Los Comportamientos Ordálicos N° 1.

Diapos, Escritos, Infancia y Niñez — By on abril 9, 2012 at 07:11

Por Dante Bravo

Cuando fui a Chile, a principios de este año, a presentar mi libro La Prevención Especializada,  conversé mucho con el equipo de LaPala; jóvenes sociólogos que estuvieron muy cerca mío durante todas las presentaciones/conferencias. También intercambié bastante con diferentes actores sociales de Santiago, de la Octava y de la Novena región.

Ya fuese en conferencias o en conversaciones cara a cara, los temas eran casi siempre los mismos. De manera recurrente se hablaba de la diversidad de las prácticas sociales, y de las diferencias que recubren los paradigmas de las intervenciones sociales entre Chile y Francia.

Ellos y yo sabíamos perfectamente que no podíamos comparar dos realidades diferentes. Dos sociedades con historias e itinerarios distintos. Sabíamos además, que no podíamos colmatar (tan sólo con buena voluntad) los vacíos, las brechas o las fisuras que dejan los sistemas económicos de cada país en los muros del edificio social.

Pero el ser humano es porfiado, porque sabiendo todo esto, igual tiende a comparar elementos referenciales. Igual dice:

“¿Pero cómo lo hacen Uds. (hablando del trabajo de Prevención Especializada en Francia) para justificar los horarios un tanto aleatorios que tienen los trabajadores sociales en el terreno?, ¿dónde firman la papeleta?, ¿quién controla los horarios?”

o  de repente,  otra frase de tipo:

“¿pero, cómo es eso que la gallada que no trabaja, igual recibe un sueldo?, ¿o sea a Uds. les pagan por no trabajar?”

Por más que dijéramos y que supiéramos que los contextos eran diferentes, igual caíamos en la trampa. Siempre volvíamos a nuestros típicos elementos de referencia. Como si no pudiéramos entender otra realidad si no la encajonamos en la nuestra.

Yo mismo me sorprendí diciendo un día:

“Porque en Chile no existe una organización o una coordinación entre diversos cuerpos sociales que permitan un análisis más fino de la sociedad, con el fin de desmadejar tantos hilos invisibles que se tejen en nuestras mallas sociales”.

Yo, sabiendo que estaba fuera de contexto, igual traté de explicar lo que significaba un observatorio social y lo que ello comportaba de positivo en la prevención de los comportamientos de riesgo. Algunos de mis interlocutores, encogiéndose de hombros y haciendo un gesto con la boca como diciendo “y de qué huevá está hablando mi compadre”, trataron de explicarme que los observatorios sociales eran un lujo que los chilenos no podían pagarse.

Fue en “detallitos” como ése donde yo comencé a percibir el quiebre. Las separaciones flagrantes que hacen que nuestras sociedades sean tan diferentes, tan heterogéneas… tan originalmente complejas.

Por más que yo trataba de traer agua a mi molino, intentando explicar que el análisis de la violencia en los adolescentes en Francia o de los “supuestos” suicidios, era algo que se nos estaba escapando, que no sabíamos cómo abordarlo, y que nos costaba mucho poder entender lo que se escondía detrás de todos estos fenómenos violentos… mis interlocutores insistían, por su parte, que en Chile eran otras las prioridades y que, independientemente de ser un tema “socialmente tabú”, la problemática de los suicidios de adolescentes y toda la violencia que eso englobaba, por el momento era harina de otro costal.

Yo entre estupor y duda, miraba algunas estadísticas en mi P.C. y me preguntaba, justo cuando el avión rodaba por la pista del aeropuerto Pudahuel:

El aumento lento, pero progresivo de los suicidios de adolescentes en Chile no es una prioridad…”

” ¡Vaya! me decía yo cavilandoSi eso no es una prioridad, qué podría ser prioritario para la sociedad chilena

Con el ronroneo de los motores del avión, y las 14 horas de vuelo hacia tierra gala que me esperaban, me quedé dormido y se me anduvo como olvidando el tema.

En París, retocando y preparando el manuscrito de “Los Comportamientos Ordálicos” para su publicación en español, lo retomé de nuevo y me di cuenta que en Chile había materia para preocuparse del aumento de la tasa de suicidios.

Efectivamente. En Chile, sin contar la población que fenece por “muerte natural”, el suicidio es la segunda causa de muerte, después de los accidentes del tránsito.

