Del tedio de los Congresos de Sociología, y la comunicaciòn como un accesorio.

Breves — By on julio 7, 2011 at 03:14

 

Por Felipe Torres

De cuando en cuando, eso que denominamos sociología se viste de cierta unidad y emergen episodios de reflexión sobre su operar. ¿Reflexión? Bueno…  seamos un poco menos generosos. Digamos más bien instancias de presentación de temas investigados que generan un debate liviano, pero necesario, sobre lo que algunos de sus integrantes realizan.

Eso que llamamos Congreso, un llamado a congregar gentes y acarrear pensamientos de diversos orígenes, suele resultar un ejercicio bienintencionado que pretende posibilitar una comunicación libre de los obstáculos habituales de la producción de conocimiento, en cualquier esfera –las limitaciones de tiempo para lecturas, de extensión de correos electrónicos con información, de interpretaciones que no se logran corroborar sin la interlocución de su autor, el desconocimiento de nuevos agentes relevantes en el campo, etc.-. Superar las barreras que impone “el cada uno hacer lo suyo y no conocer necesariamente lo que hace el otro” es una de las motivaciones que conducen al desarrollo de Congresos.

Razonable iniciativa. Muchos son los escépticos, sin embargo, que ponen un signo de interrogación a su realización: sirven para la actualización de unos con el trabajo de otros, lo cual no deja de tener mérito, pero a partir de ello no se desprende algo que podría ser aún más relevante: pasar del razonar analítico al razonar sintético, a la usanza del viejo Kant. Pero quienes piden tales movimientos, olvidan que lo fructífero de las congregaciones no proviene del aglomerar mismo, sino de lo que quienes se aglomeran puedan generar… y no necesariamente por la profundidad de sus intervenciones.

Veamos: la “puesta en escena” es muchas veces un factor desdeñado como mero recurso estético, otras tantas incluso como ardid retórico; en ese sentido es percibido como algo anecdótico, quizás ornamental, pero innecesario al lado del argumentar mismo. No obstante, fuera de aquella constatación, muchos son los que a pesar de sí mismos, se pierden el seguimiento de importantes reflexiones por una falta de posicionamiento visual, auditivo, gesticular, de quien pretende presentar algo que asume como importante.

¿Por qué entonces, quien cree que su decir es importante, no debería pensar mejor sus métodos de comunicación?

En el fondo lo sabemos: las personalidades, los caracteres, eso que se denomina la “forma de ser” suele imponer estructuras que posibilitan sólo a ciertos representantes, mayores tendencias a considerar los factores estéticos en su locutar. Ya sabemos esto, ahora nos preguntamos, o mejor, imploramos ¡¿por qué no hay una pequeña cantidad, sólo un grado más, de estas facultades adornativas en aquellos que han tenido el atrevimiento de enviar a una comisión evaluadora lo que consideran digno de ser conocido, y por tanto importante, con algo de consideración en quienes vamos a escuchar porque a la vez asumimos su intervención como algo importante!?

Sólo hay una sucinta cantidad de preocupados por la forma y el contenido, ¡y no sólo por el contenido! traicionando, por lo demás, el que ¡todo contenido posee forma! Incluso si usted reniega de la forma de comunicar por considerarla algo irrelevante, desvirtuador de la información, una estrategia para esconder ignorancia o porque simplemente le produce pereza ocuparse de su modo de comunicar, ¡bingo!, usted ya ha asumido una forma de presentar lo que pretende y, de la mano, una forma de presentarse.

Seguramente Žižek no habría logrado la atención que posee si no hubiese acompañado sus reflexiones con la oxigenación de las conferencias que su irreverencia produce. Un poco de histrionismo y los congresos serían, probablemente, algo más sugestivos, algo más propio de la congregación de numerosos ojos y oídos…

 

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1 comentario

  1. Hesse dice:

    Yo no se hasta qué punto se puede sostener la falta de tino de algunos expositores. Claramente no se puede generar un criterio vinculante para más movimiento en exposiciones. Por eso me quedo con mi interpretación de lo último que mencionaste: es más bien algo que se agradece que un imperativo.

    Sdos.

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