IXTLAMACHILIZTLI. Dar sabiduría a los rostros ajenos.

Diapos, Escritos, Infancia y Niñez — By on enero 16, 2012 at 12:13

Por Dante Bravo

Ensimismado en estudios de semiolingüística, hace algunos años atrás, tropecé casi sin darme cuenta, con el estudio de  sistemas educativos precolombinos. No sé si fue la providencia, la suerte o la transgresión de mis pasos erráticos, que de repente, me vi enfrascado en una empresa que lo que no tenía de inútil, lo tenia de árido. ¡Estudiar los sistemas educativos precolombinos! Como dicen mis hijos, “hay que tener hartas ganas de perder el tiempo”. Y lo que es más, la investigación trataba de dar cuenta de “cómo se elaboraba o construía el acto educativo”. La infecundidad del principio lentamente se trastocó en  una investigación apasionante que provocó  una marcha inexorable, casi irrecusable, que me condujo hasta México, cuna de las culturas  mesoamericanas.

Allí, entre chayotes, avellanas, cacao, elotes, magueyes y ejotes, sentí el peso de una cultura impresionante y extraña, de una cultura que tenía significado y alcance, de una cultura que pensaba en sus hijos como ingrediente y substancia del tiempo que venía. Una cultura colectivista, pero al igual que nuestra realidad actual, una cultura reproductora de desigualdad. Tal era la cultura Náhuatl.

La cultura Náhuatl es en su base una lengua que liga distintos pueblos y épocas. Lengua que significa “el hablar claro, hablar con contenido o hablar con la voz del que manda”. Esta lengua acompañó el destino y la evolución de muchos pueblos situados en el territorio del actual México. El último pueblo hegemónico conocido, antes de la llegada de los españoles, fue el pueblo Azteca, fundadores de la metrópolis Tenochtitlán, la actual capital mexicana.

Investigando y analizando sobre lo que hacía y decía esta cultura milenaria, lentamente me fui fascinando e impresionando con su concepción filosófica del tiempo y del espacio[1]. Pero dentro de toda esta fascinación, creo que una de las cosas que más me llamó la atención fue la profundidad del sistema educativo Náhuatl. Quisiera hablarles en este breve escrito de lo que eso significa y de lo que yo aprendí en su contacto.

Poder salir de nuestro esquema mental y generar una ruptura epistemológica para entender y concebir el acto educativo en la cultura náhuatl será nuestra tarea, por lo menos el tiempo que dure la lectura de  este artículo.

No tendré el espacio ni el intersticio suficiente para profundizar aquí sobre todo lo increíble, diferente e inusitado que fue este  sistema educativo; tampoco podré abordar la historia de esta cultura milenaria. Me contentaré, por esta vez, de hablar de cuatro elementos:

 1.      LOS CODICES NAHUATL. BASE FUNDAMENTAL DE LA CONSTRUCCION DEL ACTO EDUCATIVO.

La educación y la filosofía Náhuatl[2] estaban condesadas en códices. Los códices son fuentes históricas de primera mano en los que las sociedades indígenas mesoamericanas, por intermedio de escribas con la habilidad para pintar con gran maestría, dejaron constancia fiel de sus logros y avances culturales y científicos e informaron sobre una multitud de aspectos, como las creencias religiosas, los ritos y ceremonias, la historia, el sistema económico y la cronología, entre muchos otros.

Esta escritura pictográfica (suerte de ideogramas o de jeroglíficos, que vehiculaban  sus pensamientos), generó enormes dificultades de interpretación en los primeros religiosos católicos que llegaron a México y que intentaron leer estos códices. Imbuidos en un monoteísmo fanático, rígido  e intransigente, les costaba mucho interpretar esta rica pictografía “politeísta”.

De los códices prehispánicos, muy pocos existen actualmente, porque desde la conquista fueron destruidos en forma generalizada; primero en la toma de los edificios en donde se guardaban (amoxcalli) y después en los “autodafé”[3]que organizaban los frailes europeos para aniquilar lo que ellos consideraban como “obras del demonio”.

