Morandé sin compañía: una entrevista a puertas cerradas con Pedro Morandé

Llegamos a la oficina de Pedro Morandé, y nos recibió su secretaria. Tenemos una entrevista con el Profesor, le dijimos, somos de la revista La Pala. Esperen un momento respondió. Don Pedro salió a recibirnos con un rictus desagradado y luego sonrió. Una oficina grande. Mucho libro denso y la lluvia que caía. Buen panorama para continuar las entrevistas de La Pala, sugerí en tono coloquial mientras le pedíamos que posara ante la cámara. Morandé se sentó en su escritorio, carraspeó la voz y posó para 164 fotos, al tiempo que respondía con la misma soltura que su talento de modelo a las interrogantes que le planteamos. ¿Leyó las entrevistas anteriores a Garretón y Larraín? Pregunté contextualizando. Cada detalle, dijo. Sé a lo que vienen, y comenzó.

¿Cómo se ha configurado la sociología en Chile, a propósito de su relación o interacción con los procesos sociales propios de Latinoamérica?

Bueno, sin duda la escuela más importante que ha habido en AL es la CEPAL y ya el año 49 Raúl Prebisch tenía la idea de la pérdida relativa de los términos del intercambio en contra de AL por parte de los países desarrollados, lo que sería una suerte de semilla de la teoría de la dependencia.  Pienso que la institucionalización en las universidades se hizo un poco en diálogo con la CEPAL, privilegiando la formación de personas, porque en la CEPAL no había escuela propiamente tal. La institucionalización es bastante deudora de las problemáticas propuestas por la CEPAL.

En el caso específico de la PUC, la escuela de sociología se fundó el año 58 por el padre Roger Vekemans y dependía de la escuela de Economía. Vekemans era un sacerdote jesuita que después colaboró activamente con el gobierno de Frei Montalva, participando en la conformación de juntas de vecinos, etc. Entonces se ve que desde el comienzo se inclinaba a prestar servicios en asesorías en políticas públicas como lo era en parte la CEPAL.

Bueno, después en el caso nuestro, estuvimos cerrados 15 años y a mí me tocó reabrir la escuela en esa época. La orientación que los profesores que estábamos en ese equipo de refundación quisimos darle a la escuela fue hacia la sociología de la cultura, en cierto sentido con una crítica al desarrollismo de la CEPAL, especialmente por la preponderancia de economistas en esa institución.

Nosotros intentamos una sociología de la cultura, especialmente porque quisimos reivindicar las tradiciones intelectuales de los ensayistas y pensadores de AL. Pero andando el tiempo, empezó a imponerse el tema de la globalización y la emergencia de la sociedad mundial.

¿Cómo interactuaba la sociología con los procesos que vivía en esa época y cómo éstos a su vez configuraban a la sociología como oficio?

Bueno, la vía de incidencia era a través de las políticas públicas y el Estado. Por mucho tiempo los sociólogos trabajaban exclusivamente en el Estado. Pero la recuperación de la intrahistoria latinoamericana tenía varias consecuencias, una de ellas era la apertura de la sociología a otras disciplinas distintas de la economía, de la cual había nacido. Una de ellas era la historia, la historia social, también la antropología y todos los estudios de pueblos originarios. Así se pudo ampliar la cobertura interdisciplinaria y del asentamiento de la disciplina en el marco interdisciplinario, eso por una parte.

Por otro lado, ponía la atención en ciertos fenómenos persistentes de la realidad, como son los fenómenos culturales, que son de larga duración -a diferencia de las políticas públicas- , fenómenos que eran espontáneos, no generados por la sociología, pero que no se les había prestado atención. Por ejemplo lo que conocemos como cultura popular, entre ello la religiosidad popular, no se le había prestado atención y resulta que muchos autores habían reflexionado al respecto. Particularmente los dos centros virreinales: México y el mundo Andino. Entonces, esto nos dio la posibilidad de ampliación en el tema sociológico y ya no sólo al mundo de las políticas públicas, ahora más bien teníamos acceso a todo el imaginario de la tradición cultural latinoamericana.

