El retiro de Canadá de los Acuerdos de Kyoto.

Breves, Residuos — By on febrero 11, 2012 at 05:53

Carlos  Bassaletti  Q./Canadá

     El 1° de diciembre 2011, horas después de la conclusión de la Cumbre sobre el cambio climático de Durban/Sudáfrica, el gobierno canadiense presidido por el conservador Stephen Harper anunció a través de su Ministro de Medio Ambiente, Peter Kent, el retiro de su país del Protocolo de Kyoto. Kent, en una concurrida rueda de prensa expresó: “Kyoto no funciona, Kyoto es el pasado para Canadá” […]. Calificó el tratado de “radical” y que “éste tratado impide el progreso de su país”.

  Para comprender esta postura inusual del Estado canadiense de retirarse de acuerdos tan importantes y necesarios para el futuro del planeta, es necesario repasar someramente ciertos antecedentes histórico-geopolíticos de lo que implica y no implica el Protocolo de Kyoto.

   Primeramente señalaré que este magno acuerdo (1997), es junto con la creación misma de las Naciones Unidas (1945), uno de los consensos más remarcables a que han llegado los diferentes gobiernos del mundo, y sus consecuencias prácticas implican esencialmente la sobrevida de la tierra y/o al menos, no empeorar la calidad de vida de sus habitantes, especialmente de los países del Hemisferio Sur, que son los más afectados por la contaminación ambiental producida por los procesos industriales en curso, y el modo de vida de la gran mayoría de nosotros. Esto último, porque no todos los males podemos achacárselos a los gobiernos.

  La señal de alarma de los cambios climáticos y medio ambientales que están afectando indesmentiblemente a la tierra, proviene de ciertos científicos de USA y Europa desde fines de la década de los sesenta. Luego, la cumbre de Roma “Alto al Crecimiento” (1972), abordó de una manera más geopolítica el asunto, demostrando con estudios y cifras inobjetables, lo que pudiera pasar en el futuro si los Estados industrializados no toman cartas en el asunto, fundamentalmente, en la masiva utilización de energías fósiles, tales como el carbón y el petróleo.

   De esta manera se va conformando una actitud científico-ambientalista y geopolítica de largo alcance, con el fin de que se adopten medidas efectivas para encauzar el progreso industrial-tecnológico de las economías de las naciones. Así llegamos a 1992, en Río de Janeiro, con la célebre “Cumbre dela Tierra” y posteriormente, al Protocolo de Kyoto (Japón/1997). Curiosamente en todos estos estudios, preproyectos, y acuerdos, los gobiernos canadienses de la época se mostraron receptivos y pusieron medios y personas a disposición, para afinar e implementar medidas concretas con el fin de disminuir el impacto ambiental que generan los diversos procesos productivos y el modo de vivir excesivamente consumista de los seres humanos que vivimos en una economía globalizada.

        El Protocolo de Kyoto, en palabras sencillas, es un acuerdo internacional que tiene por objetivo reducir las emisiones de seis gases de efecto invernadero que causan el peligroso calentamiento global del planeta. Dichos gases son: gas metano, dióxido de carbono, óxido nitroso, hidrofluorocarbonos, perfluorocarbonos y hexafluoruro de azufre.

        Esta necesaria reducción se acuerda en un mínimo de 5% dentro del período que va desde al año 2008 al 2012. Por tanto, el objetivo es que tomando como base (100%) el año económico de 1990, las emisiones de estos gases deberían ser de un 95%. Esto no significa que cada país deba reducir sus emisiones de gases en un 5%, pues éste es un porcentaje global, sino que cada país según estudios técnico-económicos muy sofisticados, se compromete a reducir la emision de estos gases de acuerdo a su grado de industrialización y consecuente producción de éstos.

      Pese a que el Protocolo se firmó en diciembre de 1997, sólo entró en vigor a contar del 16 de febrero de 2005. Para noviembre de 2009, ya eran 187 Estados los que ratificaron dicho acuerdo, no obstante, Estados Unidos, (que con un 4% de la población mundial consume aproximadamente el 25% de la energía fósil), el mayor emisor de gases de efecto invernadero, no ha ratificado el protocolo.

      Un antecedente a tener en cuenta, es que la energía nuclear (por presión del G-8)  queda excluida de los mecanismos financieros de intercambio de tecnología y emisiones asociados a Kyoto. Paradojalmente, en la época del gobierno liberal de Canadá (1997), presidido por el Primer Ministro Jean Chrétien, al promover y aceptar dicho Protocolo, argumentaba que “dado que la temperatura media de la superficie del planeta aumentará entre un 1,4 a 5,8 °C de aquí a 2010” (lo que se está verificando), “estos cambios afectarán gravemente el ecosistema y a nuestras economías…”. En atención a ese tipo de consideraciones, es que el Estado canadiense, solemnemente firmó y promovió dichos acuerdos.

     Lo concreto es que hoy, Canadá ya no es parte de estos importantísimos acuerdos. ¿Cómo es que acá en este país (donde resido) existe poca controversia respecto a este inusitado retiro? La respuesta estaría dada por tres factores:

1. El retiro se produce en momentos en que el parlamento canadiense entra en vacaciones.

2. Los gobiernos anteriores (no conservadores), no cumplieron con las exigencias de Kyoto y los ambientalistas demuestran con estudios de apoyo, que ni siquiera hicieron los mínimos esfuerzos para que ello ocurriera.

3. Canadá se encuentra en un gran plan de expansión y relance económico de su estratégica industria minera, petrolera (nuevos yacimientos y sables bituminosos) y la algo alicaída industria automotriz, proceso que va directamente en oposición a firmar cualquier tratado medioambiental de este tipo.

     Ante esto, los posibles escenarios de Canadá son: dar marcha atrás en el retiro del tratado (muy improbable); disminuir y reorientar su diseño de crecimiento económico, por ejemplo, incentivando activa y masivamente la energía eólica y otras energías limpias, automóbil eléctrico, etc… así como reorientar su política extranjera, que cada vez más y más está adosada a los criterios geopolíticos de su poderoso vecino sureño.

     Conclusión: la decisión del gobierno canadiense de retirarse de los Acuerdos de Kyoto es legal y soberana, pero la tierra pierde. Tierra que debemos de cuidar pues es la única que tenemos.

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3 Comments

  1. Maite dice:

    Carlos

    Cuál es el contexto en el que Canadá decide desechar el protocolo de Kyoto? Conoces más antecedentes? tal vez intereses económico que hicieron un poderoso Lobyy para lograr esta decisión? Estoy leyendo un libro que se llama “Pascua Lama, un conflicto armado a nuestras espaldas” y es impresionante el nivel de relaciones que se tejen detrás de este proyecto, y harta parte tiene en ello el gobierno canadiense. A mi, en lo personal, el protocolo me parece una medida bien relevante de lo que debiera hacerse, pero no se entregan directrices que permitan a los países que son comúnmente clasificados como subdesarrolados para seguir una estrategia de desarrollo que les permita crecer. No avalo el modo de crecimiento, pero alguna vez fui a una conferencia y una chica de Ecuador rechazaba muchas de las ideas que me hacen sentido, decía “si quieren una reserva de la biosfera, que nos paguen, no podemos seguir preservando y frenar nuestro desarrollo. Primero nos saquean y luego quieren que nos quedemos de manos atadas mirando la naturaleza, muertos de hambre, de frío y sin conocimientos”, en fin, es sólo para el debate.

    Saludos

    Maite

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