A los encargados de elaborar y de leer estos códices se les llamaba en náhuatl Tlacuinos, (los que escriben pintando), y   podían ser tanto hombres como mujeres[4]. Para poder leer los códices, se les colocaba horizontalmente en el suelo, protegidos por esteras, así el tlacuino lector y los oyentes se situaban alrededor del códice y podían verlo en su totalidad. Los antiguos habitantes de Mesoamérica plasmaron en los códices su concepción del mundo, sus creencias religiosas, sus descubrimientos científicos, sus actividades comerciales e incluso cotidianas. Todo este conglomerado formaba parte de la enseñanza de las nuevas generaciones.

Estos textos rebozaban también de cantares e himnos profundamente religiosos y llenos de simbolismos, que a su vez, se sumaban la danza y ritos religiosos. Existían además grandes textos relacionados con poesía, canto y alabanza. Estos textos una vez aprendidos y memorizados por el pueblo, viajaban, se trasladaban, eran verdaderos libros flotantes y volantes. Cuando un azteca o un mexica llegaban a otra casa y pedía la hospitalidad, o al final de una festividad, casi siempre al término de la comida se recitaban versos o se cantaban himnos aprendidos en los códices.

 ¿Cómo se clasifican los códices?

Las clasificaciones son múltiples y variadas. Se les clasifica de acuerdo con sus orígenes, época, soporte, formato y contenido temático. Por sus orígenes, se les agrupa con el nombre de la civilización a la que pertenecen: maya, mixteca, azteca, etcétera. Según su época, tomando en cuenta la Conquista, son prehispánicos o coloniales y, cuando es posible, se menciona el siglo en que se produjeron.

 2.    LA ESCUELA COMO CENTRO SISTEMATICO DEL ACTO EDUCATIVO

 Muy pocas culturas precolombinas tuvieron escuelas sistemáticas como las que conocemos en la era actual. La escuela Mesoamericana Náhuatl es casi una excepción. La educación entregada y la formalidad curricular de la enseñanza se asemeja mucho a la época contemporánea. Si pudiéramos emitir una idea de lo que era esta escuela la podríamos situar en un espacio que va desde la escuela tradicional, pasando por el internado, el seminario religioso y la escuela militar.

Otra característica fundamental de la educación Náhuatl era que su concepción y su financiamiento estaban en manos del Estado.

El Estado Azteca, a pesar de ser una monarquía electiva en sus origines, llegó a ser en la práctica, hacia las postrimería de su hegemonía, un Estado autocrático con apetito expansivo. La estrategia de conquista Azteca debía tener un marco guerrero, gubernamental y logístico de primer orden. Para ello se necesitaba personal calificado en todas estas innumerables tareas.

La voluntad política del Estado, sobre todo en el periodo Azteca, era formar o reproducir todos los estamentos sociales del tejido urbano haciendo uso para ello del ahorro intelectual y de la experiencia técnica acumulada. La estrategia de poder por sobre los otros pueblos, la rudeza de la vida, la concepción del “mando” unida a la concepción de Estado militar de los Aztecas no dejaba otra oportunidad a sus sujetos. Todos debían capacitarse en las diferentes escuelas y ser mejores cada día. Era lo que la sociedad deseaba, era lo que sus padres y el Estado exigía.

La cultura Náhuatl, más que estar dividida en clases, estaba dividida en castas, casi inamovibles. De manera sintética las podríamos dividir en 4: La casta de los nobles (pipiltin) estaba formada por los miembros de la familia real. Los jefes de los clanes o barrios (calpulli) y los jefes militares. La casta de los macehualtin, que eran los labradores, comerciantes y artesanos englobados en los calpulli. Más abajo en la escala social se encontraban los siervos (mayeques), que trabajaban en las tierras estatales o de la nobleza. También estaban los esclavos (tlatlacotin), que se empleaban como fuerza de trabajo o eran reservados para los sacrificios religiosos.

Las escuelas estaban relacionadas con estas castas. La enseñanza difundida estaba íntimamente ligada al lugar que ocupaba cada cual en el complejo tablero social. Los esclavos, por ejemplo, no gozaban de esta enseñanza pública.

Para los aztecas era muy importante que sus gobernantes, sus técnicos y sus militares fuesen aptos para los puestos que desempeñaban, que tuviesen la capacidad de tomar buenas decisiones y estar en posesión de fuertes convicciones morales.

En términos muy generales podríamos decir que existían dos tipos de establecimientos escolares. Esta división implicaba dos tipos de enseñanza diferente.

