Las Protestas Pacifistas, el Malestar en la Cultura y la (In) Continencia Sexual.

Breves, Seguridad y Vigilancia — By on junio 26, 2011 at 04:22

Por Charol

 

He estado impactado cómo los medios de comunicación han otorgado un lugar a las protestas pacifistas: Gente marchando con sus familias, guerras de peluches, alguno que otro desnudo, tomas en colegios que se abandonan por medio del diálogo con funcionarios de la policía. ¿Nos estaremos volviendo más civilizados? ¿Estará ingresando la moda de la protesta al estilo europeo conceptual? ¿O es un mecanismo más para apaciguar las aguas y reproducir sujetos dóciles socialmente?

Al parecer, de forma casi mágica durante estos meses se han racionalizado los movimientos ciudadanos. Los que tiran piedras, saquean los comerciales, rompen semáforos, golpean a los pacos, son “los lumpen de siempre”; frase que repiten una y otra vez los noticiarios cada vez que se aglomera gente a protestar, celebrar un partido de fútbol o festejar un destierro de algunos mineros. Pero ahora más que nunca, las protestas tienen causas populares y los lumpen las ensucian haciendo que nuestra amada fuerza pública llene de lacrimógenas.

Según la RAE, el lumpen provendría del lumpemproletariado definido como la capa social más baja y sin conciencia de clase. Escarbando un poco más allá, este es un concepto marxista que define a una población más abajo que el proletariado, tanto en sus condiciones de vida como laborales. Animales parlantes improductivos y regresivos, y posiblemente con un interés de mantener la estructura de clase. En esta categoría se incluirían los degenerados, aventureros, vagabundos, ladrones, jugadores, dueños de burdeles, escritorzuelos, organilleros, afiladores, mendigos, entre otros. Toda una masa difusa y errante que en Francia fue nominada como La Bohème.

En fin, es interesante cómo este concepto se ocupa para formar una dicotomía de aquellos que protestan por supuestas causas verdaderas y de formas aún más verdaderas, porque son pacíficos o practican una lucha sin violencia… a lo Gandhi.

Como dato anecdótico, este maestro del pacifismo, para probar su forma de lucha, se ponía a prueba a sí mismo a través de su abstinencia sexual, durmiendo con mujeres desnudas y controlando, o castrando con el máximo rigor, sus pulsiones. Aún más, al parecer decía estar asqueado por haber mantenido relaciones sexuales alguna vez en su vida.

Si todo este relato fuese cierto, parece lógico y terrible: Para anular la violencia habría que anular la sexualidad. ¿Será que todos aquellos pacifistas y luchadores no violentos juegan con su continencia sexual, controlando sus pasiones al máximo para no pegarle una patadita en la raja a algún paco?

Los dispositivos de control social marcan una presencia, y generan posiciones dicotómicas separando a los desviados de aquellos que no lo son. Al parecer, según los actuales imaginarios, la buena lucha es aquella sin violencia, aquella constreñida de agresiones y sexualidad. La mala lucha no es lucha; son actos vandálicos entre los lumpen y los terroristas, es decir aquellos sin conciencia de clase y aquellos enemigos públicos que sólo siembran el terror por el puro goce sádico.

¿Qué necesitamos para la transformación social? ¿Que los terroristas y lumpen se contengan sexualmente? ¿Qué los pacifistas se liberen de este control corporal que a la vez es control social, y que no sigan diciendo que todo fue “sin violencia”? ¿Qué se eliminen las dicotomías de las protestas y por tanto los dispositivos de control que las generan? Esto último podría ser la utopía, en un mundo donde los terroristas son pacifistas y los pacifistas son lumpen. En un mundo donde despertemos de este sueño que nos separa entre los malos y los buenos, entre los desviados y los correctos, y podamos representarnos que estas separaciones son mecanismos de dominación.

No es mi idea proponer una masa homogénea, sino una masa diferenciada que es imposible de aprehender en categorías definidas…O que tire la primera piedra quien no le pegaría un colocao a un paco si tiene la oportunidad.

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4 Comments

  1. mmmmm, leí un comentario que decía que en este artículo faltaba unir la idea de la no-violencia, con la de abstinencia sexual. Y sí, pensé lo mismo al publicarlo. Pero ese juicio sólo tiene valía en la medida en que la ironía con Gandhi (si es lo fue) se tome al pie de la letra. Lo importante acá es la pregunta por si el repentino interés de los medios por el fenómeno de las movilizaciones pacíficas, se basa en la legitimación de estos nuevos movimientos sociales, o se funda en la necesidad de promover la docilidad tan propia de la abulia participativa; “es mejor controlar a los civilizados que a los resistentes violentados”…

    Los que creen fervientemente en la lucha y el conflicto social como herramienta de cambio, se ven mermados por estos pacifistas q reman lento y compartiendo códigos comunes de civilidad.

    Quién sabe…Gandhi logró una revolución a punta de un sacrificio gigante (manifiesto como metonimia, en su castración sexual); quizás, necesitaremos pruebas de rigor tan exigentes como éstas (sin siquiera pensar en dejar de follar (obvio)) para promover un movimiento pacifista duro, resistente, que no se base sólo en lo bonito de evitar las piedras…ahí el meollo del asunto, creo…
    El movimiento de Gandhi, avanzaba ante las piedras del adversario. Las recibía a pesar de todo. Caían los de la vanguardia. Morían algunos. Y eso es una manifestación de la no-violencia MUY agresiva. Porque no tranza, a pesar de su pacífica base argumental.
    La pregunta es si el pacifismo está dispuesto a mantener a raya sus propias pulsiones sin caer ni en la estupidez displiscente, ni en la violencia repetitiva y sin fondo.

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