PVC, ACNM y AVP. El poder contra la dicha homosexual.

Sexo & Poder — By on septiembre 23, 2011 at 05:16

 

Mientras buscaba inspiración para escribir alguna entrada, me topé con esto que cito a continuación:

 “Para Eribon, los escritos de Foucault sobre la homosexualidad permiten inferir que la economía de los placeres que desplaza al dispositivo de la sexualidad, guarda relación con la reivindicación de ciertos gestos más que de determinados actos. En otros términos, el “contraataque del cuerpo y los placeres” se sostendría en un específico modo de vida y no tanto en una exploración hedonista de los límites del propio placer. Esto explicaría que el filósofo francés considere que lo verdaderamente intolerable para el poder no es, por ejemplo, las prácticas sexuales de los gay, sino el estilo de vida que las acompaña.

Como señala en una entrevista de 1978, frente al amor que se profesan dos muchachos “(…) lo insoportable no es que partan en busca del placer, sino el despertar dichoso”. Entonces, lo que efectivamente se opondría al imperativo del sexo verdadero, sería un movimiento de invención de nuevos modos de placer, de creación de dinámicas relacionales diferentes, de otros vínculos y otras formas de amar. En pocas palabras, cabría entender el “contraataque del cuerpo y los placeres” como la construcción de una cultura alternativa”.

 (Castro, Rodrigo (2008); Foucault y el cuidado de la libertad.
Ética para un rostro de arena, Ediciones Lom, p. 467 – 468).

Cuando terminé de leer esto recordé a Carlos Larraín y sonreí. “Al fin tengo un post”, me dije.  Se me hizo evidente, al menos a mi parecer, la motivación que hay detrás de los discursos del lado más conservador de la ex Alianza por Chile para oponerse a cualquier figura legal parecida al matrimonio homosexual; personificados en Carlos Larraín, el más, públicamente, extremo.

Algunos hits:

 “¿Por qué tenemos que apoyar a la comunidad homosexual? Tendríamos luego que apoyar a los grupos que proponen relaciones anómalas con niños o a los grupos que proponen la eutanasia. Porque en esto de las relaciones sexuales, por lo que he oído, hay una tremenda variedad. Entiendo que también hay personas que les gusta tener relaciones con animales, hay literatura sobre eso, la zoofilia. Yo no creo que las políticas públicas de un país tengan que ser en función de opciones sexuales diversas”. 

(La Tercera, 31 de Mayo de 2010)

 “Se puede relacionar la gente según su inclinación sexual, ha ocurrido siempre en el comienzo de los tiempos, pero llegar a procurar un matrimonio homosexual a mí me parece que es una contradicción en los términos y no sería bueno para el desarrollo futuro de nuestra sociedad”.

(La Nación, 21 de Junio de 2011)

“Hay que estar más cuadrado con la familia normal y silvestre que con los grupos especiales, porque si no podemos desalentar a mucha gente que ve en nosotros la defensa de la familia en el futuro”.

“Los homosexuales son absolutamente válidos, incluso yo mismo conozco muchos que son capaces, inteligentes y exitosos. No los veo a ellos como víctimas de una discriminación o de maltrato”.

(The Clinic, 28 de Noviembre de 2009)

Con estas declaraciones, Don Carlos, no disimula que su objeción va, no contra los homosexuales o sus prácticas, porque como dice “ha ocurrido siempre en el comienzo de los tiempos” y -en una demostración inusitada de tolerancia (¿?)- afirma que él mismo conoce “muchos que son capaces, inteligentes y exitosos”. Su protesta es contra la legitimación de su estilo de vida.  El sexo verdadero, para Larraín, es dentro de la “familia normal y silvestre” y la invención de dinámicas relacionales distintas, sería una amenaza para este imperativo; a la vez que la insurgencia de otras formas de amar. Y es lo que el poder quiere sofocar.

Hemos visto pasar el Proyecto de Vida en Común (PVC) y el Acuerdo de Convivencia No Matrimonial (ACNM) y el Acuerdo de Vida en Pareja (AVP). Pareciera ser que la prioridad es disfrazar con el lenguaje y alejar el proyecto de cualquier similitud con el matrimonio (de otra forma no podría ser aprobado, porque ya sabemos que el matrimonio es SOLO entre un hombre y una mujer, y; quizá deberíamos no pecar de desagradecidos y pegarnos con una piedra en el pecho porque un gobierno como el de Piñera esté dispuesto a presentar algún proyecto siquiera).

Para Oscar Rementería, homosexual entrevistado por The Clinic, estos proyectos no son más que una institucionalización de la discriminación. Que existan requisitos y limitaciones a las cuales las parejas heterosexuales no están sujetas lo interpreta como una “hipocresía política”. Respecto al nombre (ACNM) encuentra que: “Le ponen esos nombres tan raros. O sea el día de mañana voy a decir que el día más feliz de mi vida fue cuando me pidieron el ACNM” .

Ya lo dijo Foucault: “lo insoportable no es que partan en busca del placer, sino el despertar dichoso” .

Noticias y entrevistas completas:

Carlos Larraín: “No creo que las políticas públicas tengan que ser en función de opciones sexuales diversas”.  La Tercera.

Carlos Larraín y Marcha por Matrimonio Gay: “Ojalá que no tenga éxito”. La Nación.

Carlos Larraín, presidente de RN y los gays en la franja: “El liberalismo no es de la cintura para abajo”  The Clinic

Entrevista a Óscar Rementería “Lo que están haciendo es institucionalizar la discriminación en Chile”  The Clinic.