EL CALMÉCAC (casa de los moradores)

El Calmécac, fue una institución educativa muy importante, durante el periodo Azteca. Se destacaba por ser la institución encargada en preparar a los alumnos para desempeñar altas e importantes funciones. Se fomentaba en los alumnos la filosofía de una estricta disciplina, arduo trabajo, dedicación, calidad y excelencia en todas las actividades para las que eran preparados, sometiéndolos a un ejercicio permanente de superación y mejora. Era la escuela de los hijos de nobles. La escuela de los futuros sacerdotes, líderes militares y administradores gubernamentales.

Los jóvenes de los nobles a partir de cierta edad, que diversos autores asignan entre 7 y 15 años de edad, entraban a vivir en el Calmécac. Desde el momento de su entrada se hacía un ritual especial en el que se hería a los niños para acostumbrarlos a soportar el dolor.

En la página 182 del libro  Hijos de la Primavera: (vida y palabras de los hijos de América), podemos leer: “Sabemos que naciste de tu venerable madre y de mí, pero debes honrar y obedecer a tus maestros como a tus verdaderos padres. Ellos tienen la autoridad para castigarte pues son quienes te abrirán los ojos y te destaparán los oídos para que aprendas a ver y a escuchar. Hoy nos separamos de ti y nos sentimos tristes. Pero tenemos que presentarte al templo al que te ofrecimos cuando aún eras una criaturita y tu madre te hacía crecer con su leche. Ella te cuidó cuando dormías y te limpió cuando te ensuciaste; por ti padeció cansancio y sueño. Ahora ya estás grandecito; es el momento de ir al Calmécac, lugar de llanto y pena donde completarás tu destino. Pon mucha atención hijo mío muy amado: en vano tendrás apego a las cosas de tu casa. Tu nuevo hogar y tu nueva familia están aquí en el templo del señor Quetzalcóatl. Olvida que naciste en un lugar de abundancia y felicidad.”

Las faenas del Calmécac empezaban muy temprano. A las cuatro de la mañana los jóvenes se levantaban a barrer y limpiar los aposentos. Terminadas la labores de limpieza, y cuando el Sol estaba aún oculto, daban principio los trabajos en el campo. En el día realizaban todo tipo de labores técnicas. Los alumnos pasaban largas horas juntando leña, cuidando las milpas, levantando paredes, emparejando surcos y abriendo canales. El sudor y la fatiga encontraban alivio con la comida que otros compañeros llevaban hasta la milpa. Sin embargo, se consideraban graves pecados la glotonería y la avaricia; las reglas obligaban a comer poco y a compartir todos los alimentos.

El crepúsculo de la tarde anunciaba la vuelta al recinto. Una vez en él aprendían a tocar instrumentos musicales: flautas de barro, caracoles y tambores. También estudiaban los códices, pues era deber de todo alumno el conocimiento de los secretos que las viejas pinturas encerraban.

El fracaso era difícilmente aceptado. Existía un rechazo social muy fuerte a aquél que no podía cumplir con el programa del Calmécac.

EL TELPOCHCALLI (casa de los jóvenes)

Eran centros en los que se educaba a los jóvenes del pueblo, a partir de los 15 años, para servir a su comunidad y para la guerra. A diferencia de los nobles que asistían al Calmécac, los vástagos de los plebeyos, conocidos genéricamente como macehualtin, asistían al Telpochcalli. Estas escuelas para jóvenes se encontraban en cada barrio o calpulli.

La vida en los Telpochcalli, similar al Calmécac, era dura. Desde la madrugada comenzaban las extenuantes actividades. El día iniciaba con un helado baño, seguido de una comida frugal y muy controlada. Solían memorizar los cantares con los hechos relevantes de sus mayores y las alabanzas de sus dioses, además de aprender y ejercitarse en el manejo de las armas como el átlatl, instrumento utilizado para lanzar pequeñas lanzas, y el macúahuitl, la curiosa espada de madera con filos de obsidiana. Los alumnos tenían otras obligaciones, como la de reparar los templos (teocalli), acarreando los materiales necesarios, y trabajar las tierras y heredadas de forma colectiva para su sustento. Especialmente se buscaba su resistencia al dolor mediante prácticas de auto-sacrificio. Los alumnos ociosos o incorrectos eran castigados severamente, por ejemplo, la embriaguez se penalizaba con la muerte. Si alguno de los alumnos sobresalía por su habilidad y valor en las guerras de conquista, algún día podría llegar a ser ciudadano distinguido; a quien se premiaba y rendían honores. Cuando alcanzaban la edad requerida para casarse, finalizaba su instrucción en el Telpochcalli.

