Previsión: un tema social pendiente

Escritos, Residuos — By on marzo 23, 2012 at 02:58

Éste es un artículo que después de leído, sugiero al lector cerrar los ojos y abrir el corazón, pues a todos de una u otra manera nos atañe y pese al egoísmo humano, existen soluciones plausibles.  Lo que ha faltado hasta ahora, es la voluntad política de intentar soluciones de largo alcance a esta gran desigualdad que desde hace ya al menos tres décadas, está absolutamente incubada en la mayor parte de los Estados de la ONU.

Varios son los grandes obstáculos mundiales a la calidad de vida que desde hace décadas afectan a la población mundial y, que prontamente deberán ser noticias planetarias por su urgencia y la gravedad de sus consecuencias para proporción significativa de la humanidad.  Entre estos problemas existen algunos de los que se habla más abiertamente y que Naciones Unidas está tomando cartas serias en el asunto.  De esa serie de problemas, la ONU, tiene como prioridades, las alteraciones climáticas, la escasez de agua (ya fatalmente grave en África subsahariana), el descontrolado armamentismo, que posee incluso repercusiones nucleares, la explosión demográfica y el sostenido aumento de consumo de estupefacientes, ya no sólo en la juventud.  Por supuesto -y lamentablemente- existen varios otros.  En el presente artículo de opinión, me referiré al tema de la Previsión (ej.: pensiones, jubilaciones y conceptos análogos), que al menos ya en una cincuentena de países constituye una  “papa caliente” entre las manos de las máximas autoridades gubernativas, que hasta el presente, no han encontrado soluciones satisfactorias, durables y sostenibles.  El quid del asunto estriba en que los intereses en juego son demasiado grandes y nadie, ni ningún sector está dispuesto a otorgar concesiones.  Por el contrario, existen amplios segmentos ciudadanos que están  definitivamente casi al margen de esta legítima conquista social que se obtuvo mediante esfuerzos, lucha, sangre, represión y muertes y, que hoy por hoy, sólo alrededor de poco más de un tercio de la humanidad, disfruta de este resultado social en que los trabajadores han logrado arracarle al capital, una conquista humana a la que toda persona sin importar raza, nacionalidad, religión, sino básicamente  y simplemente el factor inexorable de la edad, para obtener el derecho inalienable a una apropiada y merecida pensión o jubilación de manera de lograr vivir el resto que le queda de existencia, en condiciones razonables y no por el hecho de ser un ente inactivo en la producción de bienes y servicios, pasar a ser una carga para su familia o la comunidad que lo acoge.

            Entraré de inmediato a tres variables en las que al menos el grueso de economistas y autoridades responsables están  en consenso: 1) pronto ningún gobierno ni empresa podrá otorgar jubilaciones y/o pensiones a vida indexadas (que es lo ideal), pues esta modalidad de cálculo se estructuró hace entre cinco a tres décadas y las condiciones de expectativas de vida eran muy diferentes  de lo que hoy y en el futuro se preveen,  2) es claro que existe un casi desorden en los diferentes sistemas de previsión a través del mundo y mismo al interior de un país.  Fenómeno que arroja una variedad de resultados para cada individuo (y a menudo sus familias), que son excesivamente dispares, pues el complejo sector económico de la previsión no fue en su oportunidad debidamente regulado y depende en demasía de los infaltables vaivenes de la Bolsa y, 3) existen sectores demasiado privilegiados en sus modalidades previsionales y otros en que sus ingresos por estos conceptos se degradan año a año, llevando a muchos a la pobreza y cuando esta pobreza va acompañada de la vejez, la situación es doblemente  difícil y lo que es peor: el derecho a previsión que en principio debería ser universal, todavía en cantidad de naciones del mundo no pasa de ser una buena intención y poco más que eso.  En síntesis, todavía existe casi dos tercios de la población mundial que pasada la edad de la vejez biológica de 65 años, no tiene derecho a prácticamente ningún tipo de previsión.  África, parte de Asia y parte de América Latina son los lunares negros de esta fragilidad social.

            Dado que el tema es amplio y con ciertos matices objetivamente técnicos, mi opinión estará centrada en las tres variables antes enunciadas, estimando que éstas son de mayor globalidad, por ende para un simple mortal es más fácil de comprender, pues en muchos parámetros el lector o persona de su grupo familiar vive (o sufre) de su sistema previsional.

