La muerte de Chávez, velatón en la embajada de Venezuela: De satanizaciones y sacralizaciones.

Breves — By on marzo 6, 2013 at 13:04

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Por Herr Direktor

La muerte de Hugo Chávez no ha dejado indiferente a nadie. La satanización y la sacralización de su figura han sido la tónica de las discusiones posteriores a su deceso. “El Comandante” para sus seguidores, ha dejado una estela de odios y amores difíciles de igualar en el caudillaje latinoamericano. Sus ofensivas comunicacionales directas contra Estados Unidos, y sus alianzas con Bolivia, Uruguay, Argentina y  Ecuador, han sido fundamentales para el desarrollo de una oposición declarada a los regímenes y lógicas del sistema social imperante. Luego de su muerte, en Chile, no fueron pocos los que rindieron homenaje a quien representa, a pesar de los cuestionamientos y críticas de diversos sectores, a una izquierda latinoamericana viva, que hoy mira con incertidumbre y quizás mayores convicciones, una profundización revolucionaria, que no debiese depender de una figura en particular.

Esta selección de fotografías es una muestra del afecto y la pena, de algunos, para quienes Chávez, era el ícono máximo de la izquierda latinoamericana contemporánea, y uno de los máximos líderes de la profundización del cambio y la ofensiva contra el corrosivo y perverso modelo capitalista, a partir de la llamada revolución bolivariana.

Reconocer o no lo cuestionable de un gobierno por sus consignas (propias de gran parte de la “izquierda trasnochada de viejo cuño”), y por el evidente culto a la personalidad de quien hace de ella su mayor capital político, no es carecer de juicio crítico. Es reconocer, en el espasmo de la muerte de un presidente democráticamente elegido, la insoslayable valía de ciertos personalismos. Allende no se salvó, por su honesta y portentosa figura, y por el papel que ocupó en la historia, de ese mismo culto (hasta el día de hoy; es la dinámica del mártir).

La verdad, es un error colectivo.

En el mundo de la política, el trasnoche es la tónica. Y el que no es trasnochado es un neurótico liberalizado. Si Chávez fue un dictador, será discutible, y todo culto a la personalidad tan drástico es cuestionable. Pero es necesario reconocer en circunstancia, el fallecimiento del presidente de un pueblo, que como muchos, intenta, en política (ya lo dijo Max Weber), sostener procesos complejos y notables en figuras apoteósicas (carismáticas) que resultan ser bandera representante de un sentir colectivo que se sostiene en liderazgos que siempre serán cuestionados al alero de su permanencia.

En política, ya lo sabemos, no hay ideología sin rostro. Y eso no es culpa sólo del rostro. Esta revolución no termina por la muerte de Chávez, de hecho, ahora se pone a prueba. Y este humilde homenaje no es a la “luctuosa” figura de un “militar golpista”, sino a la sobresaliente figura que un pueblo también ha construido. Lo contrario sería una ofensa a la “torpeza” de Venezuela.

No hay figura en sí misma que se sostenga sin la construcción que el propio pueblo hace de él. Mis respetos, a los respetables, y a quienes con juicio crítico buscan avanzar en la historia y la memoria, considerando que a pesar de las consignas y los avatares propios de la política, nada es blanco o negro, y nada, en estas dimensiones, puede ser sacralizado o satanizado, sin permitirle a la historia que decante el contenido que dejaron las huellas de quienes mueren en el poder; ese monstruo que convierte a los seres humanos en figuras de dimensiones desnaturalizadas. Mis respetos al pueblo de Venezuela, mis respetos a Hugo Chávez, mis condolencias respetables y mis agradecimientos a quienes leen, y a quienes discuten…

 Las fotografías son de Fitmoos Holzmann, colaborador de nuestra revista.

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