La Sociedad del Espectáculo de Guy Debord; en el mundo realmente invertido, lo verdadero es un instante de lo falso

Documentales, Escuetos, Seguridad y Vigilancia — By on agosto 17, 2013 at 03:56

“Y sin duda nuestro tiempo… prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser… lo que es ‘sagrado’ para él no es sino la ilusión, pero lo que es profano es la verdad. Mejor aún: lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado”. 

FEUERBACH, prefacio a la segunda edición de La esencia del Cristianismo.

 Por Herr Direktor

Revisando material para recomendar este fin de semana, me encontré con un documental/película/ libro que hace rato había visto, y que al alero de las acciones de Internacional Situacionista, siempre había llamado mi atención: La sociedad del Espectáculo, de Guy Debord.

Guy Debord (28 de diciembre de 1931 – 30 de noviembre de 1994), de nombre completo Guy Ernest Debord, fue un revolucionario, filósofo, escritor y cineasta francés, miembro de la Internacional Letrista, del grupo radical de posguerra y fundador y principal teórico de la Internacional Situacionista, cuya influencia en la sociedad francesa fue una de las más importantes para dar curso al Mayo Francés, en 1968.

Entre sus postulados, la Sociedad del Espectáculo plantea la idea de una sociedad construida en función de la apariencia, donde la reproducción de imágenes y la mediatización de las relaciones humanas, termina por validar, reproducir y legitimar, a través de los medios, la publicidad, y el trabajo, un orden social que  “bajo todas sus formas particulares, información, propaganda, publicidad o consumo directo de diversiones, el espectáculo constituye el modelo presente de la vida socialmente dominante”.

Así, la sociedad crea una imagen de sí misma que se constituye, falsamente, a través de la apariencia y la experiencia de los medios, hecho que permite relaciones humanas mediatizadas por las imágenes que se reciben día a día. Hollywood, en un ejemplo. Los programas de farándula, otro. La presentación del conflicto en la Araucanía por parte de los canales del dupolio comunicacional, otro. La Teletón, otro. Si no, dígame usted la idea de “discapacidad” que ha construido a lo largo de los años consumiendo el show de la Teletón como panacea de la solidaridad humana.

Esta sociedad, para Debord, es algo así como “todo lo que una vez fue vivido directamente se ha convertido en una mera representación”. Argumentando que la historia de la vida social se puede entender como “la declinación de ser en tener, y de tener en simplemente parecer”. ¿Un lugar común?

Así, Guy Debord, en esta película, al mismo tiempo que critica y desarrolla el concepto de la crítica al espectáculo y su función; “la crítica que alcanza la verdad del espectáculo, lo descubre como la negación visible de la vida; como una negación de la vida que se ha hecho visible”, analiza además las implicancias de la utilización del cine, su instrumento, como mecanismo de reproducción de la irrealidad de la sociedad…

“En el mundo realmente invertido, lo verdadero es un instante de lo falso”.

Debord entiende el espectáculo como “a la vez el resultado y el proyecto del modo de producción existente. No es una decoración añadida al mundo real, es el corazón del irrealismo de la sociedad real”.

Así, “el espectáculo es la afirmación de toda vida humana como apariencia (…), “no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes”.

Esta película es atingente para la reflexión contemporánea. Sobre todo hoy, en que los medios de comunicación manipulan a destajo los horizontes de posibilidad de las vidas humanas. Sin exagerar. El bombardeo de imágenes que generan prototipos funcionales a las distinciones de clase y género son abismantes. Las mujeres son objetos sexuales. Los hombres, máquinas del trabajo. La vida, un conjunto de circunstancias que estás obligado a aceptar. O como dijo Bauman, “la educación es aprender a aceptar voluntariamente aquello que estarás obligado a hacer el resto de tu vida”. Eso que estarás obligado a hacer, mediatizado, se representa como el edén (malls, el último televisor, la última película, el último auto, el último Ipad!!), aunque no sea sino una trampa alienante que separa la vida de sí misma. Es decir, convierte a la vida, en una reproducción de sí misma, en una apariencia de lo que se desea entendamos por ella.

Paradojal combinación, pero cierta.

 A ver si nos ilumina la apariencia…

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