3.    ROSTROS Y CORAZONES. ESENCIA DEL ACTO EDUCATIVO

El concepto de rostro y corazón, como veremos más adelante, en los códices Náhuatl participa de la esencia misma del acto educativo.

Encontramos entre las diversas facultades que debía poseer el Temachtiani, o maestro náhuatl, cinco que nos parecen fundamentales. Durante la estadía de los educandos en los establecimientos escolares  el objetivo fundamental del maestro era traspasar, impregnar y hacer consciencia en los jóvenes  de la importancia capital de estos 5 pilares, elementos esenciales del acto educativo. Esta misión del Temachtiani constituirá el más elocuente comentario acerca de su labor dentro del universo educativo náhuatl.

  • Primer pilar. Teixcuitiani: “que-a-los-otros-una-cara-hace-tomar”. Aprovecharemos en este ejemplo de dar un vistazo  a lo que se ha dado a llamar “la ingeniería lingüística náhuatl”. Está compuesto de los siguientes elementos: el prefijo te– (a los otros); el semantema radical de ix– (tli: rostro); y la forma principal cuitiani (“que hace tomar”). Reunidos estos elementos, te-ix-cuitiani significa a la letra (el que) “a-los-otros-un-rostro-hace-tomar”.
  • Segundo pilar. Teixtlamachtiani: “que-a-los-rostros-de-los-otros-da-sabiduría”. De nuevo indicamos los elementos que lo forman: te (a los otros); ix (tli: rostro o rostros); tlamachtiani (el que hace sabios, o hace saber las cosas). Reunidos los diversos semantemas, te-ix-tlamachtiani vale tanto como “el-que-hace-sabios-los-rostros-de-los-otros”.
  • Tercer pilar. tetezcahuiani: “que-a-los-otros-un-espejo-pone-delante”. Compuesto de te (a los otros); tézcatl (espejo), palabra de la que se deriva tezcahuiani: “que espejea”, o pone delante un espejo.
  • Cuarto pilar, (itech) netlacaneco: “gracias-a-él,-se-humaniza-el-querer-de-la-gente”. Se aplica al maestro, diciendo que itech (gracias a él); ne (la gente), tlacaneco (es querida humanamente). Este último término es a su vez compuesto de neco (forma pasiva de nequi: “querer”) y de tláca (tl), “Hombre”.
  • Quinto pilar, tlayolpachivitia: “hace-fuertes-los-corazones”. Compuesto de tla, prefijo de carácter indefinido que connota una relación con “las cosas o las circunstancias más variadas”; yól (otl: corazón); pachivitia (hace fuertes). Reunidos pues los diversos elementos: tla-yol-pachivitia significa precisamente “con relación a las cosas, hace fuertes los corazones”.

Tal es el significado de estos cinco pilares que el maestro náhuatl debe traspasar a sus educandos, durante los años de estadía en los establecimientos escolares.  En ellos se destaca, como en acción, el concepto de la educación náhuatl, que a continuación vamos a ver formulado con la máxima claridad en el siguiente texto, recogido por Fray Andrés de Olmos. Al lado de una breve enumeración del carácter moral de la educación náhuatl se formula lo que constituía la raíz misma de su sentido y finalidad, “dar sabiduría a los rostros ajenos”:

Difícil sería querer desentrañar aquí el sentido de todos los conceptos expresados en este texto. Pero, al menos, sí hemos de analizar el pensamiento fundamental en que se describe precisamente la concepción náhuatl de la educación.

Después de indicarse en el texto varios de los temas que constituían el objeto de la educación entre los nahuas: “cómo han de vivir, cómo han de obedecer a las personas… cómo deben entregarse a lo conveniente, lo recto” (criterio náhuatl de lo moral), pasa a formularse expresamente aquello que era la inspiración y el meollo de lo que se impartía a los estudiantes: “todos allí recibían con insistencia, la acción que da sabiduría a los rostros ajenos”, la ixtlamachiliztli náhuatl.

