El Festival de Viña del Mar, y los modelos incorregibles…

Breves, Residuos — By on febrero 26, 2012 at 06:19

Por Charol

Sigue siendo impresionante cómo el Festival de Viña del Mar es utilizado una y otra vez para inundar los medios de comunicación chilenos. Para nadie es un secreto que, como algunos lo llaman, el festival más importante de Latinoamérica, ha sido ocupado como estrategia gubernamental política de dominio sobre el pueblo, un pueblo que sufre la violencia del Estado. Es cosa de recordar cómo en los años 80’ la dictadura militar financiaba este festival para traer grandes artistas que hechizaran emocionalmente a los seguidores, cuyos cuerpos quedaban gritando cuando un Julio Iglesias decía: “a mi hijo le pondré Chile”… el resultado era dejar la sensación que el país estaba feliz, aunque al mismo tiempo se cometieran las mayores atrocidades humanas, y nos sumergiéramos en el experimento del libre mercado.

Actualmente, las redes sociales de internet están llenas de denuncias por los conflictos internos que se presentan en Aysén, donde, día tras día, los militares llegan al territorio a reprimir a las personas que siguen luchando con barricadas para que se aparezca algún Ministro a dar explicaciones.

Todo esto, mientras el interés mediático se centra en la llegada de Luis Miguel y sus posibles amenazas a la modelo Kenita Larraín por acercarse. La misma modelo que anteriormente había denunciado violencia física por parte de su ex pareja –Iván Zamorano, uno de los futbolistas más reconocidos de Chile- y que el gobierno intentó apoyar a través del Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM). Al mismo tiempo, la alcaldesa de Viña del Mar que pertenece a la UDI, doña Virginia Reginato Bozzo –o la Tía Coty para los amigos- desfila por una alfombra roja y opina sobre los artistas que ella convoca. Interesante, farándula y gobierno firmes contra el pueblo.

¿Qué ha cambiado hasta ahora? Algunos me han intentado convencer que los ojos de diferentes países están puestos en Chile, puesto que si fuimos los primeros en entrar al modelo neoliberal, podemos ser los primeros en salir.

                Lo interesante de la palabra modelo es el juego lingüístico que es posible seguir. Modelo, modelaje, moldeado, moldear, moldeable, corregible. Transformar a otro en una relación de dominación, entre el amo que absorbe al esclavo como un objeto con el cual puede reconocerse. Recordemos que no hay amo sin esclavo.

              Y sí, el Festival de Viña sigue siendo un dispositivo de modelaje. Para eso fue creado. Modelo de consumo, de interés público, de intereses estético, pornográfico y morboso, sometiendo a los cuerpos a la lógica de su goce. De aquel goce social que aliena encadenadamente (1) al sujeto que observa la televisión y se hipnotiza en cuerpo y espíritu.

              Un modelaje que se llena de modelos plásticos, ficticios; hombres y mujeres que se someten a ocupar el lugar de objeto de deseo para cualquiera que prenda la televisión. Comienza la fiesta de la perversión, unos golpean a otros, unos desean a otros, unos ofenden a otros, unos se ríen de otros.

              La  violencia que justifica la represión del Estado se traduce en una narrativa que nos toca en lo más íntimo, y que está frente nuestros ojos con los dramas que nos presentan. En cierta medida disfrutamos del dolor ajeno, el dolor de la farándula, que se traduce en la negación del dolor propio.

         Y si de algo sirve este dispositivo de modelaje, es para olvidarnos de nosotros mismos y drogarnos por un momento, anestesiando ese dolor de estómago que nos señala que definitivamente, algo no anda bien.

Notas:

(1) La primera palabra para ese texto era encarnadamente: Es decir hacer carne y cuerpo el devenir social. Ser tomado en cuerpo y espíritu por el poder. Pero en una discusión con el editor decidimos cambiar el concepto a “encadenadamente”: que podríamos comprender como realizar un lazo imaginario con aquel personaje que sale en la televisión, formando una cadena que repite y reproduce lo mostrado como una realidad virtual que se hace propia.

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7 Comments

  1. Carlos Bassaletti Q. dice:

    Excelente artículo y vale la pena que mucha gente lo lea, pues el Festival de Viña se ha transformado defintivamente en Farándula.

  2. charol dice:

    Muchas gracias por el comentario Carlos.
    Ahora, diría que el Festival siempre ha sido Pan y Circo. Show y aplausos.
    La pregunta sería, actualmente ¿qué es lo que no se ha transformado en farándula?

    Saludos.

  3. Willy Parra Medina dice:

    Es cierto lo de los aplausos, pan y circo. Pero es cierto tambien que en algunas imagenes se ve a algunos artistas chilenos en su actitud de ciudadanos. Pidiendo fin a la represión del pueblo mapuche y la posibilidad de soñar con una educacion al alcance de todos los bolsillos y de calidad. Aqui y asi, tambien se visualiza que si podemos ser tambien los primeros en salir de aquel viejo experimento neoliberal. Lo creo por el aplauso espontaneo y los vítores que indican que de esto ya ha sido suficiente. Vamos Chile.

  4. charol dice:

    No es fácil proponer que lo que han hecho algunos artistas puede resultar un acto político transformador. Recuerdo la frase célebre del Puma Rodriguez diciendo: “hay que escuchar al PUEBLO!!”

    Es divertido, es parte del show… lo extraño sería que estos personajes no lo hicieran, porque resulta políticamente correcto. Si no dijeran nada estaríamos hablando de ellos como unos cerdos vendidos al sistema. Pues bien, lo hacen; bien por las personas que lo escuchan y aplauden, bien por ellos porque quedarán en la retina del espectador, serán conocidos y podrán seguir divulgando su música… pero los efectos no los conocemos por ahora.

    Lo que claramente no considero es que sea un acto de valentía… no es un acto subversivo. Ya que, por ejemplo, la carta de Manuel García fue visada por los organizado. Y créanme que si los dueños de este evento no consideraran que podría ser atractivo para vender no lo hubiesen autorizado. Es como Pan y Circo con chistes políticos

  5. Daniel dice:

    Grande nuestra alcaldesa, me cae super bien

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