La devastación por la devastación: Isla Riesco como paradigma y consolidación de la insustentabilidad Chilena.

Escritos — By on noviembre 10, 2011 at 01:00

*Por Miguel Salas.

La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal,

sino por las que se sientan a ver lo que pasa.

Albert Einstein

 

Actualmente un nuevo proyecto minero ha desatado tensiones: Minera Isla Riesco, propiedad de COPEC -Grupo Angelini- y Ultramar Grupo Von Appen- busca explotar en Magallanes, mediante cinco minas a tajo abierto, carbón sub-bituminoso para abastecer con 4.390 MW la alta demanda de centrales termoeléctricas –trece en funcionamiento, diez en construcción y cinco en tramitación-. De esta forma, se busca alimentar las “necesidades energéticas del país” donde, por ejemplo, sólo la minería del cobre representó un 30% del total del consumo eléctrico del país en el año 2007 (INE, 2008; 7). Por ende, la controversia no sólo se vincula al impacto del proceso extractivo sino que también a su eventual “aporte” a la matriz energética.

¿Qué lógicas hay detrás de un proyecto minero altamente impactante, que carboniza la matriz, con que -de una u otra forma- se alimentan otras actividades mineras también fuertemente agresivas con el medio ambiente? Una mirada desde la economía neoclásica no otorga un espectro lo suficientemente amplio, sistémico y profundo que dé luces con respecto a lo que sucede en el país con estas materias, puesto que de ésta sólo obtendríamos excelentes cifras de crecimiento económico. De este modo, para develar la relación entre la sociedad chilena, su medioambiente, la actividad minera y la (no) política energética es necesario recurrir a una amplitud de paradigmas tales como la economía ecológica, la ecología política, la filosofía y la ética, entre otros.

Se busca argumentar entonces, por qué Minera Isla Riesco es un ejemplo paradigmático en materias de insustentabilidad. Asimismo, su análisis resulta relevante dado que representa, reproduce y consolida las prácticas –con todas sus características- acontecidas en el país en los últimos años, y tal vez, a lo largo de su historia.

La tensión se inserta en un marco legislativo que, tal como relata Folchi (2003), pretende abrir el paso a la inversión privada, y ha sido proactivamente influenciado por el lobby minero, de hecho “la política ambiental sobre las actividades mineras tuvo que someterse a la política minera general y conforme a ella, ajustarse a ciertos requisitos, moderación, gradualismo y flexibilidad”  (Folchi, 2003). Dicho autor menciona cómo las mineras han doblado la mano a la institucionalidad nacional. Hoy, a pesar de los cambios en la política minera –establecimiento del royalty desde el 2005- y la nueva institucionalidad ambiental y sus consecuentes normativas, es posible establecer, como se concluirá más adelante, que los marcos regulatorios no apuntan a la sustentabilidad fuerte ni abordan el asunto en su complejidad.

Los actores del conflicto son, por un lado, “Minera Isla Riesco” cuya visión ética sobre la naturaleza es significarla/valorarla como un medio donde se encuentra disponible un stock de recursos explotables, los cuales son administrados con fines instrumentales hacia la obtención de utilidades económicas, las cuales vendrían a satisfacer necesidades ideológicamente vistas como infinitas. Así, setecientos puestos de trabajo en etapa operativa, un 35% de la inversión regional hasta el 2013, contribución a la independencia energética nacional, pago de doble royalty, aporte energético al SIC y el management de los impactos ambientales y económicos   -sistema de rajo abierto móvil, reforestación y trabajo en conjunto con actividades ganaderas[1]– son los argumentos a favor de la iniciativa que sostiene la Minera.

Por otro lado, la oposición al proyecto confluye en el grupo y estrategia comunicacional “Alerta Isla Riesco” –AIR-, que reúne a ecologistas, magallánicos, diversas ONG´s –dentro de ellas Greenpeace Chile- y personajes como Douglas Tompkins y su fundación Deep Ecology. Sus argumentos se resumen en el impacto que el proyecto generaría sobre la biodiversidad, la carbonización de la matriz energética y sus efectos nocivos, además de las amenazas al patrimonio cultural y arqueológico local entre otros.

