El libro y el fármaco: Dos respuestas posibles al malestar en la cultura.

Breves, Seguridad y Vigilancia — By on septiembre 21, 2012 at 00:02

 

Po Cristian Busta. 

Mucho se dice respecto a las diferencias de una ciudad como Santiago, con otras ciudades, que se supone, presentarían mejores indicadores de “calidad de vida”. Así, es fácil comprobar cómo se enlistan ciudades como Nueva York, París o Londres en rankings que buscan determinar cuál es el mejor lugar para vivir, considerando para ello parámetros como los metros de áreas verdes disponibles por habitante, la disponibilidad de servicios básicos, y la calidad del transporte público, etc…

En este contexto, hay un dato que personalmente siempre me ha llamado la atención, y que me parece bastante decidor respecto al problema de la calidad de vida y la manera como una determinada sociedad entiende y da respuesta a dicha problemática. Me refiero al número de librerías versus el número de farmacias disponibles en una determinada ciudad.

Y es que, dejando un poco de lado cualquier análisis médico-sanitario respecto de la necesidad real de medicamentos para una población, en un área determinada, y centrando el debate en torno a la “calidad de vida”, se podría entender que tanto las librerías como las farmacias son maneras de dar respuesta, desde lógicas diferentes, a una misma demanda: una demanda que busca una respuesta, un saber-hacer respecto de aquello que Freud denominó El malestar en la cultura.

Siguiendo este razonamiento, uno podría pensar que a la idea de calidad de vida, entendida como aquel conjunto de factores materiales o sociales que propenden hacia una cierta manera de bienestar cultural, siempre se le va a oponer un malestar que es intrínseco al vivir en sociedad; por el solo hecho de estar sujeto a una cultura determinada, hay algo que se pierde, hay algo a lo cual el ser humano renuncia y que no recupera en su estar en sociedad, pero que no cesa en producir malestar. Y es aquí en donde cada cultura se las arregla para otorgar un sentido a dicho malestar y con ello, dar una respuesta al cuestionamiento que dicho malestar implica.

Así, bien se podría pensar al libro y al fármaco como dos recursos diferentes que la cultura produce para apaciguar aquello que angustia, que desconcierta, que hace vacilar las previas seguridades, y que es propio del vivir en sociedad.

 

Por un lado el libro, como el recurso a la palabra, al pensamiento, que eventualmente lleva al cuestionamiento tanto de sí mismo como del contexto, y que inevitablemente nos lleva hacia una implicación, hacia un hacerse responsable respecto de aquello que sucede y que desconcierta. Por otro lado, el fármaco, como un recurso que busca no ya la palabra, sino el silenciamiento, el no hacerse responsable, el no dar cuenta de eso que angustia; es la invitación a no preguntarse, a dejar pasar y acallar aquello que por alguna razón desconcierta y angustia, en pos de una anestésica (o analgésica) tranquilidad momentánea.

 

Dado que ambos, el libro y el fármaco, buscan responder a una demanda similar, bien también se podría asumir que las consecuencias y los efectos que produce recurrir a uno u a otro no son indiferentes. De esta manera, una sociedad en donde proliferan las librerías (y por ende, hay una demanda de libros) es una sociedad en la que las personas tienden a hacerse cargo de aquello que las inquieta, que buscan en la lectura una invitación a pensar sobre aquello que produce malestar, y con ello, a hacerse responsable y tomar posición sobre sus problemas. Por otra parte, una sociedad en donde el número de farmacias supere con creces al número de librerías (y por ende la demanda de fármacos sea muy superior a la demanda de libros), daría cuenta de una sociedad que mayormente demanda una manera de resolver aquello que inquieta, con el recurso del no hacerse cargo, del que alguien lo solucione por mí, y en definitiva, del no implicarse en aquellos problemas que desestabilizan seguridades previas, prefiriendo su silenciamiento. No digo que el libro sea la solución a todos los problemas, pero creo que la demanda de libros, el interés por la lectura, al menos indica una tendencia.

