El (mal) uso de las tecnologías; la fragmentación del cuerpo de las mujeres.

Diapos, Escritos, Seguridad y Vigilancia, Sexo & Poder — By on diciembre 13, 2012 at 09:40

Propuesta feminista de humanización; no discriminación en el sistema de salud.

 

Por Andrea Salazar Vega,
Carolina Ibacache Carraso,
Carolina Lafuentes Leal,
Nadia Poblete,
Paula Santana Nazarit. 
Integrantes de la Red Chilena Contra la Violencia Doméstica y Sexual hacia las Mujeres – Valparaíso.

 

La necesidad de humanizar la salud es la respuesta a un sistema de salud deshumanizado. ¿Pero a qué nos referimos cuando hablamos de humanización y no discriminación de la salud?

La deshumanización tiene que ver con la incapacidad de crear vínculos, con el anonimato de aquéllos a las y los que se sirve, con el desconocimiento de las necesidades emocionales de las personas, con respuestas estereotipadas ante la diversidad del sufrimiento, entre otras cosas (MINSAL. Manual de Atención Personalizada en el Proceso Reproductivo. 2008).

La des humanización no sólo se expresa a nivel de las relaciones interpersonales sino también en la distribución de los recursos en salud, la fragmentación de la atención, la mercantilización de la salud y el irrespeto por los derechos humanos de las personas que realizan acciones de salud como las que solicitan atención.

Existen ciertas iniciativas públicas que hacen suyo el discurso de la humanización, mas se quedan sólo en la declaración, ya que no tienen vinculación con lo que sucede en la cotidianidad del sistema. Es decir, existe una brecha significativa entre lo establecido a nivel discursivo, con aquello que sucede en la práctica.

Existe resistencia de parte de los/as profesionales de la salud –dado que están inmersos/as y han naturalizado la cultura biomédica autoritaria y maltratadora–  y también de las personas que acuden a estos servicios; no han integrado en su imaginario una atención distinta que supere los límites de la biomedicina, porque tampoco se les respeta sus propias creencias populares.

En relación a las mujeres, la deshumanización se expresa en que se mantiene el tratamiento fragmentado de su cuerpo, la centralidad en su función reproductiva, el poder de decisión en manos de otros/as y la enajenación de sus propios cuerpos.

En las políticas de salud, el enfoque biomédico se conjuga con las construcciones de género, originando programas de salud que explotan los roles sociales de las mujeres: ser madre, esposa, cuidadora de la familia y la comunidad.

Una atención deshumanizada hoy se caracteriza por lo siguiente:

  • Modelo de salud predominantemente biomédico, que no permite el desarrollo de un sistema de salud basado en un concepto de salud integral (que considere la integralidad del ser humano en cuanto a su dimensión física, psicológica, social, cultural) y en los determinantes sociales (se trata la enfermedad y al enfermo, fuera de su contexto).
  • La persona que busca atención es tratada como objeto, se le infantiliza y concibe al paciente con una actitud pasiva.
  • Falta de empatía en la relación.
  • Falta de autonomía, la imposibilidad de tomar decisiones, y que éstas sean válidas frente al personal de salud.
  • La estructura jerárquica al interior del sistema se traspasa a la relación entre personal de salud y usuarios/as.
  • El no reconocer como válidos los sistemas médicos distintos al hegemónico (otras creencias, otras prácticas populares).
  • Discriminación a personas por su condición social, económica, cultural, sexual, etárea y de género.
  • Fragmentación de la atención (por ejemplo, la atención hacia las mujeres se centra en su período reproductivo).
  • Deja fuera dimensiones centrales del desarrollo humano, como la sexualidad y afectividad.

Humanizar la salud tiene que ver con una necesidad ética; “tiene que ver con los valores que conducen nuestra conducta en el ámbito de la salud. Cuando los valores nos llevan a diseñar políticas, programas, realizar cuidados y cuidar las relaciones en sintonía con la dignidad de todo ser humano, entonces hablamos de humanización” (José Carlos Bermejo, Director del Centro de Humanización de la Salud, Colombia).

