Publicidad basura: las elecciones municipales 2012…

Breves, Residuos — By on octubre 18, 2012 at 02:51

Por Centro de Estudios Alén
estudiosalen.wordpress.com
@alen_analisis

 

Hace unos días se dio el vamos oficial al período de campaña para las Elecciones Municipales que se llevarán a cabo a finales de octubre. Más allá de los cambios que tendremos que enfrentar con la entrada en vigencia de la nueva ley de inscripción automática y voto voluntario, creemos que es importante reflexionar en torno a las consecuencias de esta campaña para el espacio público.

Como ciudadanos, por supuesto que nos interesa la política y consideramos que el momento de votar es clave en muchos aspectos, pero tampoco es posible desconocer y no es ningún secreto que la sociedad actual exige mucho más de sus sistemas políticos y de sus gobiernos.

No por nada miles de personas han salido a las calles en el último tiempo clamando por cambios que signifiquen un aporte real y tangible, en términos cuantitativos y, sobre todo, cualitativos, en las condiciones de vida del país. Ante esto, el Estado se ve en una encrucijada, pues trata y trata de resolver satisfactoriamente el descontento popular, pero no lo logra, y las encuestas siguen bajando y la sensación de que las cosas van mal se perpetúa en un círculo que parece no tener una solución. O por lo menos, no una simple.

Ya a mediados de año, cuando comenzó el período de campaña electoral, y más aún, desde el 28 de septiembre, fecha en la que las propagandas electorales son legales, todos los habitantes del país hemos sido testigos de la creatividad de los postulantes a alcaldes y concejales para promover sus candidaturas: desde caballos cuyos pelajes han sido pintados para apoyar a un candidato rural hasta jingles al son del ritmo de moda, pasando por los infaltables pendones con slogans que abogan por un cambio, que de cambio generalmente no tiene mucho.

Por una parte, es inimaginable la cantidad de publicidad basura que se empieza a acumular en las calles del país: carteles de todo tipo y tamaño, panfletos, chapitas, banderas y un sinnúmero de artilugios para sobresalir frente al candidato opositor y, de paso, ensuciar el espacio público e incomodar el tránsito de automóviles, de peatones y ciclistas, lo que hace incluso peligroso andar en la ciudad.

Pero por otra parte, el corazón del problema del descontento y el desencanto de la ciudadanía se relaciona directamente con el papel que cumplen las administraciones locales, pues ellas son la cara visible, la relación más directa que tienen las personas con el fisco. Como escribe Andrés Chacón:

“Como el ejecutivo no capta lo que la gente demanda, estandariza las administraciones locales. Los trata como si todos lidiaran con los mismos contratiempos y no necesitaran de más recursos. Las municipalidades, entonces, son incapaces de canalizar y de solucionar los problemas de los vecinos y terminan derivándolos por diferentes niveles de los servicios públicos hasta llegar al órgano centralizado que promueve medidas paliativas para situaciones que requieren resoluciones profundas”.

Siguiendo esta línea, el problema recae en que los candidatos y las autoridades actúan bajo la lógica de obtener votos a cambio de promesas sin fecha de cumplimiento clara o que de frentón no responden efectivamente a lo que la gente necesita, y por lo tanto, al final toda la parafernalia de las campañas no repercute en un verdadero proceso democrático donde exista una cooperación real y un feedback sostenido en el tiempo entre las personas y las autoridades locales, en definitiva, donde la comunidad sea oída y sea considerada como lo primordial; y queda en una serie de sonrisas de plástico que nos miran felices con el pulgar levantado desde un cartel, haciendo que uno se pregunte ¿para qué ¡”$$%$&&/! fui a votar?

Desgraciadamente,  este panorama está lejos de cambiar y al parecer, los candidatos que incurren en este tipo de prácticas no son más que la punta del iceberg y representan la indolencia y la separación cada vez más grande que hay entre la clase política y la sociedad en general. De todos modos, lo bueno de esto es que trae a la palestra el tema más importante para cualquier sociedad: el estatus de lo público y las condiciones de posibilidad para que logremos el Chile que queremos.



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