Qué pensarán de nosotros en Japón

Breves, Residuos — By on mayo 23, 2012 at 06:48

Por Dante Bravo

Un disco o un tema musical, querámoslo o no, entrega un sinnúmero de mensajes, de significantes, de signos (como dirían los semiólogos) o de símbolos (como dirían los semióticos). Muchas veces este mensaje escapa y va más allá de lo que el autor o el intérprete quiere entregar. Algunas veces este mensaje es interpretado de manera inversa a lo que el autor hubiese querido decir.

En Chile (y para dar un ejemplo muy maniqueista), Quilapayún y los Huasos Quincheros representan de manera latente o patente dos posiciones políticas muy diferentes. Éstas se expresan en la vestimenta, en el contenido de las canciones, en los ritmos escogidos y en los públicos o medios donde estos artistas evolucionan. El mensaje en este caso concreto es “bien clarito” y no deja terreno a equívocos ni a interpretaciones.

Para otros cantantes o autores, que quisieran dejar “bien clarito” lo que quieren decir, a veces los referentes utilizados se entremezclan y aquello que parecía límpido y políticamente definido se pierde, o como decía más arriba, el mensaje es comprendido al revés.

Esto sucede muchas veces porque no pensamos que la comunicación es una acción dinámica y multidireccional. Ésta incluye, muchas veces, dos o más personas con códigos diferentes y con contextos diferentes.

Ahora bien, lo que debería ser capital dentro de esta acción de comunicar, es fijarse no tan sólo en lo que se dice, sino también en la manera en que el interlocutor interpreta lo que se dice.

Aunque estemos conscientes de eso, casi nunca nos detenemos a verificar lo que nuestro interlocutor piensa de nuestro mensaje, y nos abrigamos en frases que nos desresponsabilizan y nos desculpabilizan, como por ejemplo: “yo fui bastante claro en lo que dije”, “¿en qué idioma quieres  que te lo diga?”, “te lo dije bien clarito” o la architípica, “más claro echarle agua”.

Por eso cuando empleamos el doble sentido, la parodia o el mensaje en segundo grado (o tercer grado) más vale que nuestro interlocutor “capte” inmediatamente el mensaje y lo integre naturalmente, sin que tenga que decodificarlo artificialmente. De esta manera no habrá ninguna duda de lo que se quiere significar. Cuando eso se logra diríamos que  estamos en presencia de un juego retórico de alta acrobacia, o de un público que maneja los códigos que el emisor está empleando.

Cuando no se logra hacer pasar ese doble sentido y el público se toma ese mensaje en primer grado, comienzan los problemas. Porque en vez de ser “clarito”, el mensaje confunde, en vez de “explicar”, el mensaje genera dudas. Estas dudas originan mensajes poli-semánticos.

Sobre todo si existe un caldo de cultivo propenso a que el mensaje sea captado con cierta intencionalidad. Imagínense ustedes qué pasaría (virtualmente por supuesto) si los Huasos Quincheros interpretaran “los pollitos dicen”. El público lo tomaría por un “divertimiento”. Si esa misma canción la interpretara Quilapayún ella sería tomada por una “canción protesta”. Sobretodo si nos detenemos en la parte crucial que dice: “los pollitos dicen pío, pío, pío cuando tienen hambre cuando tienen frío”.

Como ejemplo, y quizás como ejercicio de estilo, de todo lo precedentemente dicho, me gustaría que le hincáramos el diente a la polémica canción de calle 13, “QUÉ PENSARÁN DE NOSOTROS EN JAPÓN”, que cayó sin querer en esta trampita. Y digo sin querer porque yo creo que René (alias la Rana residente) tenía “bien clarito” lo que quería significar. Lamentablemente no tenía “muy clarito” cómo iban a ser interpretados sus propósitos, ni menos la confusión que eso generaría en algunos medios, incluso en el propio Japón[1].

Analizaremos aquí sólo la primera estrofa.

Las otras se las dejo a ustedes.

“Qué pensarán de nosotros en Japón-pon. Debe ser bueno lo que piensan en Japón-pon

Ricky la pegó con el chiqui-bon-bon y hasta en Hong-Kong se escucha reggaetón-ton (Estúpido, Hong-Kong es en China!)

No importa pero pegó la fucking gasolina.

Pegó la fucking gasolina

más que en Carolina, y se la empujamos monga

sin vaselina

Y se la empujamos monga sin margarina

Y se la empujamos monga bien monga”.

El recurso literario empleado aquí por el autor es complejo y tiene varias derivaciones. Sin querer tomar partido dentro de esta “esquizofrenia lirica”, debo decir que si se logra encontrar la llave para penetrar dentro de su universo, el mensaje aparece muy “clarito”. Aquéllos que no lograron procurarse la llave, les será muy difícil entrar a ese universo. Aquéllos que quisieron hacer copia de las llaves, muchas de éstas salieron defectuosas y trataron de abrir la puerta, pero no pudieron[2].

