Encendiendo llama en lo oscuro v/s comprendiendo mucho transformando poco.

Breves — By on octubre 20, 2011 at 02:31

Por Dante Bravo

Todos los días me llegan papeles de diferentes amigos en el mundo (ayer me llegó uno de Senegal y antes de ayer uno de Canadá) informándome, comentándome o preguntándome sobre el fenómeno estudiantil chileno.

Hoy día en la mañana me llegó uno de mi amiga Valentina de Concepción, Chile, que es un reenvío del mail “unamanolavalaotray…etc.” Dicho mail me hizo reaccionar, y no porque fuese trucho o estuviese falto de información, al contrario, es muy lúcido, muy claro y da cifras significativas y centrales sobre el fenómeno de la Educación Chilena.  Globalmente el mail repite todo aquello que los chilenos (y aquellos extranjeros que se interesan al tema) saben ya desde hace muchos años. “Los estudios universitarios en Chile son de mala calidad, son extremadamente caros,  son discriminatorios y la gran mayoría de las familias deben endeudarse para que estudien sus hijos. [1]

Al interior de este correo y como en tantos otros, apreciamos a algunos economistas, doctores y otros “analistas”, dar cifras (OCDE, banco mundial), otros que muestran gráficos (PIB, créditos hipotecarios, quintiles más pobres, etc.), incluso algunos de ellos, “en una arrebato de lucidez” emiten la hipótesis que “esto esta malo, o que esto no funciona”. Tengo la impresión, sin querer ser aguafiestas, que la “herencia pinochetista” (no sólo en los hechos sino que también en los discursos) sigue royéndonos las entrañas.

El versito de que “esto está malo y que no funciona”, amparado en cifras, evaluaciones, citaciones y análisis, forma parte de este universo del cual estamos impregnados y al cual estamos sometidos. La Dictadura nos enseñó, contra su voluntad, a comprender todo y a no transformar nada. En una isostasia lógica nos castró en la acción, lo que nos hizo fuertes en comprensión. Como comprendíamos todo, pero no estábamos aptos a cambiar nada, inventamos el “consenso permanente”. Somos expertos en cifras estadísticas y evaluaciones que oculten nuestros verdaderos propósitos o que disimilen e inhiban nuestra inacción. Todo es tan escamoteado y tan increíblemente  insípido, que se le ha mellado el filo revolucionario a nuestra conceptualización y los objetivos de nuestra acción se hacen muchas veces tan opacos, como si estuviesen aplastados seguramente en esas enormes y pesadas capas de comprensión.

Nos hemos ido transformando en expertos. En saber las mil y una maneras de ponerle el cascabel al gato. Nos cuesta mucho, y nos damos mil vueltas, cuando se trata de saber quién se lo va a poner.

Pero veamos esto de más cerca. ¿Cuáles son las palancas y los frenos que hacen que se genere este movimiento? El sistema político chileno que se instaura con la Dictadura de Pinochet es clarísimo y sin ambigüedades. Éste se basa en la fórmula practicada por Robin Hood pero de manera inversa. Vale decir: Robarle a los pobres para darle a los ricos. Hay que reconocerle a la Dictadura que ella jamás se vanaglorió de ser justa, equitativa, socialista, o igualitaria. Pinochet era binario y al neo liberalismo le servía, en ese momento, esa particularidad del dictador. “Con los ricos todo, con los pobres nada”. Pareciera ser ésta una formulación demasiado simple, pero así era y así funcionaba.

Efectivamente, dicho sistema político, en 38 años de existencia, funcionó relativamente bien. El cambio, o más bien el traumatismo producido por el Golpe de Estado, desde los primeros momentos, fue brutal y profundo. El pueblo chileno bajo la fuerza de esta maquinaria implacable se plegó ante la presión. Podemos invocar muchas razones: el temor, el miedo traumático, la supervivencia, la cobardía, la conveniencia, el beneficio, el individualismo, etc. El pueblo entero se fue acomodando y luego apropiando lentamente de la “herencia Pinochetista”. A tal punto que la sociedad chilena entera se había conformado a la idea que no existía otra alternativa más que el neoliberalismo.


