El juego de las bolitas. O ¿cómo entender la crisis de la zona Euro? Parte 1

Escritos, Seguridad y Vigilancia — By on noviembre 30, 2011 at 03:55

Por Dante Bravo

Sin darme cuenta, y desde mi más pequeñita infancia, yo había separado el mundo en dos. Por un lado, el mundo de las letras, de la poesía, la literatura, la lectura, la música la creatividad y “la buena onda”. Por otro lado, había un mundo que yo repelía. Era el mundo de los números, el mundo científico, el mundo económico, el mundo del cálculo exacto, de los computadores. En definitiva, un mundo “mala onda”, frío e inhumano.

Más crecidito me fui dando cuenta que la ciencia era algo apasionante, que la economía, la política y la cultura iban de la mano y que la música, la literatura o la creatividad se podían también trabajar con algoritmos complejos en armoniosas máquinas binarias que el género humano catalogaba comúnmente de P.C.

Todo estaba ligado y profundamente mezclado. La famosa teoría de “la concatenación universal”[1] cobraba sentido ante mis ojos. Y me di cuenta que una serie de cosas que parecían difíciles se fueron haciendo fáciles y abordables.

Me emputecía de rabia cuando veía en la televisión a los “economistas” u otros “cientistas” hablando un lenguaje tan difícil, con siglas, gráficos, índices, y palabras “extrañas” que solo podía ser entendido por ellos mismos. Como si el objetivo era hacer ininteligible algo tan humano como los recursos de la tierra, su transformación y sus intercambios.

De puro caliente, me metí a estudiar gestión económica durante años  y ahí me di cuenta que el lenguaje utilizado por tanto iluminado no era más que paja grosera. Mi sentimiento humilde, ante tipos tan inteligentes (pero que hacían esfuerzos para parecer ininteligibles), era que los “mirages” creados y los juegos de luces enarbolados, tenían como objetivo básico y primario confundir y engañar. ¿Pero para qué querer confundir y engañar? Me decía yo dentro de mi naïveté[2] y mi credulidad enfermiza.

Yo aún no sabía que si alguien se daba la pena de utilizar ese lenguaje farsante, enredador y cuentero, era porque tenía muy buenas razones para hacerlo. En realidad, todo eso formaba parte de la estrategia comercial de los grandes grupos financieros o de las grandes empresas transnacionales (que casi en la mayoría de los casos, si no son hermanos, son primos). Por ejemplo, me di cuenta que para Renault y Peugeot, depurar, perfeccionar y corregir sus estrategias de comunicación era tan importante como vender más de 5 millones de autos por año.

Estas estrategias de comunicación utilizadas por las transnacionales o por los grandes grupos financieros,  servían (y sirven) para muchas cosas:

  • Para vender un producto.
  • Para ejercer influencias.
  • Para confundir o generar angustias sociales importantes que permiten a veces, a algún representante político, perder o ganar una elección.
  • Para establecer muy clarito que la economía es algo muy serio y muy encumbrado y que sólo pueden  entrar, en tan elevado universo, aquéllos que poseen las llaves de tan noble opulento y excepcional lugar.

“In clair” nosotros, los giles, no podíamos (y no podemos) penetrar en ese mundo complejo.

Este mismo fenómeno, que me ha tocado ver por tanto país, se repite hoy día con la famosa “crisis de la Zona Euro”. Hay tanto discurso “técnico”, todo es tan elevado, tan inalcanzable y tan endiosado que se produce una especie de cacofonía ambiente. “Comprender la crisis” para el simple mortal europeo resulta más difícil que “pasar el Niágara en bicicleta”, como diría mi amigo Juan Luis Guerra,

Pero en realidad, y con la mano en el corazón, debo decir que – si hay un “supuesto”[3] problema en la “Zona Euro”- este problema no tiene nada de complicado. En realidad es sencillísimo. Lo único complicado es la consecuencia que éste pueda tener en la vida de los pueblos humildes, que no sólo no entienden lo que pasa si no que, más encima,  los dirigentes de turno (persuadidos por los grandes de la finanza) les dicen – de nuevo – que deben ser ellos (los que no tienen nada, o los que tienen muy poco), que deberán sacrificarse para salvar Europa de la crisis.