– Perspectiva de género:

La perspectiva de género es la eliminación de inequidades vinculadas a la opresión de género por medio del desarrollo de políticas, programas y acciones dirigidas a promover cambios en las relaciones de poder entre hombres y mujeres, reconociendo que las relaciones actuales afectan de forma diferente la salud de unas y de otros.

En el campo de la salud, la equidad de género no debe ser concebida solamente en términos del acceso de las mujeres a los servicios y a la atención en salud, sino también en la incorporación de la perspectiva de género en las políticas y programas dirigidos a promover la transformación de las relaciones de opresión de género, visibilizándolas y reconociéndolas como parte de los condicionantes y determinantes de la salud de las personas.

La perspectiva de género debiera estar abierta al debate y aportes de las mujeres indígenas desde su identidad étnica y analizar las diferencias socioculturales con relación al patriarcado para la construcción de un feminismo multicultural para de esa forma evitar el etnocentrismo.

Se deberá entender el género como una categoría multidimensional que en ocasiones debe ser relativizada si es parte de otros marcos culturales. Los aprendizajes en torno al lenguaje inclusivo de algunos idiomas de pueblos originarios, así como los planteamientos que desde la cosmovisión de estas etnias y del saber popular se hacen en torno a los principios de complementariedad, dualidad, solidaridad, respeto mutuo y unidad de lo diverso, pueden ser elementos de un discurso alternativo que aporte a la construcción de relaciones con equidad de género (Palencia, 1999).

A partir del reconocimiento de una política sexual fundamentada en el patriarcado, y como una dimensión específica del derecho a la salud, la perspectiva de género debe promover y hacer visibles los derechos específicos de las mujeres, entre ellos los derechos sexuales y reproductivos (Yoc 2004: Mimeo 22)

Entendiendo la salud como un derecho humano reconocido en convenios internacionales y en la legislación nacional, visibilizamos diversas problemáticas -medioambientales, interculturales, en relación a la educación sexual, la relación prestador/a de salud-usuario/a entre otras- centrándonos en una en particular que ejerce bastante opresión sobre nuestros cuerpos; el (mal) uso de la tecnología en salud.

– Uso de las tecnologías[1]:

Asistimos a un tiempo de rápidos avances científicos y tecnológicos, siendo el campo de la salud uno de los escenarios privilegiados de este desarrollo. Sin embargo, muchas veces el desarrollo y uso de nuevas tecnologías reproducen inequidades sociales y deshumanización. Las tecnologías del ámbito de la salud deben responder a las necesidades humanas y no a intereses lucrativos, deben mejorar y dignificar los procesos de prevención, curación y rehabilitación de las personas.

Para ejemplificar, tomaremos el campo de la salud sexual y reproductiva. El proceso del parto y nacimiento, así como el aborto, está plagado de prácticas médicas y uso de tecnologías inapropiadas e invasivas para las mujeres. También, de falta de acceso a tecnologías necesarias.

Algunos ejemplos:

La atención del proceso de gestación y parto-nacimiento en los centros de asistencia médica, dentro del modelo intervencionista de atención de salud, ha concitado la atención mundial producto de la excesiva tecnologización de sus prácticas, considerando este suceso como una enfermedad que debe ser tratada por profesionales. Asimismo, se ha cuestionado la práctica de intervenciones rutinarias que la evidencia científica actualizada indica como innecesarias; entre estas prácticas están la realización de enemas evacuantes de rutina, el rasurado del pubis, el ayuno durante el trabajo de parto en previsión de que se realice una cesárea, el monitoreo electrónico fetal, la episiotomía (realización de una incisión quirúrgica durante el parto en la zona del perineo femenino, que comprende piel, plano muscular y mucosa vaginal), y la obligatoriedad de la posición de litotomía (posición quirúrgica durante el parto donde la mujer está acostada). Sin duda que las alarmantes cifras de cesáreas que se realizan ya sea en el servicio público como privado, han dado la voz de alarma en cuanto a la excesiva tecnologización del parto-nacimiento.

