5 Comments

  1. Herr Direktor
    06/08/2010 @ 10:37

    Definitivamente la evidenciación de una “pará ante el mundo” o ante el día, puede ser la antesala de la concretización de los temores a ser visto como no quieres ser visto. Cuestión que implica también verse como uno no se quiere ver.
    La intimidad tiene esa característica; mantener un secreto consigo mismo.
    La actuación puede derivar de ese secreto. Y claro, la performance no sólo la induce el rol (conducta esperada), sino además el temor a que ese secreto aflore y tú mismo tengas q ver las consecuencias de aquello q relegas a tu espacio privado porque, definitivamente, a estas alturas es lo único realmente tuyo. Cuando se rompe eso, la incertidumbre y la desconfianza vuelven a condicionar la performance y el disciplinamiento ahora es personal. Temeroso. Autoinflingido.
    Ya no puedes tener secretos ni contigo mismo.

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    • luisa díaz G.
      06/08/2010 @ 21:07

      O no se puede tener secretos propios compartidos.
      No es cuestión , me parece, de la exposición solamente.
      Y cuando entra el proceso de las interpretaciones, todasd debidamente condicionadas por la capacidad del otro, de lo que es capaz de ver?
      Ahí, solo ahí, hay que hacerse cargo del peso de esa confianza regalada, un obsequio, que es mancillada cuanmdo es expuesta sin autorización expresa.
      Somos una bolsa de secretos.-
      Algunos los expresan porque ahogan; otros los guardan y entonces ACTÚAN, habemos otros que necesitamos un regazo tibio, un abrazo tierno y silencioso, porque los secretos horadan lo que somos o creemos que somos…

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      • Herr Direktor
        06/08/2010 @ 22:27

        Sí, creo que por ahí va la cosa. Una cuestión de confianza.
        Quizás la prudencia puede servir en estas circunstacias. Y querer estar solo, y hacerlo.

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  2. Herr Direktor
    06/08/2010 @ 12:12

    es una especie de disciplinamiento de la verguenza.

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  3. Otro nico
    06/08/2010 @ 21:26

    ¿Sartre? ¿O era Malraux? ¿O era Drácula?

    A veces pasa también que lo que consideramos sacro resultaba familiar para los terceros. El mayor miedo posible debería ser quedar atascado en la indiferencia de los otros, que la bolsa que nos gusta conceptualizar como “mi verdadero yo” es una bolsa de plástico del Jumbo.

    ¿Porque me insistirán en que esto no es tan interesante como una regresión logística?

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