Los indios de América: una historia difícil.

Escritos, Seguridad y Vigilancia — By on diciembre 7, 2011 at 06:23

Por Carlos Bassaletti Q./Sherbrooke (Canadá)

 

            El origen del hombre americano, no cabe duda, es un proceso de emigración desde Asia central pasando por Siberia, muy probablemente motivado por la búsqueda de climas más benignos.  Este hecho ocurre durante la última glaciación, y permitió el paso hacia “el nuevo continente” a través del estrecho de Beringia.  Dicho evento, según paleontólogos, ocurrió entre hace 14 mil y 13 mil años A. C.  No obstante, existe una teoría del poblamiento temprano, que afirma que los humanos llegaron a América varios milenios antes… cualquiera sea la fecha, en lo que existe unanimidad absoluta, tanto por estudios genéticos, como paleontolóticos (ej. fechamiento según carbono 14) y otros, es que los primeros habitantes del continente que hoy denominamos América, son producto de una emigración. Luego, el poblamiento de esta geografía habría ocurrido gradualmente desde el norte hacia el sur… Y aquí comienza la historia.

            Los lingüistas están de acuerdo en que la forma más efectiva de que un idioma o dialecto se pierda, es que éste, por diferentes razones, deje de ser parte de la cultura de una comunidad.  Aunque no existen estadísticas al respecto, sociológicamente existe consenso en que muchas lenguas1 prehispánicas se perdieron y, lo que es peor: que al menos una cincuentena de maneras de comunicación oral, están en vías inexorable de perderse, si los Estados y universidades no destinan recursos a este efecto. Los casos de las lenguas de los indios de América del Norte (especialmente de México, USA y Canadá, en ese orden), son los más apremiantes.  También existe un problema de gravedad similar, en varias regiones del Amazonas.

            Antes de proseguir, diremos que el vocablo “indio”, no es totalmente representativo de nuestros primeros habitantes.  Éste es el nombre erróneo que Colón dio a los nativos, creyendo que había llegado a India… lo utilizó, pues es el más empleado en nuestra cultura popular.  Ciertos autores emplean la denominación “amerindios”, que es más rigurosa, otros “primeros habitantes”, “nativos”, “aborígenes”, “indígenas”, etc.  De mi parte, no entraré en exégesis y escribiré “indio”, por supuesto, sin ninguna connotación peyorativa como desgraciadamente – a veces –  se usa hoy en la cultura de clases que nos rodea, la cual hasta por osmosis nos invade.

            En el presente artículo describiré, brevemente, algo de las realidades del indio canadiense y del mapuche chileno para ver que, además de semejanzas biológicas, de ADN, varios rasgos fenotípicos e incluso hasta culturales, la historia de ambos ha sido difícil y en el caso de los mapuches todavía es muy, muy difícil.

            A comienzos de la década de los 80, en Canadá había una población (acá existe una “Ley de indios”) de más de 300 mil aborígenes registrados y 576 comunidades diferentes a las que se le asignaron 2.250 reservas de una superficie total de 2.636.900 hectáreas en 2010. La población indígena de este país, se estima en alrededor de un 15% más … Los mapuches chilenos de las regiones IX y X con una población levemente superior, cuentan con menos de un 10% del territorio asignado a las comunidades indias de Canadá.

