La belleza en el mundo de hoy.

Breves — By on noviembre 18, 2010 at 09:20

Subirse al metro, salir al centro, despertar del sueño abrumado por los sonidos perennes de la nueva jornada del colegio vecino o por los de la reanudación intensa de la infatigable marcha vehicular… sobreexcitación de los sentidos en todos los casos, que – recordando al inolvidable Lihn – nos va introduciendo en ese vacío que somos en el fondo. Y es que en cierto modo el “salir” (aunque en gran parte este “salir” pasa por estar “fuera” siempre) hoy implica una pérdida de foco, un – recordando al hermano mayor del primero, más inolvidable aún – embotamiento de los sentidos. Es, como sumergirse en una totalidad abrumadora que termina convirtiéndose en el transcurso del día en una monstruosidad inaprensible. ¿Nos estamos deshumanizando? ¿Alejándonos sensiblemente de un entorno que cada vez se vuelve más “intenso”? ¿Más sobrecargado? ¿Abigarrado? Marx a lo primero por principio respondería que sí.

La ciudad superpoblada de personas y de imágenes publicitarias, de jingles, de bocinazos, me convierte los más de mis días en un zombi. Probablemente se deba a que parto de algunos supuestos perjudiciales, como por ejemplo: ¿Se puede apreciar un rasgo de belleza en las gigantografías publicitarias que se roban el paisaje, el horizonte? ¿Cómo poder apreciar “belleza” (ya era hora de que le pusiera las comillas) en estos colosos si sabemos el dinero que cuestan mantenerlos en pie? ¿Del absurdo que es mantenerlos en pie teniendo en mente otras necesidades que estimamos más importantes?

Reconectarme, reconectarnos con los cuerpos – que en mi experiencia cotidiana parecen no serlo: dejan de ser contenedores de dignidad, de encuentro, confundiéndose con el anti-paisaje – hoy parece un desafío. Respirar, no estar sumergidos.

Len López

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4 Comments

  1. pancho g. dice:

    en lo personal, las últimas veces que me he asombrado de tanta belleza, ha sido fuera de la urbe y sus publicidades.
    En ocaciones te encuentras con espacios de naturaleza “insertados” en medio de nuestra rutina visual, no olvidar…

  2. A mí me perturba una sensación contradictoria. Efectivamente hay que ponerle comillas al concepto de “belleza” si pretendemos sacarle provecho. Y sí, la naturaleza es otra cosa. Los paisajes olvidados, desiertos, sin huella humana me encantan. Pero no puedo dejar de sorprenderme cuando paisajes atiborrados de carteles, publicidad, cemento, edificios, gente y movimiento aparecen ante mis ojos. Es eso bello?. Sin duda que sí. La belleza no puede estar cargada de valoraciones, o moralina. No procede. Aún así, no quiero que se expanda esa belleza como única por sobre otras bellezas ni mucho menos. Pero por ejemplo, la fotografía que sale en este Breve me parece magnífica, y así he visto varias. Luces, carteles, publicidad, el consumo y su ficción en pleno. Lo bello de esto no puede ser discutido. Lo que sí debe serlo es su propagación como forma, modelo y lógica en todos los rincones de la sociedad humana. Prefiero un lindo bosque eso sí…pero me cautiva la luz de ciudad contemporánea, con todo el vicio que carga. Sería un mentiroso si dijera que o me cautiva tb el vicio…