Racismo, un combate cotidiano.

Breves, Infancia y Niñez, Seguridad y Vigilancia — By on febrero 18, 2012 at 04:42

Por Gabriela Bravo

Unas semanas atrás pude ver el video de un experimento efectuado en México acerca del racismo. A una serie de niños se le presentaban dos muñecos, uno blanco de ojos azules y uno moreno de ojos cafés, y se les hacían preguntas como ¿cuál es el muñeco malo? ¿cuál es el muñeco feo? ¿a qué muñeco te pareces más tú?

Las respuestas que plantean los niños, de una manera espontánea y libre, parecen choquear a la audiencia: el muñeco moreno es malo, porque “es moreno”, el muñeco blanco es lindo porque tiene “los ojos azules y todo su cuerpo es blanco”.

Este video, posteado en Internet en el marco de una campaña contra el racismo, dio la vuelta al mundo a través de las diferentes redes sociales, y ha sido visualizado más de un millón de veces en youtube.

Lo triste es que México no es un caso aislado y este experimento hubiese dado los mismos resultados -o peores- en Chile. Esto lo pude constatar al indagar los comentarios que los usuarios de facebook plantearon luego de ver el video, “es culpa de los padres ya que los educan de manera racista”. Esta respuesta es de lo más simplista y no ayuda en nada a ver dónde se encuentran las raíces del problema.

El racismo es una reproducción social, es un comportamiento que el niño aprende al mismo tiempo que aprende a hablar, a caminar o a anudarse los cordones. Por supuesto, él puede copiar ciertos comportamientos de los padres, pero no podemos olvidar la importancia que la sociedad tiene en la impronta de estas conductas.

Sin la intención de hacer un tratado sobre el tema, me gustaría abordar tres puntos que nos pueden entregar luces al respecto.

Érase una vez un pueblo…

Pese a que hace un año se celebró el bicentenario de la “Independencia” de

Chile (si tomamos como referencia la primera junta de Gobierno, por supuesto), nuestra conducta nos prueba que seguimos estando colonizados en nuestras mentes.

Los españoles tal vez partieron, sin embargo, nos dejaron un legado de inferioridad que nos pesa hasta hoy y que como un pueblo de ovejas seguimos repitiendo. ¿De qué manera? A través de los relatos históricos que aprendimos en la escuela.

Gracias a nuestros amigos europeos podemos jactarnos de entrar a la “Historia Universal”, puesto que ellos nos descubrieron y nos conquistaron, trajeron el progreso, la civilización, la religión, la lengua y la ciencia a nuestro continente. Eso es lo que ellos nos dijeron y lo que nosotros le dijimos a nuestros hijos, nietos, bisnietos, tataranietos…

Es cosa de ver cómo se han denominado algunos hitos históricos como “La conquista”, “La colonia”, “El desastre de Curalaba” que perfectamente podríamos haber llamado “La invasión”, “La ocupación” o “La victoria de Curalaba”. Pero no, hasta el día de hoy conservamos los conceptos impuestos por los colonizadores.

Palabras más, palabras menos…

Otra forma importante de continuar con el círculo racista es nuestro lenguaje, como dice el cantante cubano Carlos Varela, “una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo”. Así es. Sin saberlo muchas de nuestras expresiones e incluso palabras tienen un sesgo racista-clasista que utilizamos sin prestar atención, pero que condicionan nuestro pensamiento.

Tener una “suerte negra”, andar con la “indiada”, ser una “oveja negra”, andar con la “pluma parada”, todas son expresiones que nos remiten a acontecimientos o comportamientos negativos, mientras que portarse como una “blanca paloma” es positivo.

De manera más sutil – pero a la vez más profunda- nuestra cultura adoptó ciertas palabras del mapudungún que utilizamos comúnmente, pero que por alguna razón del “azar” en su mayoría son conceptos despectivos o negativos, por ejemplo huacho, piñén, laucha (y sus derivados como lauchero), cahuín, curiche o quiltro.

Espejito espejito, dime en este reino quién es el más bonito…

El concepto de belleza que nuestra cultura adoptó, también es extranjero. Sólo basta hacer un zapping por las distintas emisiones de la televisión abierta y nos daremos cuenta que la mayoría de nuestros animadores corresponde a un modelo caucásico europeo o estadounidense. Y aquéllos que no corresponden, bueno, tratan de acercarse lo máximo posible.

