Sobre Sociología de lo Íntimo.

Escritos, Residuos — By on noviembre 15, 2011 at 16:59

Por Dante Bravo

Introducción

¿Qué pasa si digo corrientes, tendencias o escuelas sociológicas? Pasa que tengo cientos de puertas de entrada para abordar este universo complejo.

Puertas múltiples, variadas, enrevesadas y espinosas, que darían cuenta de mi propia visión de cómo yo me represento esta ciencia social o de lo que yo quisiera hacer (como herramienta) de esta disciplina.

Hoy tomaré una puerta para entrar en este espacio arduo y complicado de la Sociología. Esta puerta la llamaremos “Sociología de lo íntimo” o “Intimología”,  neologismo quizás poco apropiado pero increíblemente pertinente en la ilustración de nuestros propósitos. 

Cómo nace la Intimología.

Para hablarles de la Intimología usaré el método que usamos cuando practicamos la  Intimología. Es decir partiré de un  hecho íntimo que me permitió abrir una ventana hacia un hecho societal.

El concepto Intimología, nace en París. Pero, como entre los primeros que comenzaron a conversar y a reflexionar sobre esta experiencia había varios chilenos, el concepto se extiende rápidamente a ciudades como Temuco, Concepción y Santiago. Si quisiéramos ser rigurosos, deberíamos decir que  la Intimología nace entre Francia y Chile.  No en las aulas, sino en redes paralelas.

Amigos de Canadá  se interesaron por este nuevo concepto y la red de la intimología comenzó, tímidamente, a ver la luz. Pero quizás en Nueva Delhi, en Barcelona, en Dublín o en Dakar muchos ya habían desarrollado o practicado esta vía. En ningún momento pensé, ni nunca me hice la ilusión,   que nosotros habíamos descubierto el agua tibia.

Todo comienza el año 2007. En efecto, ese año yo debía asistir a un congreso como conferencista. Los organizadores me pidieron una foto para publicarla. Yo me puse a buscar fotos en mi pc y escogí una donde estoy en una terraza de Nuakchot (Mauritania) tomando un café.

Haciendo uso de photoshop recorté la foto y la puse en color sepia para mandárselas. Sólo cuando la puse en color sepia me di cuenta que detrás mío había la cara de dos mujeres mauritanas que iban pasando cuando la foto fue tomada. Yo esa foto la había visto varias veces pero jamás me había detenido a mirar los detalles. Esas mujeres llevaban sus caras descubiertas pero portaban un Tchador. Traté de sacar las dos mujeres que parasitaban la imagen y así  poder mandar la foto, pero no pude y al final me dije “y para qué quiero sacarlas si ellas forman parte de mi entorno en esos momentos”. La persona que recibió la foto me hizo el comentario sobre las dos mujeres y el Tchador. A partir de ese detalle tuve que explicarle anecdóticamente que la foto fue tomada en Mauritania y que en ese país (de fuerte composición musulmana) es imposible ver a una mujer con el pelo descubierto. Mi interlocutor me pregunto ¿y por qué es imposible?

De esa pregunta generalista y de mi curiosidad innata salieron al tapete múltiples interrogaciones e ideas. Me puse a observar a  esas dos mujeres portando el Tchador y la foto me dio pábulo a enfrascarme y a reflexionar en los signos distintivos religiosos y/o culturales de los pueblos. El rol social (o sexual) que juegan los cabellos, los ojos o la cara de la mujer musulmana en ciertos países del globo es importante. De esa reflexión salió una monografía.

Esto de la foto me quedó dando vuelta en la cabeza. Había una idea detrás que precisaba desarrollarse, pero esa idea era aún muy opaca. Este hecho no solo me hizo pensar en los signos distintivos religiosos o culturales, sino que me llevó a extrapolar sobre el rol que juega la reflexión a partir de lo íntimo, de lo cotidiano, de aquello que de tanto verlo se nos hace invisible. Una foto, un instante, tenía miles de cosas que decir. Estaba  sobre una pista excitante pero no sabia como abordarla.

Traté de buscar ejemplos y comencé a divulgar esta idea entre mis colegas y amigos. Mi idea básica era que la sociología podía, a partir de un hecho simple, íntimo y/o anodino abrir ventanas cognitivas o desenmarañar hilos invisibles ligados a hechos societales. Si eso era posible entonces había que darle importancia a lo “íntimo” porque ello nos serviría quizás para poder entender o iluminar nuestro entorno y quizás ver aquello que antes nos parecía imperceptible. Pero lo íntimo ya no seria la “motivación” propia de cada investigador frente a la tarea de exploración societal, lo íntimo formaría parte de la observación sociológica. 

A pesar que el objetivo era minimalista a muchos de mis amigos les gustó la idea y nos pusimos a escribir no sobre la Intimología, sino mas bien tratando de abrir ventanas a partir de hechos íntimos. Pensábamos que la observación de lo íntimo podría darnos luces sobre fenómenos societales complejos. A ese periodo le llamamos: “Intimología aplicada”.

