El disfraz democrático en la sociedad postindustrial (2ª Parte)

Breves, Diapos, Uncategorized — By on julio 8, 2012 at 08:58

En la primera parte revisamos algunas proposiciones que expandieron la noción de una sociedad totalitaria y la hicieron compatible con una sociedad, aparentemente, democrática. Y que organizada bajo un modo específico de producción, planteará algunas inquietudes sobre quién es el sujeto revolucionario.

Pues bien, visto así, esta sociedad totalitaria exige un desarrollo represivo del individuo, contradiciendo la historicidad de las necesidades humanas. Para Benjamin, la lucha de clases es una lucha por las cosas rudas y materiales, que son la base para aquellas cosas finas y espirituales. Por tanto las necesidades y su satisfacción no pueden estar sujetas ni a pautas ni a dictámenes superiores, y lo que hace precisamente esta sociedad es imponer los intereses particulares de la clase dominante para la represión del individuo, es decir, necesidades que perpetúan el esfuerzo, la miseria, la injusticia, etc…

Marcuse dirá que la satisfacción de tales necesidades puede ser, evidentemente, muy grata para el individuo, pero son falsas necesidades, puesto que su satisfacción provoca euforia dentro de la infelicidad y no importa que finalmente y en último término el individuo se identifique con ellas y se realice en su satisfacción, porque siguen siendo lo que siempre fueron: “productos de una sociedad cuyos intereses dominantes requieren la represión”[i].

Pero así mismo se devela uno de los matices característicos de la sociedad industrial contemporánea (y uno de los tópicos fundamentales de la teoría crítica), que es el carácter racional de su irracionalidad. Y en última instancia, la capacidad de convertir cosas superficiales en necesidades, hace cuestionable la noción de alienación; los sujetos finalmente se reconocen en sus mercancías y encuentran su alma en su auto, equipo de música o en su iPhone 4S.

¿Cómo puede alguien que ha sido objeto de una dominación productiva y efectiva, crear por su cuenta condiciones reales de libertad?

Benjamin dice, alegóricamente, que la realización de las necesidades vitales como el alimento y la vestimenta, son el requisito para la realización y satisfacción de todas las demás necesidades, pero a fin de cuentas, es siempre el propio individuo quien resuelve la disyuntiva sobre cuáles son las necesidades verdaderas o falsas. Sin embargo, mientras seamos incapaces de responder sin la influencia de este adoctrinamiento mediático-ideológico, cualquier respuesta está viciada.

Los sujetos realmente se identifican con esta existencia que les es impuesta. Aquí no hay ilusión, sino pura realidad. Una realidad que es un estado avanzado de la alienación; ésta es completamente objetiva y el sujeto alienado es carcomido por su existencia también alienada. Esta única dimensión de la realidad, presente en todas las formas, constituye el paso por el cual la falsa conciencia sobre los logros del progreso se transforma en verdadera conciencia. Logros que encajan con la representación dogmática del progreso de la humanidad misma, bajo las pretensiones de perfectibilidad y continuidad. La crítica a la idea de progreso debe estar dirigida, entonces, a la representación de un progreso del género humano en un tiempo homogéneo y vacío.

Por eso es que tanto Marcuse como Benjamin consideran que sigue siendo el proletariado tradicional la única posibilidad revolucionaria que puede develar el comportamiento mítico de la idea del progreso.

La democracia ha des-realizado la historia al poner la eterna promesa del progreso más allá de los limites materiales que la producen, en el sentido de entregarle a la clase obrera el papel de redentor de las generaciones siguientes en la medida en que olvide el pasado y piense en el futuro.

Sin embargo, el pasado es un proceso continuo que no cesa de escribirse, oponiéndose a toda lógica capitalista. Porque la naturalización del relato histórico es una obra del discurso del progreso que ha reducido ese relato a una pura ordenación de hechos causales. Pero no ha podido hacer lo mismo con el sujeto del conocimiento de ese pasado que no puede darse por perdido para la historia, y que es la clase vengadora que viene a cumplir la labor de la clase oprimida.

Ahora bien, veámonos el ombligo. A propósito del manto democrático con el que nos cubrimos, queda planteada la duda. Es pertinente la sospecha. Particularmente, sobre el papel del sector representado por la UDI y sus amigos. A propósito de las elecciones que vienen. A propósito, fundamentalmente, de los intereses dominantes. A propósito de todo.


[i] Marcuse, Herbert, “El Hombre Unidimensional”, ed. Seix Barral, Barcelona, 1968, pág. 35

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1 comentario

  1. charol dice:

    Propongo que más que una pura realidad, pensarlo como una ficción con estructura de realidad. O sino ¿Habrá alguna salida? En qué momento podemos darnos cuenta que es un sueño que lo vivimos real; nos angustiamos, nos sedamos, elegimos y nos pensamos libre. Y concuerdo con que es en la historia, o mejor dicho en la genealogía donde podemos encontrar estos rasgos, en aquel materialismo histórico que no cesa de escribirse…
    Nos encontramos en una más allá de las necesidades, el consumismo demuestra que la pirámide de Maslow es inversa… el juego sigue siendo el de la demanda insatisfecha para los consumidores: En el momento que tenemos aquel objeto, previo estado gozoso, nos damos cuenta que no es suficiente… y ahí es donde aparece uno nuevo… ¿Estamos atrapados al mercado o a nuestras propias demandas insatisfechas?