Como yo pienso que la percepción de este fenómeno es simple, lo vamos a tratar de manera simple. Como ejercicio de comprensión vamos a usar el juego de las bolitas. Solo hay que suplantar bolitas por capital y juego por intercambio.  ¡Ahhh! Se me olvidaba decir que también hay que tener una imaginación desbordante, ser súper tolerante con mi forma de condensar y sintetizar el tiempo, y evidentemente, acordarnos cuando éramos pequeñitos y jugábamos a las bolitas.

Veamos esto más de cerca.

En 1951, 6 países europeos[4] deciden juntarse para jugar a las bolitas. Firmaron entre todos un pacto unitario que la historia retendría como  “el tratado de Paris”.

Antiguamente y cuando la ocasión se presentaba, ellos jugaban con uno o con otro indistintamente, pero era complicado porque las reglas cambiaban a cada rato y no había una norma común. Algunos países usaban bolitas más grandes otras más chicas, de repente cambiaba el material con que eran fabricadas las bolitas, lo que le daba una calidad y un aspecto diferente a las bolitas. Algunos les daban nombres diferentes. Algunos hacían el hoyito más grande, a algunos les gustaba más bien jugar al choclón, a otros a la achita y cuarta. Ufff, todo era muy complicado. Se perdía mucha energía y un tiempo increíble tratando de buscar reglas comunes, lo que limitaba el tiempo de juego.

Más encima, todos andaban con una vergüenza increíble porque hacia ya varios siglos que no paraban de agarrarse a combos entre ellos, porque justamente los más “matoncitos” siempre trataron de robarle las bolitas (y los terrenos donde se jugaba) a los más débiles. Las últimas dos guerras mundiales los dejaron curados de espanto. Perdieron tanto tiempo y tanta vida tratando de robarse las bolitas unos con otros que pasaron años sin que pudieran jugar tranquilamente.

Tratando de esconder el embarazo y la confusión por tan triste pasado, estos 6 países deciden entonces instaurar una norma común.

En el año 1957 firman el tratado de Roma. Más seguros de ellos mismos se constituyen en la CEE, [5] para así constituir una organización permanente que les permitiera jugar a las bolitas cuando ellos quisieran y  sin ninguna complicación.

De los 6 países de la Unión Europea, Francia fabricaba más bolitas que los otros, y era normal porque en esa época tenía un gran imperio y la mano de obra de sus dominios era muy barata. Alemania había perdido su imperio pero también fabricaba hartas bolitas porque su capacidad técnica e industrial era enorme y en los últimos años había logrado una gran reactivación.

Los países más chicos fabricaban menos bolitas, pero lograban salir adelante. El que menos fabricaba era Luxemburgo, pero eso no constituía un problema ya que este país ganaba muchas bolitas cuidándoles las bolitas a los demás. Para ser más preciso, Luxemburgo les cuidaba las bolitas a aquéllos que las habían conseguido “no muy católicamente”. Por eso que este país pequeñito podía permitirse jugar a las bolitas con los más grandes. Al parecer, cuidarle las bolitas a “los malandras” da ciertas prerrogativas.

Bueno, y así empezaron a jugar a las bolitas. Jugaron durante años y lo pasaban bien. De repente Francia y Alemania, que eran aquéllos que más ganaban bolitas (porque antes de empezar a jugar tenían más también) cacharon que si seguían jugando a ese ritmo y sin poner normas drásticas, los países que tenían menos bolitas, o sea Bélgica, Italia, Países Bajos y Luxemburgo, se arriesgaban a perder todas sus bolitas. Así que tomando caldo de cabeza se dijeron:

▬ Si le ganamos a estos otros giles todas las bolitas, ¿para qué invertimos tanta energía en levantar una organización que se puede acabar de un momento a otro?  Además si ellos pierden todas las bolitas, ¿con quién vamos a jugar nosotros?

Los países más chicos se dijeron que ellos no podían competir con los más grandes. Si jugaban menos, perdían menos bolitas (lo que les permitía también poder  jugar mucho más tiempo), pero si jugaban menos iban a ganar menos bolitas. El tiempo que iban a invertir en fabricar más bolitas para poder jugar más y competir con los otros iba a ser igual o más  largo que el tercio del tiempo que invertían los más grandes en fabricar la misma cantidad de bolitas. El problema era re-complicado y las soluciones que se ofrecían tampoco eran muy simples.

