SENAME y la susceptibilidad de adopción. De muestra un botón (o un caso para mirar a los ojos de un sistema fallido). Parte I.

Escritos, Infancia y Niñez — By on julio 17, 2013 at 07:04

Por Claudia Hernández Del Solar*.

Este relato fue escrito durante el tiempo en que se produjeron los hechos, por lo mismo, será presentado en dos partes, es decir, en sus dos tiempos. 

El objetivo es mostrar lo que vi. Es mostrar cómo funciona el sistema proteccional chileno. Sistema que sigue “protegiendo” al “menor” y que al mismo tiempo lo mantiene en el lugar de “objeto de protección” y no en el de “sujeto de derecho” como se pretende.

Por más cuestionable que sea la ratificación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, la construcción misma de ésta y su más que dificultosa forma de bajarla de lo universal a lo local, trabajar en este sistema requiere de una ética que sostiene una técnica; requiere que profesionales del área de las ciencias humanas y la justicia se hagan cargo de la responsabilidad que les atañe en este intento de bajada del derecho a cada uno de los niños y niñas que este sistema atrapa. Particularmente, en relación a los niños y niñas que son adoptados en nuestro país.

Estos niños y niñas, para ser “susceptibles” de ser ligados filialmente a una nueva familia,requieren que se hayan realizado los esfuerzos necesarios para posibilitar el retorno de sus cuidados a su familia de origen. Ante esto, los padres que desean adoptar un hijo deben preguntarse e intentar responderle a ese niño y a ellos mismos: ¿de dónde viene mi hijo? ¿Por qué es posible que habiendo nacido en otro lugar, de otra madre, de otro padre, de todo un linaje situado en una geografía particular y su consecuente contexto social, político, cultural y económico; pueda ser mi hijo? 

En el imaginario de nuestra sociedad prevalece una falsa idea: los niños en las instituciones y -sobre todo en la de los más pequeños- se encuentran abandonados por sus familias (leer El mito del abandono en las residencias de protección). Sin embargo, esto no es así: la mayoría de los niños son visitados por familiares quienes con diferentes esfuerzos, algunos logran generar cambios que le permiten volver a asegurar protección al niño; otros, van paulatinamente desapareciendo, haciendo en acto lo que en palabras no pueden decir y ceden a su hijo en adopción. (Ver La Ley de Adopción y sus gravísimas vulneraciones de derecho. Un análisis necesario”).

Ahondar aquí en las profundas consecuencias que estas experiencias tienen para la constitución subjetiva de esos niños y niñas no es pertinente; sin embargo, es necesario afirmar queestas experiencias existen, marcan y se quedan alojadas en sus cuerpos y en sus historias. En otras palabras, la pregunta a hacerse entonces al adoptar un niño/a sería: ¿le quitaron este niño o niña a alguien? ¿Es ésa la pregunta que la madre o padre o familiar debería tener para este niño, cuando se haga la pregunta por su origen y, muy probablemente, vaya en búsqueda de esa respuesta?                                                                                                                                                                                                                                              

(Parte I)

Creo haber presenciado una escena que condensa los diferentes aspectos en los que la dificultad de ver al otro, y de tratarlo como a un semejante, se diluye en el intento mismo de protegerlo. 

La instancia se sostiene en el lugar donde se sentenciará lo justo según las leyes que traducen los derechos en acciones concretas. En este caso: si un niño o niña debe ser o no separado definitivamente de su familia de origen.

Si eso es lo justo, esos niños o niñas son susceptibles de ser ligados a otros apellidos, haciéndolos pertenecer así a otro linaje. Podría afirmar con ello y según mi experiencia, que todos éstos tienen en común un cambio en el lugar de la estructura social.

Primero un poco de contexto.