Así, no es raro que en una ciudad como Santiago, en donde el número de farmacias supera largamente al número de librerías, es decir, la demanda por un medicamento es infinitamente superior a la demanda por un libro, seamos testigos de situaciones cotidianas que muchas veces dan cuenta de un desinterés por lo que le ocurre al prójimo, del no querer tomar partido por situaciones que no afecten los intereses particulares de cada uno, o bien, de buscar sacar ventaja a costa del resto en pos de mis intereses personales; desde “pequeñas” maneras de sacar provecho de los demás o “pillerías”, hasta grandes colusiones o estafas; desde agresividad verbal o no respetar a los demás al conducir, hasta asesinatos a personas que simplemente piensan o son distintos a mí.

No digo que estas situaciones no ocurran en lugares en donde hay una alta demanda de libros y alto interés por la lectura, pero sí me parece que al menos el recurso al libro, el interés de una sociedad por la lectura, indica una cierta forma que esa sociedad tiene de resolver su malestar, que en definitiva, permite que esa sociedad construya un saber-hacer con ese malestar que la haga mucho más vivible.

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10 Comments

  1. Salinger dice:

    Notable ejercicio. Pero hay algo que no me cierra. La cantidad de librerías versus farmacias no dice nada respecto de la calidad de las librerías, ni menos de lo que se lee. Convengamos que en este punto se podría decir que hay libros tan estupidizantes como el peor de los fármacos, por lo que también habría que preguntarse por aquello que se lee. Porque con todo el respeto que se merece, prefiero resolver mi malestar con un vicodin que con un libro de Pilar Sordo.

  2. Cristián Busta dice:

    Salinger, totalmente de acuerdo. Me parece que hay libros que podrían pensarse como absolutamente alienantes respecto de cierto tipo de discursos (ejemplo de eso me parece que es el genero tan popular en Estados Unidos de la “Auto-Ayuda”). Quizás el punto que me interesaba enfatizar es que incluso considerando ese tipo de lectura, hay un cierto ejercicio, una cierta tendencia, en la lectura en sí misma que no se encuentra en otro tipo de respuestas que la sociedad entrega respecto de un malestar, de algo que a uno lo confronta con una pregunta; en otros términos, aún en el libro de Pilar Sordo hay un sujeto supuesto, hay algo de la subjetividad del lector que se pone en juego, cosa que queda totalmente excluida por ejemplo, en el fármaco. Y me parece que ya eso, hace una tremeda diferencia respecto de cómo una sociedad se piensa a sí misma, y qué lugar otorga a la responsabilidad de cada uno en la construcción de dicha sociedad.

  3. charol dice:

    ¿Y los fármacos siempre son des-subjetivizantes?

  4. cristian dice:

    en relación a los libros ya sean electrónicos o en papel) y la herramienta que estos pueden otorgar mediante la adquisición de conocimientos o de adquisición de significantes que ayuden a resignificar el entorno y las propias vivencias y de esa forma hacer frente a este malestar; no así con los medicamentos, con lo cual se obtiene una respuesta inmediata a un estimulo aversivo, lo cual tiene mas concordancia con el perpetuar un estilo de vida asociado a la satisfacción de necesidades de forma inmediata no mediatizado por la reflexión o el significar malestares del índole que sea.

  5. charol dice:

    Insisto.. ¿estamos seguros que siempre en los medicamentos hay una des-subjetivación, una no reflexión o significación del malestar?…Pienso interesante pensar cómo se consumen los medicamentos, quién los entregan, cómo se adquieren, frente a qué palabras aparecen… No es lo mismo la palabra de un vecino que te dice “tomate un alprazolam para dormir”, que la palabra de un psiquiatra que te dice: “tómate un al aprazolam para dormir”… que la palabra de una vendedor de farmacias que te dice: “tómate un armonil para dormir…”…
    La palabra es la misma, es otro el que siempre habla… la pregunta es cómo y bajo qué forma…

    ¿El consumo de medicamentos será una decisión personal de des-subjetivizarse?…

    Creo que lo mismo sucede con los libros, a propósito de la discusión que tenían anteriormente.

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