¿Qué hacer?

Se dieron cuenta que había que pensar todo de nuevo. Empezaron a deliberar buscando “las posibles” reglas de seguridad que permitieran la factibilidad y la fluidez del juego. Se dijeron que con un puñado de reglas mínimas el juego de las bolitas tendría para rato.

  • Cuando un país había perdido el 90% de sus bolitas, se debía parar de jugar. Con el tiempo se darían cuenta que esa medida era ambigua, puesto que si un país paraba de jugar, no perdía bolitas, pero paralelamente tampoco ganaba bolitas.
  • La otra medida que tomaron es que cada país debía constituir un fondo de seguridad en el caso que se le acabaran las bolitas. A ese fondo lo llamaron “fondo de riesgo”.
  • Y como tercera medida se dijeron que aquéllos que tuvieran más bolitas podrían prestarle a los que tuvieran menos bolitas, con cierto interés evidentemente. Más tarde, y en un arrebato de originalidad, Francia y Alemania dijeron:

▬ ¿Y por qué no creamos un fondo de riesgo juntos?

Al final,  se pusieron de acuerdo en que se podían prestar bolitas entre ellos, pero que podían también pedir bolitas al fondo de riesgo. Así crearon, en 1998, el BCE de bolitas (Banco Central Europeo). Bueno, pero de eso por el momento no hablaremos.

El 1 de julio de 1967 se cambiaron de nombre. Se dijeron que el nombre sonaba muy técnico y muy frio. Estaban todos de acuerdo que se habían juntado con el único objetivo de jugar a las bolitas, pero darle a esa unión solo un carácter económico sonaba súper feo. Así fue que a partir de esa fecha, bajo las recomendaciones de Francia, se empezaron a llamar U.E. Unión Europea.

Con todas estas normas nuevas pudieron seguir jugando sin problema. Y así siguieron jugando durante años. Todo parecía funcionar bien hasta que un día los más “matoncitos”, dándose cuenta que por más que se sacaran la cresta tratando de dedicarle más tiempo al juego y tratando de jugar más bolitas de una sola vez, siempre llegaban como a un tope. Necesitaban jugar más y ganar más bolitas. Un día  le dijeron al conjunto de jugadores:

▬ ¿Y si ganáramos más bolitas de las que ganamos actualmente?

Todos se quedaron un poco perplejos. Solo Bélgica, más ingenua, atino a abrir la boca y preguntó de manera  muy nerviosa:

▬  ¿Es posible ganar más bolitas de las que ganamos actualmente?

Francia, país “marullero” por excelencia, inventores y cultores de la diplomacia (lenguaje específico que se resume en tratar de decir todo sin decir nada) le respondió con un tonito tranquilizador:

▬ Evidentemente que podemos ganar más bolitas, pero habrá que aceptar que otros países entren en el juego. Y con algunos países las relaciones no serán simples.

▬ ¿Por qué no?, ▬ pensaba Luxemburgo en su rincón ▬no sería mala onda invitar a otros, así habría más bolitas en juego.

Así también pensaban Bélgica y Países Bajos en silencio y susurrando:

▬ Podríamos hacernos la mano con los nuevos que aún no saben jugar muy bien y desconocen las normas instauradas.

Italia, que dudaba un poquito de esta movida expresó:

▬ Pero si los otros quieren entrar es porque quieren ganarnos nuestras bolitas ¿no?

▬ Sí  ▬  responde Francia, muerta de la risa, ▬ pero los requisitos de entrada que vamos a establecer son para ganarle las bolitas a ellos y no lo contrario… no estamos aquí para construir el socialismo, jajajajaja.

Con esta frase todos se matan de la risa y toman el acuerdo de dejar entrar a nuevos países a la U.E. Tres estaban pidiendo hace rato entrar en el juego, así que había que reunirse rápido y dar una respuesta a esos nuevos jugadores. Se miden los pros y los contras, y se decide dejarlos entrar.