Un breve análisis lingüístico del término ixtlamachiliztli, nos revelará los matices de su significado. Se trata de un compuesto de los siguientes elementos: ix (tli: al rostro o a los rostros) y tlamachiliztli, sustantivo de sentido pasivo y de acción aplicativa. Se deriva del infinitivo voz pasiva de matli: “saber”. En su forma terminada en ixtli, toma el sentido unas veces abstracto, y otras de acción que se aplica a alguien. Aquí, al anteponérsele el semantema radical de ix-tli, “rostro”, obviamente se indica que se aplica precisamente a éste, como sujeto pasivo, la transmisión de la sabiduría. Creemos, por consiguiente, apegarnos al sentido original del término ixtlamachilixtli, al traducirlo como “acción de dar sabiduría a los rostros (ajenos)”.

Muchos son los textos que podrían invocarse para demostrar lo que se esta afirmando. Así, por ejemplo, cuando se describe la figura del sumo sacerdote que llevaba el titulo de Quetzalcóatl, se afirma que una de las condiciones para llegar a tan elevada dignidad era precisamente poseer “un rostro sabio y un corazón firme”.

Igualmente significativo, es otro texto en el que al mostrarse el ideal del amantécatl, o artista de los trabajos de plumería, se dice ya en las primeras frases: “El amantécatl, artista de las plumas, nada le falta, es dueño de un rostro y un corazón”.

El cura Bernardino Sahagún, pensaba ya en el siglo XVI, que no existía un estatuto único dedicado a la educación Náhuatl. El pensaba más bien que existían varios textos que podrían describirse como “los reglamentos”, en los que se especificaba lo que se enseñaba a los jóvenes nahuas, y cómo se llevaba a cabo la formación de su “rostro y corazón”. Estos reglamentos se encuentran dispersados en diferentes códices. Es imposible aquí dar cuenta y comentar todos estos textos, sólo daré un vistazo a uno de ellos que me parece muy  significativo.

Este reglamento, proveniente del códice florentino, menciona, por una parte, toda una serie de prácticas exteriores como “ir a traer a cuestas la leña, barrer los patios, ir a buscar puntas de maguey“, etc., dirigidas principalmente a desarrollar en los estudiantes el sentido de la obligación y responsabilidad, aún en el cumplimiento de quehaceres que pueden parecer de poca importancia. Así, se iba dando firmeza a la voluntad, o, como decían los nahuas “al corazón” de los educandos. Pero, la parte más interesante del códice y que es el que aquí transcribimos, presenta lo que constituía la enseñanza propiamente intelectual de los Calmécac, dirigida a formar “rostros sabios”.

Abarcaba esa “acción, de dar sabiduría a los rostros ajenos” (ixtlamachiliztli), la transmisión de los cantares, especialmente de los llamados “divinos”, donde se encerraba lo más elevado del pensamiento religioso y filosófico de los nahuas. Aprendían asimismo el manejo del tonalpohualli o “cuenta de los días”; la interpretación de los sueños y los mitos, así como los anales históricos, en los que se contenía, indicándose con precisión la fecha, la relación de los hechos pasados de más importancia.

4.    CONSEJOS DE UN PADRE NAHUATL A SU HIJA

Es este un texto clásico que solían repetir los padres nahuas (aztecas, texcocanos, etc.) a sus hijas cuando llegaban a la edad de discreción. Dentro de la clasificación de las corrientes literarias este texto correspondería a la corriente “Tlatolli” al interior de esta corriente correspondería a un “Huehuetlatolli” que son las palabras o discursos de los ancianos, que reflejan el lenguaje de la nobleza.

En las palabras del padre se transmitían los grandes ideales de la cultura de los antiguos mexicanos, presentados en forma asequible a la capacidad de la niña. Este  texto no sólo lo introduje para dar a conocer la cultura Náhuatl, sino para mostrar que la educación de los jóvenes estaba íntimamente ligada a la poesía, a la literatura.  El presente discurso posee valor extraordinario. He aquí un fragmento.

Poema en audio: Consejos de un padre a su hija de Poesía náhuatl por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl)

3°. Ahora que ya miras por ti misma, date cuenta. Aquí en la tierra es de este modo: no hay alegría, no hay felicidad. Hay angustia, preocupación, cansancio. Por aquí surge, crece el sufrimiento y la preocupación.

