Cámaras de vigilancia, o, cómo carajo llega una sociedad a mirarse los calzones sin descaro.

Breves, Seguridad y Vigilancia — By on octubre 18, 2010 at 13:57

Hace ya varios años me llamaba la atención el fenómeno de las Cámaras de Vigilancia. Me parecía extraña su proliferación, y muy débil el argumento que la sostenía. Quizás por eso asumimos como proyecto grabar un documental que nos ayudara a comprender la ambiguedad de este suceso. Cuando comenzamos, la primera pregunta fue por

la naturaleza de la relación existente entre quien observa (vigilante) y quién es observado (el vigilado). ¿Quién vigila a quién?, ¿quién observa, y quién es observado?. Preguntas naturales.

Cuando hablábamos con la gente acerca del proyecto, algunos sonreían con un halo misterioso y otros definitivamente no le encontraban el sentido. Y es que precisamente esa contradicción es la que abunda en la sociedad actual. En Inglaterra, la proliferación de cámaras de vigilancia no para desde hace varios años y su argumento (combate contra la delincuencia), a pesar de tener bastante repercusión en la sociedad civil (“ser muy popular”) no parece tener correlato con los resultados. A pesar de eso, el cálculo estimado de cámaras de vigilancia en el Reino Unido es de 4,2 millones, de las cuales, 500.000 de ellas están en áreas metropolitanas. Fuerte.

La ambiguedad es potente. Hace unos días apareció el pelado de Los Venegas, hoy alcalde de La Florida, anunciando la instalación de un dispositivo de seguridad de alta tecnología en la comuna. Cuando los periodistas le preguntaban a la gente qué opinaba, las respuestas eran hiperpositivas (quizás por corte u edición editorial) todas recalcando la “sensación de seguridad” que provee el sentirse vigilado. Esto me llamó mucho la atención porque en mi fuero interno, podía entender a estas personas cuyo argumento principal se basaba en figuras de lo correcto y lo incorrecto; donde frases del tipo “el que nada hace nada teme” aparecían como su bastión angular. A la gente no le preocupaba poner en juego la intimidad de sus actos sociales. De hecho, mostraban conformidad con cualquier mecanismo que asegurara su protección. Una protección también ambigua. Al parecer, se ha instalado un discurso que busca sostener a los “ojos electrónicos” a través de la idea de “haber hecho un desastre de la convivencia humana, en donde se han hecho necesarios estos sistemas” (1)

Zigmund Bauman dice que hoy nos toca vivir con “una suerte de sobrecarga de protección” producto de la sensación de inseguridad e incertidumbre del mundo actual. Y es que argumentar a favor de la vigilancia con el delito como bandera, grafica o condiciona la manera de enfrentar los problemas del orden social. “Hoy el delito ya no es estigmatizado ni considerado una transgresión de la norma, sino algo que pone en peligro nuestra protección”. Todo es tratado de la misma manera; “en términos de política de protección pública” (2).

Allá afuera entonces, nada es seguro, todo es peligroso, y la labor del Estado en relación a sus ciudadanos es la administración de esos peligros. El control de los sujetos desviados. La contención de la otredad peligrosa.

Y ése es un estado de sospecha continua en donde la vigilancia no se reduce a las intituciones clásicas de control y disciplinamiento, como el manicomio, las cárceles, o los hopitales, sino que se instala como lógica en las sociedades contemporáneas. Cuando hay miedo individual, se desintegra la solidaridad colectiva, y la protección recae en quienes pueden administrarla, y poseen los recursos para hacerlo.

Cuando fuimos a grabar las cámaras de vigilancia al centro de Santiago nuestra impresión fue gigante. Cada cuadra poseía al menos 8 cámaras estratégicamente distribuídas. Cada local (farmacias, bancos, restaurantes), en cada cuadra, a su vez, poseían su propio mecanismo de vigilancia. Rescatamos cámaras toscas y duras, pequeñas y ocultas, negras, blancas, con forma de domo, bazucas, diminutas, con visor nocturno, en altura, y en edificios patrimoniales como la Biblioteca Nacional, La Moneda, La Cámara de diputados etc…

La tecnificación de las sociedades trae consigo nuevos riesgos y peligros. Ante esto, la distinción entre espacio público y privado debe ser pregunta continua. Pretexto para la autorreflexión. Nosotros seguimos grabando a los que graban para salirnos de cuadro y movernos de la foto, y permitir de alguna manera profundizar en la ambiguedad de los dispositivos de vigilancia y las implicacias de su masificación.

En la actualidad, la instalación de cámaras de vigilancia no está regulada, y un proyecto de ley descansa en el ex-congreso bajo la vigilancia suprema de 4 cámaras móviles que le dan cuerpo y vida a un fenómeno casi sub-realista. Maipú, Puente Alto, La Florida, Santiago Centro, Providencia, Las Condes, y varios barrios periféricos de Santiago están siendo intervenidos. Estaremos atentos a cómo evoluciona este proceso.

Muy pronto la serie documental sobre las cámaras de vigilancia de Lapala. Atentos al toque de gong.

Referencias:

(1) Público, 18 de noviembre de 2008.

(2) Bauman Zygmunt; En busca de la política, FDE, 1999, pp 61.

(3) Marx Gary T, “Suveillance and Society”, Enciclopedia of Social Theory, 2005.

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1 comentario

  1. charol dice:

    Una paginita para acompañar la reflexión:

    http://www.uoct.cl/uoct/inicio.jsp#

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