Freud, una talla, y la ciencia como argumento.

Hace unos años leí un libro que relataba anécdotas de algunos intelectuales famosos, no recuerdo muy bien el nombre, pero en sus hojas el mito relataba que un imberbe Sigmund Freud se presentó ante el ilustre Colegio de Médicos de Viena en el año 1886, para dar una conferencia acerca de un cuadro clínico normalizado de la histeria, haciendo hincapié en todo lo referente a la histeria en el varón. Lo interesante es que la presentación del intelectual no fue bien acogida por la Sociedad de Medicina. Muestra de ello fue que durante la conferencia, entre los asistentes, un viejo médico levantó la voz para expresar su malestar haciéndole ver al expositor que había incurrido en una desfachatez filológica y biológica al considerar que un hombre podía ser histérico. El argumento del viejo Doctor era que la palabra histeria procedía del griego, hystera, que significaba útero, y por supuesto, que el hombre al no tener dicho órgano, lógicamente no podía ser, de manera alguna, histérico. La paradoja del asunto es precisamente la histeria con que reaccionó el ofendido médico, poniendo con los años, a su manifestación, como un claro ejemplo de hemianastesia (histeria en código) en un varón, y todo esto, sin útero.

Podríamos decir, aventurando un juicio arbitrario, que la creencia absoluta en la ciencia nos dota, a veces, de certezas ridículas. En el campo de la sociología, gracias al cielo, la sospecha pareciese ser un recurso. No he escuchado últimamente salidas de madre cientológicas, pero en el diario vivir, ante la incertidumbre del ser humano en sociedad, la ciencia parece haber desplazado los discursos religiosos para dar argumento a las diversas posiciones. Secularización. O simplemente es que resulta más cómodo o menos anómico, asegurarse de lo que uno cree asociando nuestros propios recursos al trabajo empedernido de otros para confirmarlos o desmentirlos. El periodismo por ejemplo, enarbola los “estudios” como verdades últimas, y asume, en algunos casos sin vergüenza, sus resultados como dogmas determinantes.

Eso es inocencia. Tierna. Nociva a veces, pero inocencia al fin.

Herr Direktor

3 thoughts on “Freud, una talla, y la ciencia como argumento.”

  1. Concuerdo con todo, pero no con su inocencia. Ni por parte de la misma ciencia ni por los que la divulgan. Por ejemplo, durante gran parte del s. XIX hasta bien entrado el s. XX estuvo bien de moda el determinismo biológico de la diferencia sexual propugnado por la biología, que afirmaba los roles masculinos en nuestras sociedades. La biología, en este caso, más que develarnos los misterios del mundo con el recato de su método, se encargó de legitimar una relación de dominación inscribiéndola en una naturaleza biológica que es en sí misma una construcción social naturalizada. Por parte de las ciencias sociales el discurso antropológico, por ejemplo, sobre las otras sociedades –primitivos, barbaros, salvajes, etc. –está lleno etnocentrismo, el cual legitimó –o ayudo a legitimar –por años el accionar de las empresas colonizadoras, muchas de las cuales califican dentro del genocidio.

    La ciencia en esto no tiene ninguna inocencia, no creo que sea solo un método neutral para llegar a la verdad. Así como tampoco creo que todas sus conclusiones necesariamente caigan en los extremos antes presentados, porque por esencia es corrupta. De todas las formas de conocimientos practicadas por el hombre si es la única que se auto define como universal y absoluta; que a través del tiempo, con toda la violencia que esto implica, a logrado posicionarse como la forma de aprehender el mundo en toda su verdad. Sí sirve para sustentar diversar posiciones, como tu afirmas, o como algunos dicen, producir efectos de verdad que favorecen ciertos intereses, que legitiman ciertas prácticas. Aprehender los usos sociales de la ciencia, así como su comprensión como práctica histórica y socialmente situada, es tarea de máxima importancia que las ciencias sociales deberían constantemente llevar a cabo, tanto como foco-objeto de investigación, así como marco de reflexión permanente para guiar sus prácticas.

    1. Sí, estás en lo correcto. La Ciencia, y tb algunos otros mecanismos de legitimación de saberes no son inocentes ni pretenden serlo. Los maniqueísmos y toda práctica que supone un sesgo de verdad, porta tb la innegable perversión de la certeza. Yo me refería eso sí, a la inocencia del periodismo. O a su inocente reproducción. La práctica, de pronto, de este grupo de profesionales, es sólo la de engullir y mostrar, no la de digerir y reflexionar. Son la epítome del momento que vivimos como sociedad. El periodista (no todos por supuesto), es una herramienta de los sesgos ideológicos o de los intereses de quienes detentan sostienen su práctica. Ahí, en ellos, no hay ninguna inocencia. Hoy en un seminario hablábamos del bando 15 de la dictadura que manifestaba la determinación (en los 70) de que sólo existirían dos medios de comunicación; La Tercera, y El Mercurio. Hoy pasa lo mismo, y a pesar del optimismo de quienes piensan en las redes sociales y la proliferación de medios alternativos, “la masa”, “la gente” sigue legitimando y buscando la información en los mismos medios.

      La ciencia ha servido, nadie puede negarlo. A mí me gusta la ciencia. De hecho la mentada secularización es producto de la razón naturalizada. Y me parece bien hasta que comienzan a convertirse las verdades de la ciencia definitivamente en LAS verdades, otra vez, ante la necesidad de certezas, que a su vez, pueden ser individuales y absolutamente desesperadas.

      Buen aporte compañero…Gracias.

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