¿Hacia dónde va Santiago? ¿Estamos creciendo? ¿Somos sustentables?

Escritos, Residuos — By on diciembre 2, 2011 at 09:43

Por Carolina Quiroga

Es probable que hace algunos meses hayan escuchado hablar sobre el Plan Regulador de la Región Metropolitana de Santiago[1] (PRMS), esto dado que el Plan vigente se encontraba en proceso de modificación. Actualmente, muchas de las dimensiones del Plan ya están definidas, pero existen otras, principalmente asociadas a las áreas verdes, que aún se encuentran en discusión.

El PRMS es uno de los tantos instrumentos de regulación territorial utilizados en el país normado en la Ley General de Urbanismo y Construcciones y su Ordenanza. Éste tiene como objetivo regular 37 de las 52 comunas de la Región Metropolitana, denominadas como el Gran Santiago (dejando fuera principalmente a zonas rurales de la Región). El PRMS nace el año 1994 y desde ese entonces ha tenido 3 grandes modificaciones, en el año 1997, 2003 y 2006, pero en ninguna de ellas se ha cambiado el instrumento en su totalidad, sino que se han modificado ciertos aspectos con el objetivo de adaptar el instrumento de regulación a fenómenos socio-espaciales de la ciudad.

En esta ocasión, la propuesta de modificación se ingresó durante el año 2008, y desde entonces ha pasado por diferentes etapas. En ella se propone modificar “el límite de extensión urbana de algunas de las 37 comunas del GS[2], las relaciones viales intercomunales entre estas zonas y el resto de la ciudad y se proponen nuevas áreas verdes de nivel intercomunal, procurando disminuir el déficit que existe en materia. Adicionalmente se modificará el uso de suelo de algunas zonas industriales exclusivas que se encuentran subutilizadas y que podrían acoger viviendas en comunas que presenten carencias de suelo habitacional mixto[3]”. Específicamente los objetivos que se propone modificar son: 1) Aumentar la disponibilidad de áreas verdes, 2) Reducir la segregación socio-espacial y 3) Propiciar una mejor conectividad entre el centro y la periferia.

Para llevar a cabo estos objetivos, la nueva actualización se propone dejar 2.577 hás[4]. para parques y áreas verdes, las cuales estarán supeditadas como requisito para que las empresas inmobiliarias puedan urbanizar 5.930 hás que se incorporarán al área urbana, y 789 hás que corresponderán a áreas industriales exclusivas. Además la propuesta señala que los nuevos sectores urbanos deben estar integrados, ubicándose a 20 minutos de los sub centros ya consolidados, para lo cual se utilizaron criterios viales para la definición de los nuevos terrenos urbanos teniendo en cuenta el acceso a ejes viales, corredores del trasporte público y la red de Metro, además de exigir la construcción de 300 kilómetros de vías troncales.

Todas estas propuestas de actualización se desarrollan dentro de un marco de sentido dado por múltiples argumentos, los cuales pueden ser agrupados en dos grandes temas: 1) generar cambios en problemas urbanos históricos dentro del Gran Santiago y 2) el crecimiento poblacional proyectado para

la región.

Este proceso abre una puerta para cuestionar y reflexionar respecto a algunas dimensiones que constituyen el diseño de la ciudad, y por sobre todo permite preguntar ¿Qué ciudad queremos construir? Y ¿en qué ciudad queremos vivir?

En este sentido, la dimensión de la sustentabilidad en la planificación urbana, se constituye como un aspecto muy importante. La perspectiva de la sustentabilidad urbana es una propuesta teórica, que se ha desarrollado como consecuencia, o al alero, del desarrollo de la idea de sustentabilidad en los foros y cumbres internacionales promovidos por las Naciones Unidas.

El desarrollo sustentable urbano se ubica dentro de procesos de planificación del territorio, mayoritariamente correspondientes a las planificaciones estratégicas regionales o locales intercomunales. El objetivo es poder lograr orientar dichos procesos o instrumentos de planificación hacia la sustentabilidad, a través de la incorporación de criterios de sustentabilidad[5]. En esta idea, rescatar el rol del Estado es fundamental, para así restablecer el paradigma de planificación urbana y no de gestión urbana, asociado este último al auge del paradigma neoliberal en el cual el Estado es relegado y comprendido sólo o principalmente como facilitador y regulador. El nuevo paradigma rompe con esta visión más periférica y vuelve a dar protagonismo a la labor del Estado menos como facilitador y más como organizador del proceso. A dicha propuesta teórica se le denomina como “neoestructural”[6].