Por ende, no se está presente ante un conflicto clásicamente definido como “ecologismo de los pobres”, tesis de Ramachandra Guha (1994) y J. Martinez Alier (1998), ni tampoco un conflicto de contenido ambiental –cuando “se tensiona la estabilidad histórica conseguida entre una comunidad y su hábitat” (Folchi, 2001;13), donde no hay necesariamente cuestionamientos ecologistas- sino que se está presente ante un conflicto ambiental, ya que la pugna es por el significado y valor ontológico que posee el medioambiente para ambos actores.

Con respecto a la acción política, los opositores han logrado hacer suficiente ruido para socializar el conflicto e incorporarlo a la opinión pública, donde, más allá del manejo que se le ha dado, se han emitido una serie de reportajes en distintos medios de televisión e incluso Ana Stipicic, vocera de AIR ha expuesto sus argumentos en noticieros. Paralelamente el conflicto entró a la arena política: la apelación de AIR tras la aprobación que el SEA Magallanes dio a la Mina Invierno –la primera de las cinco minas en la Isla- condujo el conflicto al consejo de ministros, cuya nueva aprobación ha hecho que los opositores lleven el conflicto al poder judicial. De hecho, Alerta Isla Riesco ha expuesto sus argumentos en la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Diputados. Al mismo tiempo, el conflicto ambiental ha aprovechado una ventana de oportunidad al insertarse en un periodo en que las termoeléctricas, finalidad del carbón explotado, se han visto cuestionadas. Ahora, llevar el tema a la opinión pública no significa un eventual triunfo de los ecologistas, es más, al parecer políticamente hay una señal clara: la política chilena legitima y fomenta la termoelectricidad.

Desde la economía ecológica se comprende que “la economía humana es un subsistema de un ecosistema global finito que no crece (…) está claro que el  crecimiento [económico] no puede ser sostenible en un período largo de tiempo” (Daly, 1996;1). Esta premisa, modifica completamente el dogma de crecimiento económico y las formas de administrar la economía.

En lo que respecta a la explotación de recursos no renovables como el carbón, la economía ecológica comprende la extracción de éste como una fuga de capital natural, sin embargo, sostiene una forma cuasi-sostenible de explotación: reinvertir gran parte los ingresos de estas fuentes en recursos renovables –energías renovables no convencionales, ERNC, en este caso- de modo que una vez agotados los no renovables, se obtenga igual producción energética. Otra opción es invertir en I+D -investigación y desarrollo- o capital humano[2] para dicha sociedad, cuyos beneficios apuntan a un mayor bienestar para la sociedad en su conjunto. Ninguna de estas formas cuasi-sustentables se encuentran dentro del plan de la Minera.

Si se analiza los recursos renovables, se talarán directamente 400ha de bosque nativo, donde residen especies en peligro de extinción, y si bien se pretende reforestar, estas medidas jamás logran regenerar toda la biodiversidad del ecosistema, por ende hay fugas de un capital natural invaluable: bosques de miles de años. De este modo, sólo se aumenta la amenaza a la biodiversidad, donde “un cálculo estimativo conservador indica que [en el mundo] desaparecen anualmente para siempre 5.000 especies (…) estimaciones menos conservadoras sitúan el volumen de extinción en 150.000 especies anuales” (Goodland, 1997: 30). No es que la economía ecológica pretenda “no tocar la naturaleza” sino que apunta a no explotar más allá de las capacidades de regeneración y asimilación –capital natural crítico-. La pérdida de biodiversidad o la reducción de bosques nativos, que según CONAF (2011) han disminuido en un 4.7% en comparación a 1997, son indicadores de que se ha sobrepasado el umbral de dicho capital natural. Igualmente, el carbón explotado finalmente aporta más residuos a la atmósfera donde el cambio climático indica que se ha superado su capacidad de carga. Por ende, la iniciativa sobre-explota las capacidades del sistema natural.