Si un niño de 4 a 12 años pasa en Chile alrededor de 4 horas diarias frente a la televisión[1], la influencia que este medio ejerce es innegable.

En la cabeza de los niños entra por osmosis la idea de que ser más “clarito” de piel, ser más “rubiecito” es mejor que ser moreno. Nadie tiene que decirlo de manera expresa, simplemente el componente mestizo e indígena se vuelve minoritario -por no decir invisible- en la representación de los medios de comunicación.

Sabiendo que el sistema neoliberal en el que vivimos promueve la belleza como un símbolo de éxito en la vida, en el que la publicidad juega un rol determinante, no es insensato pensar que habrá una parte de la población que tratará de alcanzar un poquito de esa gloria ocultando o negando sus características genéticas.

Entonces, si la base de nuestra identidad histórica ha sido relatada e interpretada bajo una óptica imperialista, si el lenguaje que utilizamos -que nos permite conceptualizar el mundo- ya está sesgado y la representación de la belleza sólo refleja una minoría alógena a nuestro país, es fácil comprender porqué niños de cinco o seis años ya se han impregnado de un discurso racista sin siquiera tener conciencia de ello.

La lucha contra el racismo es un combate cotidiano que va desde lo más notorio, que es la acción de discriminar, negar el ingreso a ciertos recintos a personas de determinado color, negar un puesto de trabajo a personas con apellidos indígenas, etc… hasta lo más sutil, que son los conceptos discriminatorios.

Hoy en día la lucha está enfocada contra el acto discriminatorio, sin embargo, si dejamos que nuestros conceptos continúen siendo racistas, nuestro combate será en vano y en nuestra cabeza siempre creeremos que ser moreno es ser inferior.


[1] ROJAS Valeria. Influencia de la televisión y videojuegos en el aprendizaje y conducta infanto-juvenil http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0370-41062008000700012&script=sci_arttext

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7 Comments

  1. Gabriela Bravo dice:

    Me parece interesante el comentario de Annarita, así que lo voy a traducir para los hispanoparlantes.

    Querida Gabriela
    Primero, me gustaría decirte que aprecié mucho tu artículo.
    Lo que escribiste al principio me recuerda la investigación de una antropóloga italiana llamada Paola Tabet, del cual saco un libro, La pelle giusta (la piel justa). Ella pidió a una gran cantidad de niños que escribieran una tarea que llevaba por título: “si mis padres fueran negros”. Vemos que los niños identifican “negro” con toda la población que no es “blanca-italiana” ( a parte de los países europeos y estados unidos que en el imaginario común forman parte del “occidente que cuenta”), ya sea por el color, por el olor o por el hecho de que no sean considerados como limpios (por ejemplo los gitanos, los albaneses u otra población de Europa del Este).
    Es exactamente como tu has dicho, no es una cuestión de educación, el problema no es (solamente) ese, puesto que el racismo, como toda forma de discriminación tiene raíces históricas, políticas y sociales, por lo tanto es un fenómeno social. En el caso de México o Chile muestras bien que existen raíces en relación a la colonización.Bien, en Italia todo eso viene del facismo, por ejemplo, todos esos matices se muestran en la política actual y, por tanto, en las revistas, en la tele, en la publicidad, en la escuela…Entonces la idea de la “piel justa” es ciertamente una construcción social que no obstante el trabajo cotidiano de mucha gente, sigue siendo duro. Pero también es por eso que estamos aquí, no es verdad?