Justo antes de que se tome el acuerdo final, Los Países Bajos empiezan a dudar de la pertinencia de dejar entrar a un país en particular y  exclaman su reticencia a viva voz:

▬ ¡Pero cómo vamos a dejar entrar a Inglaterra! si esos están más cagados que nosotros, no sólo fabrican pocas bolitas sino que van tratar de chorearnos, con pillería seguramente, lo poco que tenemos.

Alemania, fría y calculadora como siempre, le responde,

▬ Es verdad… los “Käsekopf[6] tienen razón. Inglaterra es un cuerpo obeso. Da la impresión de estar sano, pero está mal alimentado. Yo estoy de acuerdo con Uds. que los rosbifs[7] casi no tienen bolitas y el único interés de jugar con nosotros es ganarnos las nuestras. ¡Si tan huevones no somos tampoco para no darnos cuenta!  Pero, hay un detalle importante. Esta loquilla tiene un primo en América del Norte, que ése si que tiene bolitas, quizás es el que tiene más bolitas en el mundo; así que si pierden, el primo se podría constituir en aval.

Lo que los jugadores de la U.E. no sabían es que fue el primo de América del Norte que hizo presión sobre su prima inglesa para que ésta integrara el juego de bolitas. El primo del Norte, pillo entre los pillos, trataba por ese medio de ganarles las bolitas a los europeos.

Los países bajos, se pliegan, no de muy buenas ganas a la decisión, y es así como en 1973, tres nuevos jugadores entran en la U.E. del juego de bolitas: Inglaterra, Irlanda y Dinamarca.

Y así siguieron jugando durante años. El juego se incrementó aún más. Dinamarca  e Irlanda se insertaron en la dinámica y entraron de lleno en el juego. Dinamarca siempre jugó prudente. Ni mucho ni poco, “ni chicha ni limoná”, pero ahí se mantuvo siempre, al filo. Más que ganar bolitas jugando, Dinamarca optó por fabricar más bolitas y constituir su propio fondo de bolitas. Los daneses siempre han sido así: desconfiados de los otros y  “seguridad ante todo”. Irlanda arriesgó más y ganó más a tal punto que se pusieron eufóricos y más tarde empezarían a derrochar, pero entre los años 80 y 2000 se portaron muy bien. Irlanda era como el mejor alumno de la U.E., los  otros jugadores siempre lo ponían como ejemplo. Inglaterra, a pesar que se sometió a las normas restrictivas de los grandes de Europa, utilizó la influencia de su primo para imponer ciertas prebendas que la privilegiaban. Las dudas que emitieron Los Países Bajos se estaban corroborando. Pero Francia y Alemania trataban, a lo que diera lugar, de hacer plegar la insolencia de “la Rubia Albión[8]. Alemania muy descontenta le decía a Francia:

▬ Aquí, los que creamos la U.E. somos nosotros y si alguien tiene que meter la puntita tenemos que ser nosotros. ¡Mírenla! Esta loca quiere robarle los huevos al águila.

Francia, tratando de calmarla, se exclama un tanto molesta:

▬ El problema no es meter la puntita, muchacha. El problema es tratar de no descuidarnos para que no nos metan la puntita a nosotros.

En definitiva tuvieron que hacer concesiones, sino el juego se iba a bloquear. Inglaterra obtuvo una serie de descuentos y rebajas en la inscripción y en lo que había que poner en el fondo común. Pero aún así los jugadores estaban contentos porque el hecho de entrar en el juego de bolitas hizo que todos fabricaran más y al mismo tiempo jugaran más. Se perdía y se ganaba, pero en definitiva todos tenían la impresión de ganar.

A fines de la década del 70,  sin saber ni cómo, ni cuándo, ni dónde, Grecia presenta su candidatura  a la U.E. Grecia casi no fabricaba bolitas, más bien se dedicaba a especular  o a trasportar bolitas. Así que -no sabe muy bien por qué- en 1981, entre gallos y medianoche, su candidatura fue aceptada. Hoy día, a la luz de la crisis actual, los jugadores se preguntan:

▬ ¿Cómo mierda nos dejamos pasar ese gol?

Italia con un poco de vergüenza, porque actualmente los “bachichas andan a palos con el águila” también, y  porque ellos no dijeron nada en el momento de la toma de decisiones:

▬ Seguro que estábamos borrachos o piteados, o quizás estábamos tan preocupados de ganar más bolitas que no nos dimos ni cuenta de la  mansa cagaíta que nos estábamos mandando.