            Como se expresó en el punto 1, la previsión que actualmente disfrutan muchas personas, especialmente en América del Norte y Europa y la que a los baby-boomers se les prometió cuando este segmento comenzó a cotizar (hace alrededor de tres décadas), en este comienzo de siglo XXI se están viendo amenazadas, ya que la demografía y los zig-zag bursátiles, no pueden sostener las promesas concebidas por gobiernos y empresas privadas en condiciones económicas y mentalidades que fueron bastantes diferentes a lo que vivimos en nuestros agitados días.  Los jubilados de hoy, no gozan de sus previsiones durante 8 a 12 años, sino que éstos pueden razonablemente esperar (debido fundamentalmente a avances en medicina), durar en estado previsional por más de 25 años y cada vez más frecuentemente hasta 30 años o más.  Fenómeno visible en países industrializados y parte de Asia y A. Latina en donde las expectativas de vida continuan aumentado.  ¿En qué afecta esta situación a los que hoy están por jubilar?; respuesta: a cada año, la cantidad de personas que son activas trabajando y pagando impuestos a la renta disminuye,  en comparación a la masa en uso previsional que continua aumentando; es decir, la pirámide, a contar de principios de los años ochenta, comenzó a invertirse en una cincuentena de países del globo y la tendencia no avizora de cambiar.  ¡Todo lo contrario!.

            En varios estados de USA, algunas municipalidades están en quiebra a causa de no poder pagar las prestaciones de jubilación de sus ex-empleados.  Otras para seguir con vida, reducen los servicios sociales que prestan a sus habitantes.  Uno de los caminos por las que han optado estos municipios (tambien países europeos) es subir la edad en que las personas pueden acogerse a la merecida jubilación… claro que esto implica toda una lucha en contra de fuertes centrales sindicales y una mano firme y no populista en estos delicados asuntos.  Ocuparse de los viejos es excelente, pero no hay que hacerlo en perjuicio de los jóvenes, pues querámoslo o no, estamos ante un tema demográficio-moral.  Por ejemplo, estas municipalidades recortan presupuestos en el necesario combate antidroga, en subvenciones a bibliotecas y ciertos aportes al sistema de educación escolar.  Por ello es que a final de este escrito intentaré entregar algunas medidas que pueden -de ser aplicadas- ser más optimizante y de más largo alcance que desvestir un santo para vestir a otro, como es la tónica en América del Norte donde resido.  Obvio que en mi caso, como no soy ni autoridad ni candidato a un parlamento, mi opinión es más libre y no sujeta a una clientela electoral determinada, aunque eso sí, a principios de justicia social en los cuales soy nimiamente transable.  De partida en esto de una edad fija para acogerse a previsión, no se puede ser dogmático; un profesor universitario, perfectamente puede trabajar hasta 65 o 70 años (si la salud le acompaña), sin embargo, un minero o albañil es difícil o imposible que sea productivo mas allá de los 60-65 años.

            La batalla por guardar intactos las promesas de ciertos regímenes previsionales tales como los de la mayoría de parlamentarios del mundo, de las fuerzas armadas, policías (uniformados y civiles) o de ciertos funcionarios estatales o de algunas empresas privadas, estará perdida de antemano, si se insiste en conservar indefinidamente dichos privilegios que en la mayoría de los casos, cuestan demasiado caro a los contribuyentes de cada país.  Veamos: En Chile por ejemplo, existen diferencias notorias y hasta aberrantes entre lo que recibe mesualmente una persona, digamos profesor secundario que se acoge a previsión luego de 38 años de trabajo (alredededor de 65 a 68 años de edad), con lo que percibe un suboficial mayor con 30 años de servicio (alrededor de 49 a 54 años) en las fuerzas armadas o Carabineros de Chile.  En el primer caso, sus ingresos mensuales por este concepto será aproximademente un 70% de lo que recibe este último y conste que el profesor tiene un 25% más de años de trabajo que el primero y posee un diploma universitario.  Si seguimos este mismo procedimiento comparativo llevándolo a otros rubros laborales, como la gran mayoría de los trabajadores del comercio y obreros de variedad de empresas, la comparación será todavía más odiosa.  Por esta razón no incluyo la previsión de los parlamentarios pues lo que perciben y los requisitos para acceder a dicha previsión, es simplemente un escándalo.  No se trata de nivelar hacia abajo, sino que cada ciudadano que posee los requisitos legales y/o éticos para acogerse a jubilación no sea castigado doblemente por este hecho.

            Veamos otras realidades.