¿Cuál es la diferencia entre los temas o la agenda que tenía la sociología, antes de la dictadura, durante y después?

A mí no me parece que la dictadura haya puesto temas en la agenda, lo que sí se produjo fue la restricción de la disciplina y, en nuestro caso, el cierre. Con eso toda la etapa más ideológica de la sociología simplemente se acabó. Cambiaron las condiciones, por lo tanto había que pensar en registros nuevos. En cierta medida lo empezaron a hacer algunas expresiones culturales, especialmente el teatro. También algún documental por ahí. Más bien trataban de rescatar las experiencias de la vida cotidiana sobre los silenciamientos que se vivían en aquella época. Por cierto, nada de esto gestionado por el gobierno.

En nuestro caso con la sociología de la cultura, fue una suerte de reacción en contra del dominio de los economistas sobretodo en el área de desarrollo de políticas sociales. Por ejemplo ahí una de las figuras clave era Miguel Kast, que era economista. Entonces por un lado estaban los juristas que redactaron la constitución del ’80 y por otro los economistas. Entre ellos tenían, como te digo, casi el dominio de la estructura normativa y en definitiva estaban a cargo de la organización de la sociedad chilena de la época. Se fueron levantando voces en el mundo de la cultura, poniendo otros temas en discusión, lo que a nosotros nos influyó como para después reabrir el pregrado enfocados a esos temas.

¿Esto fue una reacción exclusiva de la PUC?

No, no fue reacción exclusiva de la Católica, porque otros la replicaron. Está el caso de Jorge Larraín. Él profitó mucho de esta orientación de la cultura, para criticarla y poner sus propios puntos de vista. Pero siempre que uno critica algo, asume las preguntas o las distinciones, por lo menos, de quien critica. Entonces podemos decir que hubo una influencia mayor que en la Universidad Católica. De hecho hubo varias instituciones que tomaron esto y entablaron diálogo sobre el tema, por lo mismo no fue un esfuerzo exclusivo de la Católica.

¿Existe una sociología latinoamericana?

Crecientemente, no. Lo que hay es una discusión sobre la emergencia de la sociedad mundial y las implicancias de vivir en esta época. Ahora, cuando se despejan esas dudas, está el trabajo de rescatar una serie de historias y vivencias locales que son muy interesantes y muy importantes por lo demás. No obstante, creo que en Latinoamérica tenemos una mayor sensibilidad a la producción cultural, que no hay en EUA o en Europa. Por ejemplo, tomar la novela, los ensayos o la poesía, como base indicativa del desarrollo de los procesos sociales latinoamericanos. Creo que tenemos una producción literaria muy fuerte y mundialmente reconocida, como para permitir un diálogo fecundo con ella. Por decirlo así, hemos balanceado un poco el exceso de datos o cifras estadísticas, con el relato o la narrativa latinoamericana.

Tomando en consideración que, últimamente, el currículum en sociología que ofrecen las universidades está más enfocado a lo organizacional, las políticas públicas, etc., y no tanto al entendimiento o al estudio de nuestra realidad cultural en Latinoamérica, ¿cuáles son los costos y beneficios de esta apuesta que se hace hoy?

Bueno, en el caso de nosotros la idea siempre fue equilibrar el conocimiento en matemáticas o estadísticas con la narrativa, de tal forma que los estudiantes tuvieran la posibilidad de potenciar sus respectivas capacidades individuales. Si había alguno más hábil con los números u otro que se inclinaba más por la historia o la filosofía, la idea era que pudiera seguir ese camino. Tal vez ustedes no lo saben, pero aquí en la Católica existen 80 cursos generales en sociología, donde el alumno puede ser tanto de sociología como de cualquier otra carrera.  Esta lógica fue la base de lo que después serían los postgrados.

También sucede mucho que los alumnos estudian carreras paralelas, lo que para nosotros es un éxito, ya que la sociología ayuda a otras disciplinas a ver cosas que por formación las otras disciplinas no pueden ver, ni analizar. Esto nos permitió tener sociólogos trabajando en organismos del Estado, hasta en el sector privado. Además tenemos una amplia gama temática, desde los temas de comunicación, hasta temas sobre responsabilidad social empresarial.