Yo llevé la idea a amigos sociólogos en Chile que también se interesaron y comenzaron a integrar este concepto en sus trabajos. Pero aún todo era muy tímido y circunspecto. Quedaba mucho camino que recorrer.

Entre el funcionalismo estructural, el neo funcionalismo, la teoría del caos,  la teoría del conflicto, la teoría del intercambio, el interaccionismo simbólico, la teoría de la complejidad, la sociología pública y otras escuelas y corrientes más que se me escapan; nuestra “Intimología” toda raquítica, descalza y “pilucha”, penaba por hacerse un lugar dentro de este pandemónium docto y académico. Es verdad que sus contornos eran (y son) aún difíciles de visualizar y que su esencia es todavía  floue” (3)[1] pero  confrontándola a la crítica,  a la sátira, o al ataque intelectual, ella podrá quizás algún día ocupar “un lugarcito” dentro de la sociología (o tal vez  desaparecer para siempre).


4 ejemplos de sociología de lo íntimo.

Ahora que ya estamos “más o menos” claros en lo que a Intimología se refiere, quisiera hablarles de 4 temas que tienen que ver con la sociología de lo íntimo y que me permitirán explicar aún mejor y más profundamente el tema tratado. Estos 4 ejemplos quieren significar que a partir de hechos simples, banales o íntimos podemos elaborar teorías, abordar situaciones complejas, observar lo inobservable, sacar las conclusiones que se imponen e incluso mostrar la fragilidad de nuestra observación sociológica. Veamos esto de más cerca.

El muro de 50 cm. (y los efectos de posición)

Un día un etólogo reconocido, se encontraba haciendo una experiencia de seguimiento con unos patitos recién nacidos. El objetivo de la experiencia era probar « the imprinting ». Es decir el comportamiento de seguimiento y de repetición de movimientos que manifiestan naturalmente los patitos cuando siguen a alguien. Este profesor corría y se paraba, se pavoneaba, hacia gestos inverosímiles, que podríamos catalogar  de imbéciles, con el objetivo de hacer repetir los gestos a los patitos. Un vecino suyo que miraba la escena y que no veía a los patitos, puesto que un muro de 50 cm. los ocultaba,  veía a este profesor corriendo y haciendo gestos « un tanto raros ». La visión que tuvo él « de su posición » fue la de considerar que el profesor estaba borracho o que quizás se le estaban « pelando los cables ». Este efecto llamado por R. Boudon “efectos de posición” nace de la observación de un hecho intimo, anodino y banal.

R. Boudon extrapola sobre este hecho y elabora su teoría de “los efectos de posición”. El individuo que “tiende, bajo ciertas circunstancias a percibir la realidad no tal cual es, o tal cual los otros pueden percibirla, sino más bien de manera deformada y parcial, tendrá dificultades a concebir que eso que él ve esta afectado por el punto de vista parcial desde el cual él observa, sin que por esto podamos endosarle una cierta irracionalidad de su parte. Esos efectos son de una importancia particular, puesto que son a menudo suficientes para explicar por qué un actor social suscribe a tal o cual idea falsa o dudosa”(2).

Por otra parte, como podrá el Sociólogo observar (y subsecuentemente analizar)  un hecho social, cuando no sabe que su percepción está parasitada con muros (a veces no materiales). Su actitud científica no está en juego, pero su posición, aquélla que no le permite ver lo que se esconde detrás del muro y que afectara necesariamente sus conclusiones, ¿cómo podrá analizarla puesto que no logra percibirla? Esto es capital para dar cuenta de la fragilidad que tienen ciertas “aseveraciones o certezas sociológicas”.

La paila de huevos con jamón. (la implicación o el compromiso).

Cuando a la hora del desayuno estamos frente a una rica paila de huevos con jamón, muy rara vez nos preocupamos de reflexionar en los dos animales fundamentales que participaron a que yo pueda degustar tan delicioso bocado. Este hecho íntimo y cotidiano es tan demasiado invisible para que podamos percibirlo y, sin embargo, los dos animales que intervienen en mi comida no participan de la misma manera. ¿Qué rol juega cada uno?

La gallina participa con el huevo, por lo tanto se implica. El chancho es diferente porque debe dar su vida para que yo pueda comer jamón. Su deber va mas allá de la implicación, él debe comprometerse.

¿Cómo, a partir de este hecho cotidiano, podemos reflexionar y  extrapolar sobre fenómenos sociales comportando la implicación y el compromiso?. ¿En qué medida sabemos fehacientemente que estamos implicados o comprometidos afectivamente, laboralmente, políticamente, intelectualmente?

¿Cuándo somos la gallina o cuándo somos el chancho? Cada vez que estamos confrontados a lo que estamos invirtiendo en algún proyecto vital; la imagen anodina de la paila de huevos con jamón puede quizás facilitarnos dicha comprensión.

Los acrómatas de Pingelap.

Observando un programa de televisión sobre la isla de Pingelap en Micronesia pude darme cuenta que una parte de sus habitantes sufren de una enfermedad genética rara llamada la acromatopsia o la acromacia. Ésta consiste “globalmente” en ver todo en blanco y negro. 

