Lavandero: El Lavadero de los Niños y Niñas.

Breves, Infancia y Niñez, Sexo & Poder — By on marzo 13, 2012 at 07:32

Por Charol

Ex director del diario Fortín Mapocho, medio opositor a la dictadura militar chilena. Ex diputado, ex senador, ex militante del partido Demócrata Cristiano, y, como se dice a sí mismo, un fuerte contrincante de las grandes empresas internacionales que explotan el cobre.

En el año 2003, filmado realizando tocaciones a niños y niñas por el programa “Contacto” del Canal Católico en nuestro país. Desaforado y destituido en el 2005; encarcelado durante 5 años por abusos sexuales reiterados a 4 niños, y su chofer declarado cómplice. Ingresa a la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago y sale con libertad condicional por “buena conducta” el año 2008.

Se querella contra los medios de comunicación y denuncia un montaje que no encuentra acogida en tribunales. Lanza el libro Desde la Cárcel, intentando presentar pruebas que probarían esta maquinación. Entre ellas, el pago de dinero del fiscal que llevaba la investigación; el involucramiento de empresas extranjeras del Cobre -especialmente de General Minerals Corporation (GMS) de USA y Canadá-, y el complot de personas con gran poder político. Todo esto, según su defensa, por ser un posible candidato presidencial y gran opositor a la inversión extranjera… Todo un tema a investigar para aquéllos que disfrutan con el ejercicio conspirativo.

En el año 2012 es homenajeado por la Corporación de Cultural de Artistas Pro Ecología, y recibe el premio N´ Aitún por su defensa al cobre. Esta noticia, que ha recorrido internet, generando intensos debates sobre la premiación por el resguardo ético que significaba otorgar un galardón a alguien condenado por abuso sexual infantil reiterado. Pues bien, en una de estas noticias Lavandero declara cuatro frases que por lo menos dejan estupefacto[i]:

  • “…Nunca los toqué. No habría tenido ninguna importancia que a las tres de la tarde, delante de todo el mundo, le hubiese pegado una palmada en el trasero, pero hasta eso editaron… 
  • “…Supóngase que fuera cierto ¿cuántos futbolistas irían a la cárcel después que meten un gol y se tocan el trasero?
  • “…Esa niña la mandó Emilio Sutherland y el camarógrafo de Canal 13 Raúl Castillo; la mandaron tres días antes de Pascua a entregarme una muñeca, según ellos, fabricada por ella misma…”
  • “…Usted sabe que el Canal 13 es del señor (Andrónico) Luksic, y cuando se inició esto él era presidente del Consejo Minero, y él fue quien financió la campaña de Ricardo Lagos…El asunto es muy tenebroso…”

Sí, ¡el asunto es tenebroso! Nos vamos quedando ciegos frente a toda la máquina institucional: Lavandero parece tener un discurso bastante armado, conoce las leyes y las leyes lo conocen a él. Pero lo interesante es cómo la perversión se abre, transita por las lógicas de poder desde el Estado, el mercado, los medios de comunicación, la justicia, y llega a la relación individual entre un sujeto que no encuentra importancia que a las 3:00 pm le hubiese dado una palmadita en el trasero a una niña luego de haberle regalado una muñeca, porque es lo mismo que el cariño –homosexual- expresado por dos futbolistas luego de atajar un gol.

Pero por un minuto suspendamos nuestros juicios morales, dejemos de preguntarnos si aquel sujeto es culpable o no. Si es normal o anormal. Preguntémonos por los cuerpos de los niños y niñas. Por la biopolítica que produce esta máquina institucional:

Hay un secreto que intenta ser develado, un secreto que recorre en lo más íntimo la sexualidad infantil, y que mantiene atenta a una sociedad enclaustrada por la paranoia del daño. En estos discursos emerge una ideología que en algo marca históricamente a aquellos niños y niñas. Sus cuerpos son ocupados por los abusadores, sus cuerpos son ocupados por los medios de comunicación, sus cuerpos son ocupados una y otra vez por aquel discurso institucional que intenta protegerlos, y por una sociedad que se horroriza que estas cosas ocurran.

Los niños y las niñas se escinden, fragmentan y separan. Son sus cuerpos los que transitan en el discurso público, mientras su subjetividad se desliza hacia otros lugares, dormida en los sueños de infancia. No pensemos que el cuerpo es distinto a la subjetividad, pensemos que lo psíquico, el alma, se esclaviza, se toma al servicio del adulto y los niños dejan de ser niños, y esto tiene un efecto pragmático. Sus cuerpos son abyectos[ii] a las normas sociales, expulsados de los ideales históricos de la infancia burguesa.

Primero, ocupados por los posibles abusadores; luego ocupados por los medios de comunicación y el mercado, y, por último, ocupados por las instituciones que intentan reparar lo sucedido: interrogatorios, exámenes y terapias que intentan devolverlos productivamente a la sociedad. Reparando–como se repara a un automóvil- este cuerpo dañado, este objeto fracturado. Es la institución la que debe arreglar y corregir ese cuerpo inestable en el que lo abyecto aparece como el fantasma de la inestabilidad en su identidad. Porque si su cuerpo está en juego, su subjetividad también, y esta identidad, o la fantasía de una estabilidad del Ser, es lo que peligra.  

Claramente no es el mismo nivel de daño, pero este tránsito representa una y otra vez la violencia adultocentrista. La niñez es tomada por el aparataje institucional biopolítico, porque parece ser la forma como funciona nuestra sociedad…

Propongo dejar de preguntarse por la culpabilidad de Lavandero, para eso está la justicia que intenta ordenar los hechos. Propongo que comencemos a preguntarnos por el eje ético que significa ocupar los cuerpos de los niños y niñas por la máquina aplastante de sus subjetividades. Los medios de comunicación, el mercado, las mineras, tribunales, Lavandero,  parecen manosear la idea de la niñez como seres humanos. Entonces ¿dónde se encuentran sus procesos de subjetivación?


[ii] El concepto de “Abyecto” es trabajado por Judith Butler y lo define como lo expulsado del cuerpo y literalmente convertido en “Otro”. Una expulsión de elementos ajenos, pero que se establece por la misma expulsión de aquello constituido como “no yo”, generando los límites del cuerpo como los primeros contornos del sujeto, y produciendo la expulsión y revaluación de una otredad deshonrosa que originalmente era una parte de la identidad:

  • Butler, J. (2001). El Género en Disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. México: PUEG/UNAM/Paidós.
 Fotografías:

1. El Ciudadano
2. LuchaLibro
3. Lucha Libro
4. La Acera
5. BBSDreams 

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