De esta forma, los costos socioambientales de la explotación misma y de carbonización de la matriz energética son externalidades negativas cuyo costo asume el Estado y el resto de la población, por ende la iniciativa incrementa la ya extrema desigualdad social, la concentración de la riqueza y el empeoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos. Ejemplos concretos: ¿Quién paga el costo de enfermedades en la población que vive en cercanía de termoeléctricas? ¿Cuál es el costo asociado a zonas saturadas por éstas mismas que no pueden ser utilizadas para la agricultura, la ganadería o la pesca? Huasco y Ventanas son ejemplos emblemáticos de estos costos cuyas cifras no están dentro del análisis económico neoclásico, además, es evidente que también hay costos incuantificables…

Por otro lado, las utilidades del proyecto minero pasan a ser parte del capital de grandes grupos económicos: El grupo Angelini y Von Appen son los directos beneficiados no sólo por el proyecto en Isla Riesco, sino que también por el negocio –literalmente- redondo que les significa: la cadena productiva resulta en una serie de “transacciones” donde las empresas implicadas son propiedad de los mismos: desde el trasporte del material –Grupo Von Appen- hasta las mismas termoeléctricas destinatarias del carbón: Guacolda I, II, III, IV y V,  Campiche, y Los Robles. En éstas, ambos grupos poseen un 50% de propiedad y el resto pertenece a AES Gener. Sumado esto a argumentos anteriores ¿para quién es “energía barata”?

Aquí se intercepta nuevamente un elemento político: el presidente Piñera posee 785.609 acciones en COPEC. El ex biministro de Energía y Minería, Laurence Golborne actual ministro OO.PP. fue también ex director de AES Gener. Ambos han manifestado abiertamente su respaldo al proyecto, incluso lo insertaron dentro de su “Plan Magallanes”. Todo esto, antes de la resolución de las instancias evaluativas. Sergio del Campo, subsecretario de Energía también proviene de AES Gener, lo cual da una idea de por qué este ministerio apoya estas iniciativas. Así, “el listado de nombres de miembros de directorios de empresas eléctricas con partidos políticos, o militantes de partidos políticos que prestan o “han prestado” servicios a empresas eléctricas es largo y diverso” (Greenpeace, 2010; 36). Sin embargo, pese al evidente conflicto de interés que representan, por ejemplo, las acciones del Pdte. en COPEC, la Contraloría declaró que no existe tal.

Entonces, el caso evidencia una imbricación interesada del sistema económico con el sistema político. Así, más allá de La Política como deliberación, como el fin noble y justo de la sociedad, la política chilena –y el gobierno actual- se encuentra colmada de técnicos y no-políticos que vienen de las más altas cúspides directivas de grandes conglomerados económicos, donde algunos incluso poseen una cantidad significativa de acciones en ellas. La Política deja entonces su función como tal y se ve cooptada por una corriente de pensamiento económico, la escuela neoclásica o neoliberal, donde además, hay vínculos concretos con entidades económicas. Los resultados de esto son las ya conocidas cifras de inequidad: el decil más rico posee el 40% del ingreso autónomo nacional mientras más pobre el 0,9% (Casen, 2009).

Este es el escenario político-económico bajo el cual se inserta el controvertido proyecto. Ahora, dado que las falencias del sistema político de su régimen y sistema de gobierno pueden comprenderse desde las pugnas de poder presentes en toda sociedad, es importante ir más allá de este análisis para abordar este conflicto ambiental. En este sentido, la devastación antropogénica del medio ambiente es producto, también, de una crisis en el modelo de conocimiento de las sociedades modernas.

