Decimos que no puede ser… hacemos para que sea.

Breves, Sexo & Poder — By on marzo 29, 2012 at 11:55

Por Javier Lizama*

Se podría decir que la realidad se construye y moviliza en 2 dimensiones: una semántica, que tiene que ver con lo que decimos, y una pragmática que tiene, principalmente, que ver con lo que hacemos. En muchas ocasiones eso que decimos es contradictorio, disímil y/o incoherente con lo que hacemos. En otras ocasiones lo que hacemos es contradictorio, disímil y/o incoherente con lo que decimos. La realidad es del orden del decir.

Ayer murió Daniel Zamudio. Pienso primeramente que no hace falta decir quién fue, ya que en su mayoría, lo sabemos. Me detengo un instante – reflexiono – y en realidad vuelvo a pensar que probablemente muy pocos sabrán, con suerte, quién fue; aunque la mayoría sí sabemos una parte de él: su “condición” y/o “orientación” sexual, producto de la cual… y sabe quién, qué más… fue brutalmente golpeado, para alcanzar la muerte 24 días después.

Así, el tema de la “orientación” sexual, “condición sexual”, se pone en la palestra comunicacional a nivel nacional, reflexionando y generando conversaciones desde lo sucedido a Daniel. Semánticamente, Chile entero llora hoy su partida y discursea de manera casi unánime sobre la importancia de una ley “anti-discriminación” (lógicamente contradictorio… discriminar lo discriminable). Y con mayor importancia y énfasis sobre generar… ahora sí… pero ahora sí que sí…  conciencia sobre la importancia de la tolerancia, el respeto y la diversidad como posibilidad de una sociedad mejor “para todos”.

Pienso que este lamentable hecho y muchos otros (no tengo en la mente ninguno puntual en este momento…pero estoy convencido de que si investigo, seguro me sorprenderé a favor de mi hipótesis) nos pueden dar cuenta que, al menos en este tema, en Chile lo semántico y lo pragmático están absolutamente divorciados.

La ley no es justa, porque no ajusta ni en hechos (Daniel acaba de ser asesinado por otros seres humanos en gran medida por su condición sexual), ni en derechos (Daniel mientras estuvo vivo, al igual que muchos otros que siguen viviendo con nosotros, estaba muerto de derechos).

La realidad es del orden del decir, pero su complejidad requiere la necesidad praxeológica de dar y hacer sentido pragmático de aquello que decimos. Pienso que la muerte de hecho de Daniel y su repercusión social, no valdrá la pena si sólo nos remueve un instante (como quiere toda sociedad de consumo) y no seamos capaces de liberar y dar “otro lugar” posible para una mejor vida a esos miles, millones de sujetos pertenecientes a las llamadas “minoría(s)” que viven-muertos de derechos (muertos de oportunidades y posibilidades en la vida).

Subvertir y transformar las lógicas de dominación inyectadas de discriminación (pienso que la sociedad se estructura en lucha de clases, claro, expresada de manera distinta a la que planteaba Carlitos Marx, porque entre otras cosas, han pasado varios años) palpita fuerte como una lucha necesaria, colectiva (junto a los otros) e individual (con uno mismo), removiendo escombros que lleven a vivir en consecuencia con la diversidad, para lo que no sólo es necesario decir, sino además hacer en la práctica cotidiana.

¡¡No sólo digamos cosas lindas por los muertos, comencemos a hacer cosas buenas por los vivos !!

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* Psicólogo. Baterista de KEKO YOMA.

Referencias

Ibáñez, Jesús (1994). Por una sociología de la vida cotidiana. Madrid: Siglo XXI

Ibáñez, Jesús (1997). A contracorriente. Madrid: Fundamentos.

Fotografías

1. Uno
2. UPI
3. Agencia Uno
4. Azteca Noticias
5 -10. UPI

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1 comentario

  1. Paula dice:

    Javier, estoy completamente de acuerdo contigo. Y creo que a Daniel Zamudio lo matamos todos, al no hacer algo al respecto desde mucho antes.
    Yo no creo que la solución sea una ley, sino que lo necesario en esta materia sería un cambio de mentalidad y actitud frente “al otro”.
    Noto día a día y con mucha pena una falta preocupante de empatía. Nos da lo mismo lo que le pase a los demás, y así no llegarenos a ninguna parte.
    Otro punto importante, creo yo, es el tema del mal manejo de los conceptos. No comprendo bien el uso del término TOLERANCIA por ejemplo, porque, como escuché decir el otro día a Jaime Parada, del movilh, es como: te tolero, pero de lejos. Él mismo luego dijo una frase que me pareció más aplicable: “La diversidad no se tolera, se celebra.”
    Que lindo sería que si los demás son, piensan o sienten distinto a uno, nos alegráramos en lugar de que eso despertara odio en nosotros.

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