Ejercicios de autorreflexión social, o; la sociología como pregunta.

Breves, Uncategorized — By on octubre 22, 2010 at 09:47

Leyendo algunas cosas mientras gozaba de mi licencia médica,  me reencontré con una pregunta acerca de una pregunta que hace tiempo no me hacía.

¿La sociología para qué?

No niego que siempre está la interrogante. Uno de los vicios más profundos que heredé de esta ciencia es  la necesidad de evaluar y diagnosticar mi entorno para luego preguntarme por mis pasos en él. Mirar el Campo de juego, entender las reglas, observar a los jugadores y entrar al juego. No necesariamente en ese orden de acción, claro, pero el proceso funciona. Es estratégico.  Y aún así puede ser un proceso vicioso.

Hay quienes alaban la sabiduría del que sabe esperar en la banca su turno. Otros, admiran el coraje de quienes se enfrentan directamente a los códigos y signos de la vida en sociedad para develar sus misterios entrando al juego sin autorización. De inmediato. Aprendiendo, y aprehendiendo en él.

Cuando fundamos Lapala, el proyecto se caracterizaba por su indefinición. Por su ambigua constitución, y aún así, yo sentía la leve sospecha de tener que sostenerlo con paciencia, hasta que tomara forma. En el tiempo, y con él. Presumiendo tener dos cosas claras (o relativamente claras);  a) la sociología existe, se constituyó como disciplina y b) nadie sabe qué es, y nadie se pregunta por ello.

Durante mucho tiempo observé las lógicas del campo universitario con desidia. Era altanero y distante. Tenía una especie de rencor por el mundillo bien humorado y “sociable” de la juventud.  Y la sociología alimentaba mis prejuicios llenádome de presunciones, conjeturas, preguntas, categorizaciones, datos, y antecedentes. Es decir, todo lo que podía tener a la mano (cercano, evidente) dejaba de estarlo para entrar en una nebulosa explicativa que rayaba entre la descripción y la interpretación. O sea, nada era lo que parecía. Y todo lo que de alguna manera se parecía entre sí, podía ser categorizado, nombrado, aislado, y posteriormente relacionado. ¿Pero para qué?. Aún me mantenía en el método. En el proceso, pero no entendía mi necesidad de avanzar preguntándolo todo. Sin pertenecer a nada. Lejos de esas relaciones que observaba. Al cabo de un tiempo me transformé en un ser un tanto apático y bien desagradable.  Definitivamente le hecho la culpa de ese momento a la sociología, y a mi inocente juventud, pero eso no es lo importante.

Lo importante es lo que deriva de este proceso. ¿La sociología me sirvió para algún carajo?, ¿me permitió algo?, ¿podría permitirle algo a alguien más?

No es algo que tenga resuelto, pero cuando un estudiante de sociología se enfrenta al dilema de no saber qué responder cuando le preguntan ¿qué es la sociología?, es porque que ni la sociedad, ni el estudiante, tienen claro lo que un sociólogo hace (su oficio), y tampoco por qué eso debería importar…

Pero si la sociedad, consciente o inconscientemente, creó algo que le permitiera construir una idea de sí misma, es quizás porque necesitaba un espejo, o una lógica que la sostuviera; Como cuando un niño entiende que puede reconocer sus brazos, su pene, su boca, su ano, sus ojos, y así configurar una especie de resultado de sus posibilidades como sujeto.

Después, claro, las decisiones son del niño. Él podrá decidir sobre su cuerpo. ¿Pero la sociedad puede hacerlo?, ¿se reconoce los brazos, los dedos, las uñas, la boca, lo dientes?

Herr Direktor

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5 Comments

  1. Luisa dice:

    La respuesta, a mi entender está en tu reflexión.
    Todos somos sociólogos.Por lo menos me siento reflejada en los adjetivos con que intentas definir globalmente a esta disciplina, que me atrevería a denominarla “mirada”.
    Soy de aquellas personas que en la forma de constituir el “para qué” y el “por qué” del hacer y el decir, opté por “el balcón.
    Soy de las que se suben a un costado cómodo o estrecho de mi balcón imaginario, para observar al mundo, la gente que despliega sus cualidades y talentos exhibiendo el colorido de sus plumas seductoras en algunos casos…. en otros: sus precariedades, y así… para qué extenderme en las posibilidades. La estrategia de la confrontación la considero limitante, porque define fronteras en el espacio para que otorga el método de reacción y/o acción…..Me deja un sabor indefinido y placentero esta reflexión. La evolución que expresas, me alegra en forma consistente. Herr, sociólogo.
    De verdad lo digo. Quizá charlando me pueda extender acerca de mi última frase…

  2. Lakar dice:

    Comparto su pesar y su duda. A mi parecer, las ciencias sociales en general poseen un atributo sumamente peligroso, pues no solo gozan del privilegio de (re)producir el conocimiento legítimo, la Verdad, si no que con él, más que aprehender, reflejar (al estilo de un espejo) o reflexionar lo social, lo prescriben, produce la realidad que se estudia. Una simple encuesta, o una entrevista, no es solo una técnica metodológica para aprehender el mundo sino que lo forman; una entrevista produce un tipo particular de persona, como las técnicas de marketing producen consumidores y como las psicologías producen tipos particulares de psiques. El carácter performativo de las ciencias sociales viene a derribar esa estúpida separación entre ciencia y política, y a cuestionar la posición de los científicos sociales que viven en los laureles, de meros observadores del mundo, metidos en sus academias, hablando y escribiendo para académicos, o que solo generan inocentemente ese conocimiento valioso para la toma de decisiones de otros que inocente o maliciosamente aplican en los distintos campos.
    Y lo cierto, es que ese peligro involucra una reflexión crítica del oficio del científicx social, sobre todo en lo que respecta a la cuestión sobre el mundo en que vivi(re)mos: la pregunta por los colectivos que formamos a través de las teorías que construimos, de los objetos que creamos con nuestras preguntas de investigación y con la aplicación de nuestras técnicas de estudio, de la forma y por donde circulan nuestros productos. Aunque a muchos les parezca esto aboga por algún tipo de militancia o de compromiso partidista, creo necesario en la práctica de las ciencias sociales el examen de su política, su ética y estética.

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