Si consideramos sólo el año 2007, la información correspondiente a los peritajes tanatológicos, es decir, aquellas muertes violentas que han ocurrido en el país, y que hacen necesaria la realización de autopsias médico legales, fallecieron un total de 6.763 personas en todo el país, de las cuales 2.041 personas fallecieron producto de accidentes de transporte (un número equivalente al 30,2% del total de muertes violentas), y un total de 1.912 personas falleció por lesiones auto infligidas intencionalmente (28,5%)” [1].

El total de suicidados en el año 2000 era de 1.022 y el 2008 era de 2.053. El fenómeno aumentó en tan solo 8 años en poco más del 100%[2].

Lo preocupante, es que a partir del año 2000 empieza a aumentar la tasa de suicidios de niños y adolescentes. “Desde el 2000, habían aumentado los suicidios y comenzaron a aparecer los menores de 10 años”, cuenta la doctora Bedregal, especialista en Salud Pública de la Universidad Católica.

“Precisamente, desde el año 2000, por primera vez, los niños de entre 5 y 9 años de edad empezaron a aparecer en los índices de mortalidad por suicidios, según consta en los anuarios de demografía del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y las cifras del Ministerio de Salud. Ese mismo año marca también el brusco aumento de los jóvenes, de entre 10 y 14 años, que decidieron terminar con sus vidas.”[3]

Presiento, desde mi humilde punto de vista, y sin querer comparar estas dos sociedades en las que vivo constantemente, que hay materia para preocuparse por este fenómeno societal. El suicidio se está constituyendo en Chile como una problemática de salud mayor, que las autoridades deberían considerar como “prioritaria”.

En Francia, los “especialistas” de esta problemática del suicidio, llegaban casi siempre a conclusiones idénticas que los especialistas chilenos. Es decir, tomaban en cuenta las mismas variables: el desempleo, la densidad demográfica,  la pobreza y la exclusión social.

Las políticas públicas francesas trataban de responder a lo que diera lugar a estas variables, pero ¿qué hacer? se preguntaban los poderes públicos viendo que los suicidios seguían aumentando cada año.

Lentamente los médicos y el personal trabajando con toxicómanos empezaron a vislumbrar que existían otras variables invisibles que provocaban innombrables decesos en la juventud. El desempleo, la densidad demográfica, la pobreza y la exclusión explicaban tan sólo una parte de la alta tasa de suicidios de los jóvenes franceses.

Ahí fue cuando el concepto de “Ordalía” salió a la palestra. Ahí fue cuando comenzó a acuñarse el término de “Comportamientos Ordálicos”[4].

Para que podamos entender el concepto de ordalía en el contexto social actual, necesitamos estar en presencia de dos elementos indisociables:

• Que exista un riesgo vital.
• Que este riesgo esté relacionado con el azar, con el destino, con la fortuna, con la providencia, con el juicio de una divinidad tutelar.

La ordalía exprime de manera global y profunda une serie de comportamientos en algunos jóvenes: conducir peligrosamente, tener relaciones sexuales sin protección, practicar deportes extremos, practicar juegos de oxigenación (el Juego del pañuelo por ejemplo), o consumir de manera inmoderada productos psico-activos. En todos estos comportamientos, el juego con la muerte es constante y cotidiano.

“Cada practicante no percibía lo que arriesgaba, pues todas esas conductas parecían anodinas”.[5]

El concepto ordalía está llegando a ser, sobretodo en esta última década, un concepto cardinal e inevitable para todos los profesionales del campo social trabajando con jóvenes en dificultad. Es el concepto privilegiado por los especialistas en el campo de los comportamientos de riesgo.

El joven que desarrolla comportamientos ordálicos se confronta a su destino. Se libera de sus dudas y se desinteresa de saber si él va a vivir o va morir. Él “juega a la ruleta rusa”; se remite al juicio de su destino. Si sobrevive, es porque quizás una fuerza superior existe que le muestra que su existencia tiene un sentido.

Un hecho claro, y que quedará demostrado muchas veces, es que ningún joven desea morir. Algunos ni siquiera consideran que pueda existir esa posibilidad. La muerte no es el objetivo perseguido. Ella se produce por accidente o negligencia debido a la juventud, a la exaltación y/o a la inexperiencia de practicantes.

“La noción de conducta de riesgo es aquí entendida como un juego simbólico o real con la muerte. Ella testimonia un enfrentamiento con el mundo en el cual lo que está en juego no es morir sino vivir”[6].

No existe tampoco el deseo de autodestruirse, no hay detrás de esos decesos un comportamiento nihilista. La vida no está desprovista de significación ni de sentido. El fenómeno ordálico se produce a partir de la búsqueda de sentido y no para probar la existencia de sentido.