En diciembre del año 2011 recibimos en la residencia de protección de lactantes y preescolares Hogar Casa Catalina la postulación de dos hermanos mellizos de casi dos años que se encontraban en Casa Nacional del Niño desde que fueron separados de su familia de origen, en Junio del mismo año. Teníamos un mail donde profesionales de dicha institución nos enviaban los antecedentes de la causa. Cuando nos percatamos que el informe databa en el mes de agosto de 2011, enviamos un segundo mail pidiendo informes más actualizados que nos permitiesen entender qué había ocurrido durante el tiempo que Gabor y Melitza[1] habían estado en dicha institución. No existía tal informe. 

El informe de cuatro meses atrás, era llamado “actualizado”. Durante ese transcurso “perdido” de tiempo, los padres -que visitaban a sus hijos en promedio una vez por semana- dicen que para entonces no entendían lo que ocurría. Sí comprendían que el hecho que la madre hubiese retomado una adicción a la pasta base, alterando su consciencia y, con ello, cayendo en negligencias en el cuidado de sus cinco hijos, había sido determinante para que se interpusiera la medida de protección que envió a sus dos hijos más grandes a la institución Regazo, y a los otros dos mellizos a Casa Nacional del Niño. Para ese entonces, Amelia, la más pequeñita, existía ya en su vientre sin que aún tomase noticia de ello.                

La madre, ha referido que cuando le quitaron a sus hijos, pasaron un par de semanas en donde su consumo aumentó: sola, sin sus hijos, y separada recientemente de su pareja, fue atrapada por la angustia haciéndola consumir aún más, hasta que acude a un control médico en que le informan que tenía más de 4 meses de embarazo. 

En ese momento, cuando en la ecografía escucha los latidos de su hija, tomó una decisión que no había logrado tomar hasta entonces y dejó de consumir. Esta acción es avalada por profesionales del COSAM que le corresponde; lugar al que llega para recibir tratamiento de rehabilitación en Diciembre del 2011. 

A fines de Octubre debió dejar de ir a visitar a sus hijos: su embarazo estaba en riesgo y debía hacer reposo. Todo esto, sumado a las innumerables várices que tiene en su pierna derecha, cuyo dolor le dificulta caminar. El padre fue quien se mantuvo visitando a sus hijos en promedio una vez por semana. Él no vio el peligro al que sus hijos estaban expuestos, él no logró protegerlos, sino que el consumo de su pareja provocó la separación de ambos, volviendo éste a vivir a la casa de su madre, y así perdiendo de vista a sus pequeños en lo cotidiano.

A ambos padres los conozco en una primera entrevista a principio de Enero del 2012, días después que sus hijos fueron trasladados a nuestra institución. Desde entonces habían cumplido con el compromiso entonces adquirido: entrevistas y visitas a sus hijos dos veces por semana. Les dijimos que si contaban con el apoyo de otros familiares les diesen nuestro teléfono para que nos llamasen. A la semana, ambas abuelas lo habían hecho. Aun así, la abuela paterna da un paso al costado, argumentando haber ya criado a los suyos. La abuela materna, por su parte, ofrece a su hija la presencia y responsabilidad en el cuidado de los niños en su propia casa.

Es en ellos que surge la idea de que Amelia -quien al nacer a fines de Noviembre  fue trasladada desde el hospital a otra residencia de lactantes-, fuera ingresada a nuestra institución. A fines de Enero dicho movimiento se realizó y los tres hermanos se reunieron en nuestra casa. Desde el día en que llegaron los dos primeros niños, la madre los visita cada martes y cada jueves en nuestra institución. A veces la acompaña el padre, quien trabaja haciendo jardines y mantiene a gran parte de la familia; importante es saber  que él estableció un acuerdo con su jefe para tener un día libre cada 15 días para poder verlos. En otras oportunidades, la madre es acompañada de la abuela materna, con quien vive y trabaja haciendo pan para una panadería en su propia casa. 

Al mismo tiempo en que Amelia es trasladada a la casa, los profesionales de Casa Nacional del Niño nos envían un nuevo mail. Primero otorgando información de los últimos exámenes médicos realizados a Gabor y, segundo, con el fin de informarnos de unantecedente que desconocíamos: en Diciembre del 2011 se habían entregado los documentosbase para el inicio de la susceptibilidad de adopción de Gabor y Melitza a la Unidad de Adopción de SENAME.

