Por Herr Direktor

Hace unas dos semanas, junto con mis jefes, tuve que presentar un estudio frente al directorio y a los gerentes generales de cierto holding de empresas dedicadas a la agroindustria, los alimentos y los viajes. Fue una reunión larguísima, pero nos fue bien: el magnate, sus asesores del directorio y los administradores de sus empresas, quedaron felices con lo que les mostramos.

Después de la reunión, el jefe de la consultora decidió hacernos una invitación para celebrar:

Nos fue estupendo, así que vamos a tomar un trago al restorán X, que está acá cerca. ¡La oficina invita!

Era, por supuesto, un lugar fantástico, con una vista preciosa hacia un parque muy cuidado, inaugurado por una comuna rica de Santiago hace no mucho tiempo, con motivo del bicentenario. Entonces, en medio de los tragos, la comida y los festejos, el jefe me dice:

Bueno, yo quería decirte que estoy muy contento de que te hayas integrado a este equipo, hiciste un muy buen trabajo y creo que eres un gran capital para esta empresa.

Para mí, la alegría de la celebracion se acabó de inmediato con ese “halago”. Bien directamente (¿será la piscola una buena herramienta para develar la explotación?) me dijo que puedo ser usado para producir bienes y extraerme una renta.

Mi duda ahora es, ¿me depreciaré?

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