No se busca exponer las limitaciones del paradigma tecnocientífico, lo cual ha sido abordado por el pensamiento complejo de Edgar Morin (1998), la ciencia posnormal de Funtowicz y Ravitz (2000) o los planteamientos de Enrique Leff (2000) entre otros. Si es necesario argumentar, resumidamente, la ciencia aísla los elementos del conjunto, segrega, mutila, jerarquiza, organiza y sepulta información bajo determinado paradigma que asume a su vez que los objetos cognoscibles son una realidad externa que es siempre objetivable, medible, cuantificable. Así, “la visión científica de la naturaleza, niega cualquier derecho teórico a pensarla como algo que debe ser respetado, pues la ha reducido a la indiferenciación de causalidad y necesidad, y la ha despojado de la dignidad de los fines” (Jonas, 1995; 7).

Por ende, el análisis del conflicto de Isla Riesco “no puede obtenerse mediante recursos teóricos provenientes de un entramado ético-racional tradicional” (Villarroel, 2007;8) dado que ellos no contemplan el efecto acumulativo del daño, la complejidad del ambiente y potencialidad del impacto, y menos aún un valor intrínseco de la naturaleza. Ejemplificando, las 2.000hás de impacto que representan “sólo” un 0,4% de la Isla, son significativas puesto que se acumulan a todas las zonas intervenidas dentro de todo el globo, lo cual pose efectos a largo plazo e interfiere las dinámicas y complejas interrelaciones ecológicas globales. Todo esto no se contempla a la hora de manejar los impactos por parte de la minera y evaluarlos por parte de la institucionalidad. La superación de este reduccionismo sólo se obtiene ampliando la ciencia hegemónica a campos que se le habían cerrado: la ética y la filosofía.

Así, J.J. Rousseau sostuvo una frase célebre: “Hay un libro abierto para todos los ojos: la naturaleza” y es justamente esta mirada lo que puede desarrollar un nueva ética para abordar el conocimiento hacia el medio natural: una hermenéutica de la naturaleza (Villarroel, 2007) es decir, leerla como texto, cuyo sentido está ahí, en ella misma y su significado se encuentra siempre en suspenso. Villarroel rescata los planteamientos de Ricoeur (1985) donde “la comprensión del texto es el acto por el cual el sujeto es capaz de dejarse guiar por él de tal modo que llega a integrar y soportar su propio sentido y realidad” (Villarroel, 2007;14). Las implicancias de esta lectura son inconmensurables, sin embargo para el propósito del presente ensayo, basta con sostener que llevaría a despojar a la naturaleza del sentido antropocéntrico que se le ha atribuido permitiendo “abrir lo que [antes] estaba cerrado [sólo] en torno al saber especializado o la interpretación hegemónica del saber positivo” (Villarroel, 2007;11) y orientarla a otros significados no vinculados al cálculo y la técnica.

Para concluir, parafraseando a Herman Daly (1996), los cinco tajos de extracción –cada uno de un tamaño aproximado de 72 veces el Estadio Nacional- sumados a todos los otros impactos de infraestructuras y flujos, simbolizan y son acciones de un país que, crece y desarrolla su pobreza, ya que, aunque al valor de las acciones de ambos grupos se les agregue virtualmente  “más ceros”, Chile -y el mundo- es, de hecho más pobre. Ello a pesar de que estas ganancias podrían eventualmente generar nuevas inversiones que “beneficien a la gente”, puesto que ninguna de ellas será capaz de reemplazar la pérdida de capital natural crítico: el agotamiento acumulativo de la atmósfera como receptáculo de gases de efecto invernadero, la pérdida de biodiversidad, o por ejemplo, la vida de una persona muerta de cáncer en cercanía de sus termoeléctricas, entre tantos inconmensurables efectos más. Ver estos efectos es un ejercicio que implica un cuestionamiento al saber-poder (Foucault, 1992) y sus instituciones.

