La diferencia sexual como relación de poder.

Sexo & Poder — By on octubre 14, 2011 at 10:30


Thomas Laqueur presenta en su libro “La construcción del sexo. Cuerpo y género desde los griegos hasta Freud”, una tesis bastante interesante. Menciona que el cuerpo Femenino y Masculino -la noción esencialista y que algunos llaman como natural- sobre la existencia de dos sexos, comienza desde el siglo XVII. Esta tesis la sostiene a partir de un estudio histórico donde realiza un recorrido sobre  la anatomía y biología humana; hormonas, esqueletos, vísceras y toda esa cosa carnal y despedazada que tanto le gusta hablar a los médicos, como si existiese un deseo de destrucción corporal para el posterior análisis. ¿Será grotesco, nostálgico y oscuro que la única forma de acceder al cuerpo es desde la destrucción del mismo? ¿O será el cuerpo solo una ilusión que se juega en estos juegos de poder?

El autor menciona que anteriormente a ese siglo sólo “existía” el cuerpo masculino. El cuerpo de las mujeres sólo era posible por una visión de un cuerpo masculino erróneo, inmaduro, deforme, un cuerpo que no alcanzó a desarrollarse;  un claro ejemplo era la noción del útero como un pene invertido, y luego la idea –que algunos siguen manteniendo- de que el clítoris es un pene atrofiado.  Es decir, el cuerpo caracterizado como femenino se formula como una versión disminuida del cuerpo masculino.

Algunos dirán: ¿Qué más natural que la diferencia sexual? ¿Qué más natural que lo que se puede ver;  hombres y mujeres, diferenciados por la existencia de dos órganos –o sólo uno que diferencia-? Quizás el argumento encontrado puede referirse al error de los científicos de estos siglos, donde justamente la idea de la ciencia era progresar a partir del conocimiento acumulado. Pero un error de tan larga data es por lo menos sospechoso.

Pues bien, la supremacía fálica ya la ha develado el psicoanálisis. Un psicoanálisis moderno que da cuenta de esto como representaciones o significantes lingüísticos que marcan las relaciones entre dos cuerpos diferenciados. ¿Pero cómo se sostiene esta ilusión de la diferencia sexual? ¿Frente a qué poderes estamos que marcan nuestros cuerpos en dos posibilidades naturalmente inscritas?

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