             En varios países industrializados los estados y gobiernos deben inyectar recurrentemente fondos públicos considerables para que sus funcionarios (especialmente diplomáticos y profesionales de mediano y alto nivel), puedan recibir sus jubilaciones indexadas, y conste que estos emolumentos son de por sí bastante generosos.  Mas lo que ocurre es que los gobiernos para hacer  frente a estos compromisos, van dejando perceptiblemente  de lado recursos destinados a otros items tan importantes como son educación, salud y deportes.  Por ejemplo acá en Québec /Canadá (aunque la situación va revistiendo un carácter nacional), el gobierno está impulsando contra viento y marea un alza significativa de los aranceles de estudios post-secundarios, particularmente Cegeps 1 y Universidades, con el argumento de que el gobierno y/o el Estado ya no está en condiciones de hacer mayores aportes a este tipo de educación… pero al mismo tiempo las autoridades  federales están destinando a un reequipamiento y vasto plan modernizador de equipos militares (incluye aviación marina y ejército de tierra), un sideral monto de 51.000 millones de dólares en un quinquenio.  La pregunta de los estudiantes ya fuertemente movilizados es ¿cómo se aduce que no existen dineros para destinar  a educación?… la verdad es que esta atingente interrogante, las autoridades no tienen cómo negarla ni cómo eludirla.  Tener en cuenta que la educación acá en Québec y en general en Canadá, es a lo menos un 50% de menor costo que el mismo tipo de estudios en Chile, por tanto en Chile, existen motivos de sobra para protestar por esta barbaridad comercial que se ha ido apoderando de la educación.

            Volvamos a previsión.  Razonamientos como los expresados los podríamos seguir y extrapolar  de manera extensa, no obstante, lo medular no es sólo la crítica por la crítica, sino enunciar también posibles soluciones que tarde o temprano deberán adoptarse, pues el profundo y grave problema previsional está plenamente identificado, siendo sólo cuestión de tiempo para que las movilizaciones con esta legítima bandera de lucha se empiecen a hacer efectivas.  Grosso modo, los sistemas previsionales del mundo están basados en aportes del trabajador y en ciertos casos (especialmente Europa  y América del Norte) de aportes del empleador, con especial generosidad hacia los funcionarios públicos y estatales.  Al interior de estos sistemas de previsión se tienen los suplementos de ingreso garantizados, regímen de prestaciones (jubilaciones ) determinadas con antelación, regímenes a cotización predeterminada, etc, etc.  Digo etc, ya que en el mundo existen alrededor de 2000 sistemas diferentes de previsión.  En el caso de Chile, las principales modalidades son la previsión que otorgan las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), la de las Fuerzas armadas y carabineros, la de los parlamentarios y otros sistemas que gradualmente pareciera van dejando paso a la privatización del sistema en su conjunto.  Después de tres décadas de aplicación de la modalidad de sistema de previsión en manos de las AFP, los resultados son magros, las comisiones por administración onerosas, los vaivenes de los Fondos hacen preocupar hasta el más confiado y optimista de los mortales y “hablando en plata”: el sistema, pese a ser más expedito e informatizado que los que terminó por suplantar, ha demostrado con creces que necesita de cirugía mayor, no sólo de forma como lo que se ha venido realizando por los diferentes gobiernos de Chile.  En suma, el sistema hace agua casi por todos lados y los perjudicados son el 65%-70% de los chilenos que están obligados a cotizar y acogerse a este arbitrario sistema previsional.  Utilizo el vocablo arbitrario, pues desde la base misma de cada cotización se sabe de lo que va a ocurrir con los que tienen remuneraciones bajo la media (e incluso más que ese nivel): sus jubilaciones y prestaciones de diferentes naturaleza por concepto previsional serán sencillamente de miseria, correspondiendo entre un 45% a 65% de los que percibían como remuneración promedio en los tres años antes de acogerse a previsión (norma general de 60 años para las mujeres y 65 años para los hombres).  Datos que son indesmentibles y mismo, los ejecutivos de este lucrativo negocio lo reconocen, aunque ellos no entregan ninguna propuesta efectiva para subsanar “detalles” como los que vengo de exponer.

     Como entrar en más antecedentes me parece que es redundar en lo mismo (salvo aspectos ténicos y sofisticados de los cálculos actuariales de la previsión y sus aristas tributarias), paso a entregar mis propuestas que tienden -en mi opinion-  a optimizar el sistema de previsión de Chile y que es lo que en con ciertas variantes propias a la cultura y desarrollo de los países nórdicos, se aplica en esas latitudes a la mayoría de sus ciudadanos.