Dentro de los principales elementos que se distinguen en la comparación de una Planificación Estratégica Tradicional y una Planificación Estratégica Sustentable, es que la primera se basa en los principios de la gestión urbana neoliberal, por tanto en su marco de sentido enfatiza los objetivos de corto plazo respondiendo a las necesidades del crecimiento urbano, mientras que la perspectiva sustentable, centrada en el rol del Estado, ofrece una visión integrada de largo plazo[7] para responder a las necesidades del desarrollo urbano[8].

El objetivo de esa visión no es desconocer la importancia del crecimiento dentro del proceso de desarrollo urbano sino que “La planificación sustentable ofrece una perspectiva más equilibrada y transversal de este crecimiento. La calidad del crecimiento es enfatizada sobre la cantidad de crecimiento”[9].

Otro de los ejes centrales de esta perspectiva es el centralismo que tiene los procesos participativos en el diseño y toma de decisiones. De esta manera el objetivo es generar procesos interactivos, en donde se busque la mayor participación desde y entre los stekeholders[10] de diferentes sectores, como por ejemplo representantes de grupos de interés (como inmobiliarias) ONG´s relacionadas con el tema, Asociación de Municipios, entre otros. A partir de esta idea se busca romper con la visión del proceso como una caja negra, donde existen grandes vacíos de información y en donde las decisiones, que implican a una serie de actores, son tomadas por las autoridades de manera privada[11]. Éste tipo de instrumentos se caracterizan por un alto nivel de participación y de integración de stakeholders en los procesos de diseño, dejando atras la imagen de la autoridad decidora o la toma de decisiones a partir del enfoque del “experto”.

Además de la participación, existe otro elemento directamente extraído de la esencia de la idea de sustentabilidad que es importante destacar; la equidad intergeneracional. Un plan urbano sustentable dentro de su base tiene como labor principal velar por el equilibrio social, ambiental y económico, con el objetivo de garantizar que las futuras generaciones sean capaces de satisfacer sus propias necesidades.

Al ser analizado el PRMS desde la perspectiva de la sustentabilidad urbana se logran identificar algunos avances y desafíos. En primer lugar es posible señalar que la última propuesta de modificación del PRMS hace algunos intentos de hacer de éste un proceso más participativo y dialogante con los stakeholders a diferencia de los anteriores. Además, como el mismo documento oficial señala, se ha puesto énfasis por equiparar las desigualdades en áreas verdes presentes en el Gran Santiago vinculando la construcción de estas áreas a cada uno de los nuevos proyectos inmobiliarios. Si bien existen estos esfuerzos, también es cierto que aún imperan en la autoridad y en el modelo, ciertas dificultades que no permiten integrar totalmente la perspectiva de la sustentabilidad urbana.

El primero de estos elementos es entender al Estado como un gestor y no como un planificador de la ciudad, lo cual le quita oportunidades no sólo para regular, sino que para coordinar la planificación urbana entre los diferentes actores. Esto está relacionado directamente con la idea de que la ciudad no se construye sola sino que es necesario planificarla con el objetivo de subsanar y evitar las potenciales externalidades que traiga.

En consecuencia, es un deber del Estado el diseñar una política o estrategia a mediano y a largo plazo, que comprenda y visualice los diferentes momentos de la ciudad. Es cierto que por sí solo el PRMS no puede cumplir con este rol pero sí se puede coordinar con los diferentes instrumentos en torno a un mismo objetivo. Además, se suma el hecho que Esta planificación está pensada a un horizonte de 20 años, lo cual desde la perspectiva de la sustentabilidad es muy acotado, de hecho se recomienda planificar las ciudades a 100 años como lo han hecho en Vancouver Canadá.

Sumado a lo anterior, existe un elemento clave que se visualiza como una barrera cultural en el país. Existe una confusión, basada en desinformación, entre la sustentabilidad y la sustentabilidad ambiental, lo cual se ve reflejado de manera evidente en la propuesta de modificación del PRMS. Esto es importante ya que muchas veces la autoridad argumenta estar basada en estos nuevos paradigmas tal sólo por el hecho de incluir más áreas verdes, lo cual muestra una visión completamente errada.

En definitiva para quienes piensan la ciudad, estos procesos son claves para la toma de decisión ya que son “el plan maestro” de la ciudad.