Por el hecho de existir esta población de indios en Canadá, la Constitución reconoce en este país 58 idiomas o dialectos indios diferentes, pertenecientes a 10 grupos linguísticos principales, tales como:  algonkino, iroqués, sioux, wachano, etc.  Los recursos educativos de la población que vive en las reservas es responsabilidad legal del gobierno federal y cada vez más, se destinan ingentes recursos para que el control de su educación, sea bajo la tutela de las mismas comunidades. Con estas medidas y otras de discriminación positiva, en cuanto a lo laboral e ingreso a la educación superior por ejemplo, al menos las tensiones entre el indio y el blanco disminuyen (no desaparecen, pues ello es un asunto profundamente clasista-cultural).  En todo caso, y antes de pasar a referirme a los mapuches, puedo decir – con conocimiento de causa -, que el lugar que ocupan las minorías indias en el seno de la sociedad canadiense, si bien es cierto no es “miel sobre hojuelas”, al menos es muy superior en calidad de vida a la que viven nuestros hermanos indios de Chile.  Abusos hacia la población india de Canadá han existido bastante.  Dichos abusos han revestido diferentes facetas. Una de ellas fue, por ejemplo, la mentalidad de que las monarquías inglesas y francesas, ni siquiera se preocupaban de asimilarlos, sino simplemente de utilizarlos en labores duras y/o en sus respectivas guerras colonialistas.  Más adelante, otra forma de ahogar su cultura ha sido (todavía se emplea), que las comunidades propendan a su “autonomía financiera”; para ello se les ha acordado el derecho de instalar casinos y algo de vida nocturna, como son los casos de algunas comunidades indias de Canadá y USA, que se han “beneficiado” de estas piruetas propendente a la autarquía.  El resultado ha sido que, pese al enriquecimiento de algunos nativos, los más caen en la droga, prostitución, alcoholismo, contrabando de cigarrillos y, de manera global, aumentaron considerablemente los niveles de delicuencia, violencia intrafamiliar, así como también la dependencia o adicción impulsiva al juego por dinero.  Lo positivo es que esta manera de incentivar la occidentalización de los indios de América del Norte está  – al menos en Canadá –  en vías de seria revisión.

Previo a referirnos a los mapuches, es importante subrayar dos diferencias en el trato del Estado hacia estas minorías étnicas.  La primera diferencia entre los indios de Canadá y Chile, es que los gobiernos cercanos al Polo Norte, emprendieron políticas constructivas hacia estas comunidades ya desde inicios del siglo pasado; en Chile unas cinco décadas más tarde y todavía se dejan sentir los efectos de la tristemente célebre “Pacificación de la Araucanía”.  La segunda diferencia, es que acá en Canadá existe una cultura algo masiva en contra de todo tipo de discriminación.  Con este fin, los diferentes gobiernos, han destinado recursos no despreciables con el fin de poner en práctica esta mentalidad y apoyar a organismos comunitarios y organizaciones no gubernamentales que se preocupan de los derechos de las acá denominadas “minorías visibles”, tales como es el caso de los indios canadienses. En Chile, lo poco que se ha logrado en cuanto a redimir la paupérrima calidad de vida de mapuches, aimarás y quechuas (estos dos últimos grupos étnicos con presencia en el norte del país), se ha obtenido a punta de protestas, huelgas de hambre, muertos, de represión y desgraciadamente, sin un diálogo abierto, pues a menudo se ha recurrido a la militarización de ciertos espacios geograficos de propiedad ancestral de los mapuches.  De la “compra de tierra” con títulos brujos no me referiré por no alargar la escritura, pero como lo dice el dicho popular:  en este caso, “se han cocido muchas habas”… al menos esta parte de la historia, los cuatro últimos gobiernos chilenos la comienzan a comprender y reconocer.

La población india de Canadá representa aproximadamente un 1,5% del total de habitantes, es decir cerca de 500.000 indios. Este bajo procentaje se explica, pues en las guerras coloniales entre Francia e Inglaterra, la población fue diezmada por ambos bandos en contienda.  En Estados Unidos la cosa fue peor.  El colono blanco y el ejército estadounidense (incluso algunos grupos protestantes), les quitaban sus tierras y se les asesinaba a sangre y fuego con el fin de extender y extender las fronteras del hombre blanco (“cara palida”). Las extendieron tanto, que lograron llegar hasta apoderarse de alrededor de un tercio del territorio de México.  En cuanto a Chile, la población indígena (año 2010), se estima en 9,6% del total de sus habitantes, lo que corresponde aproximadamente a poco más de un millón de seres humanos… empleo “seres humanos”, pues el conquistador español y portugés, creyó en las primeras décadas de la conquista de este paraíso de continente, que el indio era “el eslabón entre el hombre y la bestia”.  No obstante, es hidalgo reconocer que en ambos casos, vale decir, en la población india canadiense como en los mapuches, las muertes por enfermedades en la que los primeros habitantes no habían desarrollado sus defensas, fue más significativa que los decesos debido a causas violentas.

