Por la razón y la paciencia

Escritos — By on mayo 13, 2010 at 19:27

El debate naturaleza/sociedad

Por Nicolás Soto

La distinción

Desde que en la década de 1970 se incluyó un Research Comittee sobre temáticas medioambientales en la International Asociation of Sociology (ISA), se ha avanzado en la tarea de reflexionar en torno a las relaciones que existen entre Sociedad y Naturaleza. Si bien es cierto que los aportes realizados por Catton y Dunlop (1978; 1979) en primera instancia, permitieron que los temas medioambientales fueran considerados de manera sistemática, al tiempo que facilitaron la institucionalización de esta área en los círculos sociológicos, siguen existiendo (como en otras áreas) discusiones de las bases conceptuales para dichas aproximaciones. Este es el caso de la distinción que se hace de Sociedad y Naturaleza. En esta cuestión, la discusión sólo ha sido someramente zanjada dado que, en términos sustanciales, aún no hay claridad ni mucho menos consenso en relación a la antes mencionada distinción. Son muchas las perspectivas que existen al respecto en sociología, aunque existen ciertas líneas argumentativas que permiten agruparlas, de manera un tanto simplista, en dos grupos. Por un lado, encontraremos a quienes sostienen que la distinción que la sociología en particular y las ciencias sociales en general han realizado entre Sociedad y Naturaleza es por completo artificial y que no hay razones epistemológicas que sustenten tal distinción. Por el otro lado, nos es posible encontrar a quienes argumentan que la distinción entre Sociedad y Naturaleza es insalvable, dado que poseen características generativas radicalmente opuestas.

En este artículo nos abocaremos a realizar una revisión comparada de los principales argumentos de cada una de estas polaridades, mostrando que éstas se remiten a términos ontológicos y epistemológicos, pero que se derrumban al momento de aceptar las relaciones existentes entre Sociedad y Naturaleza. Para ello, tendremos en consideración las propuestas teóricas de los clásicos de la sociología, particularmente Marx y Durkheim. De igual forma, se hace necesario revisar las propuestas tanto clásicas como nuevas dentro y fuera de la sociología y las ciencias sociales.

¿Qué naturaleza? ¿Qué sociedad?

Al aproximarnos a estas distinciones, la pregunta inicial que nos surge es ¿por qué unos dicen que sí y otros que no a la distinción?. Sospechamos pues que el problema de esta distinción y contraposición radica en qué es lo que se entiende por uno y otro concepto. Como bien lo señala Kottinen (1996), hay una variabilidad notable en lo que la literatura establece como algo de naturaleza o algo eminentemente social. Destaca así el caso de Comte, quien entendía a la sociedad como otro elemento más de la Naturaleza. De hecho sugiere, muy en la línea de las propuestas de la Deep Ecology, que:

“Our direct natural power of acting upon our environment is extremely feeble and wholly disproportioned to our needs” (Comte citado en Kottinen, 1996: 16).

Este pasaje sugiere dos cosas. Por un lado, que las ideas ecologistas y preservasionistas poseen un largo soporte histórico-académico en la tradición sociológica; y en segundo lugar, como ya se mencionó, que para el caso de este trabajo es lo fundamental, en Comte no hay una distinción entre Naturaleza y Sociedad, la última es parte de la primera. Esto se debe, entre otras cosas, a que en el caso de Comte su definición de sociedad está profundamente permeada por el zietgiest biologicista de la época en la que vivió. De igual modo, él se sentía profundamente impelido a “naturalizar” el estudio de los fenómenos sociales, dada la reputación de las ciencias naturales (Giddens, 1979). Este primer caso nos da la razón a nuestro argumento, a saber: el problema radica en cuestiones de índole lingüística y conceptual.

Siguiendo en la tradición clásica de la sociología, nos encontramos con la obra de Karl Marx. Lo fundamental de su obra, en torno a la problemática que nos convoca en el presente documento, es lo referente a la relación que existe entre Sociedad y Naturaleza. Para él, la Mujer a través de la historia de la sociedad, no puede ser comprendida por sí sola. Necesariamente debe entenderse en relación con el ambiente natural en el que vive. Lo que hay es una propuesta de relaciones dialécticas entre Sociedad y Naturaleza (Pardo, 1998). Este planteamiento se encuentra en consonancia con los realizados por Marx al momento de abordar las relaciones de producción en la sociedad capitalista. Por un lado, encontramos su argumento dialéctico y por otro, su planteamiento del materialismo histórico. Esto, dado que comprende que la Sociedad necesita de los recursos que la Naturaleza le proporciona. Sin ellos no habría sociedad (Pardo, 1996).

