La Infancia instituida. Entre la caridad, la protección, y el control social.

Breves, Infancia y Niñez, Seguridad y Vigilancia — By on febrero 21, 2011 at 01:38

Por Charol

Este último tiempo he escuchado en distintos profesionales de las ciencias sociales, humanas y médicas la importancia de la infancia en nuestra sociedad actual. No parece algo casual, la infancia está de moda y esto lleva años forjándose poco a poco.

Algunos filósofos, sociólogos y pensadores lo han planteado; la modernidad ha sido un proyecto desastroso. Los síntomas sociales han estado llenos de cataclismo. Pero en alguna parte se debe subsanar el error, en algún lado se deberá buscar el origen y levantar la pregunta sobre el principio de todo.

Se debe reparar el horror que ha costado nuestra vida. Y el foco parece ser claro: Todo puede comenzar en los primeros años de vida, al principio del cuento. Momento, etapa o ciclo, como algunos lo nombran, donde el acceso a la palabra en sus inicios es precario. Infancia, Infans, Infantia, in-fante, el que no habla; objeto no hablante.

Es en estos pequeños sujetos donde los fantasmas de la sociedad se inmiscuyen sin una barrera que limite su individuación. En palabras del filósofo Italiano Giorgio Agamben: hay que recodarles a los adultos que se sirven de los fantasmas del pasado para impedir que sus niños se vuelvan adultos. Que se sirven de sus niños por la incapacidad de estos adultos para sepultar los fantasmas del pasado. Y estos mismos adultos se hacen los muertos porque prefieren confiarles estos fantasmas a estos niños.

Si lo pensamos en Chile, la historia de la infancia ha estado llena de baches que bordean estos asuntos. Partiendo de una preocupación filantrópica en 1761, cuando se construye el primer orfanato a cargo de la beneficencia privada y financiada por el Rey de España. El asunto se puso un poco más serio en 1908 con la “Olla Infantil”, donde se organizaban comedores escolares para darles alimentación. Y luego las llamadas “Gotas de Leche”, idea traída desde Francia para alimentar a los niños. El telón de fondo se trastornaba con la caridad y las buenas intenciones. El problema era que nuestra infancia tenía una alta mortalidad y la sociedad no podía desaparecer. Y además, porque no pensar que futuros muertos de hambres podrían ser futuros desviados.

Propongo que la caridad con la infancia podría tener dos ideas fundamentales: Garantía para continuar con la sociedad y seguridad ciudadana. No por casualidad cada acto filantrópico era encerrado en un mecanismo institucional. Ya sea un hogar, ya sea una escuela.

En los 70’ se crea el Consejo Nacional de Menores (Coname), algo así como el Sename antiguo, que trató de ordenar estos actos caritativos y el Estado comienza a financiarlos. A principio de los 80’, periodo de plena dictadura, entra el Servicio Nacional de Menores con gloria y majestad. La idea era parecida al Coname, pero en un Estado de casino spiele seguridad extrema había que asegurar a los niños de la mejor forma. Las instituciones de beneficencias toman más fuerza en esta época y se convierten poco a poco en las empresas sociales que vemos en nuestros días.

Con este Servicio Nacional de Menores, las tecnologías comienzan a ser más específicas. Las fundaciones y corporaciones, que provienen principalmente del mundo religioso, encuentran los recursos para mantener un trabajo enfocado a la niñez desvalida.

La infancia se transforma en un negocio, y la caridad, en dinero e implantación de programas de control hacia la niñez. Todo esto siempre justificado con documentos internacionales que lo avalan, documentos de un grupo de adultos que definían cómo debían ser los niños y niñas.

Los derechos de los niños son la bandera de lucha, frente a una definición de conjunto de necesidades que los Estados debiesen garantizar. Lo interesante es que se transforman en promesas. Promesas durante 20 años. Porque no hay que romper la ilusión, y para eso es necesario un documento que declare buenas intenciones.

Se profetiza al niño como sujeto de derecho. Pero son los derechos lo importante y no el sujeto. ¿Sujeto a qué? ¿Sujeto a quién?… a esta infancia hay que protegerla a como de lugar. No queremos otro desastre moderno en nuestra sociedad. Habrá que corregir nuestros errores, nuestra infancia, nuestra historia.

Posiblemente los niños se cargan de los fantasmas de los adultos, rellenados, desarmados, destruidos, vulnerados y reparados… reparados como objetos que se rompen por la torpeza de las manos que no controlan sus impulsos.