            Las propuestas:

¨   Corregir los actuales requisitos de previsión de los parlamentarios y cierto personal diplomático, pues ellos (amén de sus excelentes remuneraciones y excesivas ventajas adicionales), gozan de una situación abusiva que es intolerable desde un punto de vista ético.

¨     Elevar de tres a seis años la edad para acogerse a jubilación, especialmente de aquellos sectores como Fuerzas Armadas y Carabineros que ostentan privilegios en este sentido, que no se condicen con el resto de la masa laboral del país.

¨   Que el Estado aporte de manera inversamente proporcional a la previsión de los sueldos. (Canadá, y los países escandinavos así lo hacen). Es decir, mientras menos gana un trabajador, mayor debe ser el aporte estatal a su futura previsión.

¨   Implementar modificaciones de fondo a la modalidad de jubilación mediante AFP, pues al menos dos components juegan en contra del futuro jubilado: los altísimos costos de administración que estas entidades cobran y el hecho de que ellos como empresas nada arriesgan, pues son los fondos previsionales de los trabajadores los que sufren con las crisis económicas y endémicos caprichos bursátiles.

¨   Aumentar el miserable sueldo mínimo actual de manera de apuntar gradualmente (no para las calendas griegas) efectivamente al sueldo ético.  Dicha medida mejorará automáticamente el futuro previsional de una masa significativa de seres humanos.

Existen otras propuestas más técnicas, no obstante, las explicitadas deben ser materia de reflexión, pues incluso la Iglesia (sueldo ético) y las organizaciones de trabajadores están periódicamente entregando iniciativas a los diferentes gobiernos para que esta anómala situación no continue empeorando.

          Evidentemente existen diferentes parámetros a considerar para aplicar estas medidas correctivas, pues a modo de muestra:  es dificil aumentar la edad de jubilación (60 años mujer y 65 años hombre) de un profesor primario o secundario, cuando éstos trabajan con una media de 35 alumnos por clase y sus remuneraciones no corresponden a titulados universitarios ni menos al ambiente de decibeles de ruido e indisciplna en que se desenvuelven.  Estos trabajadores de la educación a la edad de jubilar ya “están más cansados que caballo de bandido”.  Además, globalmente existen estudios que demuestran, fehacientemente, que a nivel mundial, el 20% de la población de mayores ingresos viven una media de 15 años más en comparación al 20% de menores ingresos. En fin muchas otras variables a tener en cuenta y, por supuesto una de las principales: ¿cómo financiar este mayor aporte estatal a los sistemas privisionales?  Sistemas que por concepto de justicia social poco a poco a nivel mundial deberían tender a la imprescincible uniformación.  La respuesta es simple: en Chile, al igual que una gran proporción de estados del mundo, se paga bastante impuestos y el gasto en armamentismo es desproporcionado a sus intereses de defensa.  Economía en este despilfarro, una más moderna y redistributiva legislación tributaria, junto a la renacionalización del cobre, pueden hacer maravillas en el tejido social de nuestros compatriotas que a ojos vistas continúa deteriorándose y, en el caso de una previsión más justa, solidaria y razonable para todo chileno, estas diferencias insensatas son generadoras de desconfianzas y cólera; materia prima para la violencia que desde las más altas esferas se enrostra a los afectados por estas injusticias: las mayorías que sufren a diario de bajas remuneraciones, sueldos mínimos indignos y previsiones insuficientes a una apropiada calidad de vida.

          Por un mínimo de justicia social, es que mi primer párrafo lo comencé con la frase de “cerrar los ojos y abrir el corazón”, sino aceptamos este necesario ejercicio económico-espiritual, las consecuencias las pagaremos todos cuando comiencen las movilizaciones por una previsión ética para todos los trabajadores del país y del mundo.  Si las autoridades nada hacen, sería casi como apagar un incendio con bencina, pues el mal ya está engendrado.

 

 



1  Instituciones educacionales de Québec que forman técnicos en diversas áreas en base a dos o tres años de estudios.  Se puede ingresar a ellos después de terminar (equivalente en Chile), el tercer año de enseñanza media.  Es requisito para ingresar a la Univerdidad acá en Québec haber cursado una carrera de un Cegep.

 

Fotografías

1. Subsecretaría de Previsión Social
2. Aol Noticias
3. Paz es Fuerza
4. Diario Portal
5. FADEP News
6. Foto Prensa Mayor
7. ADS in images
8. La Voz
9. Diario Pyme
10. The Clinic
11. EMOL 

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