Maricón No es el que Discrimina. Sobre leyes y masculinidad.

Escritos, Sexo & Poder — By on noviembre 11, 2011 at 05:08

Rodrigo Robles

Después de muchos siglos de vivir discriminación en la sociedad chilena, actualmente se está aprobando una ley que la sanciona.

Este proyecto en su Artículo 3 menciona: se entenderá por discriminación toda distinción, exclusión, restricción o preferencia arbitraria, por acción o por omisión, basada en la raza, color, origen étnico, edad, sexo, género, religión, creencia, opinión política o de otra índole, nacimiento, origen nacional, cultural o socioeconómico, idioma o lengua, estado civil, orientación sexual, enfermedad, discapacidad, estructura genética o cualquiera otra condición social o individual[1].

Algunos periodistas de medios de comunicación, escritos y televisivos, han puesto un especial énfasis en la identidad sexual. Por lo menos el discurso más liberal del país agrega que esta ley buscaría proteger sobre todo a la población transexual.

Estos medios de comunicación posiblemente han dado cuenta de una controversia que aún no está resuelta en Chile, debido a la disputa entre ciertos grupos de la sociedad civil con los temas de las minorías homosexuales.

Por un lado, sectores que la han apoyado no han estado completamente de acuerdo. Algunas organizaciones homosexuales, organizaciones de mujeres y feministas, colectivos religiosos judíos, comentan haberse juntado en mesas colaborativas con el presidente de la república, y el proyecto de ley elaborado ha sido promulgado con enmiendas por el poder legislativo, dejando de lado sanciones claras en torno a los actos discriminatorios.

Mientras que, por otro lado, grupos que no apoyan esta ley, principalmente grupos religiosos evangélicos, están horrorizados por una ley que promueva relaciones homosexuales, considerando que este tipo de relaciones son antinaturales a un mandato Divino que aparece en la sagrada escritura cristiana.

Los medios de comunicación pusieron el foco en estos grupos religiosos que profesan un derrumbe cultural por la promoción de relaciones homosexuales. Declarando que esto podría ser un caballo de troya para que en el futuro se acepte el matrimonio y la unión entre personas del mismo género en nuestra sociedad, lo que sería contrario a la Ley de Dios. Dicen: “Primero es la ley de Dios, luego la ley del hombre… y la ley de Dios está en la sagrada escritura donde se condena la sodomía”.

Pero acá el debate llegó a un punto sabroso. Algunos evangélicos llegaron a las salas del congreso en el momento de la discusión de esta ley. Y cuando fue aprobada se abalanzaron desde los balcones con gritos y ofensas en contra de los políticos. Frente a esto se les pide el desalojo del salón, al que son obligados por la fuerza policial.

Estas discusiones dan cuenta de la sensibilidad sobre los temas homosexuales en nuestra sociedad. Por un lado, grupos que se sienten engañados por una ley que no cumple todos los requisitos para evitar una discriminación vivida durante mucho tiempo en Chile y en el mundo. Por otro lado, grupos religiosos que se sienten engañados por una sociedad que comienza recién a amar un reconocimiento de las diferencia del otro.

Pues bien, este primer debate intenso, posiblemente hizo desaparecer otro conflicto latente que se ha dado en la sociedad chilena hace algún tiempo. Un conflicto que puede ser centrado en el cruce entre homosexualidad y clase social.

Casi desapercibidamente en un programa de televisión se enciende la discusión cuando el [2] –activista político homosexual chileno- tira una frase contra aquellos que estaban negociando esta ley con el presidente Piñera. Golpe directo al rostro de Pablo Simonetti –escritor de best sellers gays y representante de la fundación Iguales[3]-.

El Che, como buen Che, con su boina y pintado con rubor, se queja frente a una ley que sólo negociaron los políticos burgueses con homosexuales burgueses, esos que son valorados e incluso deseados por las mujeres, dada la masculinidad que representan, una masculinidad preocupada de una imagen masculina extrema; a lo Jordi Castell[4].

El argumento es que esta ley no se ha llevado a discusión entre aquéllos que estarían excluidos dentro de los excluidos, estos homosexuales pertenecientes a la periferia social y a un lugar subalterno; como los homosexuales pobres, comunistas, feos y locas, a los cuales este Che representaba.

Parece que los grupos evangélicos entendieron antes que todos lo que estaba ocurriendo, o por lo menos eso se mostraba en los medios. Una ley antidiscriminación que se traducía en una ley que intenta reconocer las identidades homosexuales. Por lo menos, gran parte de la discusión pública que se genera en los medios de comunicación, concentra esta ley en el problema de la homosexualidad.