Finalmente, la iniciativa en Isla Riesco es insustentable y compleja, no sólo por que los marcos regulatorios y las autoridades propician y avalan estos proyectos –con prácticas y procedimientos “al menos” cuestionables- que obedecen a modelos de desarrollo que buscan crecer “al infinito y más allá” en un planeta finito,  a costa de incrementar las desigualdades y provocar daños irreversibles al medio ambiente y a la humanidad, no sólo porque La Política del país se consolida como herramienta del management neoliberal y deja de ser la instancia reflexiva en que cada sociedad pretende organizarse en torno al bien común, no sólo porque quienes deciden –y lucran- avalan sus acciones mediante marcos cognitivos sesgados y reduccionistas –economía neoclásica y la ciencia hegemónica-, no sólo porque alimenta con carbón las demandas energéticas de una la minería insustentable, sino también porque reproduce y reconsolida prácticas, conocimientos y valoraciones ético-racionales que provocan irreversibles daños en la población humana y no humana del planeta.

El caso de Isla Riesco, se vuelve entonces un ejemplo paradigmático donde se encuentran todos los elementos no sostenibles, en él, gran parte de las ciencias hegemónicas y los paradigmas económicos dominantes encuentran un sustento mutuo, con el cual pretenden no sólo obtener ganancias mediante un cálculo egocéntrico de la utilidad, sino que ante todo legitimarse como pautas de acción y dispositivos de subjetividad “desarrollista”. El problema, para la Minera y las autoridades políticas, sería que la sociedad civil está cambiando, y a pesar de que –supuestamente- institucional y jurídicamente esté todo en regla, estos eventos agudizan antagonismos sociales que por más que los aparatos comunicacionales de índole mass mediática pretenden manejar, la percepción de ciudadanos no es cooptable de la manera que lo era antes.

Tal vez sería interesante preguntar a la familia Angelini, a Sven y Wolf Von Appen, o al mismo presidente Sebastián Piñera si han considerado “estos asuntos”.

– Bibliografía

CASEN (2009) Distribución del Ingreso. Mideplan, Gobierno de Chile, Santiago.  Disponible en: www.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/casen2009/distribucion_ingreso_casen_2009.pdf

CONAF (2011) Catastro de los recursos vegetacionales nativos de Chile. Monitoreo de cambios y actualizaciones. Periodo 1997 – 2011. Santiago, Chile.

Daly, Herman (1996) Criterios para la el desarrollo sostenible. En: Debates Nº 35 – 36, España

Folchi, Maricio (2003) La insustentabilidad del “boom minero” chileno: política y medio ambiente, 1983-2003, En: Ecología Política Nº 26. Fuhem-Icaria, Barcelona

Folchi, Mauricio (2001) Conflictos de contenido ambiental y ecologismo de los pobres: no siempre tan pobres, ni tan siempre ecologistas, En: Ecología Política Nº 22. Fuhem-Icaria, Barcelona

Foucault, Michel (1994) La microfísica del poder. Piqueta, España.

Funtowicz, S. Ravetz, J. R. (2000) La ciencia posnormal. Ciencia con la gente. Icaria, Barcelona

Goodland, Robert. (1997) La Tesis que el mundo está en sus límites. En: Goodland, R. et al. 1997. Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible Más Allá del Informe Bruntland. Trotta, España

Greenpeace (2010) Por una propuesta energética para Chile… Sin carbón. Greenpeace Pacífico Sur, Santiago.

Guha, Ramachandra (1994) El ecologismo de los pobres, Ecología Política Nº8 137-157. Fuhem-Icaria, Barcelona

Jonas, Hans. (1995) El Principio de Responsabilidad: Ensayo de una ética para la civilización tecnológica. Herder, Barcelona.

Leff, Enrique (2000) La complejidad ambiental. Siglo XXI, Mexico.

Morin, Edgar. 1999. Introducción al pensamiento complejo. Gedisa, Barcelona

INE, (2008). Distribución y consumo energético en Chile. INE, Santiago. Disponible en: http://www.ine.cl/canales/menu/boletines/enfoques/2008/septiembre/energia_pag.pdf

Martínez, Johan Alier. (1998) La economía ecológica como ecología humana. Fundación César Manrique, Lanzarote

Villarroel, Raúl. (2007) Ética y medio ambiente. Ensayo de una hermenéutica referida al entorno. Revista de Filosofía, Universidad de Chile. Volumen LXIII, Santiago.

