La Infancia instituida. Entre la caridad, la protección, y el control social.

2 thoughts on “La Infancia instituida. Entre la caridad, la protección, y el control social.”

  1. Las instituciones, sin duda han evolucionado. No creo que sea sólo una cuestión de principios contreñidos y reproducción de discursos. Lo que sí creo, es que el sistema de SENAME es un complejo que criminaliza y encierra. Y no funciona. O funciona enredado. Conocido es el discurso de que existen victimizaciones secundarias a los niños que forman parte de estos programas, ya que al ser vulnerados son pasados de instituciòn en institución, sin pensar en que esto les puede afectar más que la propia vulneración. Hay programas que se dedican a hacer informes para tribunales, y tienen colas de 500 niños!!, otros programas derivan y derivan los casos, y los niños de pronto tienen una sobreintervención espantosa. Todo pierde sentido. La búsqueda de responsabilidades y el mismo trabajo que haces. En alguna oportunidad hablé del panoptismo social: que implica que las instituciones que intervienen en poblaciones, más que promotores de la igualdad ciudadana, o de un estado paternal, funcionan como módulos, o dispositivos “amigables” del control social del estado. Rotulando a niños y niñas como delincuentes, interviniendo a sus familias, generando dependencia. Para quienes trabajamos en “la calle”, se hace complejo lidiar con el sistema, a{un cuando sabes que el trabajo quehaces, no depende exclusivamente de las l{ogicas y normas que te planetean. Pero eso te deja más solo aún.
    Me interesa que existan marcos como los derechos de la infancia. Desde esto, se avanzó tremendamente hacia la validación del niño como sujeto. Mas, como dices, sólo parecen voladores de luces en países como el nuestro, en donde la convención se ratifica pero el interés real del Estado como garante, por considerar a los niños en las decisiones, es nula. Véase el desarrollo de los planes educacionales. Véase las reformas educativas en lo referente a la gestión. Ahora se modifica de nuevo SENAME, y pasará una parte a ser dependiente del nuevo ministerio de desarrollo social (mideplan se desintegra, creo), y otra parte, directamente dependiente del ministerio del interior. Separando, por fin, entre delincuentes y vulnerados. Pero, los rótulos se magnifican, y los niños siguen siendo chivos expiatorios de mecanismos de control que buscan prevenir la delincuencia más que educar a la ciudadanía; sin contar como ciudadanos, a los niños de este puto país.
    No me gusta ser negro en la crítica crítica, pero es que a veces no queda otra al abrir los ojos…

  2. Don Herr:
    Muchas gracias por su comentario y estoy de acuerdo con lo que dice. (aunque me quiera boicotiar el texto con sus modificaciones editoriales)

    Pero me interesan dos puntos que resaltan sobre ciertos conceptos. Primero el de “niños vulnerados”. Es interesante que cuando hablamos de los derechos humanos de los adultos, y estos han sido vulnerados… hablamos de violación a los derechos humanos.
    Es decir, cuando se habla del adulto… es como si fuese una violación al grupo… en cambio al niño… es un “niño vulnerado”. Lo que obviamente en sí mismo es un rótulo.
    Ahora, lo que es más interesante aún es que exista una convención de derechos, exclusivamente para los niños. Y se pudiese presentar un juego semántico, mostrando algo así como que estos niños no caben en los derechos humano… por tanto no son personas.
    Cuando hablo de que se promueven mucho más los derechos que el sujeto, donde una convención echa por los adultos para los niños de este mundo, puede terminar teniendo el mismo matiz de caridad planteado en chile con la olla infantil o las gotas de leche. Por lo tanto, una convención de este estilo puede servir para mantener la especie y para la seguridad ciudadana.
    Hace poco mantuve una conversación donde se me planteaba que preguntarse por el sujeto no tiene sentido, porque es inmanente ya que deviene del “ser” y además solo existe en relación a un Objeto (parafraseando a Hegel). Pero yo me atrevo a preguntarme por el sujeto niño, más allá de una convención. Y desde ahí también me pregunto si ese niño, que es objeto, se puede posicionar como sujeto en estas relaciones de poder, llena de sename, de instituciones, programas, convenciones, correcciones y derechos.

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