 

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12 Comments

  1. charol dice:

    Lo insoportable es la práctica. A muchos he escuchado: “estoy de acuerdo con la homosexualidad, pero que no se anden besando en la calle”.
    Es lo público donde está el problema, donde la vigilancia es concordante frente a la circulación en el espacio.
    Ahora bien, quizas el problema llega a lo privado, a la vida íntima, a la vida en familia, donde al poder le cuesta entrar sino por vias de la propia subjetividad, de la biopolítica y la sexualidad como dispositivo.
    Ahora bien, ¿por qué legimitir prácticas subalternas en un dispotivo legal que controla la relación corporal, filial y sexual?
    ¿Por qué no estar en contra del matrimonio como práctica de un sistema que intenta abrazar hasta lo más abyecto?
    ¿Por qué desear pertenecer a un sistema que genera dicotomía y divide entre lo nomral y lo anormal?
    ¿Cuál es el temor de ser parte del mundo discriminado y desde ahí generar una propia política microfísicamente?
    Deseo aclarar que no estoy en contra del matrimonio homosexual, pero ese deseo de matrimonio ¿puede convertirse en un instrumento del mismo poder, que funciona inconsciente, para ordenarnos y tener la ilusión de que todos somos una masa homogénea?

  2. En algunos círculos disidentes, a lo que hablas, se le llama Heteronormativismo; El desear la inclusión homosexual bajo normas heterosexuales “normalizantes”.

  3. x dice:

    Charol, excelentes preguntas planteas.

    De más está decir que no todos los homosexuales quieren pertenecer a este sistema que divide entre lo normal y lo anormal. No todos tienen temor de desenvolverse como minoría discriminada y hay algunos que se rebelan contra este deseo de normalización expresado en el matrimonio.

    La otra vez un amigo gay, llamémoslo Juanito, me dijo: “me importa un pico el matrimonio, ¿para qué me quiero casar? ¡qué absurdo!”

    Y claro, él asume que se desenvuelve dentro de una minoría, con sus propias lógicas y no necesita la validación o legitimación de una institución como el matrimonio que lo normalice. Sin embargo, y esto puede ser un carril medio aventurado, porque no tengo cómo sostenerlo, me da la impresión de que si Juanito fuera heterosexual, tampoco querría casarse.

    En mi experiencia, he podido notar que la conformación de posiciones frente al matrimonio, de parte de los homosexuales, no parece ser muy distinta a la de los heterosexuales. Tienen que ver, quizá, con estructura de personalidad, socialización, estilo de vida, etc.

    En ese sentido también hay homosexuales más conservadores o que creen en una pareja para toda la vida y en la familia como base. Y su condición de homosexual, no tiene que ser, necesariamente, un impedimento para lograrlo. Es en este grupo, yo creo, donde reside el deseo de matrimonio, de normalización o heteronormatividad, como decía Herr. Que si bien, tienen una distinta orientación sexual, no tendrían por qué tener una orientación distinta, a la dominante, respecto al matrimonio.

    Puede parecer más saludable generar políticas propias, desde la minoría y rebelarse, que intentar pertenecer a un sistema que divide entre normal y anormal, y te rechaza por lo que eres… sin embargo, no veo por qué el matrimonio, como institución, debería dividir entre lo normal y anormal. Eso es solo un juicio de valor, mientras que el objetivo del matrimonio civil (NO como sacramento, evidentemente) debería responder a objetivos más prácticos y ser más universal.

  4. lakar dice:

    No está de más dejar de lado que el planteamiento gay mantiene, perpetúa el dispositivo de alianza del matrimonio. El movimiento gay, cada vez más grande, toma al matrimonio como su consigna de vanguardia dejando de lado otras prácticas, otras formas de relacionarse, otras formas de sexualidad. A otros que se están convirtiendo en minorías dentro del propio movimiento. Ante la forma en que se organiza nuestra sexualidad, se configuran nuestros deseos se tiende a olvidar preguntarse por qué tipo de organización de los mismos estamos luchando. No creo que debiésemos conformarnos con el matrimonio como forma de integración por muchos “avances” que su promulgación provea; pues con esto pareciera ser que es solo a través del matrimonio, la pareja, la familia nuclear, que se puede llevar una vida digna; pareciera ser que la vida fracasa en sí misma para justificar su existencia, que una vida legítima solo merece ser vivida desde el modelo matrimonial y familiar clásico.
    Los homosexuales no son los únicos que sufren la violencia de género, la marginación, la exclusión; no es necesario ser gay, lesbiana, trans, etc. para sufrir formas de represión, de oclusión del deseo; todos quienes somos socializados entre las fronteras de esta nación, y de estas familias, sufrimos en mayor o menor grado la violencia que se ejerce en el mantenimiento de géneros, y formas de parentesco “natural”, “normal”. La lucha por beneficios sociales debería considerar también a la gente que no está dentro del modelo marital, o dentro de la alianza sexual clásicos, a los casamientos contra natura (que quizás no muchos (¿familias extensas, monoparentales, y demás?), pero si existimos). Más que exigir universalidad para el matrimonio, debería exigirse universalidad para la vida, y examinar que condiciones sociales se necesitan para ello y practicarlas.
    Quizás hoy no existen las condiciones objetivas para abogar por algo más que el matrimonio gay, no esta abierta la “ventana de oportunidades” para poner en la agenda y la discusión pública el reconocimiento de otros deseos, otros placer, otros despertares dichosos, que sean acogidos con éxito por las instituciones que deciden nuestras vidas. Mas no por ellos se puede dejar de perseverar en el ser otro contra los poderes hegemónicos y pedirlo siempre todo. (O porqué no abandonar las viejas instituciones, olvidar a Larraín, y hacer la nuestras, abogar por el éxodo y la desobediencia). Pero bueno, pastelero sus pasteles, los gay quieren casarse: encantada vamos a la boda, con la boca abierta al champañazo.

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