Y ahí, en la opinión pública de los medios masivos, se develan tres ideas que debaten sobre lo que parece ser una disputa frente a lo masculino[5]:

  • Primero, la idea de lo antinatural, en el pecado frente a la ley divina que cuestiona la sodomía[6]. Ellos dicen que lo natural es ser hombre y mujer
  • La segunda, de aquellos homosexuales masculinos que desean ser iguales (como su fundación) a los heterosexuales masculinos. Ellos dicen que lo natural es que todos somos iguales.
  • La tercera, de aquellos que se sienten excluidos de esta igualdad por condiciones políticas, económicas o sociales. Ellos dicen que lo natural es que todos somos diferentes.

En este punto me exiliaré de toda idea y análisis sociológico sobre esta ley, y me centraré en otra reflexión y que me parece, es el telón oscuro del debate.

La lectura y centralidad dada en la opinión pública, generada por lo medios, no es referida a cualquier homosexualidad -por ejemplo las relaciones homosexuales entre mujeres no logran aparecer en la palestra-. La discusión toma su matiz en Lo Masculino, en ese lugar público que los hombres representan en su deber ser.

Justamente cuando lo masculino se pone en juego comienzan a aparecer las tensiones de su definición. Argumentos y contraargumentos que intenta dar cuenta de una naturaleza de lo humano del hombre o, por otra parte, lo cultural de este ser. Y es acá donde se remueve hasta la fibra más privada del nervio fálico, porque comienza su cuestionamiento.

Me recordé de esas relaciones y juegos de niño que acompañan durante toda la vida a los que se definen como masculinos, y se enfrentan con un grupo que lo invita a probar su masculinidad a cada momento: A ver, tírate; ¿no jugai a la pelota?; las niñas lloran; tomate un copete; peleemos po’; qué te apuesto que no te tirai’ a esa minita… ¿O eres Maricón acaso?… ¡uy maricón de mierda, ja ja ja!.

La ofensa, la broma, la risa, la violencia, la obsesión, la paranoia es lo que parece acompañar a la masculinidad de forma constante. Y se repite o en la opinión pública, o en la vida íntima.

Así, el ser hombre, el sostener una masculinidad como los imaginarios sociales la construyen frente al deber de comportamientos específicos de un hábitus[7],  se transforma en un ejercicio constante. Un ejercicio que intenta demostrar al otro –a un par, a un familiar, a una institución- que se es hombre porque este “otro” siempre lo interpela y lo pone en duda.

Pero acá viene el problema. Basta un sueño, una burla, una propuesta, una ley que pone en cuestión lo que es efectivamente ser hombre, y la pregunta sobre la identidad masculina se arma nuevamente. Una pregunta que revuelve esa misma imagen imaginada en la mirada del otro. Una imagen de hombre que quizás se intenta buscar en otro que la confirme, y que por lo tanto siempre está cuestionada.

Así, esta ley y su discusión en la opinión pública, nos puede demostrar que la definición sobre qué significa ser hombre, en Chile por lo menos, aún no se resuelve. Que el ser más masculino entre todos los masculinos, siempre está inseguro de su masculinidad. Y ahí se busca la ley divina, la ley natural, la ley médica o la palabra que asegure su existencia.

En una ocasión, hablando con una persona que se definía como loca, –relacionada al hombre homosexual pobre-  me dice: “¿Tu sabí’ cuál es el órgano que define la masculinidad?…¡El ano! ¿O porque creí’ que tienen tanto miedo de ir al proctólogo?”.


[1][1] Para poder acceder a la ley en discusión hacer click en el número 3815 de la búsqueda por boletín.  http://www.senado.cl/appsenado/templates/tramitacion/index.php#

[2] Documental sobre la vida del periodista y activista homosexual chileno Victor Hugo Robles. El Che de los Gays :

[3] Fundación que declara ser construida por « la igual dignidad  de todos los chilenos y chilenas mediante el reconocimiento civil y la integración política y social de la diversidad sexual». Página: http://www.iguales.cl/

[4] Reconocido fotógrafo homosexual Chileno, dedicado al trabajo de la prensa rosa.

[5]  Es interesante como marco analítico que en esta discusión no logran aparecer activistas homosexuales femeninas. Lo femenino desaparece como lugar de importancia cuando lo masculino es lo que se pone en tensión.

[6] Rechazo a la Sodomía, el cual tiene su origen en la historia biblíca de Sodoma y Gomorra, destruida por Dios frente a los pecados ocurridos, entre ellos, relaciones anales entre varones homosexuales.

[7] Habitus en el sentido de como lo trabaja Bourdieu.

 

Tags: , , ,

0 Comments

You can be the first one to leave a comment.

Leave a Comment