Incendios de Torres del Paine y Quillón. Distintos lugares en el mapa económico y simbólico.

Breves, Residuos — By on abril 2, 2012 at 07:53

Por Cristián Moreno Mora*

Los incendios forestales en la región del Bío Bío dejaron un total de 360 campesinos afectados, los cuales en su mayoría perdieron sus viviendas, pero por sobre todo, perdieron por completo su capacidad productiva. Ante este escenario, la autoridad nacional dispuso la entrega de subsidios a las familias que perdieron sus viviendas, dándoles 500 UF ($11.000.000). Así mismo, el Ministerio de Agricultura entregará $200.000 hasta un tope de $1.500.000, para recuperar la capacidad productiva de estos campesinos. Sumado a esto, el INDAP se mostró “flexible” para negociar las deudas de quienes las tuvieran con esta institución.

En el otro gran incendio de inicios de año, en Torres del Paine, interviene el Ministerio de Economía y subsidia a los empresarios turísticos de la zona con sumas de entre $ 500.000 hasta $3.000.000 para pagar los gastos fijos de sus negocios, como sueldos, servicios básicos e insumos entre otros. Además entregará hasta $60.000.000 para proyectos asociativos que fortalezcan su capacidad en la entrega de servicios turísticos.

Las cifras hacen surgir varias interrogantes respecto de los criterios que se utilizan para la asignación de recursos en estos casos, ya que como sabemos, existen recursos para el fortalecimiento productivo en mucha mayor cantidad de la que el Ministerio de Agricultura les asigna a los campesinos incendiados.

Sólo como ejemplo, el propio SERCOTEC, que depende del Ministerio de Economía, es capaz de entregar regularmente hasta 3 millones de pesos a cientos de personas naturales que, sin tener experiencia productiva, ni mucho menos depender de estas iniciativas, presenten ideas de proyectos consideradas viables.

Por otra parte, en el incendio de Torres del Paine, no se vio afectada infraestructura alguna, ni mucho menos las viviendas de ni una sola familia. Sin embargo, la cantidad de dinero que es capaz de generar el turismo en esas tierras no se compara con el aporte al PIB, por decirlo de alguna manera, que hacen los agricultores de la región del Bío Bío.  Esto revela el criterio economicista con que opera esta administración. Dejando de lado el derecho que tienen estas familias a continuar con sus actividades y su forma de vida, sólo por eso, porque es un derecho y no un valor.

Existen, en nuestra zona, agricultores que se encontraban en pleno proceso de expansión de sus unidades productivas, sobre todo los vitivinícolas. No se trata de campesinos empobrecidos que perdieron una cosecha mal tenida o un galpón viejo a punto de caer. Se trata de una zona que, a pesar de las dificultades a las que se ha visto sometida, específicamente con la  aparición de una gigantesca planta de celulosa, ha sabido trabajar duro por instalarse en circuitos comerciales de orden regional y nacional, sobreviviendo y reinventándose con creatividad y coraje.

Esta situación devela a un país y a sus dirigentes, que piensan desde el centro. Un centro territorial o espacial, pero principalmente desde el centro de la ideología económica neoliberal. La que se expresa, a su vez, simbólicamente, dando cuenta lo que tiene o no valor, lo que es principal y lo que es secundario, jerarquizando a la vez que hegemonizando.

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Así entonces, estos dos incendios ocupan lugares distintos en el mapa económico y simbólico, donde las Torres del Paine son mucho más importantes que los cerros de Quillón, o un turista extranjero es más significativo que un campesino de la zona centro sur, etc…

Ideario éste que limita las posibilidades de una nación, fragiliza el desarrollo al poner los esfuerzos y las acciones de fomento en unos pocos sistemas económicos y territoriales. A su vez, se pone en dirección contraria del desarrollo diversificado y diversificante, con acento en lo local y en lo particular, que se fortalece en la puesta en valor de todos y cada uno de los estilos de vida de un país.

No queda claro cuál será el futuro de estos agricultores, si continuarán trabajando o terminarán vendiendo a lo que sus gigantescos vecinos forestales les paguen, pero sí tengo la certeza de que la ayuda del gobierno, acaso es otro golpe tan duro como el propio incendio, y nos deja claro que para algunos pocos, la tierra quemada es tierra fértil de un negocio casi monopólico en la región, que a juicio de los empresarios o gobernantes tiene más “valor” hoy día.

*Sociólogo. Concepción, Chile.

Fotografías

1-3.
4.  Camila Lasalle
5. Gob.cl
6. Diario Uno
7-8.
9. EMOL
10-12.

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2 Comments

  1. Willy Parra Medina dice:

    Una catastrofe revela otra mas grave y permanente. La politica del criterio exclusivamente economicista y a corto plazo. En el mapa del Chile actual esto nos evidencia, nuevamente el “verdadero” valor de la diferencia para cada territorio en el mismo pais.
    Dantesco y revelador.
    Felicitaciones.