Luhmann, Niklas. (1998) Sistemas sociales: Lineamientos para una teoría general. Anthropos

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Fotos:

www.ecologiaverde.com

www.alertaislariesco.cl


[1] Información extraída del sitio web oficial de Minera Isla Riesco, www.mineraislariesco.cl

[2] Como podría ser una educación pública de calidad y gratuita.

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* Sociólogo.

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9 Comments

  1. Carolina Quiroga dice:

    Estimado Miguel,

    gran reflexión. Efectivamente concuerdo contigo con respecto al paradigma dominante particularmente en Chile sobre la no sustentabilidad. De todas formas creo que luchar por el cambio hacia el paradigma de la sustentabilidad no significa dejar de tener claro cuáles son nuestros sectores productivos, ya que querámoslo o no Chile necesita un motor de productividad, trabajo e ingreso. Por mi parte apelo a que esos sectores reinviertan sus utilidades en mejoras en los puestos de trabajo, en su relación con las comunidades locales y la integración de criterios ambientales y de buen uso de la energía sobre sus políticas.
    Tal como señalas los balances energéticos entregados año a año por el Ministerio de Energía (http://antiguo.minenergia.cl/minwww/opencms/14_portal_informacion/06_Estadisticas/Balances_Energ.html) muestran claramente el camino que ha seguido nuestra matriz energética. De hecho en 1990 el 45% de la generación de energía provenía de centrales termoeléctricas (que no sólo son a carbón sino que a gas y disel) y un 55% de la generación de energía provenía de hidroeléctricas. El quiebre se produce durante el año 1998 en donde la generación de energía termoeléctrica se incrementa sobre la hidroeléctrica. En la actualidad, el 67% de la energía proviene de termoeléctricas mientras que un 33% de hidroeléctrica.
    La dureza de estas cifras creo que también lleva a reflexionar sobre la generación hídrica de energía y su pertinencia dentro de la matriz. Pero más allá de este conflicto específico, considero que el gran defisit de nuestro país es no contar con una política energética. Los efectos que esto tiene son claves. No contamos con directrices ni lineamientos claros y coherentes para la generación de políticas. Esto significa perpetuar el modelo actual (ley promulgada en el año 1978) en donde el marco legislativo permite al Ministerio de Energía a tomar “sólo” un rol indicativo respecto a las necesidades energéticas, sin poder dirimir que a través de qué tipo de fuente se debe generar la energía y en donde está se debe ubicar, otorgándole un lase far al mercado.
    *Durante el año 2008 se desarrollo la estrategia “Política Energética: nuevos lineamientos” la que no sé alcanzo a traducir plenamente en leyes y normativas o instrumentos de gestión, por lo que ha quedado en gran medida como un documentos más.

