Editorial: Del porqué de LaPala y el conflicto eterno con sus propias preguntas

Escritos — By on mayo 13, 2010 at 18:54

Por Herr Direktor

Es de una inocencia feroz pensar que las ideas permanecen estáticas. Rectas en el tiempo. Y La Pala es una idea.

Hasta las Reproducciones más burdas toman forma propia y se disocian de sí mismas en la medida que rozan todo lo demás y se contagian del fulgor y la oscuridad del mundo. Y de eso se trata, creo yo, cuando hablamos de liberar las ideas. Entonces me pregunto, ¿habrá que liberar a LaPala?

Pero piense usted en una revista que versa el verso de las Ciencias Sociales, compuesta por hombres y mujeres de diferentes edades, con trayectorias que bordean la tragedia y la hipercomplejización de las experiencias, como todas las trayectorias. Una Revista vacilante entre la ambigüedad de lo no conocido y la ansiedad de la idea, cualquiera, que pulsa y pulsa por aparecer pero se desvanece en el aire. Como lo sólido.

Imagine ahora la misma idea y piense en su disciplina; la suya, la científica, la dogmática, la religiosa, la emocional, la sarcástica, la satírica. Esa disciplina que usted como hombre, luego, sociólogo, después cientista social, porta con altanería simbólicamente rotulada. Como ganado.

Después, con total libertad, imagine el intento de desarrollar una perspectiva arrolladora. Seria. Irrisoria. De papel. Y busque los recursos para conseguirlo. Mire el horizonte y describa en gráficos enormes su idea revolucionaria, y no espere que la gente le crea, hasta que le crea. Después domine el discurso, su discurso, y busque el control de esa idea que se le arranca para tomar cuerpo nuevo. Mírela, disfrútela, porque siempre muere, para volver a nacer.

Reconozco que toda creación está condenada a una metamorfosis automática que la convierte en una rara mezcla de intereses compartidos y disidencias de sentido. 50% lector y 50% la pluma que dice lo que dice. O sea, una revista es al fin y al cabo,  mitad lo que le digo, y mitad lo que me entiende.

Y ahí de nuevo la pregunta, ¿Qué dice, entonces, LaPala? ¿Debiese decir algo yo, que involucrara el espíritu o la razón de Ser de la revista?

Una idea se transforma siempre en algo muy diferente de sí misma con el paso de los años. Uno mismo se transforma, la Sociedad se transmuta, la gente se convierte en espejismos, y cambian los gobiernos. Y LaPala ¿es lo que habíamos creado, o se transformó en un híbrido simbólico que hecha fuego o hielo por la boca?

Una imagen lejana me recuerda el primer número como el paso inicial de un juego que habíamos comenzado por malestar o aburrimiento. Había conciencia, si no me engañaron los sentidos, de estar creando un espacio sin forma, cuya dirección y tamaño se hacía al andar, con las voces de los pasillos y el humo en el aire.

La idea, primero, fue un intento por acercar la sociología a la gente y aterrizar su discurso hacia la comprensión de fenómenos “a la mano”. Leves como la estructura de las ideas. Después, otra vez un espacio, pero esta vez egoísta, para nosotros y el lector. Buscando un lugar cómodo fuera del campo, y encontrando definitivamente uno incómodo pero en su interior.

En la primera publicación editamos dos entrevistas. La intención era mostrar el carácter del oficio. Garretón y Redolés. Sociólogos de caminos distantes, diferentes, pero cruzados, tal vez, por una sola experiencia común, que los reúne y a la vez los separa, en una confrontación inexistente, pero que sostiene un sentido cuando ocupa un mismo espacio. Y LaPala es un espacio. Lo que había detrás era la posibilidad de observar y tomar distancia. Dar testimonio en el papel y la imagen, de las muecas que hacíamos (como sociólogos) al vociferar cordura científica y mirarnos las caras con asombro infantil al reconocernos en el Otro. En el Objeto.

O si no, pregúntese usted: ¿Los sociólogos, hacen caca? ¿los sociólogos definen su rol por “statuto”?, ¿los sociólogos hablan en sociológico?, ¿los sociólogos miran porno?, ¿Los sociólogos para qué? Y así, también si usted quiere, con las Ciencias Sociales.

En el segundo número, Jorge Larraín nos cuenta algo. No sabemos muy bien qué cosa. Inventamos fórmulas poco rígidas de experimentación sociológica, y proponemos un espacio real que se confirma a sí mismo como posible en su magnitud, y cedemos al entusiasmo. Llegamos a Chile, organizamos conferencias. La Pala en Playa Ancha, La Pala en Concepción, La Pala en los Congresos de estudiantes. La Pala en forma de Fiesta, Sexo en las murallas, y la gente que sonríe sin entender nada.

Pero la pregunta queda botando, pues si nos preguntamos por la sociología, debemos preguntarnos también por la necesidad de preguntarnos por ella (cacofonía voluntaria).

¿Acaso éste es un esfuerzo que contribuye a la disciplina, a la sociedad, o al mundo? ¿Acaso, eso importa? Dele un sentido usted por favor a lo que significa situarse en un campo que se rechaza por contagio socializante!! Dele un sentido a insistir en la lucha de mostrar a la sociología como pregunta, e invitar a las ciencias sociales a hablar en código hermético. Como siempre, pero riendo, con cara de jiles, pensando que sólo somos discurso, y que a pesar de todo nadie nos escucha, quizás porque no nos interesa ser escuchados, o porque no tenemos nada qué decir, o porque no sabemos decirlo de otra manera. ¡¡Búsquele sentido a hacer Ciencias Sociales y rebotar de paper en paper, culpando al mundo de no ver lo que no ve, precisamente porque nos enseñaron a no ver lo que no vemos!!

Complejo es rotularse, oficializarse, legitimar saberes, capturar sentidos y no saber qué hacer con ellos. Porque uno mira alrededor y percibe con angustia que algo entiende del mundo que te contaron, pero que siempre, a pesar de todo, no es lo que parece. Y ahí uno sigue divagando, y mirando el cartón, y estudiando, y trabajando, y trascribiendo, y trasfigurando, y reproduciendo, y mordiendo el polvo de un oficio lleno de polvo. Polvo de las sacudidas del Campo. De todas las preguntas del mundo.

Así, la revista actual, que usted observa en un tiempo y espacio que ahora se me hace imposible imaginar, nació sola y su complexión es ambigua, como los puntos suspensivos. Virtual, porque el papel agota. Ridículamente sencilla. Extraordinariamente insistente, y epistemológicamente intrascendente.

A pesar de eso, Pedro Morandé  nos sonríe con la virgen de fondo en su oficina atiborrada de libros de peso para darnos una buena entrevista, y nosotros sonreímos también, pensando en código, que el camino editorial toma un nuevo rumbo, y que la revista depende casi exclusivamente de este ejercicio autoreflexivo que realizamos de puro paranoicos. Y al que de pasada, aprovechamos de invitar. No olvide que usted tiene el 50% de la responsabilidad.

Herr Direktor, 2007

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