La feliz navidad…

Breves, Seguridad y Vigilancia — By on diciembre 21, 2010 at 14:52

Por Charol

¿Alguien sabe si Jesús de verdad nació un 25 de diciembre?, ¿en qué parte de la Biblia dice eso? Sólo como dato, en esta fecha el Imperio Romano celebraba el apogeo del solsticio de invierno, fiesta pagana destinada a celebrar a Saturno y el nacimiento del sol, el acontecimiento social más importante del año. Al parecer se toma como el nacimiento del nazareno luego de más de 300 años, cuando el Imperio pasa a ser cristiano y necesitaba de seguidores en cuerpo y espíritu, tan sólo una fecha bien acomodada (espiritual y comercialmente) en el calendario. Al parecer para cristianos y no tantos la navidad tiene significados similares. Tomada como una fecha de agrado o desagrado según la historia que acompañe a quien  hable de aquello. Quizás dentro de los significados más imponentes se hallan los reencuentros, la relación con la familia y la compañía. Unión de lazos que los otros días del año parecen estar más lejanas que cercanas. Muchas depresiones se despiertan en estas fiestas, experiencias que dan cuenta que no para todos estas uniones son algo deseable, sino que rayan muchas veces en lo insoportable. Esta idea se impone a partir de lo que nos enseñaron desde pendejos. Cuando debías ir al jardín infantil disfrazado con atuendo siberiano rojo, con barbas y bigote -o de verde para los más loser que tan sólo les alcanzaba para “ayudante de santa”-. Y esperabas con ansia ese balón de fútbol, la autopista, o aquel Atari para los más pudientes que ibas a encontrar bajo el árbol, pero sólo si te portabas bien y te comías toda la comida te los traía un viejo gordo, con cara de bonachón (por no decir borracho) que lo auspiciaba la Coca-Cola. Así comenzaba la angustia por recordar cada momento del año en que habías dejado la cagá. Pff! eran demasiados como para que te trajeran ese juguete que tanto mostraban en “Cachureos”. Con todo esto igual te intentaban decir que era una fiesta religiosa, que había nacido el niño Jesús y que era lo que realmente importaba. Buscabas su figurita en cualquier pesebre y lo veías al lado de una vaca y un cordero, con sus pañales y a guata pelá’. Pero en tu cabeza sólo estaba la bicicleta que te traería el viejo bueno pa’ las birras. Para nadie es desconocido que esta fiesta religiosa tiene que ver con el nacimiento de Jesús de Nazaret, el hijo de Dios. El puente entre el cielo y la tierra –quizás la escalera-. La encarnación de la divinidad. Los dioses habían dejado su permanencia en el Olimpo, alejados de la relación con el hombre. ¡No!. Ahora Dios estaba en la tierra, era un hombre igual que cualquiera y la enseñanza se planteaba desde el cómo era (im)posible llegar al paraíso. Llegaba a liberarnos de nuestros errores pasados y amarrarnos a nuestras acciones futuras. El pecado, y la culpa por el acto, se inscriben en la lógica simbólica. Un pecado que es del cuerpo, de la carne que tiende a los placeres y destrucciones que prohibirá la religión. Regulación del lazo social para no ser destruidos por el otro, ni tampoco andar culiando con quien se nos plazca. Los temas serán el sexo y la muerte. Para esto, el modelo es Cristo, el modelo es el hombre santo. El modelo es el hijo de Dios que también es Dios. El modelo es el hombre que pudo soportar la seducción de una mujer deseosa. El modelo es el del hombre que controla sus pasiones y la promesa a sus espaldas de una vida mejor. No sólo se celebra el nacimiento de un niño cualquiera, se celebra el nacimiento del camino al cielo y con ello el control espiritual para llegar a nuestro deseable destino, se celebra el nacimiento de Dios. El paraíso del cual fuimos arrancados se nos convierte en promesa. Sólo será posible esto si dejamos de comer esa manzana prohibida, y la convertimos en una ¡güena chicha! Zaratustra nos dice que ¡Dios ha muerto…!, y que el paraíso es más carnal que cualquier otra cosa. Por lo tanto tendremos que responder a nuestras pasiones ocultas y prohibidas. Dios ha muerto justamente porque se transforma en promesa, en metafísica que atrapa las almas errantes de sujetos sociales. El diagnóstico parece interesante. Si Dios ha muerto ¡¿Qué chucha celebramos entonces?! ¿Su muerte o su nacimiento? Si esto se pone en tensión no faltará algún cercano que diga “¡No me toquís’ la navidad hueón!” La ofensa al cuestionar esta fecha parece ser un sacrilegio más grande que putear a la santa madre. Algo se intenta recordar más allá que un simple nacimiento. ¿Seremos sólo unos seguidores del Imperio actual del consumo y por eso necesitamos de esta fecha para justificar nuestras ansias de comprar y tener, imaginándonos que de verdad esto se trata de una fiesta religiosa? Aún con todo esto, ¡que viva el pan de pascua, el tonto cola e’ mono, la comida a destajo, los regalos gigantes y el tío curao que no quiere devolverse a casa! Dios ha muerto, pero no por esto deben dejar de existir motivos para celebrar. ¡Feliz Navidad!

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8 Comments

  1. Mauricio dice:

    Constantino fue el que determinó el 25 de Diciembre, luego de convertirse al cristianismo y transformarlo en la religión oficial del Imperio. Y sí, fue para hacerlo coincidir con la fiesta solsticial. De hecho, lo que se celebra en el solsticio es el “nacimiento” del sol. Como también el sol es la deidad máxima de los paganos antiguos. Incluso el misterio de la resurrección viene de los paganos: el solo “muere” cada día, para “volver a nacer” el día siguiente.

    Saludos amigo Charol.

  2. lakar dice:

    Los ritos no se sostienen, no perduran sin tradición, al igual que no hay tradiciones sin ritos. Además los ritos no son solo religiosos, nosotros estamos llenos de ritos seculares, que de seculares tienen el nombre no más pues su economía libidinal raya en la religiosidad. Aparte que todo rito tiene su cuota de sometimiento, es necesario que los individuos se comprometan de lleno con el ritual, que se sometan, para que funcione.
    Lo otro es que muchas veces no es necesario que una tradición y sus rituales sean impuestas por un imperio, o gobierno, etc. las gentes los toman y los hacen solos. por la fuerza de la costumbre. Lo otro es que esos rituales se usen por los imperios o gobiernos para mantenerse, y se impongan a otros incluso por la fuerza para consagrar su poder.

    Lo interesante de la navidad es como ha variado el rito, como su contenido se vacia y vuelve a llenar constantemente a medida que las tradiciones cambian. En todo caso prefiero mucho más el año nuevo que la navidad, despilfarro y transgreción que lo hace ser harto mas chevere

  3. charol dice:

    Que onda?… nos están invadiendo gringos aduladores?

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