Editorial Infancia & Niñez/Adolescencia & Juventud; el ser niño y la infancia en el olvido

Editoriales; el sentido y las preguntas, Infancia y Niñez — By on agosto 22, 2016 at 05:54

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                                                                                                          (Fotografía Steve McCurry)  

LaPala renace luego de casi 2 de años de quietud. Renace después que el equipo que hoy constituye este proyecto, pudo detenerse, mirar, palabrear y metabolizar el doloroso viaje que implicó arrojarse al agujero negro del conejo de lo que fuimos testigos y transmisores durante las investigaciones, publicaciones, programas de radio y conversatorios de los últimos años.

La línea de investigación Infancia&Niñez/Adolescencia&Juventud se abrió paso a través de la experiencia y la escritura de quienes desde diferentes lugares decidieron hacer de su trabajo una relación directa con los niños y niñas. Desde dicho lugar, y en primera persona, la escritura se transforma en un testimonio de lo visto, de lo sentido y lo digerido. Es un ejercicio que busca desnaturalizar los conceptos y desmonopolizar el conocimiento (mucho se escribe pero poco de eso se sabe). En otras palabras, buscamos detenernos en los signicantes/palabras que utilizamos para nombrar lo percibido y llevar así el conocimiento más allá de las paredes académicas.

En 50 artículos publicados en esta línea, se ha hablado de la niñez y su relación con la sexualidad, la religión, la caridad, su valor de objeto de consumo, sus comportamientos ordálicos, y los dispositivos que recaen sobre ellos a nombre de la defensa y promoción de sus “derechos”; hogares, instituciones de adopción y cárceles.

Decidimos pensar más intensamente en una niñez particular: aquella que por su condición social se encuentra situada en un contexto derechamente vulnerado por la desigualdad resultante del sistema que reina. Esa que posee todo un aparataje estatal, privado y jurídico para “protegerles”. Constatado está su fracaso: durante los últimos años, en diversas ocasiones han salido a la luz situaciones que develan el horror que existe detrás de este sistema y las tremendas consecuencias que sus dispositivos tienen sobre las personas. Sin embargo, aún no existen grandes modificaciones: en la superficie es posible ver una paradoja en el discurso,  paradoja que impide que cualquier transformación se concrete:

Al hablar de los niños y niñas se habla se sujetos de derecho, pero se fracasa en su trato. ¿Y cómo no caer en ello?, si la ley actual que los afecta se denomina “de Menores”(Ley de Menores vigente desde 1967) y en el discurso social se les sigue llamando naturalizadamente como tal. Rectificación en el lenguaje, en la escritura y el habla que aún están pendientes. “Menor” en sus dos acepciones: no estamos hablando de un sujeto que esté más abajo en ninguna escala de valor, y tampoco posee menos derechos; por otro lado tampoco “es menor” que la niñez sea considerada de esta forma.

Las leyes tienen directa relación con nuestro nivel de consciencia: la reforma legal/discursiva continúa siendo un proyecto escrito que yace sobre la mesa de una de las comisiones del poder legislativo con más de 500 indicaciones a revisar.

Mientras tanto, constatado está que los/as niños/as siguen siendo tratados como objeto, como una mercancía, como un bien. Esa perspectiva legitima el poder de moverlos de sus hogares, separarlos de sus vínculos afectivos, e incluso, desgarrándolos para siempre, toda vez que sus familias son vistas como inapropiadas para la crianza al declararlas “inhábiles parentalmente”. Niñez en riesgo de olvido, privada de sus lazos, desterrada de su comunidad, sin siquiera un mínimo de privacidad y respeto por sus pertenencias. Menos entonces se consagra su derecho a la Identidad.

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                                                                                                           (Fotografía Sally Mann) 

Acostumbrados estamos a las palabras como “seguimiento”, “control”, “monitoreo”, “alerta temprana”,“apego seguro/inseguro”. Todos estamos hipervigilados y no somos capaces de verlo. Pero sin duda, hay quienes lo están más. Con mecanismos de registro se archiva el historial de los niños y niñas (en la jerga del Enfoque de Derechos) y familias con que el Estado interviene. Esas trayectorias de vida quedan registradas y usadas para argumentar decisiones sobre sus vidas de acuerdo a clasificaciones y rotulaciones que generan estigmas en el tiempo.  Así opera en ellos también el paradigma securitario, donde los enemigos, están en todas partes, camuflados, segregados, estigmatizados, en este caso esos mismos niños y niñas, y por supuesto sus familias.

En el trabajo diario se niega el sufrimiento como mecanismo defensivo ante esas realidades y, con ello, se anula al ser humano. Se les expone al silencio ante la dificultad que el adulto tiene para hablarle a un niñx: “es que no va a entender” suele decirse, aunque al parecer es el adulto el que no sabe explicarse cuando atónito se observa ante el sufrimiento y la responsabilidad que le atañe. Así es como los niñxs de nuestra sociedad quedan expuestos y desnudos en este periodo crucial, cargado de prohibiciones y creencias que van coartando su fluir: la inocencia está en relación a su “no saber” y a su frágil pero hermosa receptividad; es desde esta posición donde su afán por experimentar y descubrir se ensamblan.

¿Con qué más nos encontramos? En nuestras investigaciones observamos que existe un proceso de militarización de la infancia y al mismo tiempo una infantilización de la milicia. Dos caras de una misma moneda; por un lado, el trato a la niñez y por otro, las particularidades de la educación militar que podemos encontrar en la educación formal (obediencia, no deliberancia, jerarquías, uniformes, y formación para la docilidad) ambas caras intrínsicamente relacionadas en nuestro tejido como sociedad.

En ese camino aprendimos que para trabajar con las niñeces debemos transitar sí o sí por la niñez propia y reconocer ahí no sólo aquello oscuro y doloroso que experenciamos, sino también todo aquello que nos ilumina: el juego, la espontaneidad, la curiosidad, la magia, la confianza, la receptividad.

El llamado que hacemos propone no sólo integrar a la reflexión sobre la niñez y la infancia a la comunidad adulta, sino que también a quienes son hoy niños, niñas y jóvenes; esos que una vez más con su impetuosa energía y lucidez, se organizan en unidad y salen a las calles a manifestar lo que la sociedad toda hoy exclama: es tiempo de transformación, es tiempo de revolución. Son ellos los que hoy nos están educando con su belleza y acción.

Nuestra propuesta es conseguir que aquello monopolizado por el discurso adulto se traspase a los niños y viceversa: que los niños reflexionen sobre los “grandes problemas” y que los adultos se permitan jugar.

Preguntémonos de nuevo: ¿qué entendemos por niñez?, y ¿dónde está la niñez que hemos abandonado en la neurosis grisácea de nuestra adultez?

Es una inocente invitación.

PAZ21

(Fotografía : Paz Errázuriz) 

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