Si el joven da esta impresión (de no encontrarle sentido a la vida) es quizás porque el mundo adulto tiene dificultades para decodificar e interpretar esta nueva problemática. Efectivamente, la búsqueda ordálica es vivida por los jóvenes y los menos jóvenes como una forma “natural” de existir en el mundo de hoy. Frente a esto, el mundo adulto está desarmado pues le cuesta mucho percibir y concebir esta manera de imaginar la vida.

Los especialistas piensan que los jóvenes están en constante búsqueda de significante y significado. Es quizás en esta búsqueda constante de significación, que muchos de ellos pierden sus vidas.

Aún así, la concepción ordálica no explica todo, pero puede entregar algunos códigos que nos permitan abrir ciertas puertas, sobre todo las que separan el mundo juvenil del mundo adulto.

¿Podrían “Los comportamientos ordálicos” explicar la creciente tasa de suicidios de jóvenes y adolescentes chilenos? No sé. Yo creo que muchas variables podrían explicar este fenómeno. Mas pienso que la ordalía podría dar luces para analizar esta problemática de salud nacional de manera diferente.


[1]Erwin Nahuelpan López, José Varas Insunza. El suicidio en Chile. http://www.sml.cl/proyectos/estadistica/documentos/SUICIDIO_EN_CHILE_2000-2008.pdf

[2] Op, cit

[3] Chile: Comisión Nacional de la Infancia aborda aumento de suicidio escolar. Autor Lasegunda.cl

http://www.ongraices.org/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=298

[4] El concepto de “comportamientos ordálicos” relativo a jóvenes y adolescentes en dificultad, fue utilizado por primera vez en 1981 por Marc VALLEUR y Aimé Charles NICOLAS en el libro “La vie du toxicomane” bajo la dirección de Claude OLIEVENSTEIN. Ellos sugirieron utilizar el concepto positivo de ordalía como juego con la muerte en oposición al pensamiento habitual de autodestrucción o comportamiento suicidario, que era comúnmente endosado a la mayoría de adicciones toxicómanas. Ellos terminarían por sugerir este concepto en dominios bien precisos como: en algunas adicciones toxicómanas, en el momento de sobredosis, en los juegos patológicos, y en lo nuevos comportamientos adictivos. Hoy día, por extensión, se han agregado otros dominios.

[5]Declaración de la Presidenta de APEAS Françoise Cochet el 9 Junio del 2007.  APEAS. http://www.jeudufoulard.com/html-fr/fram_01.html

[6]Le Breton D.,  2002 Conduites à risque,  Paris, PUF, p., 10.

Fotografías

1. Sin referencia
2. LaPala
3. LaPala
4. Actualidad 20 
5. La Hora
6.

7.

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4 Comments

  1. charol dice:

    Estimado Dante:
    Es un análisis espeluznante, aunque no por la carga negativa que pudiese significar el concepto. Ahora bien, si consideramos los “comportamientos ordalicos” desde una posición existencialista de “búsqueda del sentido”, ¿porque no pensar en deseos autodestructivos que tengan aquella meta?… Pienso en aquello, aunque quizás el concepto de deseo pueda ser muy complejo de elaborar en este espacio,como una búsqueda de significados en una sociedad que es desprovista de aquellos significados.
    Solo para entender esto, puedo proponer la lógica del consumo en una sociedad neoliberal, una lógica de satisfacción inmediata, de goce tras goce que no deje espacio para la espera… es decir, más que un deseo autodestructivo, ¿podemos pensarlo como una economía de goce donde el cuerpo experimenta sensaciones, como para saber que estamos vivos?. En este sentido, y quizás como te has dado cuenta en mis palabras, estos comportamientos ordálicos parece representarnos a cada uno y una de los que vivimos en esta sociedad… Los jóvenes, desde mi punto de vista son un representantes, un significante donde los adultos pueden voltear la mirada, y así negar que es un conjunto de sujetos lo que padecen de esto… no uno u otro colectivo… y de ahí preguntarnos: “¿la lucha es contra las conductas de riesgo -comportamientos ordálicos-? ¿contra lo que los técnicos y profesionales de las sociedad de las ciencias sociales y humanas llaman factores de riesgo -lo que supuestamente genera los comportamientos ordálicos-? (Es interesante pensar el concepto “factor” como un concepto matemático y cuantificable, que es de donde viene) ¿O la lucha es contra un sistema que anula cualquier posibilidad de subjetivación, porque el sujeto ya no puede sujetarse a nada?