Sodoma en la memoria y la culpa como grillete

Breves — By on agosto 19, 2009 at 14:20

Por Herr Direktor

El día antes de escribir la editorial, para mí, en un tiempo y un espacio que ya no podemos alcanzar porque se va como volando, pensé qué decir sobre la revista y su tercer número. Un extraño desafío si lo pensamos dos veces. Al parecer, toda creación está condenada a un exilio automático que la convierte en una rara mezcla de intereses compartidos o muy lejos de compartir. 50% lector y 50% la pluma que dice lo que dice.

¿Qué dice, entonces, La Pala? ¿Debiese decir algo yo, que involucrara el espíritu o la razón de Ser de la revista?. Una idea se transforma siempre en algo muy diferente de sí misma con el paso de los años. Variación, movimiento, extensión, forma, lo que sea. La Pala, en este sentido, ¿es lo que habíamos creado, o se transformó en un híbrido simbólico que hecha fuego o hielo por la boca?

Una imagen lejana me recuerda el primer número como el paso inicial de un juego que habíamos comenzado por malestar o aburrimiento. Había conciencia, si no me engañaron los sentidos, de estar creando un espacio sin forma, cuya dirección y tamaño se hacía al andar, con las voces de los pasillos y el humo en el aire. Primero fue un intento por acercar la sociología a la gente y aterrizar su discurso hacia la comprensión de fenómenos “a la mano”, leves como la estructura de las ideas. Después, otra vez un espacio, pero esta vez egoísta, para nosotros y el lector.

Pusimos dos entrevistas en la primera publicación. La intención era mostrar dos caras distintas de un mismo sentido. Garretón y Redolés. Sociólogos de caminos distantes, diferentes, pero cruzados, tal vez, por una sola experiencia común, que los reúne y a la vez los separa en una confrontación inexistente, pero que sostiene un sentido cuando ocupa un mismo espacio. La idea que había detrás era observar y escuchar. Dar testimonio en el papel y la imagen, de las muecas que hacíamos al vociferar cordura científica y al mirarnos las caras con asombro infantil al reconocernos en el Otro.

Los sociólogos ¿hacen caca?, ¿los sociólogos definen su rol por “statuto”?, ¿los sociólogos hablan en sociológico?, ¿los sociólogos miran porno?, ¿Los sociólogos para qué?

En el segundo número, Larraín nos cuenta algo. Inventamos fórmulas poco rígidas de experimentación sociológica, y proponemos un espacio real, que se confirma a sí mismo como posible. Posible en su magnitud.

Aún así la pregunta queda en el aire, pues si nos preguntamos por la sociología, debemos preguntarnos también por la necesidad de preguntarnos por ella (cacofonía voluntaria). ¿Acaso éste es un esfuerzo que contribuye a la disciplina, a la sociedad, o al mundo? ¿Acaso, eso importa?

La revista actual, que usted observa en un tiempo y espacio que ahora se me hace imposible imaginar, nació sola y su complexión es ambigua, como los puntos suspensivos. Tiene dos entrevistas y un tema central; El Sexo y El Poder. Su elección podría explicarse como una casualidad editorial (o algo parecido), aunque, particularmente, declaro un extraño interés por estos dos temas (que a la vez son un único tema), tanto en la praxis como en la teoría.

Sexo en lo social, lo social en el sexo. Dibujando un panorama, un horizonte infinito porque se hace imagen y luego memoria, para ser público e íntimo reflejo de nuestros hábitos latentes. La imagen de una sociedad prohibida. Sodoma en la memoria y la pulsión que emerge con la culpa como un grillete de hierro que muele tobillos. Género. Seducción y deseo. El porno y su objeto. El poder en el sexo, el sexo como poder. Lo poderoso del sexo. Una estela en el aire que nos advierte que pisamos terreno fangoso porque a nadie le gusta que miren bajo su falda.

Una idea es una idea. Se configura en materia con voluntad y suerte. El azar aparece entonces tras la maleza y confunde las cosas. ¿La revista es temática? Sí, querido lector. Pero su figura tiene forma propia, y de pronto, nos vemos envueltos en algo que explicamos sin tener certeza de su dirección, de su rostro como materia, y nos convertimos en letra, y tratamos de aportar el peso de ese don que nos convierte en niños. En ingenuos vástagos de la decepción y el camino por andar; ¡¡Oh juventud, divino tesoro!!

La Pala, como espacio, se hace vasto y limitado. Esto, porque el sexo es confuso y el poder confunde. Porque el tiempo apremia y al inicio del camino, entendemos que la cosa va rápido y ya hay un tercer número imaginado y material que cae en su mano, señor lector. En sus ojos, señor lector. En su cabeza, señor lector. Porque hay una idea, y a pesar de la doble contingencia (hablando en clave), llegamos a usted por risa o desencanto, y somos arte y parte de un objetivo que sí se ha dibujado en el aire; existir en su memoria y pactar una tregua con la zalagarda metodológica y la rigidez cientificista de un oficio que pierde peso en su monólogo célebre.

Sexo y poder. Poder en lo microsocial. Imagen que se desvanece para reaparecer entre una amalgama de posibilidades que pululan desde lo necesariamente sociológico, hasta lo caricaturescamente cotidiano.

PD: El tema central existe. Y aunque no todo el mundo quiere hablar de falos y la dominación de los cuerpos, siempre se habla.

Que disfrute el paseo.

Fotografía

1. Nouslandia

2. Cruzando el barranco

3. Elojodelcangrejo

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