Con todo esto en mente, llego el 6 de Marzo del 2012 al segundo intento de audiencia preparatoria de dicha demanda (ya que la primera había sido suspendida hacía un mes atrás por falta de notificación a algunos familiares). En términos simples, hablo de la instancia judicial donde a un lado de la sala se encuentran los profesionales que provenientes del sistema judicial y de intervención psicosocial, demandan al Juez declarar a los niños susceptibles de ser adoptados;  al otro lado se encuentra la familia de origen supuestamente inhábiles decuidarlos,junto a sus abogados.

Es el juez quien le pregunta a la parte demandada -a la familia-  si quiere o no ceder a sus hijos en adopción. Relevante instancia. El fin de ésta es definir el objeto del juicio: si los niños han de ser declarados susceptibles de ser adoptados o no; y si existen las pruebas para demostrar aquello en una fecha próxima, donde “El Tribunal” resolverá.

La audiencia fue fijada a primera hora de la mañana, lo cual implicaba que comenzaría puntualmente. Al llamado de audiencia aparece la abogada representante de la Unidad de Adopción de SENAME, los abogados de las abuelas, y el de los padres de los niños. Se sumaban además, dos estudiantes en práctica. Todos ellos de una Corporación de Asistencia Judicialque venían a representar a la familia.

De la familia solo estaba la abuela paterna, quien era, para mí, la más inesperada. Me acerco a quien se supone estaría en línea con nuestra evaluación del caso, la abogada de la Unidad de Adopción de SENAME, y le pregunto si ella sabía que nosotras veníamos a desistir de la causa. Ella me responde que la directora de nuestra institución se lo había dicho en la anterior fecha suspendida de audiencia, y que ella, por el contrario, venía a mantener la demanda, argumentando llevar largo tiempo de experiencia trabajando con Casa Nacional del Niño, y que si ellos consideraban que los niños se encontraban en riesgo junto a sus familiares, era así, independiente que dichos indicadores no se encontrasen registrados en parte alguna. En esa misma instancia le recuerdo que esa consideración databa de agosto de 2011 y que actualmente y, según nuestro trabajo realizado por más de dos meses, la familia se había movilizado y podíamos demostrarlo. Viéndose alterada ya por esta discusión que subía de tono, me dice nuevamente que ella no desistiría de la causa.

Acto seguido, inicio una conversación con los abogados de la familia biológica. Estos sumaban 5 personas. Tres profesionales y dos practicantes que llegan a una audiencia conociendo realmente poco de la historia particular de sus representados. Les dije que nosotras éramos el equipo técnico del hogar donde actualmente residían los niños, y que veníamos con la intensión de desistir de la demanda. Les resumo lo ocurrido, y les explico que además habían incongruencias en los informes de visita de los padres: según el Informe de Visitas de Casa Nacional del Niño, la familia habría mantenido largos períodos de ausencias y consecuente abandono de sus hijos, una de las tres causales posibles para declarar a un niño o niña susceptible de adopción. Sin embargo, la tarjeta que esa misma institución otorga y que soporta el registro de cada una de las veces queese familiar fue a visitar a su hijo, tenía otras y más fechas. Mientras los padres y la abuela materna venían aún en camino, se nos llama a entrar a la audiencia.

Durante el tiempo en que la Jueza y la Consejera Técnica[2] de la sala recopilaban la información necesaria para comenzar, llegaron los padres y la abuela materna. A ese lado de la sala, al lado de los demandados, faltaban sillas. A este otro lado, la abogada demandante de la Unidad de Adopción de SENAME, y nosotras -quien escribe como psicóloga del hogar y la trabajadora social de éste- a una distancia física considerable reflejando la discrepancia que allí existía.