Por más que traté de descuartizar cada frase para ver si existían más referentes invisibles o elementos disimulados que se me escapaban, no los encontré. Y me di cuenta que más que reflexionar de lo que piensa René acerca de lo que piensan los japoneses sobre los portorriqueños, debería haber dirigido mi reflexión sobre lo que piensa René de sus compatriotas portorriqueños. Es más, debería haber dirigido mi reflexión sobre lo que piensa René de las Music Majors que compraron a ciertos “artistas” portorriqueños.

  • En principio reaccioné como todo el mundo. Me pareció raro que calle 13 se burlara de otra cultura, remedando el acento, involucrando y mezclando a todos los pueblos asiáticos en un mismo saco, y todo dicho con un desparpajo abismante “bien monga”.
  • En un segundo momento. Ahí cuando comienzan a actuar los filtros, me di cuenta con más frialdad que eran otras cosas las que estaban en juego. Por ejemplo, la labor de las Music Majors en la promoción, distribución y venta mundial que hacen de una cierta “cultura portorriqueña”. Una de ellas, la japonesa Sony BMG, logró arrastrar en su seno a dos grandes artistas faranduleros de la escena boricua y newyorica, haciéndolos firmar jugosos contratos y dándoles la posibilidad de venderlos en todo el mundo, incluso en Japón[3].
  • El autor, al corriente de estos “turbios negocios”, usa el recurso de reírse de los japoneses para denunciar una cierta “farandula portorriqueña” que genera pingues ganancias a Sony. No es anodino que tome como ejemplo las canciones “chiqui-bon bon” de Ricky Martin y “a ella le gusta la gasolina” de Daddy Yankee.
  • ¿Por qué se vehicula a estos dos cantantes? ¿Es porque son las más “políticamente correctos”? ¿Es porque sus letras (ni revolucionarias, ni profundas) no representan ningún peligro para el stablishement.
  • De ahí su reflexión y la pregunta recurrente: “¿Qué pensarán de nosotros en Japón?”.
  • ¿Es posible que después de escuchar a Ricky Martin y a Daddy Yankee, los japoneses (y otros países del planeta) tengan una idea fidedigna de lo que es la idiosincrasia portorriqueña?

“Tranquilo. Si escuchas la canción con atención te darás cuenta que no es un insulto. Es una crítica a nuestra propia cultura, al sistema en el que vivimos, que nos dice que lo diferente es malo, que si comes sentado en el piso, o hablas raro estás mal. El autor lo deja claro cuando hace una interpretación de contestaciones entre lo que diría un latino y lo que diría un oriental, sin duda el latino está más sometido, sus respuestas son chistosas pero no inteligentes. Hay que aprender a escuchar”[4].

La respuesta es compleja, pero la reflexión de Calle 13 es muy lúcida y muy pertinente.

Dentro de las confusiones que generó este tema he aquí la respuesta de Japón a Calle 13[5].

 


[1] Encontramos en los comentarios que siguen al video, muchos en lengua japonesa. Casi todos son de desaprobación y algunos son bastante insultantes.

[2] Esta persona por ejemplo, encontró una llave, pero no era la buena. “Creo que mucha gente no entiende el sentido satírico (como sarcástico) de la canción. En verdad lo que trata, es reflejar la ignorancia que hay hacia las culturas de Asia oriental. No es con el fin de insultar a los asiáticos, es con el fin de ridiculizar a la gente que piensa que todos son iguales, y que no hay diferencia”. O Esta otra persona “No soy japonés y me siento ofendido” http://www.youtube.com/watch?v=DWvn7INtjI8&feature=related

[5]En realidad el cantante que tiene todos los visos de ser japonés, no lo es. Es un colombiano descendiente de padres chinos de nombre artístico Chiman “el chino costeño”. http://es-es.facebook.com/pages/Chiman-Chino-Coste%C3%B1o/10150153231040158?sk=info

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2 Comments

  1. Javier dice:

    Me parece súper bueno el artículo, me invito a pensar sobre lecturas, distinciones e interpretaciones posibles en un campo comunicacional dado, en este caso la canción de Calle 13 (que sinceramente no conocía) y algunas repercusiones interpretativas que derivaron de ella (que tampoco conocía).
    En este contexto, sí que me vinieron algunas preguntas que me gustaría ver la posibilidad de aclaración del autor del texto.
    1.- Sobre el tema de las llaves para penetrar dentro del universo del mensaje (y de su locutor, si fuese posible), En especial sobre el “pie de página 2” ¿Desde donde define la cualidad (buena-mala) de una llave-interpretación producida?
    2.- Sobre el juego reflexivo del autor, que vario estratégicamente de posiciones para situarse – observar-pensar, me gustaría saber ¿Que piensa el autor de lo que él piensa, de lo que (piensa)-dice René de sus compatriotas Portorriqueños?
    Saludos
    Javier

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