El sistema no sólo estaba funcionando bien sino que tenía para rato. “Concertistas, UDIstas y otros Renovacionistas” se rifaban, en una especie de Bingo gigante, La Moneda, para darnos la impresión que vivíamos en un sistema democrático. Todo eso sucedió durante 38 años, pero en el 2011, hace algunos meses…llegaron los estudiantes y mandaron a parar. 

Los jóvenes de “esta generación bajo sospecha”, por múltiples razones (que analizaremos quizás en otro artículo) decidieron darle un sentido a su existencia. En esa búsqueda de sentido, aleatoria y permanente, percibieron (muy a pesar de ellos) que con su práctica concreta estaban dándole sentido a la existencia de  toda una sociedad adormecida. Ya no se conformaron con buscar o analizar más datos, ya no quisieron más evaluaciones, ya no quisieron dialogar más, ya no quisieron saber si respiraban 13 veces por minutos para percibir que estaban vivos, ya no quisieron saber cuántas manchas tenía el sol, pues sabían “que en una sola  mancha cabe el mundo”.Efectivamente, varios miles de jóvenes sustentados en paradigmas diferentes decidieron (en  un otoño tambaleante, extremo y polar) abrir una brecha en el sistema neoliberal. Armados de convicciones, de sueños y alejados del “consenso permanente adultocéntrico” tomaron por asalto uno de los flancos mas débiles de la estructura estatal.  Siguiendo la estrategia de Lev Traru, atacaron de manera numerosa allí donde se sentían fuertes, atacaron en ese espacio donde ellos mejor dominan y mejor se deslizaban, atacaron allí donde sus métodos de lucha son inagotables, atacaron el “lucro” (no hay cosa que pueda doler más a nuestra burguesía perra) así, de taquito, se metieron al bolsillo a los adultos que se decían, una vez que la alfombra ya estaba bastante plegada, “si ganan los cauros, vamos a tener mas billete pa nosotros”.

La Casa Grande donde se administra el dinero cogió miedo. Desplazó a uno de sus esbirros para calmar a los weches. Pero estos jóvenes no se dejan encandilar tan fácilmente y no se calientan con tan poco. Siguieron y también siguieron las bases empujando el movimiento. Sus métodos son chilenos, son libertarios y sus discursos son cada vez más radicalizados y más profundos. Se empezó a escuchar en la boca de miles de jóvenes: “A terminar con el sistema neo liberal”,  “la única solución es salir del capitalismo” o “la yuta es el pit bull del sistema neo liberal”.

El mundo adulto se sumó. No todos por las mismas razones, pero muchos vieron en sus hijos la representación del coraje y de “los cojones” que ellos no tuvieron para enfrentarse a la “herencia pinochetista”, y personificaron en su progenitura un combate que estaba latiendo en sus pechos hace muchos años.

León Davidovich Bronstein, pensaba que el pueblo no iba a la revolución porque tenía una idea clara de la sociedad que quería construir. Iba a la revolución porque le era insoportable seguir viviendo o soportando las antiguas estructuras.

Es probable que los jóvenes chilenos no tengan claro el modelo de sociedad que quieren construir. Es probable que los adultos que los apoyan tampoco tengan muy claro como sería la nueva sociedad chilena. Lo que sí todo el mundo tiene clarito es que nadie desea este sistema para sus hijos ni para sus nietos.

Los weches lo demostraron. Nadie se lo esperaba. Hace ya muchos años, y a pesar del peso ideológico dejado por la Dictadura, muchos siguieron elaborando, construyendo, soñando, anhelando. Tantos se rieron, tantos los trataron de irresponsables, pero esos rebeldes intransigentes, lograron atravesar la aridez urbana lentamente, sin hacer ruido, y quizás en una noche sin luna, lograron “encender llama en lo oscuro”. 

Paris 26 de Septiembre. 2011

 

[1] Es inútil decirle a una familia chilena (cuyos ingresos mensuales hipotéticos son de 500 mil pesos) que sus dos hijos mayores van a consumir todo el presupuesto de la familia para poder seguir estudios superiores. Las familias chilenas ya lo saben, los jóvenes lo saben, los profesores lo saben, el sistema educacional lo sabe.

Las fotos son de Todas las marchas (facebook)

 

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