Procedimiento de aborto incompleto en los hospitales públicos. Es sabido que las mujeres abortan en Chile en condiciones de completa clandestinidad. Ello provoca una serie de perversiones en el uso de tecnología o negación de su uso (algunos ejemplos):

1. A pesar de que existen métodos reconocidamente más económicos y efectivos, como la AMEU (Aspiración Manual Endouterina)[2], se continúa usando el legrado (“raspaje”) para la extracción de restos fetales.

2. Actualmente, se cuenta con la tecnología necesaria para obtener diagnósticos precoces y conocer la viabilidad del feto (ecografías cada vez más avanzadas), sin embargo, este avance no sirve a la salud de las mujeres, ya que el embarazo debe continuar hasta que su producto muera naturalmente, aún cuando ello implique un proceso de gestación completo (feto inviable y malformaciones congénitas).

Tecnología invasiva. Ejemplos: mamografía, examen rectal digital (para detectar el cáncer de próstata).

– Tecnología culturalmente (im)pertinente. El examen PAP, posición del parto y prácticas pre parto.

Algunas propuestas:

– Adquisición e implementación de AMEU[3] para tratar abortos incompletos en los hospitales públicos.

–  Adaptar la atención del parto a recomendaciones internacionales del parto humanizado.

– Incorporar en los acuerdos de cooperación internacional (bilaterales, integración regional, etc…) recursos en investigación y desarrollo de tecnología humanizada.

– Ampliar el desarrollo e implementación de los modelos de atención en salud interculturales en la red asistencial, incluyendo el uso de tecnologías.

–  Desarrollar modelos de atención y uso de tecnologías con pertinencia de orientación sexual.

Pretendemos lograr los cambios radicales que supone humanizar el sistema de salud en Chile, cuando en éste se ha incrustado el autoritarismo, el asistencialismo, el clasismo, el etnocentrismo, el machismo y las prácticas discriminatorias. En consecuencia, creemos que un planteamiento feminista en torno al sistema de salud y que tiene como norte una humanización de todo el sistema, supone primero rechazar la privatización de la salud, pero además, implica fomentar y potenciar la construcción de un pensamiento crítico en torno al modelo biomédico, a la ciencia por lo tanto, y a su concreción en prácticas autoritarias, discriminadoras y en definitiva, violentas. Sin la irrupción de este devenir crítico, transformado en participación activa de usuarios y usuarias, no se logrará la humanización del sistema de salud, porque a pesar de todas las falencias reconocidas, éstas se han naturalizado y ergo, el sistema funciona.

Referencias:


[1] “Frente al tradicional atenimiento a la «máquina», el concepto de tecnologías ha ido aquilatándose para englobar desde los instrumentos, las prácticas, los procesos, los conocimientos y significados ligados a su empleo, hasta los cambios organizativos que supone su implantación. Es decir, que las formas de proceder o de organizar la práctica (y las rutinas) en los dispositivos sanitarios serían, también, procedimientos tecnológicos”. Rosa María Medina Doménech. Alfredo Menéndez Navarro. Tecnologías médicas en el mundo contemporáneo: una visión histórica desde las periferias. Disponible en:

http://digibug.ugr.es/bitstream/10481/20423/1/AMN_RMD_dyna_tecnologias.pdf

[2] El método AMEU es mejor porque: sólo es necesaria una dilatación mínima del cuello de la matriz, disminuyendo la posibilidad de lesiones de éste; la evacuación del contenido de la matriz es mucho más rápida (5 a 10 minutos);  se requiere mucho menos anestesia y analgésico; el tubo de succión cilíndrico es atraumático.

Disponible en: http://www.ginecafem.com/aspiracion.html .

[3] Como una tecnología apropiada para la atención clínica de las mujeres, la AMEU juega un rol importante en este abordaje por ser una tecnología eficaz, segura, costo-efectiva y aceptable para las mujeres. Recomendada por la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO), y avalada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Disponible en: http://www.medigraphic.com/pdfs/gaceta/gm-2003/gms031j.pdf

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