Luego de las palabras protocolares e identificación de la instancia, la abogada de SENAME solicita la suspensión de la audiencia, dado que el tío materno no había sido correctamente notificado. Es decir, no le habían avisado de la importante decisión familiar que se tomaría en ese lugar aquel día. La Jueza -quien debe aplicar la ley, por más irrisoria que pareciera ésta-, ante la particular escena donde los padres y las abuelas se encontraban presentes, confirma dicha fallida notificación. La madre de los niños pide la palabra y dice que a su hermano, ni ella ni su madre lo han visto hace más o menos cuatro años. Que la última vez que lo vieron se fue con una nueva pareja a Puerto Montt y no han vuelto a saber de él. La jueza le explica lo anterior: que ella debe hacer lo que la ley le obliga y que según lo que le aparecía “en pantalla” habrían ciertas condenas por robos que debiese estar cumpliendo. A los minutos la Consejera Técnica trae noticias que la Jueza transmite: dicho familiar se encontraba preso en Puerto Montt desde marzo de 2010. La madre de este hombre -la abuela materna de los niños- se tapa su rostro. Todos se miran entre ellos, bajando luego sus miradas.

La consecuencia de esto es la suspensión de la audiencia, fijándose una nueva instancia para tres semanas más, a la espera que el tío materno de los niños sea notificado y, si quisiese asistir, sería trasladado en calidad de reo hasta dicha sala en dicha fecha. La madre de los niños toma la palabra una vez más y manifiesta que lo único que desea es que sus hijos vuelvan pronto a  su casa; casa que ha ido arreglando poco a poco para ellos. Que ya está aburrida y cansada. Ella pregunta por el cuándo. La jueza le aclara que ésa no es la decisión que se toma en esta causa, que eso lo ve en la causa de protección, que lo que aquí se decidiría es si podrán algún día hacerlo o no, es decir si ese cuándo era realmente una posibilidad.

Establecidos los contactos y coordinaciones con los abogados que representan a la familia, nos retiramos del lugar, no sin antes acordar con la familia vernos el jueves siguiente para hablar de lo ocurrido. La abuela materna se nos acerca y nos comenta que no irá hoy a visitar a sus nietos, dado que la noticia de su hijo “me desestructuró”, dijo.

Llegan dicho jueves la madre e hija (abuela y madre de los mellizos) con quienes podemos conversar. Muchas cosas no lograban comprender a cabalidad; tal vez era yo la que no comprendía cómo era posible que con esa serenidad se tomasen tantas injusticias sobre ellas y su familia. Como si estuvieran acostumbradas a ser parte de un sistema que las obliga a sobrevivir y a ser receptores constantes de saberes que se les imponen y, con ello, las anulan. Sin embargo, conseguía también revelar cómo han logrado transitar por este sistema acercándose a diferentes instituciones a solicitar ayuda: acercarse al COSAM y recibir tratamiento; acercarse a la Corporación de Asistencia Judicial y solicitar representación. Ellas mismas han hecho que representantes de la Municipalidad hayan ido a su casa a evaluarlas y a otorgarles los materiales y la construcción de las partes dañadas o faltantes. 

Por ejemplo, el baño. Sí, el baño. Esto lo pudimos ver en la visita que hicimos a esta casa una semana después de dicha entrevista. En un terreno de una población de la zona sur de Santiago existen tres viviendas de esta familia de origen gitano. En la primera, la más sólida, vive parte de la familia nuclear de la tía abuela materna de los niños. Atrás dos mediaguas: en una, el espacio como living-comedor-cocina y una habitación donde duermen la abuela y Camila, la mayor de las hermanas de los mellizos. En la otra vive la madre. En uno de los espacios, una cama matrimonial y la cuna de Amelia, sin Amelia. En la otra, una cama para Marko, otra para Gabor y otra para Melitza. Sin ninguno de ellos. Solo el hermano mayor no está ahí porque se encuentra viviendo con su padre (primera pareja de la madre). Los mellizos y Amelia, todos institucionalizados, vivían en nuestra residencia. En las paredes cuelgan sus retratos. Retratos de los niños y de ellos mismos juntos. El barro afuera abunda, el techo no está completamente forrado. La Municipalidad cubriría esto, junto con la instalación del baño que actualmente deben compartir en la primera casa. Casa hay, hogar hay, familia hay, amor hay.

