Educación pública y de calidad: entre la generación dormida y los hijos de la democracia.

Breves, Residuos — By on marzo 6, 2012 at 11:11

Por Ramón Cortés Sánchez.*

Las aspiraciones, entendidas como representaciones que se hacen los individuos y grupos respecto a lo que desean para el futuro, considerándolo como un ideal; “lo mejor”, permiten contemplar el devenir de una forma más esperanzadora. En este sentido, las personas se otorgan la capacidad de agenciar su futuro, contemplando las propias capacidades para emprenderlo de manera ideal. Los sueños se incorporan como parte importante de las aspiraciones. Sin embargo, en esta tarea el rol de los otros, la cooperación y coordinación, se tornan imprescindibles. La construcción y expresión de las aspiraciones, siendo un proceso profundamente personal, es posibilitado por condiciones sociales. Al decir de Jodelet, en las esferas de lo subjetivo, intersubjetivo y transubjetivo. La  construcción social de aspiraciones juega un rol central en la articulación entre el sentido personal y los proyectos de desarrollo social. Ellas transportan la subjetividad personal, a la construcción del orden social y devuelven a las personas intersubjetividad y sentido de pertenencia. Es común que la gente defina sus futuros aspirados a través de una evaluación personal de sus experiencias pasadas y presentes (PNUD-Chile, 2000).

En el Chile de los ‘90, saliendo recién de una dictadura extrema, las aspiraciones de los adultos, de la clase trabajadora, de la clase media, se centraba en la recuperación de los espacios perdidos, en la existencia de la solidaridad comunitaria, responsabilidad por el otro, donde cada uno pudiera expresar lo que sentía sin miedo, con respeto a las visiones, sin ser censurado en el cotidiano. Se aspiraba a una autenticidad, coherencia y pertinencia en la mejora de la calidad de vida, y recuperación del espíritu nacional. Las personas eran capaces de identificar aspiraciones concretas: terminar los estudios, mejorar el ingreso, tener hijos, viajar, etc.. En la esfera de lo individual se mantenía la esperanza y capacidad de soñar en relación a “un futuro mejor”. En términos colectivos cambia este contenido. La generación de jóvenes de los ’90, creció con un achatamiento respecto a la lucha de los propios derechos. La educación era vista como una opción de crecimiento y movilidad social. En muchos casos como “la opción”, considerando los niveles de ingreso de la clase media y trabajadora, la educación pública todavía era un espacio de desarrollo alcanzable a través del endeudamiento a largo plazo, asumido y no cuestionado en sus bases. El Estado, todavía era considerado como garante de un sistema representado por la tradición y la solidaridad: Crédito Fiscal-Fondo Solidario.

Pedir educación gratuita no era lo más importante, era impensable. Sin embargo, acceder a la educación pública era más fácil. El crédito fiscal o el Fondo Solidario eran la esperanza para quienes tenían bajos ingresos. La paradoja de esta imagen de la Educación pública en los ‘90, es muy diferente a lo que hoy podemos encontrar. Hoy, para un hijo de trabajador de clase media, incluso proletario, es más fácil acceder a la educación privada.

En la actualidad y principalmente después de los movimientos estudiantiles (no sólo del último movimiento), han cambiado las representaciones. Se piensa en la capacidad de los grupos sociales de creer que cambiarán el mundo, por lo tanto la educación pública y gratuita pasa de ser una fantasía a una aspiración, no como algo inalcanzable y que queda en el terreno de lo imaginario, sino como un alcanzable para lo cual se deben estructurar estrategias políticas, sociales y económicas.

Los actores sociales que fueron jóvenes estudiantes en la década del 90, hoy miran con otros ojos la estructura social. Si bien no salen a la calle como lo podrían haber hecho, es la generación siguiente, libre y desprendida del lastre de la dictadura la que sale sin temor y es capaz de contemplar y exigir el verdadero rol del Estado. El pensar diferente y en el futuro, ya no se mira con temor y  sometimiento.

¿Público?

Hablar de lo público incluye hablar de ambigüedades conceptuales. Dentro del concierto universitario, lo privado se ha comportado “como si fuera público”, mostrando que la tradición se impone frente al rol del Estado, donde hay universidades privadas con el apellido de lo tradicional, y sus estudiantes no saben que están en una Universidad Privada, por ejemplo: UdeC, Pontificia, etc… Se quiebra el concepto y los estudiantes hoy deben contextualizar lo público agregando dos conceptos más: Gratuito y de Calidad, reconfigurando la conversación y el discurso asociado. Se rompe la ecuación educación pública = meritocracia (es parte del concepto, pero ya no es central), pasando a conceptualizar a la educación como un derecho universal con acceso público y gratuito para todos quienes lo deseen, sin perder de vista la calidad.

En relación a la educación básica y secundaria, la escuela continúa siendo la institución garante de las aspiraciones del futuro como el único camino apropiado para el acceso a mejores condiciones de vida, y como el único espacio social capaz de formar personas que se integren y sean útiles socialmente. De aquí se desprende que hoy a la escuela se le pidan cosas que tradicionalmente han sido responsabilidad de la familia, como es la educación valórica. Independiente de la calidad que la escuela entregue en términos del currículum tradicional, se valoran los aspectos asociados a la “comunidad educativa”, como territorio de pertenencia y permanencia. (Sapiains y Zuleta, 2001).

En síntesis, el acceso generalizado a las oportunidades educacionales se valora por la atribución entregada a la educación pública como el medio para el desarrollo de las aspiraciones de un futuro mejor para el país. La educación es vista indisolublemente como una oportunidad para cada persona concreta y para el país en su conjunto.

 El adulto de clase media hoy, mira desde la vereda del frente cómo otros hacen lo que pudo haber hecho él. “Al final no era tan difícil”. Sólo faltaron cojones y recuperar la impronta del origen de la educación pública en Chile: Gobernar es Educar.

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Referencias
  • Jodelet, D. (2008). El movimiento de retorno al sujeto y el enfoque de las representaciones sociales. Cultura y representaciones sociales. Año 3, N°5, 32-63
  • PNUD-Chile (2000). Informe Nacional sobre Desarrollo Humano Chile 2000, “Más sociedad para gobernar el futuro”
  • Sandoval, J (2004). Representación, discursividad y acción situada. Introducción crítica a la psicología social del conocimiento. Valparaíso: Universidad de Valparaíso.
  • Sapiains, R. & Zuleta, P. (2001).  Representaciones sociales de la Escuela en jóvenes urbano populares desescolarizados Última Década Nº15,  53-72.
Fotografías:

1. Biobío Chile
2. FECH
3. CHevia
4. POM

*Psicólogo, Universidad de Concepción

  • Magister en Psicoterapias Dinámicas. Universidad del Desarrollo
  • Magister ( c ) Psicología Social, Universidad de Valparaíso
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1 comentario

  1. marcela dice:

    Estimado,
    me parece interesante su articulo, para seguir problematizando respecto al derecho de educación de calidad en este pais.
    en términos generales, ademas de percibir la discordancia entre nichos de mercado laboral , necesidades de un país, otros y menu de carreras.

    la discusión se sitúa a nivel estructural; político , social y económico.

    que ademas las universidades, independiente su tendencia, omiten o no priorizan aspectos éticos en su formación , lo cual se ven empobrecidos en el plano mas socio cultural los profesionales traducido en competencias deficitarias en el plano laboral. pensando que podria ser una instancia de crecimiento personal o ” una penselada” a valores mas trascendentales relacionados con la humanidad como especie que somos, al fin y al cabo.

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