¿Cuál es el valor agregado que tiene la sociología como disciplina?

No, no es la sociología la que tiene valor agregado. Más bien, es la formación que se le entregó a cada persona. Como le decía yo recién, nosotros equilibramos entre la descripción narrativa del fenómeno social y el análisis estadístico que se hace. Pero las personas pueden hacer interfase con muchas otras cosas, como la filosofía o la historia. Entonces cada  persona tiene un valor agregado distinto, dependiendo de las combinaciones que hizo. Por eso e.s que no es la disciplina la que tiene valor agregado, sino que es el modo de combinación para enfrentar los problemas.

¿Qué es lo que distingue a la sociología como disciplina de otras  formas de ver el mundo o los fenómenos?

Es esta complementariedad entre la narrativa y la matemática. La sociología permite formar a personas para que puedan ver los códigos en que está escrita la cultura, que no es sólo en números como muchos creen. El valor agregado es este equilibrio que logramos en la sociología, para formar personas que puedan leer la cultura, la realidad social en códigos tanto matemáticos, como en literarios o narrativos.

¿Hacia dónde se dirige la sociología hoy? Garretón hablaba de la academia, el aspecto científico, el aspecto intelectual y el profesional.

Yo creo que esas distinciones ya no tienen vigencia. ¿En qué sentido? Mira, el aspecto profesional hoy en día está ligado a una característica de lo multidisciplinario. Entonces la pregunta es, ¿cómo el sociólogo se integra y hace su aporte, si sabe de antemano que en el equipo va a haber economistas, abogados, ingenieros, psicólogos, etc.? Entonces no es la profesión la que se posiciona. Por lo demás la sociología jamás fue una disciplina liberal, como la del abogado o el médico. Siempre está en el ámbito de la consultoría, el diseño o la investigación. Pero prácticamente cualquier problema de la sociedad es una preocupación del sociólogo: los problemas de salud, el empleo, la vivienda, la pobreza o la educación. Entonces, no existe un problema sociológico, lo que hay es un enfoque sociológico sobre problemas reconocidamente comunes y la dimensión profesional va en esa dirección. Por eso es muy difícil hacer un pronóstico sobre en qué temas se va a posicionar la disciplina, más bien creo que va a disfrutar de cómo la sociedad va problematizando sus preguntas.

Ahora, evidentemente, si el sociólogo tiene una buena formación en filosofía o teoría, va a inclinarse por el área intelectual, eso es inherente a cualquiera, claro que igual puede ser que haya algún sociólogo especializado exclusivamente en el área estadística, que no vaya a hacer valer su dimensión intelectual. Pero yo no veo que haya especializaciones en esas dimensiones, o sea, sociólogos intelectuales por definición, no. O sociólogos por definición profesionales, no. Son más bien, distinciones del quehacer, pero evidentemente que los que están inmersos en universidades tradicionales, donde tenemos personas contratadas jornada completa, van a participar en investigaciones propias de las instituciones, con proyectos FONDECYT, concursos, etc. Pero eso tiene que ver, más que con la disciplina, con la inserción. O sea, lo propio de una disciplina universitaria es equilibrar entre investigación, docencia, extensión y venta de servicios. Yo no separaría esas dimensiones.

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Fotografías: Andy das Mortes

One thought on “Morandé sin compañía: una entrevista a puertas cerradas con Pedro Morandé”

  1. Fue bien distendida la entrevista. ESte hombre tiene unos modales a toda prueba. Me gustó el planteamiento de dejar a la sociología a mitad de camino entre la narrativa y la matemática. Un instrumentos de relato interpretativo, y certeza matemática puede ser un foco tendiente a la comprensión del mundo y su complejidad.
    La pregunta ahora es si el mundo y su complejidad, está dispuesto a adoptar a la sociología como una forma aprehensible para comprenderse a sí mismo y el terreno q habita.

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