Hasta la fecha no habíamos recibido contacto alguno por parte de ningún profesional de la Unidad de Adopción de SENAME. No se nos había llamado a ninguna reunión de coordinación. Hasta ese momento, nos manteníamos siendo testigos de cómo el sistema proteccional de la infancia funciona en nuestro país, siendo además parte implicada en la resolución que definirá el devenir de estos niños. Somos profesionales los que somos parte de este sistema. Somos los encargados de velar por la resolución de los derechos vulnerados de los niños y niñas. Sin embargo, somos los mismos los que volvemos a vulnerar. Y, peor aún, tras la máscara de la protección. Estas decisiones vitales son manejadas por profesionales que se acercan a los sujetos que tienen por objetos de intervención, desde una posición de poder y saber que obnubila y generaliza las particularidades. Una perspectiva que castiga nuevamente a las personas que viven cotidianamente una relación con el sistema, el que hace como que los integra, pero sólo los vuelve a excluir. Me pregunto ¿Qué es lo que se mantiene con este modo de funcionamiento del sistema proteccional?


Referencias:

* Claudia es psicóloga y coordinadora de la Línea de Investigación de Infancia y Niñez del Centro de Estudios Abierto LaPala.

[1]   Los nombres de todos los miembros de la familia han sido cambiados en resguardo de su identidad.

[2]   Este cargo es llevado a cabo por psicólogos/as o trabajadores/as sociales que se sitúan al lado del Juez y les aconsejan en relación a su saber técnico de lo “psicosocial”.

Fotografías:

(1, 3) Fotografía de Dorothea Lange.

(2) Blog Comunitarios.cl

(4) Memoria Chilena.

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6 Comments

  1. tamara tenhamm dice:

    Valiente develamiento. Gracias.
    Me quedo a la espera de la parte 2 y atenta a si esta vez algo se logra, no sólo ” escandalizarse” y luego cambiar el tema por el próximo de moda.
    Gracias nuevamente.

  2. Daniela dice:

    Agradezco el testimonio que entregas sobre como funciona el sistema de protección. Realmente es un cuestionamiento profundo sobre cómo estamos trabajando, que tan integrales pueden llegar a ser estas intervenciones, la falta de criterio y de recabar TODA la información necesaria para poder determinar decisiones que impactan de manera radical a los niños y a sus familias de origen. Comparto plenamente tu pregunta y vuelvo a cuestionar…la falta de criterio e integralidad. Muchas gracias! Esperemos que el caso tenga una resolución positiva para ésta familia y que el sistema sea capaz de incorporar todas las aristas que lo componen….incluyendo la crítica a los profesionales de SENAME

  3. Mariela Garri dice:

    Gracias Claudia…
    En tiempos en donde se observan distintos mundos –en lo social- y una misma normativa para todos y todas, entrar en la esfera de lo micropolítico como un acto de resistencia que permita intervenir y/o problematizar el relato dominante que conceda a niños, niñas y adolescentes el derecho a la individuación y diferenciación es un acto que muchas de las veces carece de validación institucional y continua perpetuando la deuda del reconocimiento del sujeto como parte de su propio proceso, de sus propias decisiones… de su propia trayectoria.

  4. Livia Grácola dice:

    pero… perdón… es necesario poner esas fotos de niños europeos????

  5. Hilando fino, claro que no. Pero la estética intentó rescatar la mirada. Más allá del origen étnico. Fundamentalmente porque los niños son niños acá y en la quebrada del ají.Y la transcersalidad del tema nos sitúa tb en la distancia a la que son enviados los niños cuando se prefiere una familia (en este caso europea) por sobre una familia chilena “inhabil parentalmente…Gracias por el comentario en todo caso…