  2. Annarita dice:

    Chère Gabriela,
    d’abord je tiens à te dire que j’apprécie beaucoup ton article.
    Ce que t’écris au début de l’article me rappelle une enquête faite par une anthropologue italienne qui s’appelle Paola Tabet, dont elle en a tiré un bouquin, La pelle giusta (La peau juste). Elle a demandé à un grand nombre d’enfants d’écrire un devoir dont le title étais: “Si mes parents étaient noirs…”. On voit que les enfant, en effet, identifient comme “noir” tout les populations qui ne sont pas évidemment “blanches-italiennes” (à part les pays européens et américaines qui, dans l’imaginaire commun font partie de l'”Occident qui compte”… ): soit par la couleur, soit pour l’odeur, soit pour le fait qu’ils sont pas vue comme propres (voir les tziganes, les albanais ou d’autres population de l’Europe de l’est). C’est exactement comme tu le dis: ce n’est pas seulement une question d’éducation…le problème n’est pas (seulement) là, car le racisme comme toute forme de discrimination à des racines historiques, politiques et sociale et pourtant est un fenomene social. Dans le cas du mexique ou du chili, tu montre bien que cela a des racines dans le langage par rapport à la colonisation. Et bien en Italie tout ça remonte au fascisme, par exemple, dont les nuances remontent dans la politique actuelle et du coup dans les magasins, à la télé, dans les affiches publicitaires, à l’école…Donc l’idée de “peau juste” c’est bien une construction sociale qui nonobstant le travail quotidien de plain de gens est dure à mourir!
    Mais c’est aussi pour ça qu’on est là, n’est pas?!

  3. Andrea Cuevas dice:

    Lo peor de todo es que en Chile nos creemos suuuper solidarios, patriotas y amamos la bandera, nos emocionamos con el himno nacional, improvisamos cueca para fiestas patrias, pero estamos el resto del año cagandonos al mapuche, buscando a nuestros antepasados extranjeros, mirando en menos al que es un poco más moreno que nosotros y creyendo que tiñendonos unas mechas rubias alcanzaremos el éxito…

  4. Willy Parra Medina dice:

    Sobre racismo y otras rarezas que aun veo a diario, pero en la actitud de algunos cuyo punto de partida es para mi ignorancia pura. La de desconocer su propia identidad y rasgos particulares. Manteniendo asuntos pendientes con ellos mismos y confundidos en su identidad. El niño moreno del video declara paracerse al mas blanco. Cómo nos referiremos a él mismo cuando tenga 20 años?. Buen articulo Gabriela.

  5. dante dice:

    Excelente articulo.
    Sobre el racismo en general no me pronunciaré puesto que me parece un tema muy largo para evocarlo en tan pocas lineas. Pero si me gustaria decir algunas palabritas sobre el racismo cotidiano hacia el pueblo mapuche.
    la maldicion de malinche, el trabajo de los yanaconas,la ofensiva del ejercito chileno, el bombardeo ideologico de los MCM y las leyes antiterroristas “etnicas” del Estado nacional chileno (desde hace ya muchos lustros)no hacen mas que aumentar y profundizar este racismo cotidiano vivido cada dia por el pueblo mapuche.
    Hace poco dias lei en un muro de Recoleta (en Santiago de Chile) “SI LAUTARO ESTUVIESE VIVO, SERIA UN TERRORISTA”…
    Exacto… si Lev Traru estuviese vivo estaria combatiendo el poder central del huinca (ladron) y a toda la otra manga de mestizos que lo unico que quieren es blanquearse, para parecerse mas a sus amos blancos.
    El legado de los europeos sigue rondando en “el inconsciente colectivo” de los chilenos y el Neoliberalismo galopante mas que hacerlo desaparecer, lo ensalza.
    Y decir que hay una locutora chilena que pensaba que la palabra “huarén” venia del inglés “warren”. Parece chiste cierto. uds ya se imaginan de que locutora estoy hablando.

  6. Un européen dice:

    Soy aleman je suis allemand I’m german
    nö quiero ser aleman ni europeo. Je ne veux que être un être humain. The color of our skin has no importance for anyone. Eso sería importante para mi. Tu as totalement raison avec tous tes arguments. We find daily racisme all around us. El problema es que solo poca gente dice/hace algo contra el racismo cotidiano. Si les identités nationales valent mieux que chaques hommes. You will never win against racisme.
    Lo siento que no sé hablar mas idiomas. 😉

  7. x dice:

    Leí una vez sobre ese experimento, pero no había visto los videos. Es re violento igual. Más que nada por cómo lo presentan, súper dramático. El fondo oscuro. El niño, apuntando con el dedo a la representación de algo más inocente que él, como algo “malo”. El niño enfrentado a los muñecos, acostumbrado a ser evaluado, esperando dar la “respuesta correcta”.

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