Exclusión, consumo y transformación: elementos para una discusión presente.

Breves, Seguridad y Vigilancia — By on noviembre 23, 2011 at 08:46

*Marco Silva Cornejo.

Las esporas soñolientas de viejas orquestas florales invaden el aire en primavera, en los subterráneos insomnes  de la tierra se alienta y se prepara el nuevo tiempo inspirado en la bondad del tomate y sus olores. El durazno se viste de flor en las ripiadas avenidas y el pueblo entra en un aire de cálidas veredas cuando las muchachas lucen los escotes y las faldas en soberano ejercicio de hermosura adolescente.

Así se construye el relato monocorde de nuestra rítmica alienada y domesticada, así se reproducen de la  mano del tiempo, los contextos que sostienen las ortopedias castrantes de una sociedad excluyente, autoritaria y maltratadora. Fundada en la lógica de un modelo económico que ha logrado subordinar toda actividad humana a sus formas de desarrollo.

Desde esta perspectiva, observamos atónitos y consternados cómo el sujeto de la sociedad neoliberal va siendo determinado desde todas sus formas de desarrollo y actividad por el consumo y el hedonismo como máxima de un estilo de vida alienante y alienado (Moulian, 1990: Perogano, 2004: Pérez, 1998). Asistimos a la concreción y reproducción de un sujeto orientado y gobernado por la búsqueda del placer y la satisfacción inmediata de sus necesidades  cuya máxima expresión se cristaliza en el mercado y la valoración de las mercancías como sentido de una existencia fugaz y vertiginosa.

Esta reflexión adquiere sentido al observar  los nuevos desafíos que enfrenta la intervención social  (Giddens, 1997). Estamos en presencia de un profundo cambio de sentido en las prácticas de los actores y los grupos sociales. La dispersión de los imaginarios colectivos da paso a nuevas formas de individualismo, el que se refuerza desde dispositivos de reproducción del modelo como lo son el mercado publicitario, la televisión y la digitalización de la comunicación.

        En el actual momento histórico se nos hace creer que el mercado  satisface todas nuestras necesidades, el mercado explica y contiene nuestra existencia. De esta manera las brechas de riesgo social se reducen en la medida en que los sujetos son  participes de esta sociedad de consumidores.

         La pobreza desde la lógica de la sociedad de consumo es un factor de riesgo incuestionable producto de la brecha en la relación de expectativas versus nivel de logro al que son expuestos los sujetos.  Esta lógica siniestra de desarrollo favorece la reproducción de una matriz de representación clasista y excluyente, dando mayor valoración del inadaptado a los delitos de los pobres y excluidos, no visibilizando la criminalidad cotidiana del retail, el sistema financiero y los grupos de poder.

          La construcción social de lo periférico y lo delictual, favorece el desarrollo de representaciones en donde las estéticas de la pobreza y la exclusión son relacionadas causalmente con la violencia y la delincuencia, distorsionando la verdadera naturaleza de lo delictual en función de las estéticas instaladas por el sistema de dominación.

          En el contexto descrito, la desintegración de los tejidos sociales y comunitarios favorece  el aislamiento de los sujetos, individualizando las miserias, deudas,  exclusiones  y desintegrando las respuestas sociales y populares organizadas bajo sus estructuras y formas de organización histórica. Siguiendo a Giddens vivimos en una sociedad donde se ha desarraigado la ilusión de lo colectivo, reconfigurándose nuevas formas de individualismo (Giddens, 1997). Emerge entonces, un sujeto castrado, desarraigado de la imagen comunitaria, desprovisto del sentido de pertenencia colectivo, dinamizado y movilizado desde estímulos de control y reproducción mediática que lo empujan desde la inercia social y cultural a construirse desde las lógicas impuestas por la sociedad de consumo: con una imagen, con un sentido de identidad caracterizado por el individualismo hedonista y voraz.

          Frente al paisaje descrito sostenemos como prioritaria la reconstrucción de los tejidos sociales debilitados por la globalización del neoliberalismo y en el plano local por la  democracia de los acuerdos y la transición pactada por una clase política hija del miedo. Se visualiza como  una tarea urgente, la participación y la revinculación de los sentidos y sabores de la militancia en la terea de la construcción de los  imaginarios posibles e imposibles. El rol de las ciencias sociales en la tarea de la reconstrucción de los  espacios comunitarios es una urgencia del presente, un desafío que nos impone la ética social y la poética de la militancia.

         La reconstrucción de un tejido social consciente, activo y autónomo, es la tarea de los cientistas sociales de hoy, los  que desde una perspectiva crítica, deben asumir roles más activos en la trasformación del cotidiano, en la subversión de las estrategias de intervención, en la promoción activa de la organización social y el avance sostenido de las demandas sociales y populares inspiradas en la construcción de espacios de desarrollo inclusivo, igualitarios y más justos.

Más allá de nuestras disciplinas de origen, de nuestras experiencias locales, lo que debemos seguir sosteniendo es la transformación como perspectiva y alternativa.

*Psicólogo, Mg. en Ciencias Sociales Aplicadas, UFRO.

Bibliografía

  • Bauman, Z.(2007). Vida de Consumo. Fondo de Cultura Económica. Argentina.
  • Garretón, M. A. (1999). “Transformaciones sociales y reconstrucción de los estados nacionales: hacia una nueva matriz socio-política.” cultura y comunicación, Buenos Aires: 145-17.
  • Castell, R.(2008).  Empleo, exclusión y nuevas cuestiones sociales. Manantial .Argentina
  • Moulian, T. (1999). El consumo me consume. LOM, ediciones. Santiago.
  • Perogano, J. (2002). “notas sobre jóvenes portadores de violencia juvenil en el marco de las sociedades pos industriales.” Delito y sociedad Nº 2. Universidad de  Buenos Aires. Argentina.
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