Mientras miraba el programa me puse a pensar que los habitantes de esta isla sufren de un hándicap no solo genético sino también social. Desde el punto de vista técnico y simbólico, en la sociedad actual, muchas funciones están identificadas con colores; por ejemplo: semáforos, cables eléctricos, símbolos de acceso hospitalario, muerte, pasión, esperanza, posiciones políticas, etc. Cuando cada color significa una función en el seno de una sociedad y sus habitantes no pueden percibir esos colores, ¿cómo lo hacen?

Lo que es peor,  es que aunque ellos se obliguen a querer comprender lo que significan y lo que encierran simbólicamente los colores, no podrán hacerlo puesto que no pueden percibirlos. No sólo no pueden percibirlos sino que no tienen la noción de lo que podrían ser los colores producto de que nacieron con esta hándicap genético. Algo que no podemos imaginar no es algo que nos falte.

A partir de este hecho comencé un proceso de reflexión y extrapolación   sobre el fenómeno  de la observación sociológica. ¿Cómo comprender algo que no podemos comprender? Y no tenemos la noción de que no lo podemos comprender. ¿Las observaciones sociológicas pueden adolecer de acromacia sobre todo cuando los códigos simbólicos culturales y los hilos invisibles que tejen la trama de una sociedad nos son desconocidos?

Por ejemplo cómo podía yo comprender que “el ayuno” de un irlandés frente a la casa de otro irlandés para significarle su malestar por una conducta indigna, es un hecho muy fuerte y sus raíces se pierden en la baja la edad media irlandesa. Cómo podría yo comprender el peso y las implicaciones sociales de la huelga de hambre de Bobby Sands en la cárcel de Long Kesh en 1981. 

Una huelga de hambre en Chile y una huelga de hambre en Irlanda son dos hechos completamente diferentes. El análisis de uno y de otro necesita necesariamente un conocimiento de los “colores”  que rigen los códigos sociales de cada cultura. ¿Qué pasa si somos acromatas de códigos culturales?

Newton y la manzana en la cabeza

Es conocida la anécdota de Isaac Newton cuando en 1726 en el jardín de su casa, mientras tomaba el té, recibe una manzana en la cabeza. Aparte del hecho anecdótico y trivial que ello implica, este evento tendría una importancia capital en la historia de las ciencias.  A partir de este hecho íntimo Newton  elaboró la ley de la gravitación universal.

Cuántos hechos íntimos, anodinos, insubstanciales, invisibles pueblan nuestra vida cotidiana, ¿todos nos permiten abrir ventanas?, ¿todos nos permiten extrapolar hacia hechos societales? No lo sé. Lo que sí sé es que si me planteo observar y estudiar los hechos íntimos,  es seguro que encontraré elementos nuevos que me ayudaran a abrir nuevas ventanas. Lo que no hubiese sido posible si no me hubiese planteado esta alternativa.

En el imaginario colectivo la Sociología se ocupaba de la sociedad y la Psicología del individuo. Hoy día el individuo y sus hechos más íntimos y recónditos forman parte tambien de la Sociología.

“L’individuo e la sua vita privata sono anche Cosa Nostra”

(1)  Esta isla fue devastada por un tifón hacia 1775, reduciendo su población a 20 personas. Uno de los sobrevivientes era portador de una enfermedad rara: la acromatopsia (llamada maskun en Pingelap). Esta enfermedad  genética a trasmisión autosómica recesiva tiene por principales síntomas una ausencia total de visión de colores, solo los matices grises pueden ser distinguidos. Otras particularidades son: una acuidad visual, una intensa fotofobia y un nistagmos. Por el hecho de la fragilidad genética y la aumentación rápida de la población este trastorno genético concierne hoy en día a 10 por% de la población de esta isla, llegando a 30% en otras islas del atolón.


(2) Boudon Raymond. L’idéologie. Paris, Fayard, 1986. P.106. 

(3)« Floue » = borrosa.

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1 comentario

  1. charol dice:

    Me parece interesante esta nueva visión de una parte en la disciplina sociológica. Y al mismo tiempo tan derrumbante de los metasdiscursos.
    Yo no se si lo íntimo debe permanecer dentro de una disciplina de estudio. Pero sí pienso que la intimología pueda abrir su propia especificidad, su propio objeto de estudio.
    Observar lo cotidiano, obsersar lo no observable a simple vista. Y frente a esto simbolizar, ponerle palabras y extrapolar o no a lo social, pero si generar un logos. Algo de filosofia política tiene este ejercicio, y quizás por qué no algo de la lingüistica también… y posiblemente nos podemos encoontrar con un registro de lo inconsciente.

    No sé si estoy llendo demasiado lejos y muy apresurado. Pero me pregunto sobre ese sujeto observador, ese sujeto que debe comprender los colores que observa. Y claro, algo de lo social está en nosotros, algo de la cultura y del lenguaje nos recorre. Y es en ente sujeto que se aliena a los imaginarios históricos, pero que logra atravesar estos fantamas para atreverse a lanzar preguntas. Es por esto que pienso en el inconsciente.

    Un agrado seguir compartiendo sobre esto.

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