En tercer lugar, encontramos lo planteado por Emile Durkheim. En este caso se complejiza un poco más comprender qué se entiende por Naturaleza y Sociedad. Esto, porque en sus Reglas del método sociológico establece una de las frases que lo han vuelto célebre : “los hechos sociales se explican por lo hechos sociales” (Durkheim, 1997: 71). Esta suerte de máxima que acompañó (¿acompaña?) a la sociología por bastante tiempo, queda reforzada por otra de ellas: “los hechos sociales deben ser tratados como cosas” (Durkheim, 1997: 45). Y es en este punto que se vuelve profundamente confusa la argumentación de Durkheim. Esto porque en otra de sus obras, en la monumental Formas elementales de la vida religiosa, plantea algo que se contradice con todo su pensamiento anterior. “El reino social es un reino natural que no difiere de los otros más que por su mayor complejidad” (Durkheim, 1992: 16). ¿Cómo entender esto?. Lo que sugerimos es que esta ambigüedad se debe a que Durkheim confunde dos planos: el ontológico y el epistemológico. Es en el plano ontológico que Sociedad y Naturaleza no pueden ser lo mismo, si se quiere respetar la primera máxima antes mencionada. El “reino social” es sui generis. Sin embargo, eso, en el plano epistemológico, no tiene que significar que la Sociedad no se estudie con los métodos que se ocupan para conocer los fenómenos naturales (“estudiar los hechos sociales cómo cosa”). Epistemológicamente, Naturaleza y Sociedad son cosas, se las puede tratar como cosas. Esta es nuestra interpretación de dicha ambigüedad presente en la obra de Durkheim, por lo que, como toda interpretación, queda el debatir al respecto.

Sin embargo, y aunque se salve tal situación,  hay un problema fundamental en su obra, y es que no fue capaz de aceptar que los fenómenos de la Naturaleza sí explican, eventualmente, los hechos sociales, y a su vez, los hechos sociales sí pueden, eventualmente, explicar fenómenos de la Naturaleza. Este es el paso que dan los sociólogos del medioambiente contemporáneos.

Un paso adelante, o ¿“la misma letra, sólo cambian los cantantes”?

Desde los trabajos de Catton y Dunlop anteriormente citados y la institucionalización del estudio del medioambiente por parte de la sociología, la discusión en torno a contraposición entre Naturaleza y Sociedad ha continuado. Así, Aledo y Domínguez (2001) sugieren que la separación entre Naturaleza y Sociedad no es más que la conceptualización ideológica de la Modernidad Occidental en un intento por dominar a la naturaleza, la que no difiere en términos formales de las distinciones entre civilización/barbarie u otras que se han fabricado en los últimos 3 siglos (Pardo, 1996). Al respecto, dichos autores sugieren que la labor de la sociología es estudiar al ecosistema, entendiendo que como Mujer formamos parte de un todo mayor (Aledo y Domínguez, 2001). Aquí hay clara influencia de la obra de la Deep ecology o ecología profunda propagada por Arne Naess. Para éste, los humanos formamos parte de la naturaleza, y las Mujeres tienen tanto derecho como otras forma de vida no humanas a vivir. De esta forma lo que hace es criticar el antropocentrismo predominante en los análisis de la relación entre Naturaleza y Sociedad (Bugallo, 2004). El giro biocéntrico presenta claras problemáticas tanto conceptuales como ético-morales. Conceptuales, dado que no entrega una definición de sociedad, sólo es posible rescatar una suerte de individualismo metodológico en sus planteamientos (para la variante norteamericana: Guha, 1989). Por otro lado, surge la pregunta de a quiénes dejaremos vivir, a un ficus, una musaraña o a un bebe del África subsahariana. La respuesta de los ecólogos profundos es simple: ¡necesitamos el descenso de la población!

Continuando con la argumentación presentada por Aledo y Domínguez, sugieren que la distinción entre Naturaleza y Sociedad, que intenta dominar la naturaleza, “es un proceso de dominación que también está estructurado socialmente y ha sido dirigido, y ha beneficiado históricamente, a las élites sobre el conjunto de la población” (Aledo y Domínguez, 2001: 2). Aquí encontramos una problemática situación. Lo que hay en este argumento, como en los de la ecología profunda que inspira el análisis de los autores, es no un mero análisis sociológico, sino una clara propuesta política. La problemática es que no se pueden realizar criticas a propuestas teóricas en base a supuestos político- ideológicos. Simplemente rompe con la lógica de la argumentación racional. Oh!, olvidamos que estas perspectivas son claras derivas postmodernas, por lo que procede realizar una crítica desde la razón tanto como realizarla desde los criterios de la estética o del bien o del mal (Lyotard, 2004). Si esto es así, no hay forma de argumentar a favor o en contra de ninguna posición de manera decisiva . Lo que habría no sería más que elecciones individuales en base a criterios también individuales. Sin embargo, y por suerte, aún sigue operando con toda fuerza la argumentación racional, aunque de manera distinta y con diferentes consecuencias (Giddens, 1999).

