De terremotos y la sensibilidad colectiva…

Breves, Documentales, Residuos — By on marzo 25, 2012 at 12:34

Por Herr Direktor

Que Chile es un país telúrico no es novedad. Pero que lo mantengamos presente, firme en nuestra memoria, y que de paso, hagamos los esfuerzos particulares y sociales por sostener y prevenir  nuestra movida condición, puede ser una falacia.

Sentir a la tierra nos recuerda la fragilidad de la existencia.

El ruido de las alarmas de autos. El profundo rugir del territorio. Las lámparas bailando, y las copas de vino al borde del colapso, ponen a la sociedad completa en una órbita sensible, donde cada ser humano experimenta una historia distinta, en un campo de juego particular, que es como la vida misma; inestable e impredecible.

Lo perdido y lo por perder, se encumbra frente a nosotros. Entonces uno rememora inevitablemente las experiencias colectivas. Y todo parece compartirse. Los territorios toman sentido. Los límites sociales se desvanecen. Las clases sociales se convierten, otra vez, en categorías de análisis insulsas, fofas, desmedidas, porque ante la contingente sensibilidad colectiva ya no importa el recurso dinero. Luego, tal vez, su relevancia social vuelve a tener eco. Pero en ese minuto. En ese segundo, somos todos frágiles como el cristal. Todos lo sienten. Todos saben que todos lo sienten.

La memoria toma lugar en el cotidiano. La institucionalidad responde con datos, cifras, órdenes: 5.8, 6.0, 7.2, y una serie secuencial de antecedentes que no reflejan en lo más mínimo el impacto del movimiento.

Hoy, el contexto es telúrico por donde se le mire. Y debe ser ése el atenuante de las transformaciones colectivas. Tal como la tierra estremece nuestro pecho, debe estremecerse el sentido de lo que hemos vivido como pueblo.

Un temblor, es como revivir la memoria. Como hacer piel y carne un recuerdo olvidado. Un recuerdo común. Inevitable. He ahí la virtud de la sensibilidad colectiva. He ahí la telúrica relación entre los seres humanos.

Concepción, Talca, Rancagua, Santiago, Valparaíso, miles de personas conectadas por los sentidos, y por aquello que nos recuerda que a pesar de la maquinaria pesada, la tecnología de punta, y la globalización globalizante, la experiencia de sentirse un pueblo remecido, unido, y solidario, sólo perdura cuando ponemos el ojo fijo, todos juntos, en aquello que nos implica. Y para eso es necesaria la memoria despierta, la sensibilidad dispuesta al horizonte, y un movimiento fuerte que nos recuerde que a pesar de todo, sólo nos tenemos a nosotros mismos, en fecunda y continua relación con todo lo demás.

Videos. Temblor 25 de Marzo 2012:

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