy bien quién es la persona que tienen al frente. En todo caso la Frontera francesa, según expertos, es una de las más herméticas de Europa. ¿Serán realmente eficaces o es solo una pantalla?

Decidí, entonces, que cada vez que fuese a La Habana y quisiese pasar la aduana como un príncipe, evitarme los problemas y salir lo más rápido posible del aeropuerto, no me quedaba más remedio que disfrazarme de turista estúpido. Vestido de sandalias, bermudas y gorrito con el logo Havana Tour, creo que así colmaba el cliché que se tiene del turista europeo. Todos quedaban contentos: ellos y yo.

¿Yo contento?  En realidad no. Me sentía mal. Cuando pienso en todo lo que costó levantar una alternativa revolucionaria en América Latina y cómo el ejemplo cubano sirvió de referencia y de impronta para tanto pueblo y militante honesto; a mí me quedaba como un gusto amargo en la boca. Ahí es donde a mí se me perdía la Cuba revolucionaria y emergía otra Cuba. La Cuba Business. Esa que atraía y envenenaba a los turistas como antes del 59. Esa que fue prostíbulo del capitalismo yankee durante tantos años.

Tenía muchas cosas que hacer en La Habana y todo me decía que casi no tenía el tiempo necesario para detenerme en pequeñeces insignificantes. Mis états d’âme[1] y mis sueños revolucionarios debía inhibirlos ya que los tiempos no estaban a la altura de mis esperanzas fundamentalistas o quizás era yo que no estaba a la altura de los tiempos. Me limité a mi agenda que era ya bastante estrecha. Mi primera prioridad era preparar el viaje de los raperos franceses al Festival de Rap de Alamar. Mi segunda prioridad eran programar los encuentros con las escuelas de psicología y trabajo social en La Habana para conocer nuevas experiencias y enriquecerse de nuevos métodos a través de nuestros intercambios. Mi tercera tarea, si me quedaba tiempo, era entrevistar a la gente del FPMR[2] que vivía en Cuba, Un libro se estaba gestando y yo aún (imbécil como siempre) no percibía lo que estaba en juego.


[1] Etats d’âme = Tristezas, decepciones.

[2] F.PM.R. Frente Patriotico Manuel Rodriguez.

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2 Comments

  1. jose - agente pepé dice:

    Mi bandera, no es única, solamente que,
    es exclusiva de una estrella solitaria, solo tres
    colores, como desde cuando la crearon, solo tres palabras significo ello esos tres colores…
    Mi Patría bella !
    Feliz y Prospero año les desea el agente pepé.cu
    Corunna City.
    KGB. CIA. INTERPOL. DSE.

  2. anarcosindicalismo dice:

    Lo que sentiste ahí, la decepción de tu utopía ideal que era cuba es bastante simple de entender. En cuba tanto como en la URSS, donde se “pretendió” llevar a cabo el socialismo mediante la dictadura del proletariado y abolir las clases, claramente fue una pésima estrategia. lo que produjo la dictadura del proletariado fue una ves más lo que tantas veces se ha reproducido en la historia. No puede haber socialismo, si es dirigido por una pequeña <> desde arriba hacia abajo, la única forma tal como lo demostró la Cataluña de los años anteriores al régimen de franco, es el de la administración horizontal de los recursos mediante los sindicatos de trabajadores a través del mutuo acuerdo en pos de la satisfacción de las necesidades de los individuos,necesidades que no se limitan al de la subsistencia física. La lucha por el socialismo es en sí la lucha por la abolición del capitalismo y del estado, de la infraestructura y la superestructura. El estado moderno es hijo del modelo económico burgués, la dictadura del proletariado y por ende la centralización de la economía terminara y terminó (urss) en el más despótico capitalismo de estado burocrático.
    Marx mataste al socialismo…

    Les recomiendo de todo corazón que lean este pequeño libro. http://www.kclibertaria.comyr.com/lpdf/l003.pdf
    Y estoy seguro que podrán entender mi postura, quizás no compartirla pero si entenderla.

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