Últimas reflexiones a modo de epílogo

En el contexto antes mencionado, una pregunta que nos surge es, en primer lugar, ¿existe solución a este respecto?, y si la hay, ¿cuál es esa solución?. Nuestra propuesta, con algo de cinismo intelectual, rigurosidad académica y bastante esperanza científica, es que si hay solución. Aquella pasa por respetar la argumentación racional, y adoptar una perspectiva constructivista de la Naturaleza y la Sociedad. Los elementos ambientales son sólo en la medida en que la Sociedad los construye. En este sentido, hay que comprender a la Sociedad como al sistema que engloba todas las comunicaciones, aquél que se reproduce autopoiéticamente mediante el entrelazamiento recursivo de las comunicaciones y produce comunicaciones siempre nuevas y distintas (Luhmann, 1998).

Esta perspectiva permitiría superar la problemática de la ambigüedad ontológica y epistemológica existente en el caso de Durkheim, al tiempo que permite realizar un análisis de las relaciones que existen entre la Naturaleza y Sociedad. En esta línea, lo que quedaría por hacer también es incluir los análisis culturales con respecto a la Naturaleza, entendiéndola como la relación entre las Mujeres y la Naturaleza (Levi-Strauss, 1968).

Nícolas Soto, 2007

El autor agradece los comentarios y sugerencias de Daniel M. Gimenez. Como es la usanza, los posibles errores son sólo del autor.

 

Referencias:

 

Aledo, A.; Domínguez, A. (2001) “Arqueología de la sociología ambiental”, en Sociología Ambiental, Aledo (Dirc.) Grupo editorial Universitario Granada.

Bugallo, A. (2004) “Modalidades de cambio de paradigma cultural en la filosofía ambiental; pernetarianismo (Alan Drengson), ecologismo posmoderno (Max Oelschlaeger) y ecología profunda (Arne Naess.George Sessions)”en Revista Ideas Ambientales, nº 1

Catton, W.E. jr. Dunlop, R. E (1978), “Environmental sociology: a new paradigm” en American sociology, 13:41-49

Catton, W.E. jr. Dunlop, R. E (1979), “Environmental sociology” en Annual Review of sociology, vol 5, 243-273.

Durkheim, E. (1992), Las formas elementales de la vida religiosa. El sistema totémico en Australia, Madrid: Akal ediciones.

Durkheim, E. (1997), Las reglas del método sociológico, Madrid: Akal ediciones.

Giddens, A. (1979), Central problems in social theory, CA.: University of California Press.

Giddens, A. (1999) Las consecuencias de la modernidad, Madrid. Alianza editorial.

Guha, R. (1989), “Radical American Environmentalism and Wilderness Preservation: A Third World Critique” en Environmental Ethics, Vol. 11, No.1 (Spring).

Kottinen, A. (1996), “Sociology and Nature” en Kottinen (ed..), Green Moves, Political Stalemates. Annales Universitatis Turkuensis, B 215, 16-24

Lévi-Strauss, C. (1968), Arte, lenguaje, etnología. México D.F.: Siglo veintiuno editores.

Luhmann, N. (1998), Complejidad y Modernidad: de la unidad a la diferencia. Madrid: Editorial Trotta.

Lyotard, J.F. (2004), La condición posmoderna, Ediciones Cátedra S.A.; 8ª edición.

Pardo, M. (1996), “Sociología y medioambiente: hacia un nuevo paradigma relacional”, en Política y Sociedad. Número monográfico sobre Medio Ambiente y Sociedad. Nº 23:33-51.