Continuando con esta difícil historia, aportaré con ciertos aspectos globales propios a la cultura india de América, que no podemos categóricamente afirmar que es inferior o superior, sino sencillamente diferente, mas esta diferencia como sociedad, debemos reconocerla y respetarla.  Veamos algunas de estas diferencias :

¨   Un profundo apego a la tierra, que ellos consideran sagrada y que les ha sido arrebatada sitemáticamente valiéndose de la fuerza, de artimañas o incumplimiento de tratados.

¨   Sentido de identidad propia expresado a través de tradiciones tribales.  Fenómeno que es posible (todavía) percibirlo en sus ceremonias tribales, danzas, música y respeto profundo por sus muertos.

¨   Sus creencias religiosas que, obviamente son diferentes a nuestra cultura de raíces judeo-cristianas.  Por ello es que incluso sacerdotes españoles, tales como Bartolomé de las Casas, Luis de Valdivia y otras pocas honorables excepciones, escribían a la Corona instando por un trato más humano de estas personas.

¨   El poder y espíritu que los animales comparten con sus pueblos.  Los indios han demostrado de múltiples formas su respeto a los animales.  Cazaban únicamente para obtener alimento, ropa y abrigo, pero no con el fin de acumular riqueza y hacer de la caza una empresa financieramente rentable.  Incluso en la gran mayoría de las tribus, estaba ausente el concepto de propiedad privada de la tierra y de los animales. Por ejemplo, fue el hombre blanco que prácticamente exterminó al búfalo.

¨   Las fuerzas espirituales, para ellos son la naturaleza, los familiares vivientes y muertos que se comunican por medio de imágenes que ellos hacen de estos espíritus.  De ahí que en los consejos de ancianos, para resolver litigios internos o prepararse para una batalla, sean tan importantes estas invocaciones y se valore tanto la edad (experiencia), la rápidez y fuerza (la juventud) y el futuro de su comunidad (los niños).

Evidentemente, existen varias otras diferencias culturales entre ellos y nosotros.  Sin embargo, las aquí expresadas son  – groso modo –  sustrato común a todas las más de 500 lenguas precolombinas que existían antes de la llegada de españoles y portugueses y otros europeos. Los vikingos  (aunque no establecieron colonias), llegaron al continente americano ya en el año 1.000.

          Pero, para no incurrir en una hagiografía o alabanzas desmesuradas y en aras de la objetividad, también hay que señalar que hubo prácticas salvajes o al menos no fáciles a aceptar por la nueva cultura europea, que se iba apropiando de esta riquísima geografía física.  Entre estas prácticas merecen destacarse al menos dos:  el sacrifico humano que ofrendaban los aztecas a su Dios el sol y, en menor medida, la extendida poligamia que se practicaba en algunas culturas tribales.

          Prosigamos con nuestra historia:

          Joseph Smith, fundador del mormonismo, creía al igual que el cuáquero William Penn y otras personas religiosas, que los indios eran hebreos, descendientes de las supuestas diez tribus perdidas de Israel.  Hipótesis como éstas abundaron. Lo concreto del origen del hombre americano, es que éste proviene  de ciertas tribus asiáticas, que penetraron vía Siberia en lo que hoy es Alaska, Canadá y los Estados Unidos. Los estudios de ADN confirman esta hipótesis.