Luxemburgo (que nunca abre el hocico porque es el más chico de todos y además porque siempre anda metido “en movidas raras” con gente que no es de los trigos muy limpios), le dice a Italia tratando de  desculpabilizarla:

▬ No  seas masoquista, no nos enterremos los puñales con ajo, si aquí la cagá es general. ¡Todos nos mandamos el condoro!

                  En todo caso, cuando Grecia entro a la U.E. se comportó muy bien los primeros años. Anduvo calladita por mucho tiempo, jugó a las bolitas con todo el resto, ganó un poco, perdió otro poco, pero nadie se dio cuenta que, imperceptiblemente, cada vez que jugaba perdía más de lo que ganaba. Con los años, ella tuvo que “maquillar” esta pérdida, para que nadie la “cachara” que iba derecho a la bancarrota.

                  El juego se hacia cada vez más complicado. Porque todo el mundo trataba de ganar y ganar bolitas y nadie se preocupaba mucho del funcionamiento, la estructura de la U.E. Más encima, otros países colindantes pedían a gritos que los incluyeran en la U.E. Todo el mundo quería estar donde se jugaban bolitas. Era imposible sustraerse a tan preciado juego.

(Continúa en Parte 2)


[1] La teoría de la concatenación universal quiere decir que todos los elementos de nuestro universo tangible están ligados directa o indirectamente y que los unos se complementan o se influencian con los otros.

[2] Naïveté=ingenuidad

[3] El “supuesto” problema de la Zona Euro será tratado en otro artículo.

[4] Republica Federal  Alemana,  Francia, Bélgica, Italia, Luxemburgo y Países Bajos.

[5] C.E.E. Comisión económica europea.

[6] Käsekopf  = Cabeza de queso. Sobrenombre dado por los alemanes a los ciudadanos de los países bajos.

[7] Rosbifs (Roastbeef). Sobrenombre que se les da a los ingleses.

[8] Rubia Albión = Sobrenombre con que se conoce a Inglaterra. Algunos países como España y Argentina prefieren llamarla « La Pérfida Albión ».

Tags: , , ,

1 comentario

  1. Alexander dice:

    pero… la economía de grecia siempre ha sido cuma. A mi no me entra en la cabeza que un tumulto tan grande dependiera de un país tan chiquito.

    Es como que chile se fuera al carajo porque la región de magallanes (poniéndonos en el caso de que fueramos estados federales) se fuera a banca rota.

    Pa mi que le están echando la culpa a Grecia… pa mi que se dieron cuenta todos que las bolitas siempre fueron prestadas, ilusorias… si al final, la economía europea no producía nada, solo paises como alemania producian en verdad, los demás se mantenian en pie con la pura especulación.

    Italia dejó la grande, todos lo sabian hace años, un pais que tiene una economía, no lo sé… por lo menos 6 veces mayor que la griega, y que está en quiebra, debiera de ser el “verdadero” acusado por la pérdida de bolitas… pero no, le tiran la responsabilidad al 1ro que mostró síntomas de estar enfermo, Grecia.

    va a quedar la cagá, éste gobierno, por muy imbécil que sea, lo sabe… y creo, espero, que se esté preparando. Aun no se dice oficialmente que estamos en recesión global, pero aun asi ayer en las noticias dijeron que bajó la producción industrial en Chile, siendo que se esperaba que pa este trimestre iba a crecer.. y la “razón” que dieron fue “la baja se debe por la mantención a la que se han sometido algunas empresas… y, emmm, cof cof, el cierre de otras”. Duró no más de 10 segundos la noticia.

    va a quedar la pura patá!

    y no es mi intención ser un Salfate… pero, con estas crisis hay desestabilidad en los gobiernos,y cuando no hay lucas hay guerras, y cuando hay guerras sube todo de precio y todos se empobrecen, y con la wata como bandera de lucha siempre, siempre, queda la zorra.

    en chile cada 40 años todo se va a la mierda, con éste gobierno que tiene una desaprobación altísima, con los ánimos caldeados por la demanda ciudadana, y ahora próximo… con una economía hecha pebre… lo único que queda es juntar agua.

    paz y arroz.

Leave a Comment