4°. Aquí en la tierra es lugar de mucho llanto, lugar donde se rinde el aliento, donde es bien conocida la amargura y el abatimiento. Un viento como de obsidianas sopla y se desliza sobre nosotros.

5°. Dicen que en verdad nos molesta el ardor del sol y del viento. Es este lugar donde casi perece uno de sed y de hambre. Así es aquí en la tierra.

6. Oye bien, hijita mía, niñita mía: no es lugar de bienestar en la tierra, no hay alegría, no hay felicidad. Se dice que la tierra es lugar de alegría penosa, de alegría que punza.

7°. Así andan diciendo los viejos: para que no siempre andemos gimiendo, para que no estemos llenos de tristeza, el Señor nuestro nos dio a los hombres la risa, el sueño, los alimentos, nuestra fuerza y nuestra robustez y finalmente el acto sexual, por el cual se hace siembra de gentes.

8°. Todo esto embriaga la vida en la tierra, de modo que no se ande siempre gimiendo. Pero, aun cuando así fuera, si saliera verdad que sólo se sufre, si así son las cosas en la tierra, ¿acaso por esto se ha de estar siempre con miedo? ¿Hay que estar siempre temiendo? ¿Habrá que vivir llorando?

9°. Porque hijita mía, se vive en la tierra, hay en ella señores, hay mando, hay nobleza, hay águilas y tigres. ¿Y quién anda diciendo siempre que así es en la tierra? ¿Quién anda tratando de darse la muerte? Hay afán, hay vida, hay lucha, hay trabajo Se busca mujer, se busca marido.

10°. Pero, ahora, mi muchachita, escucha bien, mira con calma: he aquí a tu madre, tu señora, de su vientre, de su seno te desprendiste, brotaste.

11°. Como si fueras una yerbita, una plantita, así brotaste. Como sale la hoja así creciste, floreciste. Como si hubieras estado dormida y hubieras despertado.

12°. Mira, escucha, advierte, así es en la tierra: no seas vana, no andes como quieras, no andes sin rumbo. ¿Cómo vivirás? ¿Cómo seguirás aquí por poco tiempo? Dicen que es muy difícil vivir en la tierra, lugar de espantosos conflictos mi muchachita, mi palomita, mi pequeñita.

 

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Todo esto embriaga la vista y el sentido, es verdad. Uno no puede quedarse inmóvil frente al valor poético de los textos y a la manera con que  esta cultura encaraba el acto educativo.

“Dar sabiduría a los rostros ajenos”. ¡Que bella frase!, pensaba yo mientras fugazmente se me cruzaban mis andanzas por Tenochtitlán, las lecturas de Bourdieu sobre la reproducción social y la lucha de los estudiantes por hacer gratuita  y democrática la educación en Chile.

Qué relación tienen estos tres elementos, me decía yo tratando de penetrar esos códices misteriosos. ¿Qué se busca con la educación? La cultura Náhuatl tenía claro lo que quería y el Estado ponía los medios para que esto se cumpliera. Podemos estar de acuerdo con ellos o criticar esta manera de educar a la juventud, pero antes de hacer eso ¿podríamos decir que la sociedad chilena tiene claro lo que busca hacer con su progenitura? Y más aun, ¿es que el Estado pone los medios para instruir correctamente aquello que el sistema económico quiere o necesita reproducir?

Yo no tengo respuesta frente a eso. Y no sé si alguien pueda pretender tenerla. Lo que sí tengo claro es que la educación que nos damos tiene relación directa con el tipo de sociedad que deseamos construir. Por el momento y más allá de teorías y discursos, la evidencia indica que la prioridad del  sistema educativo chileno es integrar a los jóvenes en el sistema económico “neoliberal” con el fin de que lo desarrollen, que hagan fructificar el capital (de aquéllos que lo poseen) y paralelamente, que puedan asegurarse su propia supervivencia económica. La única “realidad” en la cual el sistema educativo chileno actúa, de manera directa y tangible, es sobre lo que parece incidir en la marcha económica de las empresas privadas.

¿Para lo único que serviría la educación en Chile sería para eso? Suena como restrictivo y robótico, pero es así. La educación chilena sólo reproduce (como autómatas) aquello que le puede procurar lucro al capital. ¿Para qué reproducir otra cosa?