Esta infancia controlada se sumerge en los recovecos más oscuros de nuestra sociedad. Se llena de Oficinas de Protección (OPD) que deben encerrar. Tribunales que amenazan y obligan a los padres a ser figuras ideales. Programas 24 horas que previenen futuros delincuentes. Programas de prevención para que estos niños no terminen en un 24 horas o una OPD.

Así, vivimos asustados, en el miedo por el futuro de nuestros niños. Miedo a que crezcan porque nos amenazarán, nos destruirán, nos destrozarán. Nos volvemos paranoicos de nuestra infancia. Y queremos destruir estos espejos que sólo nos reflejan a nosotros mismos.

Mi más cordial saludo para Cizarro o “Capurro” como algún día le dijo don Piñi…

 

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2 Comments

  1. Las instituciones, sin duda han evolucionado. No creo que sea sólo una cuestión de principios contreñidos y reproducción de discursos. Lo que sí creo, es que el sistema de SENAME es un complejo que criminaliza y encierra. Y no funciona. O funciona enredado. Conocido es el discurso de que existen victimizaciones secundarias a los niños que forman parte de estos programas, ya que al ser vulnerados son pasados de instituciòn en institución, sin pensar en que esto les puede afectar más que la propia vulneración. Hay programas que se dedican a hacer informes para tribunales, y tienen colas de 500 niños!!, otros programas derivan y derivan los casos, y los niños de pronto tienen una sobreintervención espantosa. Todo pierde sentido. La búsqueda de responsabilidades y el mismo trabajo que haces. En alguna oportunidad hablé del panoptismo social: que implica que las instituciones que intervienen en poblaciones, más que promotores de la igualdad ciudadana, o de un estado paternal, funcionan como módulos, o dispositivos “amigables” del control social del estado. Rotulando a niños y niñas como delincuentes, interviniendo a sus familias, generando dependencia. Para quienes trabajamos en “la calle”, se hace complejo lidiar con el sistema, a{un cuando sabes que el trabajo quehaces, no depende exclusivamente de las l{ogicas y normas que te planetean. Pero eso te deja más solo aún.
    Me interesa que existan marcos como los derechos de la infancia. Desde esto, se avanzó tremendamente hacia la validación del niño como sujeto. Mas, como dices, sólo parecen voladores de luces en países como el nuestro, en donde la convención se ratifica pero el interés real del Estado como garante, por considerar a los niños en las decisiones, es nula. Véase el desarrollo de los planes educacionales. Véase las reformas educativas en lo referente a la gestión. Ahora se modifica de nuevo SENAME, y pasará una parte a ser dependiente del nuevo ministerio de desarrollo social (mideplan se desintegra, creo), y otra parte, directamente dependiente del ministerio del interior. Separando, por fin, entre delincuentes y vulnerados. Pero, los rótulos se magnifican, y los niños siguen siendo chivos expiatorios de mecanismos de control que buscan prevenir la delincuencia más que educar a la ciudadanía; sin contar como ciudadanos, a los niños de este puto país.
    No me gusta ser negro en la crítica crítica, pero es que a veces no queda otra al abrir los ojos…

  2. charol dice:

    Don Herr:
    Muchas gracias por su comentario y estoy de acuerdo con lo que dice. (aunque me quiera boicotiar el texto con sus modificaciones editoriales)

    Pero me interesan dos puntos que resaltan sobre ciertos conceptos. Primero el de “niños vulnerados”. Es interesante que cuando hablamos de los derechos humanos de los adultos, y estos han sido vulnerados… hablamos de violación a los derechos humanos.
    Es decir, cuando se habla del adulto… es como si fuese una violación al grupo… en cambio al niño… es un “niño vulnerado”. Lo que obviamente en sí mismo es un rótulo.
    Ahora, lo que es más interesante aún es que exista una convención de derechos, exclusivamente para los niños. Y se pudiese presentar un juego semántico, mostrando algo así como que estos niños no caben en los derechos humano… por tanto no son personas.
    Cuando hablo de que se promueven mucho más los derechos que el sujeto, donde una convención echa por los adultos para los niños de este mundo, puede terminar teniendo el mismo matiz de caridad planteado en chile con la olla infantil o las gotas de leche. Por lo tanto, una convención de este estilo puede servir para mantener la especie y para la seguridad ciudadana.
    Hace poco mantuve una conversación donde se me planteaba que preguntarse por el sujeto no tiene sentido, porque es inmanente ya que deviene del “ser” y además solo existe en relación a un Objeto (parafraseando a Hegel). Pero yo me atrevo a preguntarme por el sujeto niño, más allá de una convención. Y desde ahí también me pregunto si ese niño, que es objeto, se puede posicionar como sujeto en estas relaciones de poder, llena de sename, de instituciones, programas, convenciones, correcciones y derechos.

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