Pardo, M. (1998), “Sociología y medioambiente: estado de la cuestión”, en Revista Internacional de Sociología, (RIS), nº 19-20:329-367

2 Comments

  1. len dice:

    Sí, me parece interesante algunas de las cuestiones teóricas tratadas, pero no me gusta (y digo “sí a los gustos”)el fin de tu viaje, a mi parecer, de turismo (con la fecha del pasaje de vuelta predicha), tendencioso en definitiva, el cual gana terreno, “soluciona”, valiéndose, por ejemplo, ingeniosamente de expresiones coordinadas para crear una naturalización linguística de la solución: “si hay una solución. (…) argumentación racional” (o sea, no hay soluciones no racionales).
    La pregunta es ¿realmente es deseable, en el contexto del desastre ecológico concreto, asumir una perspectiva constructivista y racional como ésta, que tiende a ser cada vez más excluyente en el debate, elitista, experta, literatosa? Por otro lado ¿Con esto realmente se pueden subsanar las múltiples racionalidades en juego bajo este contexto o algo de esta epopeya flemática, cansada, ayudará en las acciones concretas? ¿Es que acaso lo que mueve que hoy que se hable de naturaleza y sociedad pasa por una cuestión meramente semántica?
    Que puedo decir, me genera suspicacia esto, yo, que no soy una persona muy diligente y que vivo bastante en las “nubes”. Creo que el análisis, aún cuando tenga pretensiones sólo académicas, no puede dejar de lado los coyunturas y situaciones concretas; ahora, no afirmo con esto (por si estaba estimulando una coincidencia) que la solución concreta auspiciada implícitamente detrás de este alegato a pesar de mi voluntad pase por evaluar las decisiones ya tomadas al modo de un sistema luhmaniano (ver el texto “organización y decisión”)… lo dejo hasta aquí no más. De todas formas, me gustó como enfrentaste la parte de Durkheim.

  2. nico dice:

    Len,
    Tus comentarios se agradecen. Esperamos tenerte nuevamente por lapala.
    Con respecto a las observaciones que das, poco puedo decir. Y es que el objetivo del artículo era y es mostrar en alguna medida las tensiones existentes en las ciencias sociales respecto a la distinción inicial entre naturaleza y sociedad.
    La primera parte de tu argumento se refiere a las posibles soluciones a la problemática planteada. No he logrado dar con ninguna forma de solucionar dicho problema que no sea por medio de la discusión racional en las ciencias sociales. Si crees que existe una otra forma de realizarlo, que reporte al menos los mismos beneficios que el debate racional y al menos los mismos problemas que dicho procedimiento, comunícanosla.
    La segunda parte de tu argumentación apunta a algo que, durante el período en que fue escrito el artículo (2007), no se tenía en mente, por lo que no se planteó como una necesidad responder. Si se me pregunta ahora como solucionamos “el desastre ecológico” tampoco tengo la más mínima idea. No es que sea inexistente la preocupación por la forma en que la especie se relaciona con el resto del ecosistema, es, simplemente, pereza.
    No obstante eso, creo que la solución viene del debate racional a la Habermas. Mi argumento al respecto está planteado en el apartado dedicado a la ecología profunda.
    Sobre qué es lo que mueve a hablar de naturaleza y sociedad ahora, bueno, creo que antes de eso hay que preguntarse nuevamente qué naturaleza y qué sociedad. Lo mismo con los portadores de dichos discursos, los claims makers, quienes son?, qué dicen? son preguntas que al momento de escribir este artículo no se tenían presentes. Sin embargo, luego de conocer los debates sobre controversias socio-técnicas, estas preguntas cobran bastante relevancia y atención en las ciencias sociales (bueno, en verdad no tanta atención, es más bien un misfit issue)
    Sobre tu último punto, no puedo sino estar en desacuerdo. Hay estrategias para responder preguntas. Si la pregunta es, digamos, teórica, se puede responder teóricamente, empíricamente o una mezcla de ambas estrategias. Hay preguntas teóricas que sólo pueden ser respondidas teóricamente.
    Algo que creo atraviesa todo tu comentario es la preocupación por la distinción entre conocimiento lego/ conocimiento experto. Si bien considero legítima esa preocupación, me parece desacertada. La demanda por equiparación de racionalidades es improcedente. No quiero decir que el conocimiento local, por ejemplo, deba ser rechazado. El problema es que la forma de explicar aquello en lo sistemas de conocimiento tradicional o lego si se quiere, utilizan una representación del mundo que la ciencia moderna no reconoce en sus códigos. Tu pregunta es “bueno, y vale la pena renunciar al conocimiento local, tradicional de la naturaleza?” mi pregunta es, bueno vale la pena renunciar al conocimiento científico? En realidad, la dicotomía no es tal. El primero opera en eso que se ha denominado mundo de la vida, mientras que el segundo no. Son formas de representar el mundo que, es cierto, a veces se ponen en disputa mutuamente, pero que no necesariamente representan polaridades interpretativas.

    Nuevamente agradezco los comentarios.

    Saludos
    Nícolas Soto D.

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