Todo lo que concierne el equilibrio emocional de las personas, su desarrollo íntimo, su vida afectiva, su escala de valores, su coeficiente emocional y su armonía social, todo eso no forma parte de la educación. Eso en el sistema actual es una búsqueda personal, individual. No es una “misión” del Estado. Estamos tan cerca de convertirnos en robots reproductores de riquezas y estamos tan lejos… pero tan lejos de acercarnos a un itinerario trascendente y necesario que nos permita explorar cuál es el sentido que le damos a nuestra vida.

“tan cerca del lucro y tan lejos del “ixtlamachiliztli

Bibliografía:

LEON-PORTILLA, Miguel (2004). Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares. México: Fondo de Cultura Económica, 2da. Edición, 200 pp.

LEÔN-PORTILLA, Miguel (1972). Trece poetas del mundo azteca. México: Secretaria de Educación Pública,  Edición en la colección SEP/SETENTAS, 251 pp.

CURCIO, Armando (1981). Antiguas civilizaciones. España: Unión Tipográfica Editorial Hispano-Americana.

FRAY DE SAHAGÚN Bernardino (siglo XVI) “plática de los ancianos“, recogida e incorporada al Códice Florentino, folios 74v 84r.

NAVARRETE LINARES Federico (1994) Hijos de la Primavera: vida y palabras de los hijos de América, F. C. E.,

FRAY OLMOS Andrés (1547).  Grammaire de la langue nahuatl. Paris. Imprimerie nationale.


[1] Los puntos cardinales (ubicación en el espacio fuera del hombre) los nahuas tienen una ubicación en espacio a partir del hombre. Existe el adelante y el atrás, el arriba y el abajo, el lado de la mano del corazón y el lado de la mano sin corazón. Al occidental le cuesta entender que allí donde ellos tienen una visión lineal del tiempo: Pasado (antes) presente (ahora) y futuro (después), los nahuas tienen una visión circular del tiempo. Para ellos el tiempo siempre tiene referencia a lo conocido y lo desconocido. Lo conocido es aquello que está en el antes o que viene de él (del pasado), y que puede ocupar el lugar del ahora (el presente). Mientras que lo desconocido se remite a dos momentos: el que está por venir, el futuro, y el que ocurrió antes del primer antes, el tiempo originario. Como los tiempos se organizan de manera circular: siempre habrá en lo desconocido un punto de reunión entre el primer antes, el origen, y el tiempo por venir, el futuro. En este punto se cierra la trayectoria circular de los tiempos. En los códices, que ya veremos más adelante, esta representación del tiempo está dada por la imagen de la serpiente que muerde su propia cola.

[2] Hago la diferencia entre educación y filosofía por razones didácticas, puesto que para la cultura Náhuatl, estos dos conceptos estaban ligados.

[3] Autodafé. Un autodafé (del portugués « acto da fé », traducción del latín « actus fidei ». Se emplea corrientemente para significar la destrucción pública de libros o manuscritos en una hoguera.

[4] Los occidentales han querido asimilar el rol de estos Tlacuinos, al rol jugado por los sacerdotes en la cultura occidental. Otros los han querido identificar con los “intelectuales” o profesores. Ninguna de estas definiciones corresponde exactamente.

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4 Comments

  1. Nadia Castañeda dice:

    Que tal, te saludo, ojala leas mi comentario, soy indígena nahuatl, del estado de Hidalgo, acabo de leerte y me gustó mucho, me gustaria seguir leyendo lo que escribes, me apasiona saber mucho del origen nahuatl, de nuestra lengua, de nuestra historia, y me gustaría seguir leyendote, puedo hacerlo a través de IXTLAMACHILIZTLI? gracias, saludos

  2. Dante, ha sido un gran placer leerte, tengo la profesión de coach ontológico y buscaba un nombre para mi escuela on line de coaching. Creo que ya la he encontrado, y acepto el reto de lo que el nombre implica. El nombre de mi escuela será TEMACHTIANI-COACHING. Esos 5 pilares se me hacen muy empatados con lo que intentamos lograr los coaches, cuando emprendemos un proceso de coaching, gracias por tu investigación, mi página esta en construcción y espero pronto ya tener algo en forma para invitarte a que la visites. Buen día.

  3. Charol dice:

    ¿Qué es un coaching ontológico? Suena profundamente intenso y contradictorio

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