[1] Informes detallados del PMRS: http://www.minvu.cl/opensite_20080421111026.aspx
[2] Gran Santiago.
[3]SERVIU Metropolitano del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, marzo del 2011. “Proposición documento memoria explicativa modificación plan regulador metropolitano MPRMS 100– actualización áreas extensión urbana y reconversión”.
[4] Hectáreas.
[5] Meadowcroft, J. (1999). “Planning for sustainable development: what can be learned from the critics?” Kenny, M. y J. Meadowcroft (eds.), Planning sustainability. London: Routledge, 12-38.
[6] Barton, Jonathan, 2006. “Sustentabilidad Urbana como Planificación Estratégica”, Revista EURE, vol. XXXII, Nº 96, Santiago de Chile.
[7] Se habla de un horizonte de tiempo mínimo de 20 años.
[8] Barton, Jonathan, 2006. “Sustentabilidad Urbana como Planificación Estratégica”, Revista EURE, vol. XXXII, Nº 96, Santiago de Chile.
[9] Ídem.
[10] http://www.expoknews.com/2009/02/03/que-son-los-stakeholders/

[11] Ya se han desarrollado nuevas metodologías de participación exclusivamente para los temas urbanos. Una de las metodologías más conocidas y ya utilizadas en Chile son los charrettes. Ésta está siendo utilizada por ejemplo en el proceso de reconstrucción de la Villa Olímpica en Ñuñoa.

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1 comentario

  1. Miguel Salas dice:

    Hola Carolina. Me salió largo y desordenado el comentario pero bueno…

    Con lo que mencionas creo que algo se avanza con respecto a la histórica no-acción del Estado neoliberal: el dejar que el mercado opere, tal como en salud, educación, energía, minería y recursos naturales, mercados llenos de oligopolios, más encima coludidos, y también en el crecimiento urbano… esto está trayendo descontento…
    Es bueno que haya un intento por ser equitativo en áreas verdes. Y sí, a veces se cree que “tener pasto” es ser ecológico. De hecho, el pasto en zonas como el valle central es bastante insustentable… claro, como acá el agua es un recurso económico, hay munis que lo pueden pagar. Ahora, ese punto se puede solucionar con una inteligente planificación de las áreas verdes: plantar vegetación nativa, utilizar los desechos orgánicos de la comuna o del mismo parque para fertilizar los suelos etc… hay quienes saben mucho de cómo aprovechar las complejas interrelaciones ecológicas como mecanismo de sinergia natural. Eso se mató con la agricultura y la ciencia moderna y la parcelación o hiperespecilización del conocimiento…
    pero bueno, ojalá se avance en este punto que, se supone, tanto afecta a la calidad de vida.

    El problema de la sustentabilidad o sustentabilidad ambiental –asumo que es algo así como sustentabilidad débil v/s fuerte- es que, en la definición del “desarrollo sustentable” –informe brundtland- TODO cabe: es decir, barrick gold es sustentable porque aporta $ a la comunidad, celulosa Arauco también porque tiene planes de manejo etc… todos dicen ser sustentables porque incorporan un criterio ambiental. Es decir, si se mitiga algo del daño ambiental, es sustentable… Claramente son los aspectos cualitativos lo que define la sustentabilidad, por mucho “dañar menos” sea preferible. Por lo que mencionas, ahí hay un avance en empezar a considerar características cuali… que falta mucho, demás.

    Lo que sí está ausente: una ciudad sustentable también lo es con su patrimonio. Tenemos una urbe que, al igual que el rally dakar, pasa rápidamente por encima de nuestra historia, de nuestro patrimonio tangible, identidad, de nuestro ser… aquí lo importante es ir por dónde se recojan lucas –qué mierda, ¡y eso es desarrollo!-. Las inmobiliarias destruyen día a día los barrios y su cultura, el patrimonio intangible y tangible inmueble. Nuevamente los enfoques parcelados, al relegar esta protección a otra institucionalidad –el consejo nac. de monumentos, el min. de bienes nac…- no se contempla nada de “sustentabilidad cultural” en el PRMS, además son estas inst las que definen, centralizadamente, qué es patrimonio y qué no. ¿Qué voz tiene la localidad para decidir qué quiere preservar? Ninguna… además, ¿habrá espacios interesantes de preservar en las áreas rurales agregadas al “gran” stgo? No lo sé, pero por lo menos me lo pregunto, no sé si lo hicieron los ingenieros que “planificaron” esto.

    Que exista diálogo entre los actores involucrados no implica que estos sean escuchados, pero sí, es un avance que por lo menos se “escuchen” y que esto esté explícitamente redactado en la planificación…

    Sólo nos queda seguir velando para que estos avances –Planificación Estratégica Sustentable- profundicen y sean verdaderamente sustantivos ¡y sustentables! Pero, mi impresión es que en la práctica poca o nula diferencia habrá.

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