          Vamos a Chile.  Hoy la población indígena de este país, está dispersada por todo el territorio nacional.  No obstante, 80% de ella se concentra en la capital y las ya citadas IX y X regiones. La existencia de la población mapuche ha sido un “problema” desde la invasión misma de los conquistadores españoles.  La Madre Patria, cuando éstos intentaban defender sus tierras y cultura, los castigaba con suplicios que hielan la sangre tales como :  “desgobernarlos”2, cortarle las manos o asesinarlos por medio de la “picana”.  El oro y plata, debido a las teorías mercantilistas, eran un bien que las monarquías europeas valoraban mucho… para ello estaba la mano de obra de los indios.  Así se configuran las “encomiendas de indios” y en cuanto a la tierra: “las mercedes de tierra”, dos figuras legales que fueron impuestas por la fuerza en el no capilatista continente indio.  Tras la Independencia, los criollos deciden unificar el territorio nacional, que estaba escindido por el país mapuche.  En las Paces de Quilín (enero de 1641) España había reconocido al pueblo mapuche su independencia y el territorio comprendido entre los ríos Biobío por el norte y Toltén por el sur… cinco millones de hectáreas que quedaban fuera de jurisdicción de la Capitanía General… esta conseción no fue una graciosidad de la Corona, sino que ella costó aproximademente medio millón de muertos al sublevado pueblo mapuche… y para qué seguir con la cronología pues, en líneas gruesas, ha sido más de lo mismo:  el no respeto de tratados y la imposición de la fuerza como métodos a la resistencia cultural de estas minorías.  La violentísima pacificación de la Araucanía  – como se expresó – es otra dura constatación de esta difícil historia.

          El aporte de este continente de “salvajes” a la cultura europea y mundial por citar un sólo aspecto: el culinario, se traduce en que el mundo a través de la diversificada agricultura india, particularmente de aztecas, mayas e incas, introduce en su cocina alimentos que ellos no conocían, tales como el chocolate, el maiz, el ají, pimiento, frutas como el mango, piña, níspero, etc, etc. En total alrededor de dos mil productos que acá eran parte de la dieta alimenticia, y que Europa los disfruta gracias a entrar en relación con el indio americano.

          Otro aspecto y por lo cual, los indios primero y los criollos después, reclamaban –  a veces violentamente –  era por ejemplo, que en el caso de los españoles (portugueses en menor medida), los militares y funcionarios de la Corona, llegaban pobres acá y luego de una decena de años, cuando retornaban a su país o se quedaban, eran ricos en tierras y animales. Es lo que popularmente se conoce con la frase :  “hacerse la América”.

 

De la maravillosa arquitectura de mayas, aztecas e incas no nos referiremos, pues las pruebas están a la vista y el turismo ha sabido sacarle provecho. Pero ¿por qué se conoce tan poco y mal de esta cultura india o culturas indias? Las razones son varias, entre éstas la primera ha sido que el conquistador siempre se creyó superior étnica y culturalmente, sobre todo en sentido religioso, lo que se traspasó a sus descendientes. La segunda razón, es que como humanos, nos cuesta aceptar la diferencia. Y la tercera (sólo por acortar la historia), es el hecho de que tecnológica y militarmente, el hombre blanco fue más eficaz que los indios, dado el respeto a la naturaleza que los últimos trataron de mantener en su modo de vida.

          Hoy en Chile debiera imitarse el sendero de diálogo (no perfecto) de Canadá. Acá (donde resido), se ha aprendido de los sangrientos errores de imposición de una cultura y religión por medio de la fuerza.  Si somos capaces de aceptar en nuestras mentes y corazones, que todos los seres humanos somos diferentes, pero que ser diferente es algo común; si aceptamos que la Tierra es un sólo país y que todos los seres humanos somos biológicamente iguales en un 99,99%; si aceptamos, como civilización, que la Tierra no nos pertenece, somos nosotros los que pertenecemos a la Tierra, entonces y sólo entonces, podemos decir que estamos construyendo un país más justo y más bueno… ecología incluída… De no ser así, la historia seguirá siendo difícil  para las minorías.  Para los mapuches todavía más difícil.


1  Por razones de aligerar la lectura, no efectuamos diferenciación entre lengua y dialecto, pues en el caso de la comunicación oral de los primeros habitantes, esta diferenciación no reviste una importancia mayor.

2  Castigo militar que consistía en cortarle el dedo mayor de cada pie, pues de esta manera los indios quedaban cojos de por vida y, no podían huir cuando se les explotaba en las minas de oro o búsqueda de este metal en los ríos.

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