    Cariños

  2. Maite dice:

    Hace poco menos de un año se ha puesto en marcha dentro del Ministerio del Medio Ambiente un proceso que busca reorientar no sólo el proceso de EIA sino que también el ingreso de nuevos proyectos que afectan en gran medida los ecosistemas. Este proyecto, cofinanciado con la Unión Europea se llama Evaluación Ambiental estratégica, la que en resumidas cuentas pretende transformar el paradigma de crecimiento centrado en la explotación de recursos naturales hacia una mirada donde “lo sustentable” sea el timón que conduzca los procesos de toma de decisión. Así como les explico, y cómo puede leerse el proyecto suena bastante bien, y podría pensarse que a través de él no se repetirían casos como los de Pascua Lama, Hidroaysén, Isla Riesco, Castilla, y así, suma y sigue.
    Lamentablemente estos procesos reformistas no cortan con la raíz de la podredumbre de nuestro sistema de “toma de decisión” ya que no transforma en la bases políticas lo que debiera transformarse. Nuevamente se propone que sea un “Comité de Ministros por la Sustentabilidad” quienes, con en el beneplácito de nuestro “ilustre” Presidente de la República, sean quienes determinen “qué, cómo y cuando” debe implementarse un proyecto. Un poco más de viejas recetas.
    Mientras no se transforme el sistema binominal, mientras no decidamos dónde destinar los impuestos generales, mientras la política ambiental se centre en compensar o regular directamente en vez de implementar un sistema de desincentivo eficaz y mientras el costo de pagar una sanción por daño ambiental sea más económico que implementar un sistema de No (no a medias, NO!!!) contaminación, Proyectos como la EAE o cualquier reforma no tendrá sentido.
    Por otro lado gran parte de las discusiones se concentran en los impactos sobre el medio natural no apelando, o si se hace de una manera bastante desinformada, sobre el medio social y los efectos que éste tipo de proyectos tiene no sobre una localidad vecina, sino sobre un territorio que se extiende cada vez más allá de las barreras espaciales.
    En fin,me parece buenísimo que se presenten este tipo de trabajos en los que podamos informarnos un poco mejor sobre lo que acontece. Sin embargo creo que de eso ya hay bastante, y sería bueno ver de qué manera avanzar en un cuestionamiento institucional severo que demande un real rol estatal, revolucionario que erradique esta lógica clientelista que sigue presente en la política chilena

    Saludos
    Maite

  3. JAIME dice:

    Estimados,

    Sin desestimar su calidad de personas preocupadas por el medio ambiente, les puedo comentar lo siguiente:
    – Minera Isla Riesco no destruirá ningún bosque nativo (que ya son pocos en Chile), si se informan mejor y VISITAN LA ISLA, ese sector esta lleno de bosque colonizado quemado y destruido, solo una “laguna” de no más de 1 metro de profundidad por unos 50 metros de diámetro serán secadas.
    – Soy de Magallanes y apruebo completamente este proyecto, que por un lado beneficia bastante a la región, en fuerza laboral, conocimientos y desarrollo comunal y regional. Es más gran parte de la ciudadanía apoya este proyecto, considerando que todos los magallánicos somos amantes de la naturaleza, las razones están demás explicar.
    – El proceso de extracción y producción del carbón es mucho más limpio que el cobre, y me extraña que no reclamen por chuqui, o las demás mineras de cobre, siendo que ellos sí que contaminan. Y lo digo con conocimiento de causa porque he trabajado ahí.
    – Antes de alarmar y “tirar” información Ustedes mejor que nadie deberían informarse para poder reclamar con sólidos fundamentos.

    Atte,

  4. Miguel Salas dice:

    Ayer en el programa de la tv del gobierno “por qué en mi jardín” trataron el tema. Y claro, las falencias y la manipulación de información estuvieron siempre presentes. Argumentos cuidadosamente elegidos, y la narraciones desde perspectivas personales –lo cual no es malo, pero evidentemente que debe ser más holístico- hacen de este programa un nuevo apoyo para estas locuras.
    Sin lugar a duda que en un momento en que la ciudadanía se está cansando del manejo político y empresarial, un programa como este no debía faltar en llegar. Creo que debemos ser muy cautos en asumir la supuesta “neutralidad” y dar cuenta como la estructura física del “desarrollo” se apoya en estas acciones comunicacionales.
    El próximo miércoles tratarán el tema de la central termoeléctrica Castilla. Para los buenos observadores y quienes tienen ojo con las sutilezas, la estética, el lenguaje, las formas de narración, las omisiones -como diría Foucault- y en fin, toda la estructura y significaciones de estas acciones político-comunicacionales, ya veremos qué pasa.

  5. miguel dice:

    Nueva info: primer cargamento de carbOn isla riesco va pa asia. la contribuciOn a la independencia energEtica era la terrible mula! caras de raja!
    http://www.laprensaaustral.cl/cronica/mina-invierno-primer-embarque-comercial-de-carbon-iria-a-asia-14866

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