Der Struwwelpeter.

Breves, Diapos — By on junio 27, 2010 at 18:08

O, inocente literatura infantil para adecuar conductas.

Por Herr Direktor

Los alemanes tienen pegado a sí, el mote de rígidos, disciplinados, correctos y rigurosos. Puntuales. Duros. Toscos y rubios. Y pueden ser prejuicios, pero también una manifestación de lo que los alemanes querían para sus hijos.

Conversando con un amigo educado en escuelas alemanas y con ascendencia teutona, llegué a conocer un libro muy peculiar, se llamaba Der Struwwelpeter, algo así como “Pedro el desgreñado”. La imagen de la portada era un niño de pelo rubio muy desarreglado y sucio, con las uñas muy largas. Un clásico alemán de la literatura para niños que me hizo pensar en las posibilidades reales del control social de la infancia, y la influencia de la literatura en su educación moral y conductual.

Era un libro de cuentos ilustrados con disuasivos y concretos mensajes que ilustraban mediante el castigo el comportamiento adecuado de un niño en confrontación al comportamiento inadmisible y reprobado. Su autor, un médico alemán llamado Heinrich Hoffmann quien lo escribió para su hijo en 1845. Creí estar ante un ejemplo de la manipulación social al más puro estilo del Doctor Benway, pero luego supe que el hombre no era un tirano, ni un captor de consciencias, sino un escritor e intelectual bien comprometido con la libertad de expresión y todas las patrañas democráticas. Esto echó por

tierra mis ideas paranoicas acerca de las estrategias de disuasión y coerción disciplinaria. Al final terminé preguntándome por el peligro de la difusión en masa y luego descarté a mi conservadurismo, y me pregunté por el impacto de la inocencia…

En fin, la literatura infantil es interesante porque las primeras ideas de lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, estuvieron dadas a la imagen ilustrada (aunque hoy la televisión digital enseña a leer). En este contexto, el control de la lucidez de la infancia por el discurso adulto (el tan manido adultocentrismo) es también el control o la castración de las posibilidades del ser humano en sociedad. Para Durkheim, la educación era “la acción ejercida por las generaciones adultas sobre las que todavía no están maduras para la vida social”, y “tiene por objeto suscitar y desarrollar en el niño cierto número de estados físicos, intelectuales y morales, que exigen de él la sociedad política en su conjunto y el medio especial, al que está particularmente destinado” (1). La lectura que hace el francés es formal, pero esclarecedora.

Bajo estas condiciones quizás sea inevitable preguntarse por el impacto de la educación bien intencionada pero imbécil en la vida de los niños. ¿Qué pasa con los Estados “bien intencionados” pero conservadores, castradores y moralistas?. ¿La voluntad de quienes ejecutan políticas de educación tendrá una intención maquiavélica? ¿La habrá tenido?

Lo que sí sé es que este documento puede ser un buen ejemplo de disciplinamientos de la conducta. Con o sin intención.

En Chile nos criamos con Mampato y Barrabases, y hubo generaciones enteras socializadas con la pérdida y la frustración que día a día entregaban Marco y cuanto melodrama infantil de la época. Me cabe la duda si estas generaciones crecieron con mayor tolerancia a la frustración, o por el contrario con un debilitamiento progresivo de su optimismo, je. En fin…

Objeto de estudio: Libros infantiles.

No olvidar.

(1) Durkheim Emilie. Educación y Sociología. Edit. Colofón, 3º ed. México, 1991, pp 70.

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2 Comments

  1. charol dice:

    Herr prestate ese libro…

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